Lunes 14 de septiembre de 2009
Exaltación de la Sta. Cruz (en algunos países iberoamericanos) - Imelda
INICIO
Nm 21,4b-9: “Miraban a la
serpiente de bronce y quedaban curados”
Sal 77: No olvidéis las acciones
del Señor.:
Jn 3,13-17: “Ha de ser levantado
el Hijo del Hombre”
Estamos en la fiesta de la «Exaltación» de la Santa Cruz. Se trata de ese
signo que identifica al cristianismo mundialmente, como la media luna identifica
al islam o la estrella de seis puntas formada por dos triángulos equiláteros
significa al judaísmo.
Dentro de la mentalidad mágica, la cruz ha tenido en la historia casi tanto
valor como el Cristo que en ella fue crucificado. «La señal de la cruz» ha
espantado al demonio, ha alejado las maldiciones, ha «persignado» a todos los
devotos, ha sido trazada millones de veces en el aire derramando bendiciones
benefactoras.
En la religiosidad popular, Cristo ha sido sobre todo el sufriente, el
condenado, azotado, crucificado, varón de dolores, muerto entre sufrimientos
insoportables. La cruz ha sido el signo del dolor, tanto del de Cristo como del
universal. Para los cristianos, el sufrimiento de Cristo tiene referencia
universal.
La inevitable dimensión dolorista de la cruz, hace que su «exaltación» no
deje de implicar problemas. Algunos agentes de pastoral, con frecuencia, tratan
de obviarlos evadiéndolos, no refiriéndolos, mirando hacia otra parte, hablando
de otra cosa. No siempre este método evasivo es el mejor servicio que se puede
hacer al pueblo cristiano. Creemos que es mejor afrontar los problemas de frente
y ponerles nombre y límites. Es lo que vamos a tratar de hacer.
El primer gran peligro es esa misma «exaltación» de la cruz, por lo que pueda
tener de exaltación del sufrimiento por el sufrimiento, como si tuviera un valor
cristiano por sí mismo. Aún se conserva una imagen de Dios dolorista y amante
del sufrimiento, que parece alegrarse cuando ve sufrir, o que sólo le da su
gracia o su benevolencia al ser humano a cambio de sufrimiento. Muchas promesas,
«mandas», de la religiosidad popular se hacen sobre ese esquema: yo me
sacrifico, le ofrezco a Dios un daño que me hago a mí mismo, como «un pago dado
a él a cambio del favor solicitado»… Este Dios ante el que lo que vale y lo que
le agrada es el sufrimiento no es un Dios cristiano; la exaltación de una cruz
que incluyera una imagen de Dios así no sería una exaltación cristiana.
Es un gravísimo problema esa teología que aún está ahí, según la cual Dios
envió a su Hijo al mundo a sufrir, a sufrir horrorosamente (véase el texto de
SESBOÜÉ que se propone más abajo), porque Él sería el único capaz de ofrecer una
reparación infinita a la dignidad de Dios ofendida por el ser humano en un
«pecado original» (que históricamente no tuvo lugar)... Sin fundamento real en
el evangelio, esta teología apareció con el paso de los primeros siglos, y fue
san Anselmo de Canterbury (siglo XI) quien le dio la configuración con que ha
llegado hasta nosotros mismos en los catecismos infantiles. Es la visión clásica
de la «redención», la muerte de Jesús en la cruz redentora, que «paga» con su
sufrimiento al Padre para que éste acceda a restablecer el buen orden de sus
relaciones con la Humanidad. Estrechamente unido a esta teología está el
«sacrificio» de Cristo en la Cruz. Una teología que, por una parte, hoy día
evidencia una imagen de Dios que resulta inaceptable. Por otra se trata de una
teología que aún figura –inexplicablemente- en los documentos oficiales...
Celebrar la Exaltación de la Santa Cruz sin abordar estos problemas puede ser
más cómodo, pero no más sincero ni más provechoso o pedagógico.
La cruz de Cristo no debiera ser utilizada como símbolo de todo aquello que
en nuestra vida humana hay de limitación estructural, de finitud natural. Esta
es una dimensión natural de nuestra vida humana («las cruces de la vida»), y la
cruz de Cristo no tiene nada de «natural», sino que todo lo tiene de
«histórico». En la cruz de Cristo –si no queremos caer en mixtificaciones- no
entran sus dificultades y limitaciones humanas, ni las nuestras: enfermedades,
limitaciones, accidentes ni la mala suerte. Eso no es la cruz de Cristo, sino
avatares y peculiaridades de la vida humana, que hay que saber llevar y
sobrellevar con gracia y con buen talante.
La cruz de Cristo no fue un «designio de Dios», sino un designio muy humano.
