Domingo 20 de diciembre de 2009
Domingo 4º de Adviento. Ciclo C.
Abrahán - Isaac - Jacob
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Miq 5, 1-4a: “De ti saldrá el jefe
de Israel”
Sal 79: Oh Dios, restáuranos, que
brille tu rostro y nos salve.
Heb 10, 5-10: “Aquí estoy para
hacer tu voluntad”
Lc 1,39-45: Visita de María a su
prima Isabel
Miqueas, de quien está tomada la primera lectura, vivió en el reinado
de Ezequías. Cuando el modesto profeta llegó a la corte, se encontró con Isaías,
de quien al parecer recibió influjo literario, aunque siempre conservó su estilo
personal.
Miqueas atacó sobre todo a los poderosos que abusan del pobre para robar y
oprimir, a los jueces corrompidos, pero compuso también magníficos poemas de
salvación, entre los que sobresale la profecía sobre Belén. El Mesías esperado
nacerá en Belén, pequeña población de Judá y hará que los seres humanos puedan
vivir tranquilos y Él será nuestra paz.
La segunda lectura está tomada de la carta a los Hebreos.
Supuestamente Pablo compara la obra cultual de Cristo con la del Antiguo
Testamento, y el sacrificio de Cristo con los antiguos “sacrificios” religiosos.
A través de esta comparación se nos muestra con profundidad la naturaleza y
finalidad de la encarnación. El sacrificio de Cristo tiene lugar de una vez para
siempre y no consiste tanto en la inmolación de una víctima, cuanto en la
comunión con el Padre, a la que todos somos invitados. En lo sucesivo no habrá
una religión de ceremonias y de ritos, sino una religión “en Espíritu y en
Verdad”. La voluntad de Dios no ha sido la muerte del Hijo, sino el hacer
partícipe a su Hijo de la condición humana con el suficiente amor para que todo
lo humano quedara transformado. La sangre del Hijo, más que ofrenda para aplacar
a un Dios justiciero, es don a los seres humanos de un Dios lleno de amor.
Nuestra santificación consiste en vivir “en Espíritu y en Verdad” esa amistad
con Dios. Aquí radica la esencia del Espíritu religioso.
Acercarse a celebrar el nacimiento de Jesús conlleva recordar la condición de
mujer y la fe de María. El episodio llamado de la visitación, del evangelio
de Lucas nos relata el encuentro de dos mujeres madres. María, la galilea,
va a Judá, la región en la que un día el hijo que lleva dentro de ella será
rechazado y condenado a muerte (Lc 1,39). Ante el saludo de la joven, el niño
que Isabel está a punto de dar a luz “salta de gozo” (vv. 41 y 44). La madre
alude poco después a lo que siente dentro de sí; se trata de la alegría del niño
–el futuro Juan Bautista- alrededor de quien habían girado hasta el momento los
acontecimientos narrados en este primer capítulo de Lucas. Juan cede ahora el
paso a Jesús. El gozo es la primera respuesta a la venida del Mesías.
Experimentar alegría porque nos sabemos amados por Dios es prepararnos para la
navidad.
Isabel pronuncia entonces una doble bendición. Como ocurre siempre en
manifestaciones importantes, Lucas subraya que lo hace “llena del Espíritu
Santo” (v. 41). María es declarada “Bendita entre las mujeres”(v. 42), su
condición de mujer es destacada; en tanto que tal es considerada amada y
privilegiada por Dios. Esto es ratificado por el segundo motivo del elogio:
“Bendito el fruto de tu vientre” (v.42). Este fruto es Jesús, pero el texto
subraya el hecho de que por ahora está en el cuerpo de una mujer, en sus
entrañas, tejido de su tejido. El cuerpo de María deviene así el arca santa
donde se alberga el Espíritu y manifiesta la grandeza de su condición femenina.
En su visitante, Isabel reconoce a la “madre del Señor” (v 43), aquella que dará
a luz a quien debe liberar a su pueblo, según lo anunciaba el profeta Miqueas
(5,2-5).
