LA VIDA RELIGIOSA


SAN JOSÉ VILLANUEVA
17 de Diciembre de 1977


 

Queridos fieles:

Es el momento de salvación el que está viviendo en este momento San José Villanueva. La palabra de Dios que va a ser leída en todos los templos del mundo desde esta tarde y mañana, 4º domingo de Adviento, nos anuncia ese proyecto salvador de Dios que se realiza en Cristo, el cual toma un nombre que es toda una esperanza, Emmanuel, Dios con nosotros. Y San Pablo ha comentado como ese proyecto de Dios esta llegando hasta ustedes. Les dice a los romanos muchos años después de Cristo: "y ahora podemos decir nosotros, hasta ustedes, habitantes de San José Villanueva en esta mañana, que está llegando ese proyecto salvador del Señor".
 

SER SIERVO DE CRISTO

A todos ustedes que han tenido la bondad de venir a recibir esta Comunidad de Hermanas Pasionistas que va a trabajar pastoralmente en este pueblo, les cabe la dicha de ser los que han recibido este anuncio de salvación para que también lo lleven a todo el pueblo. Lo mismo a todos aquellos que han venido de otras comunidades, los saludo y siento, pues, un momento misionero, un momento de Iglesia salvadoreña de los pueblos, tanto más, que ahora estas Hermanas pueden decir como San Pablo ha dicho en su epístola: "siervo del pueblo de Dios para anunciarles la salvación, apóstol segregado desde la misma originalidad de su ser"; para eso le había escogido el Señor, como escoge las vocaciones a la vida religiosa o a la vida sacerdotal o a la vida catequística, son verdaderas selecciones de Dios y San Pablo se siente así agradecido y comprometido para anunciar esa palabra de salvación. Eso es ser siervo de Cristo, anunciarles ese proyecto salvador de Dios que no lo pueden comprender los hombres. Ya oyeron en el profeta Isaías cómo el rey Acab, bajo el pretexto de una religiosidad falsa, no quiso oír ese signo que Dios le mandaba. Oyeron también cómo el pobre San José se turba, se desconcierta. Cuando Dios realiza estos proyectos, los hombres sentimos el estremecimiento de nuestra pequeñez, de nuestra incomprensión; no se extrañen, entonces, que el mundo no pueda comprender este proyecto salvador de Dios y muchas veces se desaten las persecuciones contra su Iglesia y entonces, más que nunca, cuando se obscurecen más que nunca, cuando se obscurecen más las tinieblas, es cuando hay que ser más luz, no hay que desanimarse.
 

PARA CREAR LUZ

En estas circunstancias viene esta misión de hermanas Pasionistas, a San José Villanueva, a hacer luz en este rinconcito de la patria y a predicar así, con su palabra sencilla, con su mensaje de Pasionistas, que Dios estar salvando al mundo. Me dio mucho gusto oír en la oración de hoy que vamos a rezar mañana cómo le pedimos los cristianos al Señor que los que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de su hijo lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Pasión y cruz es el carisma de estas hermanas religiosas, por eso se llaman Pasionistas, como los Padres Pasionistas que fundó un gran santo en la Iglesia con este carisma: de que predicaran la cruz, de que no hay salvación fuera de la cruz, fuera de la misión dolorosa de Cristo que sigue siendo la misión dolorosa de la Iglesia.
 

LA VIDA RELIGIOSA, SEMILLA QUE EL SEÑOR HA PLANTADO

Hermanos, yo siento la impresión, para usar una comparación del Concilio, que hoy estamos sembrando aquí una matita, sembrando una semilla. Porque dice el Concilio que la práctica de los consejos evangélicos vividos en la vida religiosa son como una semilla que el Señor ha plantado en su Iglesia y que la Iglesia, cuidándola con tanto cariño, ha llegado a ramificar enormemente en muchas comunidades, muchos medios de vivir los consejos evangélicos. De tal manera que el árbol crece y crece y surgen congregaciones, surgen órdenes, diversas maneras de vivir los tres votos que vive una vida religiosa. Estas mujeres están consagradas a Dios con los tres votos de la vida religiosa: voto de pobreza, de castidad y de obediencia. Por esos tres votos ellas han renunciado a poseer, no son dueñas de nada. Como Cristo pueden decir: el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza, porque quieren imitar a Cristo en esa libertad alegre del desprendimiento, no sentirse apegadas ni sentirse timoratas por los que tienen, por los poderosos del dinero; no nos estorban, ni nos afligen, simplemente queremos convertirlos, salvarlos, desde un voto, desde una situación de pobreza.
 

LA POBREZA EVANGÉLICA

Aquí, las hermanas viviendo su pobreza auténticamente con la gente pobre, el pueblo, pueblos pobres los nuestros, no para gritar que hay que tener resentimientos y hay que tener luchas y revoluciones, nada de eso. Vivir la pobreza con la sencillez con que Cristo, con que la Virgen, con que San José, los apóstoles y todo lo bueno de la Iglesia lo ha vivido: el desprendimiento. Y enseñar a todos que la vida no se instala aquí en este mundo, sino que va caminando desprendida hacia los verdaderos bienes del cielo, que ya ellas los significan, los viven ya presentes aquí en la tierra. Esa es una de las misiones de la vida religiosa, en el voto de pobreza indicar al mundo que las riquezas de la tierra tienen su valor pero son transitorias, que los verdaderos bienes ya ellas, desprendiéndose por su voto de pobreza, los viven en su corazón.

¡Qué mensaje más bello! Ven, hay que vivirlos, pues, en esta hora en que la pobreza no debe tornarse un motivo de revoluciones, ni de desconfianzas, ni desalientos, ni de resentimientos, sino al contrario, aceptarlas con el amor con que Cristo abraza a su cruz para salvar al mundo.
 