Jesús, por su parte, tampoco buscó la cruz: «Pase de mí este cáliz», y nunca
deberá ser buscada la cruz, por sí misma, por parte de sus discípulos. Aquel
«Ave Crux, Spes única!» («¡Salve, Cruz, esperanza única!») del adagio clásico,
hay que tomarlo con muchas «cautelas» en la forma de entenderlo. Ni Dios, ni
Cristo «aman la Cruz», ni nosotros debemos «amarla», sino, al contrario, debemos
«combatirla». La tarea del cristiano, como la de Jesús, es combatir la cruz,
liberar del sufrimiento al ser humano, «hacer todo el bien que se pueda», como
decíamos comentando el evangelio del domingo pasado. Claro que, al luchar contra
la cruz ocurre que se levanta la animosidad de los que están interesados
egoísticamente en los mecanismos de opresión, personas y estructuras que
impondrán una cruz sobre quienes luchan por liberar al ser humano de toda cruz.
Otro adagio más moderno y más correcto dice: «Busca la Verdad, la Cruz ya te la
pondrán». No hay que buscar la cruz, aunque no hay que retroceder un milímetro
en la Verdad y en la lucha por la Justicia, por el miedo a la cruz que nos
impondrán…
En definitiva, lo que necesitamos exaltar no es la cruz, sino el coraje de
Jesús, que optó por el Reino y por el amor sin temor a la cruz que estaba seguro
y previó que le iban a imponer. La exaltación de la fidelidad de Jesús a la
Causa del Reino es el verdadero contenido de esta fiesta.
Algunas personas se asustan cuando se hacen estas relecturas críticas. Les
parece una actitud negativista.... Prefieren que se hable sólo de lo positivo, y
que lo demás quede sobreseído, como superado por el olvido… No compartimos esa
opinión. Estamos en un momento de transición teológica, una transición que se
hace lenta por causa precisamente de esa falta de sentido crítico en la teología
y en la homilética. Si los predicadores (y los grupos de formación cristianos)
asumieran como tarea habitual la de hacer la digestión crítica de todo el
pensamiento que aún lastra al cristianismo, sin duda que estaríamos en
condiciones de dialogar mejor con el mundo actual. Por otra parte, toda
renovación del pensamiento y de la vida necesita de un momento de «deconstrucción»,
sin el cual, frecuentemente, no es posible una verdadera renovación.
Para la revisión de vida
- -¿Busco la verdad a toda costa, sin acobardarme ante la posibilidad de que
me pongan la cruz?
-¿Acepto las cruces (históricas, no naturales) que ya cargo? (Enumerarlas,
revisarlas pormenorizadamene ante mí mismo).
-Cristo, en su solidaridad con la humanidad, se "despoja" de su rango divino y
toma la condición de esclavo. ¿Qué dice este gesto de Jesús a mi nivel de vida?
¿Hasta dónde llega mi solidaridad con los pobres? ¿De qué debo despojarme para
ser solidario con la humanidad doliente? Para la reunión de grupo
- Para este tema de la cruz, recomendamos especialmente:
- "¿Cómo predicar hoy la cruz de nuestro Señor Jesucristo?", de Leonardo Boff,
en "Pasión de Cristo, pasión del mundo" (ediciones en Sal Terrae de España,
Indoamerican Press de Bogotá 1978, traducción portuguesa en Vozes de Petrópolis
1977). Es un texto corto que se presta muy bien para una reunión de estudio o
reflexión del grupo bíblico o de toda la comunidad. Disponible en
http://www.servicioskoinonia.org/relat/217.htm
- Para tomar conciencia de las exageraciones que se han dicho en torno a este
tema de la cruz en la historia del cristianismo, ver el estudio de SESBOÜÉ «Un
florilegio sombrío», en
http://www.servicioskoinonia.org/relat/333.htm Para la oración de los fieles
- Por todos los hombres y mujeres que prolongan hoy la cruz de Jesús sufriendo
la persecución por su compromiso con la verdad y por la Justicia, para que
lleven esa misma cruz de Jesús, con esperanza firme en el triunfo de Su Causa,
roguemos al Señor...
- Por nuestra comunidad, para que esté solícita en la preparación de un
verdadero hogar, en el que Jesús pueda prolongar históricamente su lucha por la
Verdad y el Amor en el mundo, roguemos al Señor...
- Por la mujer, que en la historia ha desempeñado su papel de verdadera
discípula, sin realmente valorada ni reconocida, para que continuemos todos en
la tarea de su promoción y liberación, roguemos al Señor...
- Para que el cristianismo siga avanzando y renovándose, a pesar de todas las
dificultades, consciente de que Dios quiere ser visto y captado bajo nuevos
esquemas, nuevas imágenes, nuevos modelos, roguemos al Señor… Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, otórganos el don de saber encontrar en el hoy de nuestra
historia, el sentido profundo de nuestra misión cristiana, para que nos
comprometamos con todo lo que implica ser fieles a tu proyecto en la sociedad en
la que nos ha tocado vivir y construir tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.
Dios Padre y Madre, que en la vida, pasión y muerte de Jesús has realizado tu
revelación máxima para el mundo, según nos asegura nuestra fe; te rogamos nos
otorgues el don de saber redescubrir con ojos humildes todo lo que tú has
continuado revelando en estos 2000 años de historia, dentro y fuera del
cristianismo, para que la Palabra que pronunciaste en Jesús pueda ser compartida
por todos los pueblos y religiones. Por Jesucristo nuestro Señor.
|