Xabier Gorostiaga sj, Rector de la UCA, Managua, Nicaragua
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1. Introducción
¡Qué 20 años! Parece mentira que sólo hayan pasado 20 años desde que nos reunimos en 1972. Desde Centroamérica parece que ha pasado un siglo, y posiblemente ha sido así, pues ya estamos en el siglo XXI, con coordenadas históricas, geopolíticas y geoeconómicas cualitativamente diferentes a las que vivimos hace 20 años.
La perspectiva y el "pathos nicaragüense" que domina este análisis, proviene de la experiencia vivida en estas décadas. Lo hago explícito para ser honesto y también poder para lograr un grado de objetividad al no ocultarlo.
Hace 20 años la reunión del Escorial era parte de una ruptura epistemológica, tanto espiritual, intelectual como política. La < La ruptura epistemológica de aquellos años supuso una forma de pensar, un horizonte, una visión de futuro y nuevos sujetos sociales. Hoy sufrimos una crisis de paradigmas, sobre todo después del colapso del socialismo estatista de Europa del Este, y de la derrota electoral del Frente Sandinista. Por otro lado la involución tanto de la Iglesia Católica como de la Iglesia Protestante en sus niveles jerárquicos, acompañan "religiosamente" estos acontecimientos, al tiempo que la pobreza, el desempleo, la marginación de nuestros países y la exclusión de la mayoría de nuestra población se imponen como el hecho dominante en 1992.
Necesitamos un nuevo planteamiento epistemológico y encontrar las nuevas mediaciones sociales, para enfrentarnos, a lo que llamamos el año pasado en el Encuentro de Teología de Madrid1 ,"La avalancha del Norte contra el Sur, del Capital contra el Trabajo" y a una profunda crisis de civilización. ¿Cuáles son los sujetos históricos de esta nueva era? Cuál es el tipo de mediaciones para entender, analizar y enfrentar las rápidas y profundas transformaciones de fin de siglo? ¿Cuáles son las propuestas alternativas frente a esta avalancha? Posiblemente el mayor reto y la necesidad mas urgente a los 500 años del llamado descubrimiento es saber preguntar, encontrar los nuevos sujetos transformadores de nuestra sociedad y las nuevas mediaciones analíticas, culturales y teológicas, para poder dar una palabra que responda a la angustia de nuestros pueblos desde la inspiración evangélica.
Intentaremos enfrentarnos a este reto desde una perspectiva dialéctica. Es decir, presentaremos los hechos determinantes y los cambios estructurales dominantes de fin de siglo, con el impacto y los condicionamientos que ellos llevan para nuestros pueblos. Pero al mismo tiempo, intentaremos analizar las contradicciones, las fuerzas emergentes que luchan por la sobrevivencia y que a veces como gemidos y convulsiones de angustia y esperanza, comienzan a formular propuestas en torno a una acción concreta, un horizonte abierto al mundo y un conjunto de alternativas locales, nacionales, continentales y globales.
El Siglo XXI comenzó en la década de los noventa. Cuatro hechos dominantes permiten calificar la entrada del nuevo siglo:
El colapso del muro de Berlín y de la experiencia del socialismo estatista en una forma rápida y contundente, ha provocado una crisis de paradigmas, un período que hemos calificado como una era de perplejidad y de incertidumbre. Este fenómeno va acompañado por otra parte por un unipolarismo mundial donde ya no se dan contrapesos económicos, políticos ni militares. Incluso el Este comienza a competir con el Sur por los escasos recursos líquidos mundiales y la atención política.
La profunda y rápida revolución tecnológica de las dos últimas décadas, en electrónica, en tecnología espacial, en la biotecnología, en la informática etc., han provocado dos fenómenos que implican una transformación del eje de acumulación mundial. La acumulación se da más en la "intensidad del conocimiento" que en la intensidad del capital productivo e incluso el financiero. La acumulación en el conocimiento punta es el eje de la acumulación moderna.
Por otro lado, la revolución del "management", los nuevos métodos de gestión global producto de las telecomunicaciones, informática y del transporte han permitido crear un área de acumulación que ha sido clasificada como "acumulación flexible"2 . La acumulación flexible, producto de la concentración y centralización del poder económico, financiero y tecnológico que después analizaremos, permite concentrar los beneficios en aquellos eslabones intersectoriales que sirven de entrecruce a la producción, comercialización, financiamiento y servicios especializados. Estos eslabones globales de acumulación flexible están cada vez más concentrados y centralizados en un número menor de Bancos y Compañías transnacionales, que por otro lado tienden hacia una fusión (merger) en buena parte controlado por el capital financiero de alta velocidad y de fuerte intensidad especulativa. La explosión financiera de este capital flexible tiene tasas de crecimiento superiores al 100% anuales mientras que las tasas de crecimiento de la economía real varían entre 2% y 4% del PIB.
Esta revolución tecnológica y el eje de acumulación en el conocimiento ha provocado un fenómeno histórico donde la concentración y centralización del poder cada vez tiende a reducirse a un número más pequeño de población y de países. Esto provoca una concentración del poder económico, financiero, tecnológico, político y militar como no se había dado antes en la historia. A los 500 años de la conquista la brecha que separa el Norte (el 20% de la población mundial) del Sur (el 80% de la humanidad) es muy superior a la brecha que se daba entre las metrópolis y las colonias.
La desmaterialización de la producción producto de la Revolución tecnológica, permite lograr la misma unidad productiva con menos materias primas, provocando una reducción estructural permanente del valor de las materias3 y un detrimento estructural en los términos de intercambio entre el Norte y el Sur -países con tecnología y países sin tecnología-.
La Revolución tecnológica también produce la robotización creciente del trabajo productivo y de servicios, disminuyendo el valor y necesidad del trabajo humano por unidad de producto. Esto conduce a una pérdida de la capacidad negociadora del trabajo frente al capital tanto en el Norte como en el Sur. Dentro del propio trabajo, el manual pierde valor frente al cerebral.
Por tanto, las ventajas comparativas del Sur, materias primas y trabajo, se vuelven estáticas frente a la dinámica de la producción tecnológica moderna. Incluso se transforma la tesis de los "rendimientos decrecientes" base de la teoría de la competencia perfecta, que con las nuevas tecnologías se transforman en "rendimientos crecientes". La Revolución tecnológica aumenta la asimetría y las barreras para los competidores más débiles y con menor capacidad de conocimiento técnico (Know How).
