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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 20 al  26 de Diciembre de 2009   – Ciclo C
Domingo 4º de Adviento

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 4º de Adviento, ciclo C el  23 de Diciembre de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 20 de diciembre de 2009
 Domingo 4º de Adviento. Ciclo C.
 Abrahán - Isaac - Jacob

 INICIO

Miq 5, 1-4a: “De ti saldrá el jefe de Israel”
Sal 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Heb 10, 5-10: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”
Lc 1,39-45: Visita de María a su prima Isabel

Miqueas, de quien está tomada la primera lectura, vivió en el reinado de Ezequías. Cuando el modesto profeta llegó a la corte, se encontró con Isaías, de quien al parecer recibió influjo literario, aunque siempre conservó su estilo personal.

Miqueas atacó sobre todo a los poderosos que abusan del pobre para robar y oprimir, a los jueces corrompidos, pero compuso también magníficos poemas de salvación, entre los que sobresale la profecía sobre Belén. El Mesías esperado nacerá en Belén, pequeña población de Judá y hará que los seres humanos puedan vivir tranquilos y Él será nuestra paz.

La segunda lectura está tomada de la carta a los Hebreos. Supuestamente Pablo compara la obra cultual de Cristo con la del Antiguo Testamento, y el sacrificio de Cristo con los antiguos “sacrificios” religiosos. A través de esta comparación se nos muestra con profundidad la naturaleza y finalidad de la encarnación. El sacrificio de Cristo tiene lugar de una vez para siempre y no consiste tanto en la inmolación de una víctima, cuanto en la comunión con el Padre, a la que todos somos invitados. En lo sucesivo no habrá una religión de ceremonias y de ritos, sino una religión “en Espíritu y en Verdad”. La voluntad de Dios no ha sido la muerte del Hijo, sino el hacer partícipe a su Hijo de la condición humana con el suficiente amor para que todo lo humano quedara transformado. La sangre del Hijo, más que ofrenda para aplacar a un Dios justiciero, es don a los seres humanos de un Dios lleno de amor. Nuestra santificación consiste en vivir “en Espíritu y en Verdad” esa amistad con Dios. Aquí radica la esencia del Espíritu religioso.

Acercarse a celebrar el nacimiento de Jesús conlleva recordar la condición de mujer y la fe de María. El episodio llamado de la visitación, del evangelio de Lucas nos relata el encuentro de dos mujeres madres. María, la galilea, va a Judá, la región en la que un día el hijo que lleva dentro de ella será rechazado y condenado a muerte (Lc 1,39). Ante el saludo de la joven, el niño que Isabel está a punto de dar a luz “salta de gozo” (vv. 41 y 44). La madre alude poco después a lo que siente dentro de sí; se trata de la alegría del niño –el futuro Juan Bautista- alrededor de quien habían girado hasta el momento los acontecimientos narrados en este primer capítulo de Lucas. Juan cede ahora el paso a Jesús. El gozo es la primera respuesta a la venida del Mesías. Experimentar alegría porque nos sabemos amados por Dios es prepararnos para la navidad.

Isabel pronuncia entonces una doble bendición. Como ocurre siempre en manifestaciones importantes, Lucas subraya que lo hace “llena del Espíritu Santo” (v. 41). María es declarada “Bendita entre las mujeres”(v. 42), su condición de mujer es destacada; en tanto que tal es considerada amada y privilegiada por Dios. Esto es ratificado por el segundo motivo del elogio: “Bendito el fruto de tu vientre” (v.42). Este fruto es Jesús, pero el texto subraya el hecho de que por ahora está en el cuerpo de una mujer, en sus entrañas, tejido de su tejido. El cuerpo de María deviene así el arca santa donde se alberga el Espíritu y manifiesta la grandeza de su condición femenina. En su visitante, Isabel reconoce a la “madre del Señor” (v 43), aquella que dará a luz a quien debe liberar a su pueblo, según lo anunciaba el profeta Miqueas (5,2-5).

