La opción por los pobres en América Latina. Avances y retrocesos

Felicísimo Martínez o.p.

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Signo de contradicción

La opción por los pobres sigue siendo un signo de contradicción en América Latina y en otros lugares en varios sentidos. En primer lugar, nadie en la Iglesia se atreve a negar abiertamente que estamos quizás ante el rasgo más destacado de la predicación y la praxis de Jesús, del Reino de Dios predicado por Jesús. Pero, al mismo tiempo, la opción por los pobres es rehuida con frecuencia en distintos sectores da la Iglesia Latinoamericana.

A nivel teórico ha habido numerosos intentos de retraducción y reinterpretación de la opción de los pobres desde Medellín a esta parte, con el propósito de suavizarla o atenuar sus implicaciones. A nivel práctico diversos grupos eclesiales han pretendido eludir los compromisos que lleva consigo la opción evangélica de los pobres. En determinados ámbitos eclesiales se ha regresado a las tradicionales prácticas asistenciales en favor de los pobres, en vez de seguir profundizando y urgiendo la opción radical por los pobres.

¿Cuáles son las razones de estos miedos y recelos frente a la opción por los pobres en América Latina? Los abiertamente formulados son casi siempre los mismos. Se acusa a los defensores de la opción por los pobres de ser reduccionistas o de mantener una intención básicamente política e ideológica; de instigar la lucha de clases y poner en peligro el carácter universal del amor cristiano y la unidad de la Iglesia; de servir a ideologías seculares y ateas, ajenas a la fe cristiana. Pero hay una razón más profunda -quizás inconsciente- que explica la raíz de estos miedos y recelos: la opción por los pobres es demasiado comprometedora y exigente evangélicamente. Confronta a los creyentes y a las instituciones eclesiales con el desafío de la conversión, de un cambio radical. Este cambio exige penosas renuncias riesgos que van desde la com-pasión con los pobres hasta la muerte por su causa, pasando por la calumnia y la persecución. Y, como la carne es débil y el espíritu no siempre está pronto, no es extraño que se rehuya o se difiera reiteradamente la opción por los pobres. La forma más suave de rehuirla sin negarla es ignorar el tema o silenciarlo. La forma más galante es traducirla y retraducirla en fórmulas que no impliquen cambios radicales ni conversión al Reino.

En segundo lugar, la opción por los pobres es un signo de contradicción en América Latina, porque se trata de un continente en el que la gran mayorìa son ya pobres. Si el problema de la opción por los pobres existe-debatido o no, confesado o silenciado-, es porque los sectores más representativos de la Iglesia a nivel oficial jerarquía, pastores, teólogos... se encuentran fuera del mundo de los pobres y tienen que hacer la opción. De lo contrario, no habría motivo para que se planteara en la Iglesia el problema de la opción por los pobres.

Pequeñas aclaraciones

Hablamos de la opción por los pobres en América Latina. La aclaración tiene su importancia porque en este continente el problema se ha planteado con más radicalidad. La opción por los pobres no se plantea del mismo modo en el primer mundo con mayoría de ricos y minoría de pobres y en el tercer mundo, donde la proporción es inversa. Allí la opción por los pobres se traduce en solidaridad a distancia; aquí, en inserción y compasión con los pobres. Más allá del debate teológico, ¿qué concreciones tiene hoy la opción por los pobres en el Continente Latinoamericano?

Hablamos de la opción por los pobres en su dimensión más radical, que implica situarse en el lugar social de los pobres, compartir su suerte e incorporarse a sus luchas. Si no fuera por los malentedidos que se han acumulado sobre la expresión opción por los pobres, hablaríamos sencillamente de la dimensión política de la opción por los pobres en nombre del evangélio. Esta dimensión es distinta de aquella otra meramente asistencial, que nunca ha faltado en la Iglesia y que también ha estado sometida a numerosas ambigüedades a lo largo de la historia cristiana. La dimensión política acentúa la causa de la justicia y las relaciones estructurales; la dimensión asistencial acentúa la caridad y las relaciones personales privatizantes.

Hablamos de las concreciones de la opción por los pobres o de las prácticas históricas que median dicha opción en el Continente. No negamos la importancia del debate teológico sobre la opción por los pobres, que también es una práctica eclesial fecunda en simbolismo y significación. Pero es llegada la hora de evaluar principalmente las prácticas históricas que traducen en vida y acción el tan debatido problema teológico de la opción por los pobres.