La centralización y concentración del conocimiento y poder se realiza en todos los espacios societales de la vida (económico, militar, político e ideológico) y en las nuevas áreas de expansión de la acumulación mundial, para el futuro, como la tecnología del espacio y de los fondos marinos.
Lógica y a la vez contradictoriamente con la revolución tecnológica y la modernidad, la pobreza creciente y la exclusión, se han convertido en el hecho social y político dominante de nuestra era.
El informe reciente del PNUD: "Desarrollo Humano 1992", afirma que el último decenio se ha caracterizado, en el mundo entero, por el crecimiento de la desigualdad entre ricos y pobres, bien sean éstos países o poblaciones. En 1989 la quinta parte más rica (1.000 millones aproximadamente) contaba con el 82.7% del ingreso; 81.2% del comercio mundial; 94.6% de los préstamos comerciales; 80.6% del ahorro interno y 80.5% de la inversión. Si en términos de distribución el panorama es insostenible, lo es igualmente en materia de recursos: los países ricos poseen aproximadamente la cuarta parte de la población del mundo pero consumen el 70% de la energía mundial, el 75% de los metales, el 85% de la madera y el 60% de los alimentos. Tal patrón de desarrollo concluye el PNUD sólo es sostenible en la medida en que se mantenga la desigualdad extrema, pues de otra manera los recursos mundiales no alcanzarían. Por tanto la desigualdad no es una deformación del sistema, es una necesidad para su crecimiento y su permanencia.
Lo significativo es la aceleración de la brecha. En 1960 el 20% más rico registraba ingresos treinta veces más elevados. En 1990 era sesenta veces. Pero si se tiene en cuenta la distribución desigual en el seno de los países tanto del Norte como del Sur, el 20% más rico de la gente del mundo registra ingresos 150 superior al 20% más pobre (Según el informe la peor disparidad nacional es la de Brasil: veintiséis veces entre el 20% más rico de la población y el 20% más pobre).
Otra afirmación contundente del informe del PNUD es que los mercados mundiales no operan libremente. La condición de socios desiguales le cuesta a los países en desarrollo 500.000 millones de dólares anuales, o sea diez veces más de lo que reciben en ayuda exterior. Por otro lado, 20 de los 24 países más industrializados son hoy más proteccionistas que lo que lo eran hace diez años mientras se exige total liberalización del mercado a los países más retrasados. Según el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) sólo el 7% del comercio mundial se encuentra en conformidad con los principios del libre comercio. El resto es un mercado administrado.
Por otra parte la participación en el comercio internacional desde 1970 se ha reducido drásticamente para los países del Sur. De 3.8% a 1% para el Africa subsahariana; América Latina y el Caribe de 5.6% a 3.3%. El proceso creciente de marginación está afectando a 1.700 millones de personas que en forma creciente son excluidas.
El desarrollo derrochador de un 20% de la humanidad, que devora los recursos del mundo botando sus deshechos en forma contaminante, ha sido la causa más importante de la crisis del medio ambiente. Crisis ambiental, hoy también afectada por la pobreza de las tres cuartas partes de la población mundial que causan tensiones "iguales y a veces aún mayores" a los sistemas ecológicos. La "deuda ambiental" junto con la "deuda social", la emigración internacional sin precedentes, (unos 75 millones de personas se trasladan cada año en carácter de refugiados, desplazados o trabajadores trashumantes), son las causas más importantes de la inestabilidad mundial al fin de la guerra fría. Por tanto el informe de Naciones Unidas sugiere la creación de un Consejo de Seguridad del Desarrollo y la reforma del Banco Mundial, el Fondo Monetario, del GATT y de los Programas de Naciones Unidas con el fin de asegurar una mejor gestión de la economía mundial en interés de todos los países y de todos los pueblos.
Estos datos sirven para confirmar estadísticamente la tesis anteriormente presentada. En plena revolución tecnológica y en un mundo que se ha unificado en una aldea global, con una ciudadanía universal, la brecha social, política, económica, tecnológica y militar es hoy superior a la de hace 500 años.
En 1492 Europa descubría que su interpretación y visión del mundo estaba equivocada. Lo que realmente se descubrió era la unidad del mundo y de la historia. A 500 años ese descubrimiento se ha hecho realidad en un mundo unificado por la tecnología. Sin embargo esa unidad es polarizante, contradictoria, inestable, falsa y peligrosa provocando una auténtica crisis de ingobernabilidad.
Existe hoy una jerarquía geoeconómica que regula y administra la concentración y centralización del poder económico, político, tecnológico, financiero y militar del mundo. La reestructuración de las Compañías y Bancos Transnacionales les ha permitido en base de "mergers" la diversificación de sus actividades y la flexibilidad de su acumulación. Estos nuevos mega-conglomerados, organizados en torno a las estructuras tecnológicas y a las matrices científicas, les permite gran flexibilidad para adaptarse a las nuevas demandas, en gran parte creadas por ellos mismos con el control de los medios de comunicación. (Mitsubishi por ejemplo tiene actividades en noventa sectores de la economía mundial).
La continentalización de las economías y la nueva división internacional del trabajo al servicio de estos mega-grupos, junto con la integración sometida en forma creciente de los países del Este ha transformado a esta jerarquía geoeconómica en la élite orgánica del capitalismo transnacional4 .
Estos actores mundiales nacidos de alianzas y de la intersistematicidad de la economía mundial, crecieron bajo el apoyo de los créditos y la política de los Gobiernos del Grupo de los Siete y de los países del Norte, con el fin de dominar la competitividad internacional. Hoy son estas élites globales las que definen las reglas del juego, tanto en la tecnología, producción, comercialización y finanzas donde el Grupo de los Siete se ha convertido en el Estado Paralelo Mundial al servicio de estos intereses. Los organismos multilaterales e incluso las propias Naciones Unidas carecen del espacio financiero y político para regular e implementar el Derecho Internacional. El Fondo Monetario y el Banco Mundial, dependientes del Grupo de los Siete en gran medida, son parte de la burocracia internacional que protege y conserva la lógica del capital transnacional dominante y a su élite mundial.
La reestructuración mundial del sistema económico que está acaeciendo en la década de los ochenta y noventa, se realiza desde el Norte sin ningún contrapeso ni capacidad competitiva en el Este ni en el Sur.