VOTO DE CASTIDAD Y MATRIMONIO

Ellas hacen también un segundo voto, voto de castidad. Es decir, ellas no pueden casarse, renuncian al matrimonio, renuncian a tener una familia aquí en la tierra, a dar apellido en la tierra; pero qué contraste más bonito, a cambio de esa renuncia reciben ellas el nombre de todo el pueblo: las madres, las hermanas, la familia de todos como de Carlos de Foucaud, el hermanito menor de la humanidad. Esto son las religiosas, por su voto de castidad saben que el matrimonio es santo y que es necesario que haya hombres y mujeres que se casen bajo la bendición de Dios, para que siga poblándose el mundo y dando hijos para la patria y para el cielo, pero ellas saben que el matrimonio puede convertirse también en una fuente de apegos, de amores, de cosas de la tierra, y le invitan a los casados, a las familias de la tierra, que vivan con el gran corazón del amor del Padre Celestial y que en todas las familias se viva de veras esa filiación divina y ese mensaje, que ellas, con su voto de castidad, están anunciando aquello que decía Cristo: en el cielo ya no existe el matrimonio.

Y dando testimonio de ese cielo donde todos viviremos como ángeles de Dios, el celibato aquí en la tierra, renunciando a los placeres del matrimonio y de la carne, les dicen a los que se casan: es santo su matrimonio, pero mucho cuidado, no se vayan a perder por tener entre sus manos un valor que no lo saben manejar. El matrimonio para muchos casados se convierte en una fuente de pecado; para muchos hombres y mujeres los atractivos de la carne son peligrosos, son pecaminosos, ensucian, enlodan. Mucho cuidado, jóvenes, qué hermoso mensaje de las religiosas en un pueblo para decirle a la niñez inocente, a la juventud que lucha con las pasiones viles del mundo, este testimonio del celibato, este testimonio de la virginidad, de la castidad; no quiere decir, pues, que el matrimonio sea malo y por eso ya no se casan sino decirles: el matrimonio es bueno pero hay que mantenerlo bueno con los ideales angelicales de Dios.
 

OBEDIENCIA Y AUTORIDAD

Y en tercer lugar, queridos hermanos, las religiosas son las mujeres que viven un voto de obediencia. En estos tiempos de tanta rebeldía, en estos tiempos en que también se abusa de la obediencia queriendo imponer leyes injustas, en este tiempo en que se falsifica tanto la rebeldía como la autoridad, es necesario tener conceptos claros. Ellas, las religiosas, con su voto de obediencia, han renunciado a su propia voluntad para hacer caso a una superiora. Nosotros nos hemos entendido con una superiora para ver si quería fundar aquí en San José Villanueva. Y el estilo de la obediencia no es: "¡vayan allá ustedes!", sino que es un diálogo.
 
Hoy se va comprendiendo cada vez mejor, es un sentido de corresponsabilidad, la superiora llama a su congregación y dice: nos han pedido en la arquidiócesis de San Salvador una fundación en San José Villanueva, quiénes quieren ir, qué ventajas ven, o no aceptamos. Y dialogan profundamente y, después de un diálogo, las que se comprometen, en este caso ya las van a conocer, ya las oyeron en la lectura, son la Hermana Teresa Tario y Hermana Rosa Lidia Castaneda; ellas van a decir alguna palabrita después, pero les estoy explicando que ellas han venido aquí no por una imposición. La autoridad en la Iglesia es muy bonita, la autoridad en la Iglesia es gustosa, es ir a desarrollar su personalidad, es vivir libremente allí donde la obediencia las quiere. Cuando ellas tengan dificultades hablan con su superiora y su superiora comprensiva ve lo que hay que hacer. Así tenemos, pues, varias comunidades en nuestra diócesis, aquí están presentes las de La Libertad también, hermanas que por amor a nuestra tierra, han dejado su tierra norteamericana y vivir aquí las incomodidades, intemperies de nuestras pobrezas, por el gusto con que Cristo también obediente a la voluntad del Padre viene a salvar al mundo, que es el gran rebelde, y no se salvará más que por la obediencia, testimonio precioso que necesitamos mucho en este tiempo, hermanos.

Libertad santa en la obediencia que le pone a la Iglesia, también, en condición de decir a los que abusan de la autoridad: antes tenemos que obedecer a Dios que a los hombres, porque la autoridad viene de Dios y hay que ejercerla según Dios. Si una autoridad se torna abusiva como que se endiosa, y lo que yo mando eso se hace, ¡Cuidado!, le dice la Iglesia, sólo lo que Dios mande es lo que tú puedes mandar; si tú te pasas esos límites ya no hay obligación de obedecerte porque ya eres simplemente un hombre que está pisoteando la ley del Señor, la ley de los derechos humanos, etc.

Así es, hermanos, la obediencia también es una santa rebeldía, pero una rebeldía que procede de la voluntad de Dios. Nadie es tan libre como el verdaderamente obediente. Por eso, estas hermanas, pues, que nos vienen a dar estos tres grandes testimonios, incorporadas a la vida de la Iglesia, la diócesis, tiene grandes misiones entre nosotros y aquí voy a dejar la palabra a Monseñor Urioste que es el encargado de la pastoral de la diócesis, para que les diga cómo esos carismas, esos dones, esos votos, esa semilla preciosa de la vida religiosa, se va sembrando en tantas parroquias y pueblos donde no hay párrocos, con qué finalidad. He ahí el proyecto que ahora les va explicar Monseñor Urioste.
 

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