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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 27 de Diciembre de 2009 al 2 de Enero de 2010    – Ciclo C
La Sagrada Familia

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero La Sagrada Familia, ciclo C el  30 de Diciembre de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 27 de diciembre de 2009
 La Sagrada Familia
 Juan, apóstol y evangelista

 INICIO

Eclo 3,2-6.12-14: “El que teme al Señor honra a sus padres”
Sal 127: Dichosos los que temen al Señor
Col 3, 12-21: La vida de familia vivida en el Señor
Lc 2, 41-52: Jesús niño perdido y hallado en el Templo

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todo estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas en el que se nos cuenta la pérdida del niño Jesús en el Templo, fue escrito probablemente unos cincuenta años después de este suceso. Doce años es, aproximadamente, la época en que los niños comienzan a sentirse independientes. Para Lucas, esta primera subida de Jesús a Jerusalén es el presagio de su subida pascual y por ello, estos acontecimientos hay que leerlos a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La sabiduría de Cristo ha consistido para Lc en entregarse desde su joven edad “a su Padre”, sin que esto quiera decir que supiera ya adónde le llevaría esa entrega. Pero en ella va incluida ciertamente la decisión de anteponer su cumplimiento a toda otra consideración. Sus padres no tienen aún esa sabiduría. María parece que llega a presentirla. Pero, de todas formas, respetan ya en su hijo una vocación que trasciende el medio familiar. Y esto es algo muy valioso para cada una de nuestras familias. La educación de los hijos tiene que comenzar por una actitud de sincero respeto. Si no, es imposible que surja la compresión y el amor.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 140, «Perdidos en el Templo», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí.

Puede ser escuchado aquí.

Para un estudio del matrimonio y la familia sugerimos CARAVIAS, José Luis. Matrimonio y familia a la luz de la Biblia. Cuenca: EDICAY, 1998 (disponible en la biblioteca de Koinonía:

http://servicioskoinonia.org/biblioteca/biblica/CaraviasMatrimonioFamilia.zip

Para la revisión de vida
¿Cómo vivo mi vida familiar? ¿Pueden mis familiares estar sufriendo por mí?
¿Tengo un desajuste entre lo que digo en la sociedad pública y lo que vivo en la familia?
La familia es una realidad estática que pasa por etapas evolutivas muy diferentes… ¿Cuál es la próxima etapa que vivirá mi familia? ¿Precisa ya de alguna preparación o previsión?

Para la reunión de grupo
- El tema de la “defensa de al familia” es un área de conflicto entre la Iglesia y la sociedad actual. Analizar las posturas de ambos lados. Por parte de la Iglesia: ¿será que defiende no la familia sino un modelo concreto de familia? ¿Cómo quedan ahí las relaciones y diferencias entre Iglesia y realidades autónomas, fe y cultura, pluralismo legítimo, inculturación… Concretamente: ¿qué actitudes nuevas sería bueno que tomara la Iglesia en este tema?
- Comparar la migración de Jesús (incluso aunque fuese simbólica) con la de los millones de desplazados y migrantes del mundo actual.
- Jesús no destacó por ser un “defensor de la familia”… Para él, claramente, la familia no es lo más importante en la vida. Hay valores a los que debe someterse la familia, valores que uno debe poner también por encima de la relación con su familia… Comentar la conducta de Jesús.

Para la oración de los fieles
- Por toda la Iglesia, para que los cristianos hagamos de ella una verdadera familia en la que no haya discriminaciones sino que reinen la justicia, el amor y la fraternidad. Oremos.
- Por todos cristianos, para que seamos solidarios en la tarea de hacer de este mundo una única familia humana llena de paz y fraternidad. Oremos.
- Por las familias cristianas, para que estén abiertas a todas las transformaciones positivas que vive hoy la institución familiar. Oremos.
- Por las familias rotas, los hijos que sufren las consecuencias de una separación, los que estén alejados de sus familias, los que no aciertan a saber convivir con los suyos. Oremos.
- Por las familias sin vivienda, sin trabajo, emigrantes. Oremos.
- Por nuestras familias, para que vivamos en coherencia con nuestra fe, trabajando por el Reino. Oremos.

