El
Vienes Santo 8 de abril de 1977, el hno. Carlos Bustos, capuchino argentino,
junto al Hermanito de Jesús uruguayo, Mauricio Silva, fue secuestrado,
torturado y sacado del mundo de los vivos. A los 20 años de esa fecha queremos
hacer memoria de todos los que fueron víctimas de una ideología de soberbia y
de muerte.
Estoy
cansado de este ambiente ciudadano en que los curas estamos amontonados como
garrapata en oreja de perro. Es necesario largarse a lugares en donde se puede
trabajar y poner el lomo, y en donde a los curas los podés contar con la mitad
de los dedos de una mano.
Hay
diócesis muy pobres y hay que ser generoso. Más en los tiempos que corren...
Es maravilloso vivir en estos tiempos difíciles, porque podemos tener el
humilde orgullo de pensar que el Señor confía en nosotros. Confía en que
nosotros saquemos la barca a flote. Tenemos una misión que cumplir y la misión
de cada uno es irremplazable...'
En
otra carta, fechada el 21 de abril de 1971, desde Formosa decía: 'Formosa,
ciudad joven, casi un pueblo grande, 70.000 habitantes más o menos. Continúo
abriendo brecha de progreso por estos pagos litoraleños. Tengo a mi cargo tres
barrios, dos de ellos en la costa del río Paraguay. Barrios pobres, de gente
pobre y obrera...
Hacemos
un poco de evangelización y promoción humana, porque las dos cosas han de ir
juntas. También tengo a mi cargo en la parroquia todo lo referente a los jóvenes.'
En
junio de 1972, el hno. Carlos Bustos expresaba: 'Te estoy escribiendo desde mi
nuevo rancho. Con otro compañero capuchino, también sacerdote, hemos venido a
vivir a esta villa miseria de Mataderos. Para muchos será extraño. Para
nosotros no, ya que entendemos que el Evangelio ha de ser vivido plenamente
entre los más pobres. Tenemos una pequeña capilla y los domingos celebramos la
Eucaristía para la comunidad. Nos ganamos la vida como cualquier hijo de
vecino. Hasta hace poco trabajábamos en pintura de casas y departamentos; ahora
estamos trabajando en un taxi. Vamos así tirando. Esa es la vida de los hombres
y la Iglesia ha de encarnarse en esa vida... Cristo vivió como pobre y murió
en la más extrema pobreza... Tal vez en el futuro, y si el Señor me da fuerza,
mi futuro esté en perderme en algún monte entre los leñadores y hacheros del
norte o en las llanuras desoladas del sur. Me estoy preparando para todo...'
Estuvo
también en la villa miseria de Perito Moreno. Acompañaba a jóvenes que querían
actuar en política, pero trataba de encauzarlos para que no se desvíen hacia
la violencia. A principios del '76 tenía un gran motivo al que dedicar su
esfuerzo: lograr que los sacerdotes (diocesanos y religiosos) se unieran para
discernir la situación del país y trabajar por la no violencia.
En
este momento la violencia bruta irrumpe en su vida y la siega en flor. Su
martirio, junto al del hno. Mauricio Silva, es hoy testimonio y memoria viva
para toda la Iglesia latinoamericana.
(extractado
de 'Nueva Pompeya' n. 788)
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