Bendecir (bene-dicere) significa hablar bien, ensalzar, glorificar. Con
anterioridad al nacimiento de Jesús, aparecen en los evangelios bendiciones por
parte de Zacarías, Simeón, Isabel y María. Todos bendicen a Dios por lo que
hace. Pero, al mismo tiempo, Jesús bendice a los niños, a los enfermos, a los
discípulos, al Padre. Toda bendición va dirigida a Dios. La oración de bendición
es, sobre todo, alabanza de acción de gracias. De este modo celebramos la
Eucaristía. Pero también la bendición se extiende a todas las criaturas incluso
a las inanimadas: ramos, ceniza, pan y vino. Son bienaventurados los santos y
especialmente “bendita” es María, la madre de Jesús.
El Espíritu Santo ayuda a Isabel a pronunciar una bendición: “¡Bendita eres
entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre!”. Desde entonces,
millones de veces lo hemos dicho todos los cristianos en el “Ave María”. Son
benditos, bienaventurados o dichosos los que creen en Dios, los que practican la
Palabra, los que dan frutos, los pobres con los que se identifica Jesús.
María creyó. Ésta fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe.
María se convierte en maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte
de Dios aunque ella no se pudiera explicar el modo como se realizaría aquel
plan. Toda la vida de María se fundamenta en su fe, en la adhesión que ha
prestado desde el primer momento a la revelación que llegó hasta ella.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 132, «De visita en Ain
Karem», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su
comentario pueden ser tomados de
aquí.
Puede ser escuchado aquí.
Para la revisión de vida
¿Cómo voy a vivir esta semana de adviento-navidad?
¿Cómo voy a acoger el misterio del Dios humanado en Jesús?
¿Cómo vivir y expresar con todos los que me rodean la ternura de Dios hecho niño
para que nosotros vivamos el mismo amor con la misma ternura? (Tomar decisiones
concretas para esta noche de nochebuena: respecto a las personas con las que
convivo, a los parientes, los vecinos, los amigos y conocidos, los lejanos…). Para la reunión de grupo
- Navidad: ¿vuelve a nacer Jesús? ¿Qué es lo que realmente celebramos?
- La Navidad y la Nochebuena están cargadas de símbolos, de riqueza cultural, de
tradiciones familiares, de un imaginario social, de una tradición social llena
de publicidad comercial… ¿Se puede distinguir el trigo de la paja? ¿Qué sería lo
esencial cristiano de la Navidad?
- ¿Qué quiere decir realmente el hecho del nacimiento «virginal» de Jesús? ¿Es
una afirmación, de qué género: físico, biológico, histórico, teológico...? ¿Cómo
conciliar el nacimiento virginal de Jesús, tan especial, y la voluntad de Dios
de encarnarse y anonadarse, "pasando por uno de tantos"? ¿Están en
contradicción? Para la oración de los fieles
- Por todos los hombres y mujeres del mundo, especialmente por los más
necesitados, para que un día acojan la venida del Enmanuel, Dios-con-nosotros,
roguemos al Señor
- Para que nuestra vida sea testimonio de la eficacia de la venida de Dios en
Jesús...
- Para que el ambiente social navideño vaya acompañado en nuestras vidas por una
vivencia intensa del misterio de la navidad...
- Por todos los que están lejos de sus hogares, o no tienen familia, o están en
soledad obligada o voluntaria; para que experimenten la comunión y el amor por
encima del cerco soledad que les rodea...
- Para que el ambiente de la navidad propicie en nuestros hogares el necesario
clima de amor y ternura que durante la vida diaria tenemos olvidado con
frecuencia. Oración comunitaria
- Dios, Padre Nuestro, que en Jesús nos has dado tu Palabra, hecha carne y
sangre, fuerza y ternura, muerte y resurrección; te pedimos nos inspires para
seguir sus pasos por el camino que él nos trazó, abrazando en nuestro caminar
hacia ti a todos los hermanos y hermanas. Por Jesucristo Nuestro Señor.
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