Oración comunitaria
- Oh Dios, Comunidad Trinitaria plena, Padre y Madre de toda la Familia Humana: haz vibrar en todos nosotros el sentido de pertenencia a la misma y única Familia Universal, para que el mundo y la humanidad se transformen a la búsqueda de tu Proyecto de Amor. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor Jesús que quisiste comenzar tu vida como todo ser humano, en el seno de una familia, necesitado del calor, el alimento y el apoyo de los más cercanos; comenzando a aprender a caminar... Danos apreciar las virtudes domésticas y el valor de autenticidad que da el compromiso en el día-a-día humilde y oculto. Por Jesucristo Nuestro Señor
 



 Lunes 28 de diciembre de 2009
 Santos Inocentes

 INICIO
1Jn 1,5-2,2: “La sangre de Jesús nos limpia los pecados”
Salmo 123: Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Mt 2,13-18: “Herodes mandó matar a todos los niños en Belén”

<p>Es importante tener en cuenta en este relato no tanto el hecho histórico, sino más bien el mensaje teológico que Mateo nos quiere regalar. Jesús es salvado de las manos del rey Herodes, y su familia tiene que huir hacia Egipto. Con esto se cumple lo que había dicho el profeta Oseas: “De Egipto llamé a mi hijo”. Moisés fue salvado de las manos del Faraón. Jesús es el nuevo Moisés, es decir, el que llevará a Israel a una nueva y definitiva liberación. Este pasaje, unido a la celebración de este día, nos muestra que a los opresores no les importa el daño que puedan ocasionar, incluso matando a niños inocentes, con tal de mantener el poder y la dominación. Pero también el miedo constante que mantienen porque en cualquier momento nacerá la justicia que se está gestando en los pueblos. Hoy, nuestros inocentes siguen padeciendo: aldeas y países enteros muriendo de hambre, sufriendo el abandono, la represión por parte de los que tienen y ejercen el poder. Otro mal de nuestro tiempo es la corrupción que impide que los bienes sean distribuidos entre todos. Pero también tenemos la esperanza de que el Salvador que nos ha nacido venga en socorro nuestro. </p>


 Martes 29 de diciembre de 2009
 Tomás Becket - David

 INICIO
1Jn 2,3-11: “Quien ama a su hermano permanece en la luz”
Salmo 95: Alégrese el cielo, goce la tierra.
Lc 2,22-35: “Mis ojos han visto a tu salvación”

Conforme a la Ley judía, todo primogénito varón debía ser presentado en el Templo, y Jesús no fue la excepción. María y José se presentan con un par de tórtolas y dos pichones, según lo previsto por la Ley, dándonos a conocer su situación de “pobres”. La condición social de la Sagrada Familia de Nazaret no era la mejor, pero Dios se fijó en esa humilde pareja para hacerse presente en medio de nosotros. Y todavía hay más. En el momento de la presentación, el que recibe al niño en sus brazos es un anciano llamado Simeón, que significa “Dios ha escuchado”, pero, como lo dice el texto, es un “hombre honrado y piadoso que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo”, y nos da a conocer el plan salvífico de Dios en Jesús. Por eso, Lucas lo que quiere resaltar y pone en boca de Simeón es que Jesús es el Liberador, es el Salvador que ha venido a instaurar la paz, que ha venido a iluminar no sólo a los de Israel, sino también a los paganos (extranjeros). Ya podemos morir en paz porque nosotros también hemos conocido al Salvador y proclamamos su proyecto del reino.


 Miércoles 30 de diciembre de 2009
 Rogelio - Eugenio - Sabino

 INICIO
1Jn 2,12-17: El que hace la voluntad de Dios vive para siempre
Salmo 95: Alégrese el cielo, goce la tierra.
Lc 2,36-40: “El niño crecía y se fortalecía”

Ayer veíamos al anciano Simeón bendiciendo a Dios por la presencia del Salvador. Hoy, en el mismo acto de la Presentación, es otra persona muy anciana, Ana, cuyo significado es “gracia”, la que al igual que Simeón personifica la espera del Señor y la liberación de su pueblo. La pareja formada por Simeón y Ana se relaciona con la formada por Zacarías e Isabel, los padres de Juan Bautista; y es que Lucas quiere destacar la importancia que tienen el hombre y la mujer en el proyecto liberador de Dios.

