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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 13 al 19 de Septiembre de 2009  
24ª semana de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del 24º domingo del Tiempo ordinario, el 16 de Septiembre de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 13 de septiembre de 2009
 24º domingo de tiempo ordinario. Ciclo B.
 Juan Crisóstomo

 INICIO

Is 50, 5-9a: “Ofrecí la espalda a los que me apaleaban”
Sal 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Sant 2, 14-18: “La fe, si no tiene obras, está muerta”
Mc 8, 27-35: “¿Quién dice la gente que soy yo?”

Cuando los cristianos se propusieron la transformación del mundo esclavista, inhumano y violento que había impuesto el imperio romano, no comenzaron su labor apelando al hambre de la gente, ni a sus deseos de «acabar con los opresores romanos», sino que apelaron a la conciencia. En efecto, los discursos que prometen remediar el hambre, sólo son efectivos en la medida en que la carencia, la desprotección y el abandono son vistos como injusticias. De lo contrario, no pasan de ser una búsqueda de satisfacciones inmediatas y poco duraderas. Lo mismo ocurre con el deseo de derrocar a los poderosos del imperio y colocar allí a la gente del pueblo. Al poco tiempo, los líderes se llenan de ambiciones y se convierten en tiranos implacables. La única alternativa que queda y de la cual nos habla la carta de Santiago, es la frágil dignidad humana. Si la comunidad no está dispuesta a transformar en su interior toda esa realidad de muerte, miseria y marginación, es inútil que se proponga transformarla afuera. La solidaridad de la comunidad no sólo es un camino para remediar la injusticia en «pequeña escala», es una alternativa de vida. La solidaridad de una comunidad nos permite descubrir que «otro mundo es posible» y que el destino no está atado a la destrucción y la barbarie. La fe cristiana no es tal si se contenta con mirar, desde la barrera, el circo en el que mueren tantas personas inocentes.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Esto puede sonar un poco «patético», sin embargo, basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

El camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, los seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro, Juan y Santiago, líderes del grupo de Galilea, siguen aferrados a la ideología del caudillo nacionalista o del místico líder religioso y no descubren en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.

Este episodio marca el centro del evangelio de Marcos y es el punto de quiebre en el cual el camino de Jesús sorprende a sus seguidores. Ninguno está de acuerdo con él, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos, torcida por las ideologías sectarias y triunfalistas.

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la «Pasión», la «Cruz», debe ser tomada siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado... Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros... Véase el amplio comentario al respecto que hacemos mañana día 14, fiesta de la «exaltación» de la Cruz.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 67, «El bastón del mesías», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300067
 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap67b.mp3

Para la revisión de vida
- Hay preguntas decisivas en la vida de todas las personas; incluso no darles una respuesta clara y consciente es ya una manera de responder a esas preguntas. Una de ellas es la que Jesús hizo en una ocasión a los suyos y, a través de ellos, a toda la humanidad, incluidos nosotros. ¿Quién es Jesús para mí? Sólo que esta pregunta tiene un grave riesgo: que la contestemos con la respuesta aprendida de memoria en el catecismo infantil, en vez de contestar con el corazón. La pregunta ‘¿Quién es Jesús?’ no podemos ponerla entre preguntas del tipo ¿quién fue Napoleón, quién descubrió la penicilina o en qué año acaeció la Revolución francesa?, sino que hemos de ponerla entre preguntas del tipo ¿quiénes son mis amigos, cuánto quiero yo a mi familia, qué estoy dispuesto a hacer por aquellas personas alas que quiero? Consciente de todo esto, debo preguntarme: ¿quién es Jesús para mí, qué significa en mi vida?