Hablamos desde una perspectiva sistémica, no meramente moral. Por dos razones elementales. En primer lugar, porque preferimos adoptar la actitud evangélica que parte de la presunción de inocencia. Es la presunción de que las personas en general actúan de buena fe y están convencidas de tener la razón o la verdad de su parte. Los evangelios particularmente el evangelio de Juan plantean el drama humano básicamente en términos de luz y tinieblas, de fe e incredulidad, no en términos de bondad y malicia, de buenas o malas intenciones. En segundo lugar, porque los juicios morales condenatorios sólo engendran en los individuos complejos de culpa. esto paralizan en vez de movilizar. La condena moral atenaza y paraliza; el discernimiento sistémico estimula y desafía.

Los pobres optan por los pobres.

Puede resultar una expresión chocante, simplista o simplemente demagógica. Pero hoy está cargada de sentido para muchas personas, grupos y colectivos en América Latina. De ellos se puede decir hoy que, siendo pobres, han optado por la causa de los pobres, por su propia causa.

La condición de los pobres ha sido tan infamante, que con frecuencia ni ellos mismos conseguían creer en su dignidad. Una aspiración legítima de los pobres ha sido siempre superar y abandonar su pobreza. Pero esta aspiración se tradujo con frecuencia en búsqueda de la propia dignidad renunciando a la condición de pobres y tomando distancia con respecto a los pobres. Un instinto de imitación con la vista puesta en el desarrollo económico les hizo olvidar su propia dignidad personal.

Las últimas décadas han cambiado esta conciencia en muchas personas y grupos latinoamericanos. La pedagogía, la pastoral y la teología de la liberación han permitido a los pobres dar un paso cualitativo en la conciencia y valoración de sí mismos. Muchos pobres han tomado conciencia de su propia dignidad y de ser ellos mismos los sujetos agentes del proceso liberador.

En este sentido, cabe destacar básicamente dos grupos sociales especialmente representativos de los pobres en el continente: los indígenas y las mujeres. El aspecto más positivo del debatido V centenario quizás ha sido el ofrecer una ocasión propicia para afianzar la conciencia indígena y la defensa de la causa indígena, algo que se venía gestando en las últimas décadas. Pero hay que destacar un rasgo nuevo. Ya no se trata de unos indígenas arrodillados que piden su liberación a agentes externos. Los indígenas mismos acrecientan la conciencia de su propia dignidad y, tras muchos siglos de dominación y explotación, reclaman el derecho y la responsabilidad de ser ellos mismos los sujetos de su propia liberaciòn. Los pobres optan por los pobres. Este es quizá el resultado más espectacular de la opción por los pobres en el continente. Después de todo, los indígenas han sido calificados en la etapa postmedellín como los más pobres entre los pobres.

De las mujeres se puede decir algo parecido. Nunca ha faltado la protesta contra la dominación y sumisión de que ha sido objeto la mujer latinoamericana. Pero, gracias a la opción por los pobres, está creciendo el número de mujeres conscientes de su dignidad y de su capacidad para ser agentes de su propia liberación. Los pobres optan por los pobres. Además estas mujeres son conscientes de que su liberación es al mismo tiempo la liberación del hombre y de toda la sociedad.

Esta opción de los pobres por los pobres, especialmente en relación con el mundo indígena, se encuentra hoy con un fuerte obstáculo. La cultura adveniente o planetaria es avasallante y expansionista. Apenas deja espacios a las diferencias. Tiene una fuerte propensión al allanamiento o a la uniformación cultural en la línea con la cultura dominante, que es básicamente primermundista y patriarcal. La cultura adveniente no rima bien con la opción por los pobres.

Laicos, mujeres y pobres, agentes pastorales

La opción por los pobres ha modificado el panorama pastoral de América Latina, especialmente en lo relativo a los agentes pastorales.

Por mucho tiempo la actividad pastoral estuvo casi exclusivamente en manos del clero y de la vida religiosa. Los fieles eran meros destinatarios de la acción pastoral, objeto de evangelización y sacramentalización, destinatarios de los servicios asistenciales de la Iglesia. Hoy los laicos, las mujeres, los pobres y las comunidades eclesiales de base han pasado a ser sujetos-agentes de la actividad evangelizadora y pastoral de la Iglesia.

