SEMBLANZAS Y TESTIMONIOS

EL CENTRO CULTURAL Y ECUMENICO "CURA BROCHERO" invita a los amigos y miembros de su Red y Redes Amigas a difundir estos datos, intentando rescatar la MEMORIA del Pbro. ARMANDO CARLOS BUSTOS, del cual disponemos de pocos datos. Intentamos que a través de este medio poder -entre los que lo trataron y conocieron-armar una suerte de BIOGRAFIA, SEMBLANZA y TESTIMONIOS que luego publicaremos de ser posible antes del 8 de Abril, fecha de su DESAPARICION. Esta mínima información la tenemos gracias al CENTRO FRANCISCANO de la Argentina, y de MABEL del mismo quién nos envía estos datos que siguen:

ARMANDO CARLOS BUSTOS
nació el 10 de enero de 1942
en Córdoba , Argentina.
Desapareció en Buenos Aires,
el Viernes Santo 8 de abril de 1977.

 

En estos años hemos ido recopilando algunos testimonios, pero te transcribo uno, el de Pablo. El en verdad escribió este relato cuando tenía 16 años, el 12 de julio de 1991. Fue la impronta que le quedó en sus ojos y en su corazón; los hechos que él describe acá los vivió cuando tenía 3 años.

"Los tangos siguen llorando y suena a París.

Las paredes chorrean gotas de blues, en la madrugada.

Buenos Aires se llueve íntegra; las historias se ven más claras.

El timbre sonó como látigo en el aire;

mamá saltó del sofá, dejó las agujas y la lana (le estaba tejiendo un poullover a papá)

y corrió a abrir la puerta. Del otro lado estaba Carlos parado en el medio del pasillo.

Mamá lo miró sin respirar. Carlos levantó la cabeza.

Entre la melena y la barba apenas se le veía la cara,

me quedé mirándolo desde el centro del living.

No podía creer que semejante oso, con toda su corpulencia estuviera...llorando.

El cuerpo de mamá se perdió de golpe entre las inmensas manos del sacerdote,

los dedos querían enterrarse en su espalda.

Sin decir una palabra, Carlos entró en mi pieza,

metió algunas cosas en un bolso y volvio al living.

En una eterna mirada se dijeron todo lo que se tenían que decir.

Mamá bajó la vista.

El pantalón negro se está secando en el balcón.

-'Agarrá todo lo mío y tiralo o mandáselo a la vieja; el crucifijo mapuche quedatelo´-

Otra lágrima cayó en silencio.

-¿Estás seguro que no te podés quedar?

-´Apenas pude llegar hasta acá, Dianita, ya me agarraron...

Otro silencio, otra eternidad, otra lágrima.

-´Decile a Enrique que...bueno ya sabés.

 Cuidalo a Pablito´-.

-Cuidate , Carlos.

Mamá lloraba demasiado cuando la puerta se cerró......  

AURELIO CARLOS, HERMANITOS:¡PAZ Y BIEN!

  Tuve la dicha de vivir muchos años con nuestro tan querido Carlitos. Primero como profesor, durante sus años de seminario menor, en O'Higgins. Un chico vivaz, generoso, travieso y muy piadoso, de conciencia delicada y sensible, muy alegre. Durante el año 55, ante el enfrentamiento con Perón, tuvimos que cerrar, unos meses el Seminario Seráfico y me encargaron llevar a Córdoba, a sus casas, a todos los cordobeses. La familia de Carlos estaba en La Cumbre y allí lo dejé, con varios compañeros más. Carlos se distinguía en el grupo por sus ocurrencias y travesuras sanas y graciosas. Siendo ya fraile profeso también lo traté, sin convivir con él. Su inquietud por ser fiel al Evangelio y a los más pobres, le llevaba a cuestionarse siempre sus propia vida religiosa, en especial en materia de pobreza y de cercanía al pueblo. Eso le llevó a vivir en villa "Ciudad oculta", con el hno. Pedro Lepphaille y después a convivir con algunos de los Hermanitos de Jesús. Viviendo en La Boca, viajaba a Pompeya y fue desaparecido...

Pedro Lepphaille logró algunos informes de Graselli que acabó diciéndole que lo tenían, torturándolo, en Campo de Mayo y que buscáramos la forma de sacarlo pues si no lo iban a matar...Nada se pudo hacer...Después se dijo que lo habían visto con el cuello quebrado, mientras sacaban su cadáver de la cámara de totura...

Aurelio y Carlos, gracias por su trabajo y su solidaridad...No creo que mi aporte sirva de mucho...Uds. verán y que Carlitos, desde el Cielo, donde goza de la fraternidad y la justicia por las que luchaba y entregó su vida, nos ayude a servir de veras a todas y a todos..

Recuerdo que cuando el Ministro Provincial de entonces, fr. Jerónimo Bórmida, trató de alejarlo del peligro trasladándolo al Uruguay, él se negó :"Los pobres no pueden irse.", le dijo.

Un abrazo agradecido y fraterno, hermanitos.

Fray Antonio     


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