Jesús, el niño antes presentado en el Templo, de quien hablaban el profeta Simeón y la profetisa Ana, que nos vino de lo sencillo, lo humilde, lo pobre, lo que no cuenta, “crecía… y se llenaba de sabiduría y el favor de Dios lo acompañaba”. Así como Jesús iba creciendo en sabiduría y gracia de Dios, nosotros, como seguidores suyos, también estamos llamados a continuar nuestro crecimiento como cristianos auténticos. Crecer en autenticidad cristiana es vivir plenamente en Cristo; y este vivir se concretiza en la aplicación de su proyecto de vida para que todos tengamos vida en abundancia. Que nuestra espiritualidad se fundamente en el Espíritu de Jesús y éste nos inspire a cantar las maravillas del Señor a ejemplo de María.


 Jueves 31 de diciembre de 2009
 Silvestre

 INICIO
1Jn 2,18-21: “Están ungidos por el Santo, y todos ustedes lo conocen”
Salmo 95: Alégrese el cielo, goce la tierra.
Jn 1,1-18: “Todo existió por medio de la Palabra”

En este fin de año es importante hacer una revisión de nuestra vida. Podemos preguntarnos: ¿qué hemos hecho para ir formando reino en medio de nuestros hermanos? ¿Qué hemos dejado de hacer? Son preguntas existenciales que nos invitan a seguir trabajando para que el reino inaugurado por Jesús llegue a toda la humanidad. Que seamos testigos del Evangelio en un mundo donde reinan el odio, la discordia, las injusticias. Que seamos luz en las tinieblas que acechan a nuestra humanidad, planteando alternativas distintas al orden social injusto que actualmente impera, donde los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Que esa Palabra creadora de Dios nos desafíe a promocionar la vida, la justicia y el amor. El mundo necesita más que nunca que quienes nos llamamos cristianos demos testimonio de aquél que nos ha enviado a ser promotores de paz y verdad. Que esa Palabra que se hizo carne y habita entre nosotros nos dé la gracia de ser fieles discípulos suyos. Que en este nuevo año el Señor siga suscitando evangelizadores que quieran arriesgar su propia vida en pro de la Creación. ¡Feliz Año 2010!


 Viernes 1 de enero de 2010
 Sta. María Madre de Dios (Solemnidad)

 INICIO
Nm 6,22-27: La bendición de Aarón
Salmo 66: El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Gál 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer
Lc 2,16-21: Circuncisión del niño Jesús

Litúrgicamente, hoy es la fiesta de «Santa María Madre de Dios»; es también la «octava de Navidad» y por tanto el recuerdo de «la circuncisión de Jesús», celebración judía que se celebraba al octavo día del nacimiento de los niños, y en la que se les imponía el nombre. Para el hombre y la mujer de la calle, esos tres componentes de la festividad litúrgica de hoy quedan muy lejos... tanto por el lenguaje que en que son expresados, como por el «imaginario religioso» que evocan...

Pero hoy es también el primer día del año civil, «¡Año Nuevo!», y la Jornada Mundial por la Paz, que aunque originalmente es una iniciativa eclesiástica católica, ha alcanzado una notable aceptación en la sociedad, gozando ya de un cierto estatuto civil.

Como se puede ver, pues, hay una buena distancia entre la conmemoración litúrgica y los motivos «modernos» de celebración. Esta distancia, que se repite en otras fechas, con bastante frecuencia, habla por sí misma de la necesidad de actualizar el calendario litúrgico, y, mientras esa tarea no sea acometida oficialmente por quien corresponde, será preciso que los agentes de pastoral tengan creatividad y audacia para reinterpretar el pasado, abandonar lo que está muerto, y recrear el espíritu de las celebraciones.