Este es un resultado de la opción por los pobres en varios sentidos. En primer lugar, porque dicha opción ha situado de nuevo en el centro de la comunidad eclesial a quienes habían sido marginados y postergados. En segundo lugar, porque se da la coincidencia de que los laicos y las mujeres que se han incorporado a la acción pastoral en América Latina son mayoritariamente pobres. A esta categoría social y eclesial pertenecen la mayor parte de los delegados de la Palabra, de los lideres de comunidades, de los agentes pastorales y ministros de las comunidades, de los agentes pastorales y ministros de las comunidades eclesiales de base. En tercer lugar, porque la incorporación de los pobres a la actividad evangelizadora y pastoral ha desvelado nuevos aspectos de la experiencia cristiana y ha desarrollado un nuevo modelo de Iglesia. La Iglesia popular es el resultado de la opción por los pobres. Las numerosas comunidades eclesiales de base han sido quizás la expresión más concreta de la opción por los pobres.

Inserción de comunidades religiosas

La vida Religiosa ha sido un sector decisivo en la actividad evangelizadora y pastoral de la Iglesia latinoamericana. Lo fue en sus inicios, a lo largo de su historia y lo es en la actualidad. Debido a la opción por los pobres, este sector eclesial ha experimentado una honda transformación en las últimas dècadas. Dicha opción no ha entrado en la vida religiosa con suavidad y sin conflictos, ni es aún universalmente aceptada en la práctica. ha sido un signo de contradicción, objeto de encendidos debates y motivo de dolorosos conflictos en las congregaciones y comunidades religiosas. Con todo, hoy se puede hablar ya de secuelas concretas que la opción por los pobres ha dejado en la vida religiosa latinoamericana.

En primer lugar hay que destacar un fenómeno creciente: las comunidades insertas en medios pobres. Crece el número de comunidades religiosas insertas en barrios, poblaciones nuevas, aldeas, zonas campesinas... La opción por los pobres ha desencadenado un paso de la simple ayuda o asistencia a los pobres a la inserción en medios pobres para compartir la vida con ellos. Estas comunidades de inserción, por su parte, han inaugurado nuevos modelos de acción pastoral y de presencia de la vida religiosa en los medios populares, caracterizados sobre todo por el acompañamiento al pueblo pobre y por el respeto a éste como sujeto de sus propios procesos liberadores.

Por otra parte, las comunidades insertas han tenido una profunda repercusión al interior de la vida religiosa y sus instituciones. Gracias a ellas se ha valorado de forma especial el ser y la presencia de la vida religiosa en la Iglesia y en la sociedad, más allá de su dimensión meramente funcional. Al mismo tiempo, la misión evangelizadora y pastoral en medios pobres ha pasado a ser eje central en el discernimiento y planificación de muchas comunidades y congregaciones religiosas. La opción por los pobres y la inserción en medios pobres ha conducido asimismo a una reinterpretación y a una reorientación de la práctica de los consejos evangélicos. La pobreza, la castidad y la obediencia... han sido releídas en clave teologal y reorientadas en referencia a los pobres. La opción por los pobres ha hecho que muchas instituciones se hayan preguntado por sus solidaridades y las de sus instituciones. La pregunta más radical a nivel institucional ha sido la siguiente: ¿A qué causa servimos? ¿En función de quién estamos?

Iglesia popular

El simple título es sugestivo y conflictivo. Sugestivo, porque sugiere un nuevo modelo de Iglesia, nacido de la opción por el pueblo. Conflictivo, como se ha demostrado en las últimas décadas, porque frecuentemente se ha entendido la Iglesia popular como una Iglesia cismática, alejada de la comunión eclesial y de la obediencia a la jerarquía. Tan temidos riesgos no deben desviar la atención ni acrecentar prejuicios frente a la Iglesia popular.

La opción por los pobres ha contribuido en buena parte a afianzar la eclesiología del "pueblo de Dios". El Concilio, Medellín y Puebla han sido pasos importantes de esta eclesiología. Pero detrás de estos hitos oficiales hay muchas prácticas eclesiales, todas ellas inspiradas por la opción por los pobres. Ellas son las que han ido desvelando el auténtico significado de la Iglesia-pueblo de Dios, de la Iglesia popular. Las prácticas eclesiales son más que un mero discurso sobre la Iglesia; son una forma de ser Iglesia, de pertenecer a la Iglesia y de hacer Iglesia. En este sentido, el fenómeno de las comunidades eclesiales de base ha sido decisivo. Es quizàs la práctica eclesial más significativa de América latina en las últimas décadas. Dichas comunidades constituyen una nueva forma de ser Iglesia y de hacer Iglesia, fruto directo de la opción por los pobres.