La Revolución neoliberal y la ideología neoconservadora conforman el proyecto ideológico legitimante de esta élite global. El neoliberalismo no es por tanto un proyecto económico sino un proyecto de sociedad, de Estado, de relaciones internacionales y de relaciones sociales en cada sociedad. El llamado "fin de la historia" encubre una auténtica revolución de la derecha mundial ante el colapso del Este y la profunda crisis de la izquierda y el debilitamiento de la capacidad de negociación del Trabajo y del Sur a nivel global.
Esta Revolución de la derecha impacta fuertemente en el mundo de la ideología y de la religión. La involución de la Iglesia Católica, con el aumento del centralismo y del control Vaticano, la limitación de espacios a los Episcopados nacionales y continentales, la censura a los teólogos de la liberación y a la Teología Política en Europa, son parte del mismo fenómeno. En el mismo sentido la expansión acelerada de las sectas evangélicas y de los grupos carismáticos dentro del Catolicismo, promoviendo una religión pietista y un escapismo trascendentalista, corresponden a este fenómeno global, que consideramos pueden calificarse como una auténtica revolución de la derecha internacional.
La preparación de la reunión del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, ha demostrado esta injerencia centralista del Vaticano, ya no se enfrenta sólo con los teólogos de la liberación como en el caso doloroso y actual de Leonardo Boff, sino con el propio Episcopado Latinoamericano. La falta de libertad y de capacidad de decisión del Episcopado Latinoamericano se encuentra gravemente amenazada en la preparación de los documentos, en la selección de los representantes laicos, religiosos e incluso de los propios obispos. Parecería ser que la nueva evangelización necesita comenzar, en primer lugar, por la propia iglesia.
La intersistematicidad de estos fenómenos crean estructuras de poder de baja visibilidad, pero con una real capacidad de dominación invisible. "La guerra metafísica" del Informe de Santa Fe, que preanunciaban los ideólogos de la era Reagan al comienzo de los ochenta, es hoy un fenómeno histórico comprobado. Posiblemente pocos ideólogos de la derecha lo habrán plasmado con tanta claridad como el propio Brezinski, miembro fundador de la Comisión Trilateral y Asesor permanente de las diversas Administraciones Norteamericanas desde esa época: "En la sociedad tecnetrónica, el rumbo al parecer lo marcará la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados, que caerán fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas, quienes explotarán de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón"5 . No sólo la razón sino también la esperanza.
La reestructuración del eje de acumulación internacional corresponde y necesita esta recolonización ideológica del Nuevo Orden Mundial, como requirió hace 500 años la legitimización papal para la conquista de América, llamada en aquel entonces el "Nuevo Mundo". Las protestas de los dominicos en el "grito de La Española" en 1511, el papel profético de Bartolomé de Las Casas y del primer obispo mártir de América Latina, Antonio Valdivieso, en Nicaragua, junto con "la mayoría de los frailes de este Reino" que denunciaba el Virrey Toledo del Perú a su Majestad Felipe II, no fueron suficientes para detener la Conquista ni el sistema colonial. Tampoco la protesta sin propuesta podrá revertir la neocolonización opaca de fin de siglo.
La creación de políticas macroplanetarias que permitan la administración global del mundo, exigen un monopolio del pensamiento planetario que legitimice el monopolio de la acumulación a escala mundial. El control de los medios, de las imágenes, de los deseos y demandas es un elemento fundamental para garantizar la legitimidad que permita la estabilidad de este poder global. El control de la investigación, del conocimiento e incluso del pensamiento alternativo es un prerrequisito de la nueva reestructuración mundial. La crisis de las Universidades y la agonía de los centros de investigación y ONG's que no se sometan a esta lógica del capital y del mercado, es un fenómeno recurrente en todo el mundo, incluso, como hemos mencionado, en las propias Iglesias.
El "darwinismo económico" provocado por el neoliberalismo, que el propio Papa califica en su última Encíclica de "capitalismo salvaje", requiere de un totalitarismo tecnológico que mantenga en un apartheid técnico al Sur. La reducción del presupuesto de la educación superior, el control político de las Universidades, el énfasis en la primarización fomentado por el Banco Mundial en el Tercer Mundo no pueden ocultar la finalidad de mantener a las grandes masas de población como minusválidos tecnológicos y minusválidos pensantes incapaces de comprender y transformar la sociedad "Tecnetrónica".
La gran capacidad del neoliberalismo no ha sido la de crear eficiencia y crecimiento, sino la de destruir cualquier alternativa que no responda a su lógica de mercado, al lucro como motor de la sociedad y la aceptación del poder opaco como una inevitabilidad del Nuevo Orden.
El Nuevo Orden Mundial lleva consigo una Nueva División Internacional del Conocimiento en la era de la revolución tecnológica. La democratización del conocimiento será por tanto una de las demandas fundamentales que enunciaremos en la segunda parte de este trabajo.
El poder opaco requiere no sólo la hegemonía geoeconómica sino también geocultural. La ideología del mercado y el automatismo de mercado que postulan la capacidad de resolver los problemas de la pobreza, desempleo y destrucción ecológica por su propia dinámica,, llevan consigo la necesidad de una homogeneización y uniformidad del mundo. Las múltiples y variadas marcas de productos responden a un homogéneo sistema productivo y cultural. Esta modelación del mercado exige una modelación de la cultura.
Franz Hinkerlammer, que ha trabajado profundamente esta temática7 , narraba en la reciente Semana de Teología de Nicaragua la anécdota del Presidente mundial de la McDonald inaugurando la sede McDonald en Moscú. Como parte del proceso de democratización en los países del Este podrán los moscovitas comer "la misma hamburguesa que se come en todo el mundo, con el mismo tamaño, sabor y salsa". Esta democracia del "Big Mac" está produciendo también un cristianismo del "Big Mac" y una cultura del "Big Mac".
Esta homogeneización del mercado y su automatismo deja un futuro lleno de promesas pero sin proyecto y esperanza. Desaparecen incluso los conceptos como Desarrollo, Autodeterminación, Soberanía. Es la cultura del consumo y la democracia sin proyecto.
Aquellos países que han levantado la esperanza de algo nuevo, como, Nicaragua y El Salvador de los ochenta necesitaban ser no sólo destruidos sino desacreditados y convertidos en una espúrea esperanza de pueblos románticos porque rompían el proceso de homogeneización iniciado con la era Reagan. La geocultura de la desesperanza y la teología de la inevitabilidad, requieren hoy una proyección mundial para permitir la homogeneización de la nueva reestructuración promovida por la élite del poder mundial.