Bendecir (bene-dicere) significa hablar bien, ensalzar, glorificar. Con anterioridad al nacimiento de Jesús, aparecen en los evangelios bendiciones por parte de Zacarías, Simeón, Isabel y María. Todos bendicen a Dios por lo que hace. Pero, al mismo tiempo, Jesús bendice a los niños, a los enfermos, a los discípulos, al Padre. Toda bendición va dirigida a Dios. La oración de bendición es, sobre todo, alabanza de acción de gracias. De este modo celebramos la Eucaristía. Pero también la bendición se extiende a todas las criaturas incluso a las inanimadas: ramos, ceniza, pan y vino. Son bienaventurados los santos y especialmente “bendita” es María, la madre de Jesús.

El Espíritu Santo ayuda a Isabel a pronunciar una bendición: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre!”. Desde entonces, millones de veces lo hemos dicho todos los cristianos en el “Ave María”. Son benditos, bienaventurados o dichosos los que creen en Dios, los que practican la Palabra, los que dan frutos, los pobres con los que se identifica Jesús.

María creyó. Ésta fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe. María se convierte en maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte de Dios aunque ella no se pudiera explicar el modo como se realizaría aquel plan. Toda la vida de María se fundamenta en su fe, en la adhesión que ha prestado desde el primer momento a la revelación que llegó hasta ella.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 132, «De visita en Ain Karem», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí.
Puede ser escuchado aquí.

Para la revisión de vida
¿Cómo voy a vivir esta semana de adviento-navidad?
¿Cómo voy a acoger el misterio del Dios humanado en Jesús?
¿Cómo vivir y expresar con todos los que me rodean la ternura de Dios hecho niño para que nosotros vivamos el mismo amor con la misma ternura? (Tomar decisiones concretas para esta noche de nochebuena: respecto a las personas con las que convivo, a los parientes, los vecinos, los amigos y conocidos, los lejanos…).

Para la reunión de grupo
- Navidad: ¿vuelve a nacer Jesús? ¿Qué es lo que realmente celebramos?
- La Navidad y la Nochebuena están cargadas de símbolos, de riqueza cultural, de tradiciones familiares, de un imaginario social, de una tradición social llena de publicidad comercial… ¿Se puede distinguir el trigo de la paja? ¿Qué sería lo esencial cristiano de la Navidad?
- ¿Qué quiere decir realmente el hecho del nacimiento «virginal» de Jesús? ¿Es una afirmación, de qué género: físico, biológico, histórico, teológico...? ¿Cómo conciliar el nacimiento virginal de Jesús, tan especial, y la voluntad de Dios de encarnarse y anonadarse, "pasando por uno de tantos"? ¿Están en contradicción?

Para la oración de los fieles
- Por todos los hombres y mujeres del mundo, especialmente por los más necesitados, para que un día acojan la venida del Enmanuel, Dios-con-nosotros, roguemos al Señor
- Para que nuestra vida sea testimonio de la eficacia de la venida de Dios en Jesús...
- Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una vivencia intensa del misterio de la navidad...
- Por todos los que están lejos de sus hogares, o no tienen familia, o están en soledad obligada o voluntaria; para que experimenten la comunión y el amor por encima del cerco soledad que les rodea...
- Para que el ambiente de la navidad propicie en nuestros hogares el necesario clima de amor y ternura que durante la vida diaria tenemos olvidado con frecuencia.

Oración comunitaria
- Dios, Padre Nuestro, que en Jesús nos has dado tu Palabra, hecha carne y sangre, fuerza y ternura, muerte y resurrección; te pedimos nos inspires para seguir sus pasos por el camino que él nos trazó, abrazando en nuestro caminar hacia ti a todos los hermanos y hermanas. Por Jesucristo Nuestro Señor.



 Lunes 21 de diciembre de 2009
 Pedro Canisio

 INICIO
Cant 2,8-14: Llega mi amado, saltando sobre los montes
Sal 32: Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.
Lc 1,39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

El anuncio del ángel convierte a María en la primera discípula, evangelizada y evangelizadora. Es la mujer que se convierte en profetisa de Dios y firme seguidora de su Hijo. Esta experiencia fundante de Dios en María la posibilita para que se convierta junto con su prima Isabel en protagonista de las promesas y del plan de Dios en medio de una sociedad fuertemente machista y patriarcal. María e Isabel, mujeres de la periferia, mujeres que aprendieron y mostraron con sus vidas y entrañas lo que es escuchar la Palabra y reconocer que la acción de Dios pasa por la realidad del pobre, del marginado. María e Isabel son las mujeres de fe y modelos que responden con toda su humanidad al proyecto salvífico de Dios, siendo las predecesoras de la gente discriminada y excluida, de mujeres y pecadores de los que nadie esperaría que respondiesen con gratuidad y compromiso a su revelación histórica. Estas dos mujeres comprometen a los cristianos desde dos actitudes fundamentales para que el plan de Dios sea una realidad que germine de la tierra misma; el plan de la confianza en Dios que hace posible lo imposible, y el de la escucha y puesta por obra de su Palabra.