Colocar al pueblo pobre y creyente como sujeto eclesial expresa bien lo que significa definir a la Iglesia como "pueblo de Dios". No significa en absoluto negar que el Espíritu Santo es el agente primero y principal de la Iglesia. Ni significa romper la comunión eclesial, separando a los fieles a los fieles de la obediencia y comunión con sus pastores. La fe en la acción gratuita del Espíritu que construye la Iglesia mediante los dones de la fe, la esperanza y el amor... es verdad primera en el pueblo creyente latinoamericano. La comunión y la obediencia a los pastores son virtudes privilegiadas del pueblo pobre y creyente latinoamericano. La Iglesia popular significa, sobre todo, que el pueblo pobre y creyente se concibe a sí mismo como pueblo de Dios precisamente a partir de su fe y de su confianza en la benevolencia y en la parcialidad de Dios por los pobres.

La lucha por la justicia y los derechos humanos

La opción por los pobres ha colocado en primer plano de la conciencia eclesial latinoamericana algunos compromisos evángélicos que parecían meros compromisos políticos: el compromiso con la justicia, la paz, la solidaridad, los derechos humanos. Este ha sido un aporte trascendental de la opción por los pobres a la causa cristiana y a la sociedad latinoamericana.

El tiempo y una determinada orientación de la pastoral habían privatizado exageradamente la experiencia y la práctica cristiana. En este proceso de privatización quedó diluida la dimensiòn social, pública o política de la fe y de la praxis cristiana. Aún más, la justicia, la solidaridad y los derechos humanos quedaron más asociados a la política que a la religión. Invocar estas causas era motivo suficiente de sospecha para sus mentores. En el mejor de los casos, se acusaba a éstos de meterse en política. En el peor de los casos, se les acusaba de "comunistas", que era como desautorizar su palabra y su praxis.

La opción por los pobres ha desprivatizado la experiencia y la praxis cristiana de amplios sectores de la Iglesia Latinoamericana. Y ha hecho sentir la incidencia pública y política de la fe y de la praxis cristiana en la sociedad latinoamericana. Para esos sectores el compromiso con la justicia y la paz, la defensa de la vida y de los derechos humanos, la militancia en las causa liberadoras...son compromisos ineludibles de la comunidad cristiana en nombre de la fe y del Evangelio. Y no son meros compromisos políticos, sino también dimensiones esenciales de la mística y la espiritualidad cristianas. Amplios sectores de la Iglesia latinoamericana han aceptado la esencial relación entre fe y política, entre mística y política. Y amplios sectores de la sociedad latinoamericana incluso no creyentes- han caído en la cuenta de significación y función liberadora de la fe cristiana, y han entrado en una actitud de diálogo y colaboración con los cristianos.

Nuevo método teológico y teología de la liberación

En el área de la reflexión teológica, la concreción más conocida de la opción por los pobres en la Iglesia latinoamericana ha sido la teología de la liberación. Hay una estrecha vinculación entre la opción por los pobres y este movimiento teológico, aunque la prioridad se coloca de parte de la opción. Precisamente la prioridad de la praxis es uno de los rasgos esenciales de la reflexión teológica latinamericana.

La opción por los pobres y las prácticas que implica han dado lugar a una nueva lectura del mensaje y de la tradición cristiana, a un nuevo método de reflexión teológica. Coincide parcialmente con la teología política europea en afirmar la dimensión esencialmente política del mensaje cristiano. Pero ofrece como novedades radicales la lectura del mensaje

cristiano desde la perspectiva de los pobres, y la insistencia en presentar la praxis liberadora como punto de partida y componente esencial de la reflexión teológica.

Como hemos afirmado ya, es cierto que las verdaderas concreciones de la opción por los pobres hay que buscarlas en el campo de la praxis social y eclesial. De poco hubiera servido una opción por los pobres traducida simplemente en un nuevo método teológico o en un nuevo modelo de reflexión teológica. Sin embargo, no se debe minusvalorar la incidencia práctica de la reflexión teológica. Entre la teoría teológica y la praxis cristiana hay una relación dialéctica. Si detràs de toda teología hay unas determinadas prácticas sociales y eclesiales, detrás de toda práctica social y eclesial hay también una determinada teología.

En este sentido, la teología de la liberación es el resultado de las prácticas liberadoras que la opción por los pobres ha desencadenado en la comunidad cristiana. Y ella misma, a su vez, ha desencadenado y potenciado nuevas prácticas liberadoras. Por eso, la teología de la liberación puede ser considerada como una concreción o un logro de la opción por los pobres en la Iglesia latinoamericana.

Sólo quedan...

Pedro Casaldáliga