La desesperanza es la actitud de la estabilidad para el dominador. El desgaste de la esperanza es una necesidad del sistema como preanunciaba Brezinski. Este nihilismo de valores lo retrotrae Franz Hinkerlammer hasta el propio Nietzsche. La necesidad de la aceptación de lo inevitable se ha impuesto en amplios sectores de la intelectualidad y de la propia Iglesia Latinoamericana, incluso de la propia izquierda política. Posiblemente éste sea el mayor logro del neoliberalismo. Privados de la esperanza ya no hay ninguna razón para luchar por la vida, y se acepta como vida la sobrevivencia cotidiana.
Esta cultura del sometimiento permite que el proyecto mundial sea exclusivamente reservado al capital y a la élite del poder transnacional. Con el fin de la guerra fría no se requiere ya más la estigmatización del "imperio del mal", sino satanizar como el "tugurio del mal" a aquellos países del Sur y a los sectores que comparten con el Sur, un horizonte alternativo de esperanza para el Siglo XXI.
Esta geocultura de la desesperación, que conlleva la inevitabilidad y el sometimiento producido por la guerra metafísica, es parte del nihilismo de Nietzsche y de una dialéctica maldita que frente a la pobreza, al subdesarrollo, al desempleo creciente en tiempos del cólera, del Sida y de la droga, ante la amenaza de un suicidio colectivo por la crisis ambiental, no propone alternativas, menos todavía soluciones, dejando que la "mano invisible", esta vez de la muerte, sea la constructora de la vida.
El Norte, el 20% más rico de la humanidad, puede considerarse democrático, porque dos tercios de su población participan de los beneficios de su sistema. Sin embargo, esa democracia del Norte, provoca que dos tercios de la humanidad no tengan la base material suficiente para construir su propia democracia y satisfacer las mínimas necesidades que el anhelo democrático ha creado también en el Sur. El mundo se divide en una minoría de democracia de dos tercios, y en una gran mayoría que sólo permite la democracia del Norte para un tercio de la población del Sur.
Las máscaras democráticas se van cayendo progresivamente en América Latina. La "democracia de baja intensidad" que requiere una mano autoritaria e injerencista para la transición; la "democracia restringida" que exige limitar las demandas no sólo económicas sino también participativas para no caer en la anarquía; la "democracia de fachada" que ofrece la legalidad de los derechos democráticos y la incapacidad de implementarlos; la "democracia tutelada", que requiere un poder externo que protege y administre la constitución de la misma. Todas estas "democracias" llevan como requisito la apatía democrática que se manifiesta en un abstencionismo electoral creciente en el Norte y el Sur.
El fin de la guerra fría todavía no ha llegado al trópico. Sea por el unipolarismo global, sea por la propensión de todo poder hegemónico en recesión de acudir a la intervención, sea por la misma ingobernabilidad de sus vecinos del Sur del Continente, o sea por las tres tendencias a la vez, se percibe una creciente interferencia e intervención de Estados Unidos en América Latina.
El más sutil pero patente de estos instrumentos es el financiero, apoyado en los organismos internacionales, que establecen auténticas camisas de fuerza sobre las políticas económicas domésticas. Por otro lado, el creciente proteccionismo de los principales países industriales, interfiere en las propias reglas del juego impuestas por estos organismos financieros internacionales, manteniendo e incluso incrementando el clásico deterioro de los términos de intercambio Latinoamericanos. El manejo del endeudamiento, una vez superada la crisis de mediados de los ochenta, lleva consigo también trueques (swaps) de diversa índole, que permiten intervenir en el control del medio ambiente, de la reconversión industrial, de la utilización de los recursos naturales. La droga por su parte, ha servido al país promotor de la principal demanda de narcotráfico en el mundo, de excusa para intervenir militar y comercialmente en varios países de la región.
El caso Noriega tenía este trasfondo de intereses de control sobre el Canal y también de impedir que Japón dominase el puente y la plataforma comercial Pacífico-Atlántico. Japón controlaba la Zona Libre de Colón, segunda zona libre del mundo, la flota naval de registro panameño, el centro financiero y Japón como segundo usuario del Canal.
Sin embargo, lo más peculiar del nuevo intervencionismo son los aspectos jurídicos y democráticos. La reciente resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos para poder extraditar a ciudadanos de otros países, los acuerdos jurídicos sobre legislación bancaria y comercial, sin llegar a los extremos del fenómeno panameño8 , indican un proceso de homogeneización jurídica impuesta, sin participación de los parlamentos y sin lograr el consenso requerido entre diversos países, como ha sucedido por ejemplo en la CEE. La incorporación de propuestas jurídicas por parte del Sur en torno a los cambios globales es un elemento clave.
La instrumentalización de los procesos de democratización, procesos generalizados en América Latina en la última década, es el aspecto más determinante de este nuevo intervencionismo. La implementación de una "democracia neoliberal inducida", tanto por las políticas financieras del Banco Mundial y Fondo Monetario, como por las prácticas e instituciones creadas por la AID y la ayuda bilateral de los países industrializados, requiere un análisis concertado en toda América Latina. Los efectos de estas políticas intervencionistas sobre los procesos de desmilitarización, de creación de las nuevas policías, sobre los sistemas de educación, y sobre los procesos de compactación del Estado. Al mismo tiempo que se crea un "Estado paralelo" de instituciones privadas, que planifican el país bajo las directrices de un plan externo. Todos éstos son elementos que requieren sistematizarse. Las pautas comunes inducidas en forma general sobre el Continente, permitirían calificar a este "intervencionismo democrático" como una "democracia de baja intensidad", que prosigue la estrategia de Guerra de Baja Intensidad en el período actual, para controlar los procesos de democracia autonómica.
La "promoción de la democracia" ha servido para manipular a los partidos políticos, financiar campañas electorales, determinar el contenido de los Derechos Humanos e incluso administrar los procesos democráticos emergentes en varios países. Los casos quizás más extremos han sido Panamá, Nicaragua, Haití, Perú, donde en forma extrema se revelan algunas tendencias realizadas en otros países más sutilmente. Esta "democracia de baja intensidad" requiere un "análisis coprológico", en el sentido de determinar las causas de las heces y detritus de una democracia pervertida por el intervencionismo extranjero (aumento de la pobreza, corrupción, polarización política, pérdida de consenso y proyecto nacional etc.), para poder analizar el carácter del proyecto de la democracia neoliberal que se quiere imponer hoy sobre América Latina.