 Martes 22 de diciembre de 2009
 Francisca Cabrini / Flaviano

 INICIO
1Sm 1,24-28: Ana da gracias por el nacimiento de Samuel
Interleccional 1Sm 2,1-8: “Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador”
Lc 1,46-56: “El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí”

El canto del “Magníficat” origina la reflexión sobre la forma como Dios hace presencia en la historia de la salvación y especialmente en su revelación más plena, la de su encarnación histórica. La primera parte de este canto se centra en la personalidad de María, y la segunda hace universalizable la experiencia de María proyectándola a la relación de Dios con toda la humanidad. Es el canto que invierte los parámetros de la historia, mostrando que la acción de Dios se va realizando en los que son considerados los desechables humanos. El Dios del Evangelio se fija de manera personal y comunitaria en nosotros, humanos, para vincularnos a su proyecto, presentándonos a María como la mujer que denuncia la injusticia y la opresión; como la mujer que se solidariza con los pobres y los reivindica en su lucha por la dignidad. El “Magníficat” es el canto que muestra su compromiso por un mundo donde reine la vida, por un mundo totalmente otro: el de la justicia y el derecho divinos. El cántico de María se hace revolucionario (en su sentido más cabal), porque pone en la palestra las opciones que Dios hace, aquéllas que asumen la auténtica liberación de las estructuras injustas que mantienen al pueblo esclavizado por la discriminación, el hambre, la guerra y el abandono.


 Miércoles 23 de diciembre de 2009
 Juan de Kety - Victoria

 INICIO
Mal 3,1-4.23-24: “Les enviaré al profeta Elías”
Sal 24: Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Lc 1,57-66: “Su nombre es Juan”

Este pasaje del Evangelio muestra que las promesas de Dios se cumplen. El cumplimiento de las palabras del ángel a Zacarías se da en el nacimiento de un hijo al que llamarían Juan, y su consagración por el Espíritu de Dios. Juan es la bisagra profética que cierra el Antiguo Testamento y abre la irrupción del Nuevo; la irrupción hecha realidad en el Mesías de Dios por excelencia, Jesús. De nuevo la alegría es la respuesta a la acción misericordiosa de Dios ante la imposibilidad humana. El que no creía en las promesas de Dios, Zacarías, ahora las reconoce en su realización. El niño es don de Dios y no simplemente fruto de un capricho humano. Este niño está claramente llamado a llevar una misión en un momento crucial de la vida del pueblo de Dios. Juan ocupa, pues, un momento decisivo en la historia de la salvación. Este será el que anunciará la venida inexorable del reino y el reinado de Dios. La invitación que nos propone el evangelio es a reconocer la grandeza y el interés comprometido de Dios por la salvación de la humanidad, y la consecuente respuesta humana a tal compromiso. Estamos llamados a mostrar el acontecer de Dios y su reino siendo sus precursores históricos.


 Jueves 24 de diciembre de 2009
 Adela - Herminia

 INICIO
2Sm 7,1-5.8b-12.14a.16: “El reino de David durará por siempre”
Sal 88: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Lc 1,67-79: Bendito el Señor Dios de Israel

El Cántico de Zacarías se mueve en una triple pieza musical. Comienza alabando a Dios por lo que ha hecho en favor de Israel; cambiando su tónica anuncia el futuro papel de Juan Bautista, para finalmente anunciar el papel de Jesús en la historia. El llamado “Benedictus” canta la proclamación del carácter mesiánico de Jesús, de su ser ungido por el Espíritu de Dios para la liberación de su pueblo. De nuevo aparece la fidelidad de Dios a la promesa. Es la fidelidad a la alianza que hace con el ser humano, donde el primer comprometido es él.