Pero veamos en primer lugar los textos bíblicos.

Nm 2,22-27 es la llamada bendición aaronítica (de Aarón), porque se afirma que Dios la reveló a Moisés para que éste a su vez la enseñara a Aarón y a sus hijos, los sacerdotes de Israel, para que con ella bendijeran al pueblo. Seguramente fue usada ampliamente en el antiguo Israel. Incluso se ha encontrado grabada en plaquetas metálicas para llevar al cuello, o atada de algún modo al cuerpo, como una especie de amuleto. Arqueológicamente dichas plaquetas datan de la época del 2º templo, es decir, del año 538 AC en adelante. Bien nos viene una bendición de parte de Dios al comenzar el año: que su rostro amoroso brille sobre todos nosotros como prenda de paz. La paz tan anhelada por la humanidad entera, y lamentablemente tan esquiva. Pero es que no basta con que Dios nos bendiga por medio de sus sacerdotes. No basta que él nos muestre su rostro. Aquí no se trata de bendiciones mágicas sino de un llamado a empeñarnos también nosotros en la consecución y construcción de la paz: con nosotros mismos, en nuestro entorno familiar, con los cercanos y los lejanos, con la naturaleza tan maltratada por nuestras codicias; paz con Dios, Paz de Dios.

Buen comienzo del año éste de la bendición. El refrán popular ha consagrado ese deseo de "volver a comenzar" que sentimos todos al llegar esta fecha: "Año nuevo, vida nueva". Uno quisiera olvidar los errores, limpiarse de las culpas que molestan en la propia conciencia, estrenar una página nueva del libro de su vida, y empezarla con buen pie, dando rienda suelta a los mejores deseos de nuestro corazón... Por eso es bueno comenzar el año con una bendición en los labios, después de escuchar la bendición de Dios en su Palabra.

Bendigamos al Señor por todo lo que hemos vivido hasta ahora, y por el nuevo año que pone ante nuestros ojos: nuevos días por delante, nuevas oportunidades, tiempo a nuestra disposición... Alabemos al Señor por la misericordia que ha tenido con nosotros hasta ahora. Y también porque nos va a permitir ser también nosotros una bendición en este nuevo año que comienza: bendición para los hermanos y bendición para Dios mismo. Año nuevo, vida nueva, bendición de Dios.

Gál 4,4-7 es una apretada síntesis de lo que Pablo nos enseña en tantos otros pasajes de sus cartas. En primer lugar, nos dice que el tiempo que vivimos es de plenitud, porque en él Dios ha enviado a su Hijo, no de cualquier manera, sino «nacido de mujer y nacido bajo la ley», es decir, semejante en todo a nosotros, en nuestra humanidad y en nuestros condicionamientos históricos. Pero este abajamiento del Hijo de Dios, nos ha alcanzado la más grande de las gracias: la de llegar a ser, todos nosotros los seres humanos, sin exclusión alguna, hijos de Dios, capaces de llamarlo «Abba», es decir, Padre. Nuestra condición filial fundamenta una nueva dignidad de seres humanos libres, herederos del amor de Dios. Parecerían hermosas palabras, nada más, frente a tantos sufrimientos y miserias que todavía experimentamos, pero se trata de que pongamos de nuestra parte para que la obra de Jesucristo se haga realidad. Se trata de que nos apropiemos de nuestra dignidad de hijos libres, rechazando los males personales y sociales que nos agobian, luchando juntos contra ellos. Esto implica una tarea y una misión: la de hacernos verdaderos hijos de Dios, a nosotros y a nuestros hermanos que desconocen su dignidad.

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, nos recuerda Pablo (Gál 4,4). Nació en la debilidad, en la pobreza, fuera de la ciudad, en la cueva, porque no hubo para ellos lugar en la posada... Nace en la misma situación que el conjunto del pueblo, los sencillos, los humildes, los sin poder.

Este nacimiento real y concreto es asumido por Dios para abrazar en el amor a todos los que la tradición había dejado fuera. Es la visita real de aquel que, por simple misericordia, nos da la gracia de poder llamar a Dios con la familiaridad de Abba -"papito"- y la posibilidad de considerar a todos los hombres y mujeres hermanos muy amados.