Esta democracia administrada ha llevado a un debilitamiento y descrédito grave, incluso de gobiernos legítimos como el de Violeta Chamorro en Nicaragua. La inestabilidad creciente en el país por las divisiones entre el Ejecutivo y Legislativo, entre la Presidenta y el Vice-Presidente, entre la propia coalición de Gobierno (paradójicamente llamada Unión Nacional Opositora), la ruptura del Acuerdo de Transición con el Sandinismo, no tienen suficiente justificación interna sin la "mano pachona" de Washington, afectando las normales tensiones de un período postbélico que pudiera convertirse en un auténtico maremoto político, si las imposiciones norteamericanas sobre el Ejército y la Policía, la propiedad, el ajuste económico y la suspensión de la ayuda se siguen profundizando.
La posibilidad de una democracia consensuada en América Latina se ven seriamente dificultadas por este nuevo injerencismo. Este "análisis coprológico de la democracia neoliberal" es importante para descubrir las alternativas que se requieren para profundizar y nacionalizar la democracia sin dejarse llevar por formalidades engañosas de la democracia funcional. A la larga, el injerencismo democrático no hace más que aumentar el tensionamiento de los sujetos sociales que buscan una salida democrática a la crisis. Uno de los mayores obstáculos para una genuina democracia en el Sur, radica en los condicionamientos impuestos por la interferencia del Norte.
SEGUNDA PARTE
La llamada "década perdida" en términos económicos, supuso para Centroamérica tres y hasta cuatro décadas perdidas, sobre todo en el caso de Nicaragua.
Sin embargo, la década de los ochenta fue la década de la sociedad civil. La irrupción de los sectores populares organizados en la vida civil, en forma revolucionaria en Nicaragua y El Salvador, en parte también en Guatemala, pero sobre todo en una nueva presencia cívica de las masas empobrecidas y marginadas, es un fenómeno que ha cambiado en forma definitiva el tejido social de la región. Esta experiencia, quizás no tan efervescente, se percibe en una nueva dinámica que se manifiesta a través del crecimiento de las ONG's, de la vinculación de las organizaciones campesinas, indígenas, mujeres, ambientalistas, pobladores y el movimiento emergente del estudiantado, sobre todo universitario, en toda América Latina.
El "Movimiento Lavalás" (la avalancha) de Haití, que consiguió derrotar a la dictadura más prolongada de América Latina sin violencia guerrillera, sin un partido político organizado, sin un plan alternativo de gobierno, con un líder carismático Jean Bertrand Aristide, pero sin experiencia política, refleja la potencialidad y al mismo tiempo la vulnerabilidad de esta fuerza popular emergente.
La cosecha de los ochenta ha madurado en los noventa, a pesar de la propia crisis haitiana y de Nicaragua, que se han transformado en crisis de ingobernabilidad, demostrando la fuerza irreductible de la sociedad civil, a pesar de la avalancha dominante sobre estos pueblos. La falta de un proyecto alternativo, capaz de encauzar en forma constructiva la dinámica de la sociedad civil, fomenta una cultura de resistencia y un "poder de veto" al proyecto neoliberal, sin conseguir todavía un proyecto propio con viabilidad de funcionamiento en las condiciones actuales.
Una tendencia común se percibe en estas organizaciones populares, la búsqueda de un nuevo poder, social y político, con base económica autogestionada, en una dinámica que proviene de abajo y desde adentro de su propia realidad sectorial. La conquista del poder estatal, muchas veces, sobre todo en el pasado, con lucha armada, ha sido en buena parte sustituido por una construcción de un nuevo poder social. El Estado y el poder estatal, no aparecen como el factor determinante de sus objetivos, sino más bien la creación de un poder alternativo capaz de definir posiciones negociadores frente al capital, el Estado, la cultura y las relaciones internacionales.
La multipolaridad y multiplicidad de estos nuevos sujetos sociales, llevan consigo, a veces implícita y no formulada con precisión, una agenda heterogénea que combina diversas identidades y formas de lucha. Sus estrategias organizativas son múltiples, sin embargo se percibe en todas ellas un rechazo al verticalismo y al vanguardismo jerárquico. El leninismo organizativo colapsó en América Latina antes de la crisis del Este. La tendencia a buscar alianzas, consensos, participación y diálogo es un fenómeno tanto cultural como político y económico.
Con diversos niveles de maduración se percibe la búsqueda de una base económica propia, autogestionada y lo más autosuficiente posible. Al mismo tiempo, reconociendo sus limitaciones, buscan alianzas nacionales e internacionales. En este sentido la vinculación horizontal que se da entre estas organizaciones va creando coordinadoras de diverso género que se comienzan a entrelazar también a nivel internacional a través de ONG's, iglesias, sindicatos, movimientos de mujeres, ecologistas y pequeños productores junto con el inicio de un comercio alternativo.
Por otra parte la visión Latinoamericana, la mayor participación de Brasil y el Caribe, y la búsqueda de una propuesta de inserción global en conjunción con otros movimientos políticos del Sur y del Norte, presenta un conjunto de características semejantes que pudieran ofrecer el inicio de un nuevo mapa político para 1994, cuando se realizarán elecciones en unos 15 países de la región.
El fenómeno político más característico de estos movimientos populares es su autonomía en relación con las instituciones que los prohijaron en el pasado, sean éstas partidos, iglesias, ONG's, incluso las empresas o el propio Estado.
La relación con los partidos políticos refleja una tendencia hacia una autonomía orgánica. Es decir, una clara autonomía que rechaza en forma cada vez mas insistente el ser correa de trasmisión de ningún partido o cúpula política al sector popular concreto. A la vez, se consolida una tendencia a buscar una organicidad política amplia en base de alianzas y consensos, que van creando un nuevo espectro político superando la antigua formación de Frentes con su vanguardia específica. De la misma forma, intentan superar el instrumentalismo del Estado, con el fin de ser una palanca democratizadora del Estado, superando la cultura paternalista y de subsidio que tanta parálisis y dependencia creó en el pasado a muchas organizaciones populares.
La autocrítica y la exigencia de una democracia interna con un carácter de ejemplaridad y coherencia ética, ante una corrupción que ha penetrado a los partidos e incluso en las iglesias, es también una de las notas dominantes de los nuevos sujetos emergentes.