El evangelio nos invita a ser parte de este coro histórico–salvífico, reconociendo la presencia de Dios en la humanidad. Ejemplo de este reconocimiento es Juan. Este aparece como el profeta del Altísimo que tendrá la misión de ir delante del Señor y preparar los caminos para el acontecimiento del reino que traerá justicia, misericordia, liberación y paz. Será la predicación de la reconciliación y el cambio de mentalidad exigido al pueblo, la obertura a la salvación de Dios. Se hace fundamental en estos tiempos que todos los creyentes formemos un coro integral que sea la voz que nos lleve a la verdadera paz con justicia.


 Viernes 25 de diciembre de 2009
 Natividad del Señor
 (Misa del día)

 INICIO
Is 52,7-10: “Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios”
Sal 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Heb 1,1-6: “Dios nos ha hablado por su Hijo”
Jn 1,1-18: La Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros

Este evangelio de Navidad nos presenta dos elementos importantes para la vida del cristiano: la Palabra y la Luz. La Palabra que nos viene de Dios se encarnó en Jesús hace más de dos mil años y vino a traernos un mensaje esperanzador. Sus palabras de vida eterna, como las describió Pedro, promueven vida digna para todos los seres humanos. Esa Palabra que existía desde la eternidad se manifestó humanamente en la persona de Jesús, quien habitó entre nosotros y vive hoy presente en medio de la humanidad sufriente y necesitada. Por medio de la Palabra somos iluminados y enviados a anunciar el Evangelio a todos los pueblos del planeta. Jesús es esa Luz verdadera que ilumina a toda persona. El vino al mundo, pero fue rechazado por los suyos y sigue siendo rechazado hoy por los que no comparten su proyecto de vida. Nuestra misión como seguidores de Cristo es la de ser testigos de esa Palabra y luz del mundo. Por eso, acoger la Navidad que hoy celebramos con gozo y esperanza requiere acoger de verdad el mensaje que vino a traernos el Redentor: “ámense unos a otros como los he amado Yo”.

Celebramos el misterio de la encarnación. Dios asume la condición humana en Jesús de Nazaret. Los evangelios enfatizan las condición humilde de su nacimiento y señalan como condición para ese nacimiento la aceptación profunda y consciente por parte de José y de María, la lógica del actuar de Dios sucediendo en un pueblo pobre y sencillo.

Hermanos y hermanas, ser seguidor de Jesús es asumir su mismo camino, el camino de la encarnación en los retos y desafíos de una cultura y de una época; una obediencia incondicional a Dios hasta la muerte. Por eso celebrar la Navidad no es solo un recuerdo, es luchar dentro de nuestros pueblos y nuestras circunstancias para que la dignidad de hombres y mujeres sea respetada, para que tengamos condiciones dignas de vida, y por hacer de nuestros países lugares más acordes al sueño de Dios, el Reino.

En este espíritu, esencia del cristianismo, ¡Feliz Navidad para todos!


 Sábado 26 de diciembre de 2009
 Esteban, protomártir

 INICIO
Hch 6,8-10; 7, 54-60: “Veo el cielo abierto”
Sal 30: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Mt 10,17-22: “El Espíritu de su Padre hablará por ustedes”

El evangelista Mateo nos pone en perspectiva de lo que significa seguir a Jesús. Nos muestra cuáles son las exigencias y riesgos con los que tiene que contar un auténtico discípulo de Cristo. Es obvio que la comunidad mateana estaba pasando por situaciones de sufrimientos y persecuciones, situación que también tuvo que pasar Jesús. Recordemos que los cristianos fueron expulsados por los judíos en el año 70, por el hecho de anunciar la Buena Nueva de Jesucristo. Tuvieron que comparecer ante tribunales, fueron maltratados y ultrajados. Pero no todo es dolor, sufrimientos y contradicciones; también hay un mensaje de aliento y esperanza para todos aquéllos que se arriesguen asumir este camino liberador: ¡no se preocupen por lo que van a decir! Esa confianza fue la que tuvo el santo que celebramos en este día, san Esteban, quien fue el primer mártir del cristianismo. Anunció incansablemente el Evangelio, fue apresado y lo llevaron ante el Sanedrín para interrogarlo. Fue calumniado y posteriormente apedreado por los judíos. Hombres como Esteban que, sin importar las consecuencias, no se cansan de anunciar la justicia, la verdad, el amor y misericordia de Dios, es lo que necesita nuestro mundo, tan lleno de injusticias, guerras, hambre, cobardías, inconsecuencias…