En Jesús, nacido de María -la mujer que aceptó ser instrumento en las manos de Dios para iniciar la nueva historia- todos los seres humanos hemos sido declarados hijos y no esclavos, hemos sido declarados coherederos, por voluntad del Padre. La bendición o benevolencia de Dios para los seres humanos da un gran paso: Dios ya no bendice con palabras, ahora bendice a todos los seres humanos y aun a toda la creación, con la misma persona de su Hijo, que se hace hermano de todos. Y nadie queda marginado de su amor.

"Ha aparecido la bondad de Dios" en Jesús, y es hora de alegría estremecida, para hacer saber al mundo -y a la creación misma- que Dios ha florecido en nuestra tierra y todos somos depositarios de esa herencia de felicidad.

Lc 2,16-21, en el lenguaje «intencionado» que por ser un género literario (“evangelio de la infancia”) utiliza con sus signos, Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.

Todo ello dentro de una composición teológica más elaborada de lo que su aparente ingenuidad pudiera insinuar. En todo caso, la simplicidad, la pobreza, la llaneza del relato y de lo relatado casan perfectamente con el espíritu de la Navidad.

La «maternidad divina de María», motivo oficial de la celebración litúrgica de hoy, y uno de los tres «dogmas» marianos -si se puede hablar así-, es una formulación que hace tiempo «chirría» en los oídos de quien la escucha desde una imagen de Dios adulta y crítica. Como ocurre con tantos otros «dogmas» y tradiciones tenidas como tales, el pueblo cristiano las ha amalgamado fantásticamente con los evangelios, llegando a pensar que provienen directamente del evangelio.

El versículo Gál 4,4 que hoy leemos, es todo lo que Pablo dice de María. Ni siquiera cita su nombre. La maternidad divina de María en el cristianismo es, claramente, una construcción eclesial. Los evangelios no saben nada de ella, y no será formulada y declarada hasta el siglo V.

En este contexto, es importante desempolvar y recordar la historia de tal «dogma», con la conocida «manipulación» del concilio de Éfeso, en el año 431, cuando Cirilo de Alejandría forzó y consiguió la votación antes de que llegaran los padres antioqueños, que representaban en el Concilio la opinión contraria. Se dice que el Pueblo cristiano acogió con entusiasmo esta declaración mariana, pero hay que añadir que se trata de los habitantes de Éfeso, la ciudad de la antigua «Gran Diosa Madre», la originaria diosa-virgen Artemisa, Diana... La fórmula de Éfeso, en cualquier caso, ha sido siempre tenida como sospechosa de concebir la filiación divina y la encarnación en términos monofisitas, que hasta cosifican a Dios, como si se pudiera procrear a Dios y no más bien a un hombre en el que, en cuanto Hijo de Dios, Dios mismo se nos hace patente a la fe... (Nos estamos refiriendo a lo que dice Hans Küng, en Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, pág. 584ss).

El título «madre de Dios» no es bíblico, como es sabido. Para el evangelio María es siempre, nada más y nada menos que «la madre de Jesús», título tan entrañable, real e histórico, que acabará sepultado y abandonado en la historia bajo un montón de otros títulos y advocaciones construidos eclesiásticamente. San Agustín (siglos IV y V) todavía no conoce himnos ni oraciones ni festividades marianas. El primer ejemplo de una invocación directa a María lo encontramos en el siglo V, en el himno latino Salve Sancta Parens.

La Edad Media europea dará rienda suelta a su imaginario teológico y devocional respecto de María. Mientras los primitivos Padres de la Iglesia todavía hablan de las imperfecciones morales de María, en el siglo XII aparece la opinión de su exención del pecado, tanto del personal como del «original». En el mismo siglo XII aparece el Avemaría. El ángelus en el XIII. El rosario en el XIII-XIV. El mes de María y el mes del rosario en el XIX-XX. Los puntos culminantes de esta evolución serán la definición de la «inmaculada concepción de María» (1854, por Pío IX) y la definición de la «asunción de María en cuerpo y alma al cielo» (1950, por Pío XII). Momentos finales de este apogeo mariano son la «consagración del mundo al Corazón de María» en 1942 y 1954, por Pío XII.