Este fenómeno coincide con un desgaste de los partidos tradicionales de derecha y de izquierda. Una profunda revisión y reestructuración de lo que se ha llamado "la nueva izquierda Latinoamericana", se ha iniciado. En el Foro de Sao Paulo, que aglutina a más de 60 partidos de América Latina, se perciben estas diversas dinámicas en los partidos políticos, sin que todavía hayan podido consolidar una plataforma lo suficientemente coherente y programática. Los resabios del pasado siguen pesando. La falta de un análisis claro y convergente dificulta el proceso. La tendencia dominante tiene la característica común de la búsqueda, de la superación del derrotismo y la decisión de vincularse con los nuevos sujetos sociales emergentes. Un nuevo mapa político de América Latina en 1994 podría iniciarse con 15 elecciones coincidentes en diversos países, un desgaste profundo de las políticas neoliberales y una convergencia de las fuerzas populares del Continente.
Es imposible definir con precisión el carácter de esta emergente sociedad civil debido a la heterogeneidad de América Latina. Sin embargo, lo llamativo en innumerables encuentros latinoamericanos de estos sectores, que con inusitada capacidad de convocación se están realizando en casi todos los países de América Latina, es la similitud de un conjunto de caracteres comunes. La peculiaridad e identidad de cada sector, incluso sus intereses y valores culturales y políticos diferentes, quedan integrados en un proceso cada vez más convergente y de proyección mas latinoamericana, a la vez que abierto a la búsqueda de un proyecto global con organizaciones semejantes en otros continentes.
En forma creciente se percibe una conciencia y una realidad del desgaste del proyecto neoliberal en América Latina y de los propulsores políticos del mismo. La profunda división y debilidad del gobierno de Doña Violeta Chamorro; la debilidad de sus congéneres Centroamericanos para consolidar la democracia, iniciar la recuperación económica y la integración regional, se manifiesta con sus propias características en la mayoría de los países. La crisis del gobierno de Carlos Andrés Pérez, Gaviria, Fujimori, Menem, y la más actual del presidente Collor en Brasil, indican una crisis de ingobernabilidad democrática ante un capitalismo dependiente neoliberal. Estos gobiernos no consiguen abrir espacios competitivos en el mercado internacional, ni redefinir los términos de inserción en forma equitativa, ni detener el deterioro del nivel de vida y de la miseria creciente. Tampoco ofrecen visos de un panorama económico y político de estabilidad y crecimiento para finales de siglo.
Los países de América Latina que pudieran presentarse como excepciones a esta tónica de desgaste generalizado del proyecto neoliberal son escasos. Chile aparece como la excepción más notable, teniendo un consenso interno suficientemente amplio de sus logros. No se podría decir lo mismo de las experiencias de México y Costa Rica, procesos considerados internacionalmente exitosos, pero que no cuentan con un consenso mayoritario a nivel nacional.
Por otra parte el proceso de "impeachment" contra Collor de Mello, refleja un carácter latinoamericano, donde la propia sociedad civil toma la defensa del Estado de Derecho en sus manos, exigiendo el fin de la corrupción, la transparencia y responsabilidad a los políticos y gobiernos, y la profundización de la democracia.
5.1 No hay solución estable con proyecto ajeno.
A pesar de la concentración y centralización del poder en la élite global, es importante percibir los cada vez más claros y numerosos signos de fracaso en la agenda del Norte y el llamado Nuevo Orden Mundial. Las crisis en Europa, sobre todo la de Yugoslavia, Checoslovaquia, Polonia y diversas repúblicas de la CEI, además del grave tensionamiento de los acuerdos de Maastrich; el resurgimiento de grupos neofascistas en Alemania, Austria, Italia y Francia, indican que la nueva Europa no está consolidada. Las tres Europas, la del Este, la del Mercado Común y la Musulmana, con el fuerte resurgimiento del nacionalismo popular por un lado, y los grupos de ultraderecha y fundamentalistas por otro, no ofrecen una perspectiva de estabilidad para el Sur.
La situación del Japón y el Pacífico, con los fenómenos de corrupción y pérdida de dinámica financiera en Japón, más el incremento de los tensionamientos políticos en Corea del Sur, Thailandia, Taiwán, Filipinas y el propio Japón, no ofrecen tampoco el marco de estabilidad que la élite global ha pretendido ofrecer.
La situación de Estados Unidos ha revelado la profundidad de su recesión y de su inestabilidad social en la lucha electoral y en los estallidos sociales.
Por otro lado, las contradicciones y el tensionamiento comercial y financiero entre los tres mega-mercados no permite prever una coherencia y homogeneización del mercado mundial como se ha pretendido. La crisis en la Ronda de Uruguay revela las profundas contradicciones incluso dentro del propio núcleo de poder del Grupo de los Siete.
Por otro lado, el Grupo de los 77 y los Países No Alienados, siguen dejando pendiente una agenda del Sur que no se acaba de materializar, a pesar de los intereses comunes y valores comunes que, en repetidos foros, aparecen cada vez con más urgencia.
Esta enumeración sólo pretende evocar la necesidad de una agenda propia de América Latina, especialmente frente a la propuesta de la Iniciativa para las Américas (IPA) y los Tratados de Libre Comercio (TLC). La propuesta norteamericana pudiera servir de catalizador de diversas alternativas regionales Latinoamericanas, incorporando propuestas latinoamericanas a los temas de deuda, inversión y comercio, añadiendo una agenda propia sobre el medio ambiente, droga, seguridad, trabajo y lucha contra la pobreza para consolidar la democracia.
Algunas sugerencias para reforzar este proceso:
a) La crisis es de fondo. Implica planteamientos profundos de descolonización de la imaginación, del conocimiento y del corazón. A 500 años, una revisión de la internalización de la dependencia y del sometimiento es un tema fundamental para esta Agenda Latinoamericana y del Sur. Sin una recuperación de la esperanza y confianza en nosotros mismos, no hay posibilidad de alternativas.
b) Las dominaciones históricas se han basado sobre el control del trabajo, de la naturaleza, de la mujer y de la cultura (identidad-soberanía) de nuestros pueblos. Por tanto consideramos que una Agenda Latinoamericana y del Sur debe partir dialécticamente de esas contradicciones con una perspectiva y lógica del trabajo, la naturaleza, la mujer y la cultura (identidad y soberanía), como fuentes originarias de un proyecto propio.