Pero todo este marianismo remitió con sorprendente rapidez con el Concilio Vaticano II, que renunció a nuevos «dogmas» marianos, desechó la anterior mariología «cristotípica» (característica de la escuela mariológica española preconciliar), dando paso a una comprensión mariológica mucho más sobria, bíblica e histórica, en la línea «eclesiotípica» (de la escuela alemana principalmente). Aunque la veneración a María (hyper-dulía), superior a la tributada a los santos (dulía), siempre fue distinguida teóricamente de la dada a Dios (latría), lo cierto es que en la religiosidad popular muchas veces María fungió como un verdadero «correlato femenino de la divinidad», y su condición de criatura y de discípula de Jesús y miembro de la Iglesia casi fueron olvidadas (en forma paralela a lo que ocurrió con Jesús respecto de su humanidad).

Hoy, la imagen conciliar de María que la Iglesia tiene es la de «la madre de Jesús», desmitificada, despojada de tantas adherencias fantásticas como se le habían puesto encima a lo largo de la historia: María es una cristiana, muy cercana a Jesús, una discípula suya, un destacado miembro de la Iglesia: la «madre de Jesús», en un título insustituible que le da el mismo evangelio, y a cuyo uso muchos creyentes vuelven en la actualidad, prefiriéndolo al creado en el siglo V. La Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en su capítulo octavo (nn. 52-69) ofrece todavía la mejor síntesis de la mariología para nuestros tiempos. El Concilio Vaticano II nos sigue marcando el camino, también en mariología. A la hora de predicar sobre María, debemos remitirnos, necesariamente, a ese capítulo octavo de la Lumen Gentium.

Concluimos. Seguimos estando en tiempo de Navidad, tiempo en el que la ternura, el amor, la fraternidad, el cariño familiar... se nos hacen más palpables que nunca. La ternura de Dios hacia nosotros, que se expresó en el niño de Belén, inunda nuestra vida, en las luces de colores, los adornos navideños, los villancicos y las reuniones familiares. Todo ayuda a ello en este tiempo todavía de Navidad. Dejemos recalar estos sentimientos en nuestro corazón, para que perduren a lo largo de todo el año.

Al comenzar el año, al poner el pie por primera vez en este nuevo regalo que el Señor nos hace en nuestra vida, vamos a agradecerle con todo el corazón la alegría de vivir, la oportunidad maravillosa que nos da de seguir amando y siendo amados, y la capacidad que nos ha dado para cambiar y rectificar.

Otro enfoque válido y provechoso de la homilía podría orientarse hacia el tema de la Jornada Mundial de la Paz... así como hacia el hecho del Año Nuevo, que si bien es algo simplemente convencional, astronómicamente insignificante, tiene el valor simbólico inevitable y profundo de recordarnos el inexorable paso del tiempo...

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 135 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600135 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap135b.mp3

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 19, que se titula «¿Madre de Dios?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=110019
Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis donde sea oportuno.

Para la revisión de vida
Hacer un retiro personal (o un tiempo al menos) haciendo examen de mi vida en el año pasado
Participar en alguna celebración penitencial comunitaria, pedir perdón de mis pecados y reconciliarme con Dios y con los hermanos.
Hacerme un plan de vida al comenzar el año ("año nuevo...: ¡vida nueva!").
Seguir viviendo con el espíritu de la navidad en los diversos ambientes: familia, barrio, trabajo, lugar de compromiso...