El marco internacional y las instituciones multilaterales actuales impiden una Agenda y Programa para y desde el Sur. Las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario deben democratizarse. Esas plataformas multilaterales deben convertirse en instrumentos de defensa del Derecho Internacional, democratizando las relaciones económicas, y la "democracia desde abajo, desde adentro", es decir, desde la soberanía, cultura e identidad nacional de cada país. Democracia abierta a la ciudadanía planetaria, a relaciones internacionales que superen la simetría antidemocrática actual9 .
Para esta inserción democrática en el mundo, se requiere un proyecto propio, endógeno, que permita su consolidación con la complementariedad internacional, de forma que la inserción en el mercado global sea definida en forma selectiva según las fases y los requisitos del proyecto propio. La inserción impuesta por el neoliberalismo provoca una apertura indiscriminada y asfixiante para los países con menos capacidad competitiva, por lo que en vez de expandir el mercado reduce y coopta el mercado nacional. Ni el "delinking", aislándose en la autarquía, ni la inserción neoliberal indiscriminada y asimétrica, sino la inserción selectiva que responda al proyecto propio.
La vinculación de lo local con lo nacional y de lo nacional con lo internacional, es una de las principales necesidades de los nuevos proyectos alternativos. "Las naciones son demasiado pequeñas para los grandes problemas del futuro, y demasiado grandes para los pequeños problemas de la vida cotidiana y del presente", comenta acertadamente René Dreyfus en la obra mencionada. La vinculación de la cotidianidad con el desarrollo futuro, exige una democracia participativa y consensual que supere la planificación central del socialismo estatista, al mismo tiempo que la imposición de las fuerzas del mercado. Lograr un equilibrio macro-micro, no alcanzado por las diversas corrientes del pensamiento en el pasado, es parte del reto.
La reforma del Estado que pueda completar el mercado e incluso generar mercado, allí donde las deformaciones en las relaciones sociales y económicas no permiten la entrada al mercado, eliminan a los sujetos menos capacitados de competir. El "darwinismo económico" actual reduce los mercados. El papel equilibrador y generador de iniciativas del Estado se requiere, especialmente en aquellos países pobres y dependientes, para incentivar las primeras fases del desarrollo autosostenido.
Estado, mercado, planificación, no son propuestas antagónicas sino complementarias. Insertos sometidamente en el mercado global dominante, no se puede crear el proyecto nacional de amplio consenso. El Estado se requiere como concertador de voluntades y defensor del espacio nacional; para la maduración de un proyecto propio y a la vez abierto; para superar el feudalismo tecnológico, con un proyecto tecnológico, y la formación de una red científica latinoamericana que supere el alineamiento tecnológico actual que nos condena a ser minusválidos técnicos; para complementar al mercado como mecanismo racional de utilización eficiente de los recursos porque infravalora las necesidades futuras y las externalidades. (Ni la ecología, ni la mujer por ejemplo, están incluidas equitativa y eficientemente en las cuentas nacionales ni en la valoración del mercado).
El nuevo Estado, democrático, eficiente, participativo, y transparente a la sociedad civil es un elemento crucial de las propuestas alternativas. Frente al estado neoliberal, sometido, sin proyecto y sin espacio nacional ni popular, y frente al viejo estado oligárquico y/o dictatorial del grupo de poder dominante, se requiere el Estado de la Sociedad Civil.
La Ciencia y la Tecnología son producto de las relaciones sociales y de las relaciones de poder. Por tanto aceptar la tecnología dominante no es aceptar un hecho positivo ni democrático, sino un hecho impuesto. La democratización de la Ciencia y la Tecnología es una necesidad de la equidad y el desarrollo. En este sentido el papel de las Universidades y la Educación Superior técnica es un elemento no suficientemente valorado en el pensamiento alternativo latinoamericano.
Por otro lado el proyecto neoliberal pretende privatizar y mercantilizar la educación superior, de forma que ésta responda a los lineamientos del mercado perdiendo su capacidad de conciencia crítica. En este sentido la recuperación de la Universidad como parte de un proyecto democrático y popular es uno de los prerrequisitos de la década de los noventa.
Por otro lado, en un mundo sin horizonte y en una geocultura de la desesperación, el papel de la juventud universitaria vuelve a ocupar en América Latina el papel que históricamente tuvo en los momentos críticos de su historia.
El modelo de sociedad, y la civilización de los países del Norte no es universalizable. Provocaría el suicidio colectivo, si las pautas de consumo y de superdesarrollo del Norte, fuesen implementadas en las mayorías del Sur. Existe un límite ecológico y un límite democrático. Este modelo de sociedad exige el darwinismo económico mencionado anteriormente, que implica la exclusión de una mayoría sustancial de la población mundial que se convierte en superflua, y la inviabilidad para muchos países, que por razones de recursos humanos o naturales no tienen capacidad de competir en los términos determinados por el mercado mundial. Esta civilización no puede ser democrática, pues exige una democracia restringida para la mayoría de la humanidad. Por tanto la paz seguirá siendo una quimera porque, "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz" (Pablo VI) y el derecho al desarrollo es un derecho fundamental proclamado por las Naciones Unidas. Paz y desarrollo cada vez menos alcanzables, como se ha podido comprobar estadísticamente por los últimos informes de Naciones Unidas y del propio Banco Mundial.
La civilización actual es además, una civilización antagónica. Confronta al Norte contra el Sur; el Desarrollo contra la Naturaleza; la Ciencia con la Cultura; al Hombre con la Mujer; el Presente con el Futuro. Confronta las razas, la biodiversidad genética y cultural, convirtiendo a la competitividad en un principio polarizante y alienante de un proyecto de sociedad y desarrollo integrado. Una civilización antagónica no puede ser la civilización del futuro en una aldea global. Las alianzas de intereses y de valores comunes, para enfrentar las amenazas comunes del ciudadano planetario de la megapolis, requieren una civilización y cultura del consenso y de la integración de la diversidad en una conciencia de democracia global. "Las aflicciones humanas del Norte y las privaciones humanas del Sur", que señala el informe mencionado de Naciones Unidas, son parte de esta crisis de civilización.
Escribíamos en otra ocasión10 : "¿Será posible que este mundo de diversidades culturales, políticas y de urgencias económicas que afectan la sobrevivencia, pueda pensar y actuar planetariamente desde las diferentes realidades locales, para construir conjuntamente una nueva comunidad mundial? ¿Es sólo el capital y su lógica el único que tiene capacidad de trascender estas diferencias, proponer y crear un sistema mundial? ¿No existe otra lógica capaz de provocar y convocar a la humanidad en su conjunto a un proyecto de comunidad más humana?".