Para la reunión de grupo
- Ver: ¿cómo está el mundo, nuestro país, nuestro barrio...? ¿En paz? ¿Cuáles los principales obstáculos para la paz en el país, barrio, comunidad, familia...)?
- Cuál es actualmente la mayor amenaza para la paz y la mayor fuente de inestabilidad en el orden internacional? ¿Por qué?
- La crisis económica internacional, ¿se superará simplemente salvando el capitalismo?
- El terrorismo, ¿es una causa original o derivada?
- Juzgar: ¿Cómo enjuiciar la situación del mundo a la luz de la fe? ¿Cuál es el papel del cristianismo en un mundo en tensión como el nuestro?
- Actuar: ¿Cómo tendrá que evolucionar el mundo para hacer posible la paz? ¿Qué podemos hacer nosotros, el cristianismo, yo mismo?

Para la oración de los fieles
- Por la paz del mundo, en esta Jornada Mundial por la Paz, par que el Espíritu de Dios mueva los corazones de todos los hombres y mujeres hacia la reconciliación, la tolerancia, la igualdad entre los sexos, el respeto de las diferencias culturales, y la Justicia, de la cual es fruto la paz, roguemos al Señor.
- Por los gobernantes de todos los países, para que aúnen esfuerzos sinceros en favor de la paz...
- Por las instituciones internacionales, para que evolucionen hacia formas acordes con los nuevos tiempos mundializados que vivimos y puedan ser instrumentos más útiles al servicio de la humanidad...
- Para que aprovechemos ahora la oportunidad que tenemos de hacer verdad en nuestra vida el refrán: «Año nuevo, vida nueva»...
- Por nuestros hogares, para que continúen en el espíritu familiar de la navidad...
- Por todos los que no acabarán el año que ahora comienza, para que se reconcilien a tiempo con la verdad de su vida...
- Por todos nuestros amigos y conocidos que nos dejaron el año que acaba de pasar, por su eterno descanso...
- Para que se extienda en la sociedad la conciencia de la necesidad de un orden internacional fuerte y unificado, para todo el mundo, al que todas las naciones se sometan, sin excepciones ni privilegios ni actos de fuerza..

Oración comunitaria
Dios de la Vida, Creador del Universo, que nos has concedido el espacio y el tiempo para vivir desarrollar la Vida, para ser felices y hacer felices a los demás; al comenzar un Año Nuevo te pedimos nos enseñes a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato y vivamos responsable y agradecidamente el don del tiempo que nos concedes. Por Jesucristo nuestro Señor...

Dios de la Paz, Padre y Madre de todos los hombres y mujeres, que quieres que vivamos como hermanos en unidad fraterna. En este día que da comienzo al nuevo año, te pedimos con todo el corazón nos concedas la Paz, don tuyo y a la vez fruto de la Justicia, y que hagas de nosotros esforzados constructores de la Paz, para que merezcamos la bienaventuranza que anunció Jesús, Hijo tuyo y hermano nuestro, por los siglos de los siglos. Amén.


 Sábado 2 de enero de 2010
 Antes de Epifanía
 San Basilio Magno y San Gregorio de Nacianzo

 INICIO
1Jn 2,22-28: Lo que han oído desde el principio permanezca en ustedes
Salmo 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Jn 1,19-28: “Entre ustedes hay alguien a quien no conocen”

Una de las grandes confusiones en el seno de las primeras comunidades cristianas tuvo que ver con la figura de Juan el Bautista. Muchos grupos de creyentes consideraban a Juan como el Mesías esperado. Esta situación nos permite comprender la insistencia del evangelio de Juan en mostrar a Juan el Bautista en persona afirmando su papel de precursor y negando categóricamente que sea el Mesías. Para la comunidad del Cuarto Evangelio es muy claro que Jesús es la luz, mientras que Juan el Bautista es el testigo de la luz. Jesús es la Palabra viviente del Padre, mientras el bautizante es una voz que da testimonio a favor de la Palabra. Jesús-Palabra existe desde el principio junto a Dios, mientras el Bautista aunque ha nacido cronológicamente antes de Jesús, sin embargo es posterior e inferior a él. Para el Cuarto Evangelio, Juan el Bautista, es el que testifica a favor de Jesús, es el último profeta del Antiguo Testamento y por lo tanto dentro del plan de la salvación, tiene que ceder el lugar a quien inaugura los nuevos tiempos de la salvación. Continuemos con mística y profecía la tarea iniciada por el Bautista.