Frente a este reto civilizatorio, dos lógicas y culturas contradictorias se enfrentan, resumidas agudamente por Marcos Arruda: la lógica de "el que tiene, es" y la lógica de "el que es, tiene". La lógica del tener o la lógica del ser, vieja contradicción que se levanta de nuevo con una radicalidad fundamental ante la gravedad de la crisis.
Necesitamos recuperar las preguntas mal respondidas de 1917. El fracaso del Socialismo Estatista no supo ni pudo responder a la pregunta genuina que buscaba la democracia económica, la igualdad ciudadana y la equidad en la relación entre pueblos y naciones.
La avalancha actual tiende aumentar el abismo y la brecha entre los ciudadanos de esta ciudad mundial que es el mundo de 1992, al tiempo que pretende eliminar toda pregunta sobre el sistema. Por tanto la primera mediación que se requiere es una cultura de la pregunta y resistencia frente a esta geocultura de la desesperación e inevitabilidad.
Cultura de resistencia que transmitió el Popol Vuh y recogió poéticamente Pablo Neruda:
"Arrancaron nuestros frutos / cortaron nuestras ramas / quemaron nuestros troncos / pero no pudieron nunca matar / nuestras raíces". (Popol Vuh)
Neruda recogió esta sabiduría ancestral maya con un grito esperanzador, "podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera". Esta cultura de resistencia implica también una cultura de vergüenza. Pocas veces la humanidad debería sentirse mas avergonzada que ahora, ante una pobreza creciente, frente a un mundo de abundancia, en plena revolución tecnológica.
Un Comandante Sandinista, a los dos años de la derrota electoral nos daba una visión actualizada de esta misma resistencia: "Revolucionario ahora no es decirlo, sino poder encontrar las formas de superar la miseria del pueblo"... "La lucha se ha trasladado a otro terreno, encontrar nuevos caminos en estas selvas aun más complejas que las montañas... La selva de las miserias, del capitalismo despiadado y el injusto orden económico internacional11 .
La recuperación de la memoria histórica y de la cultura de resistencia acumulada en la historia de la humanidad, es parte de la raíz alternativa en una crisis geocultural.
La visión de futuro, su necesidad histórica actual, me golpeó con fuerza caminando por las calles de La Habana vieja, angustiado por la dramática situación del pueblo Cubano ante el acoso inmisericorde y violador de todo derecho. Agresión antidemocrática, que no hace más que aumentar la rigidez defensiva del Gobierno Cubano. En una pared de un convento colonial encontré una frase desconocida para mí de José Martí, que me golpeó como un salmo profético: "Por el amor se ve, con el amor se ve, el amor es quien ve. Espíritu sin amor no puede ver".
Esta capacidad de ver, de preguntarse radicalmente, hasta la raíz, es la actitud imprescindible para pensar alternativamente. Preguntarse como Eduardo Galeano: "El Oeste ha sacrificado la justicia en el nombre de la libertad en el altar de la divina productividad. El Este ha sacrificado la libertad, en el nombre de la justicia en el mismo altar. El Sur se pregunta si tal dios merece el sacrificio de nuestras vidas"12 .
Este tipo de preguntas son las que nos provoca también el genio de Albert Einstein cuando calificaba a nuestra civilización como "la civilización de la perfección de los medios y la confusión en los objetivos". Esta capacidad de preguntarse es la que provocó el asesinato de mi hermano y colega Ignacio Ellacuría en la UCA de El Salvador, cuando manifestaba que "el opresor es incapaz de descubrir la opresión, siendo el oprimido el que descubre al opresor. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido". ¿Es la geocultura del Sur la única raíz civilizadora universalizable en un mundo global? ¿Es la Internacional de la Vida, la única internacional civilizadora?.
La irrupción de la vida a los 500 años de la Conquista, en los movimientos indígenas, afro-americanos, las organizaciones de mujeres, ecológicas, de los pobladores, la continuidad de las comunidades cristianas de base a pesar de la reducción del espacio eclesiástico, el reciente renacer del movimiento universitario y estudiantil en América Latina... portan esta pregunta colgada de sus diversas esperanzas. La expansión de movimientos culturales, sociales, económicos e intelectuales han creado un tejido social nuevo en América Latina, incluso en estos tiempos del cólera, del Sida, de la droga y del desastre ecológico. Cómo canalizar esa protesta en propuestas alternativas, pragmáticamente audaces, es el reto y la celebración de estos años.
Esta es la ruptura epistemológica que se esta dando en este tiempo, con las nuevas mediaciones que nacen de la geocultura, de este ecumenismo humanista que busca la esperanza y la vida, abajo, adentro, y abierta a otras esperanzas y a otras vidas. Decíamos el año pasado que la gran tarea nuestra es organizar la esperanza, reconstruir la esperanza, articulando los diversos proyectos humanos, la lógica de las mayorías frente a la lógica alternativa desde el trabajo, la naturaleza, la mujer y la cultura.
NOTAS:
2. Cuatro hechos determinantes de fin de siglo
2.1 La crisis de paradigmas y la pérdida de contrapesos mundiales.
2.2 La revolución tecnológica.
2.3 Era de concentración y centralización del poder.
2.4 La pobreza creciente, hecho dominante.
3. La élite global, la revolución liberal y la revolución mundial de la derecha.
3.1 El poder opaco.
3.2 El monopolio del pensamiento planetario.
3.3 La geocultura de la desesperación6 .
3.4 La democracia apática.
3.5 El nuevo intervencionismo.
4. La emergencia de la sociedad civil
4.1 La cosecha de los ochenta.
4.2 La búsqueda de convergencia, consenso, concertación y negociación.
4.3 La autonomía orgánica de los sectores populares
4.4. El fracaso del capitalismo dependiente neoliberal.
5. La agenda del Sur.
5.2 Puntos previos:
5.3 La democratización del poder internacional.
5.4 La vinculación de lo micro con lo macro.
5.5 La reforma del Estado
5.6 Valoración crítica de la Ciencia y la Tecnología.
6. La crisis de civilización.
6.1 Recuperar la cultura de resistencia.
6.2 La recuperación de los valores más profundos de la humanidad.
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