Para la reunión de grupo
- Muchas veces hemos entrado en la discusión de si lo importante es la fe o son las obras. ¿No sería mejor ser consciente de que son las dos caras de una misma moneda, que si bien es cierto que es la fe la que nos salva, como dice san Pablo, también es cierto que una fe sin obras significa que no hay realmente fe?
- Después de casi 500 años de separación y enfrentamiento hasta la excomunión y el cisma, las Iglesias Católica y Luteranas han acordado una intepretación conjunta por la que ambas opiniones son conciliables y las dos son verdaderas... ¿Qué reflexiones nos plantea este hecho histórico, que incluye tantos enfrentamientos, condenas, separación...?
- La pregunta la podría hacer también Jesús hoy en nuestro círculo de estudio o grupo de reflexión: ¿Quién dice la gente que soy yo? Respondamos a esa pregunta. Y también nos haría Jesús su segunda pregunta: ¿y ustedes mismos, quién dicen que soy yo? Compartamos también en el grupo la respuesta que cada uno de nosotros le daría.

Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que anuncie de palabra y, sobre todo, con las obras, que Jesús es el único Señor. Oremos.
- Por todos los cristianos, para que seamos fieles a la llamada que hemos recibido del Padre, aunque ello nos traiga las injurias e incomprensiones de la gente. Oremos.
- Por todos nosotros, para que nuestro seguimiento de Jesús sea el fruto de una decisión personal, libre y responsable. Oremos.
- Por todos los que sufren incomprensiones, persecución y calumnias a causa del evangelio, para que se mantengan fieles en su misión y en su amor a todos. Oremos.
- Por esta comunidad nuestra, para que sepa ver y valorar siempre la vida y la historia, las personas y las cosas con los ojos de Dios. Oremos.

Oración comunitaria
Escucha, Padre, nuestra oración, abre nuestros oídos para que sepamos escuchar siempre las continuas llamadas a la Justicia que Tú nos haces por medio de los pobres; abre nuestros ojos para que sepamos ver la miseria y el dolor de nuestro mundo, que nosotros tenemos que transformar en dignidad y esperanza; abre nuestros corazones para que sepamos ver a todas las personas como a tus hijos, nuestros hermanos y hermanas. Te lo pedimos por Jesucristo N.S.



 Lunes 14 de septiembre de 2009
 Exaltación de la Sta. Cruz (en algunos países iberoamericanos) - Imelda

 INICIO
Nm 21,4b-9: “Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados”
Sal 77: No olvidéis las acciones del Señor.:  
Jn 3,13-17: “Ha de ser levantado el Hijo del Hombre”

Estamos en la fiesta de la «Exaltación» de la Santa Cruz. Se trata de ese signo que identifica al cristianismo mundialmente, como la media luna identifica al islam o la estrella de seis puntas formada por dos triángulos equiláteros significa al judaísmo.

Dentro de la mentalidad mágica, la cruz ha tenido en la historia casi tanto valor como el Cristo que en ella fue crucificado. «La señal de la cruz» ha espantado al demonio, ha alejado las maldiciones, ha «persignado» a todos los devotos, ha sido trazada millones de veces en el aire derramando bendiciones benefactoras.

En la religiosidad popular, Cristo ha sido sobre todo el sufriente, el condenado, azotado, crucificado, varón de dolores, muerto entre sufrimientos insoportables. La cruz ha sido el signo del dolor, tanto del de Cristo como del universal. Para los cristianos, el sufrimiento de Cristo tiene referencia universal.

La inevitable dimensión dolorista de la cruz, hace que su «exaltación» no deje de implicar problemas. Algunos agentes de pastoral, con frecuencia, tratan de obviarlos evadiéndolos, no refiriéndolos, mirando hacia otra parte, hablando de otra cosa. No siempre este método evasivo es el mejor servicio que se puede hacer al pueblo cristiano. Creemos que es mejor afrontar los problemas de frente y ponerles nombre y límites. Es lo que vamos a tratar de hacer.

El primer gran peligro es esa misma «exaltación» de la cruz, por lo que pueda tener de exaltación del sufrimiento por el sufrimiento, como si tuviera un valor cristiano por sí mismo. Aún se conserva una imagen de Dios dolorista y amante del sufrimiento, que parece alegrarse cuando ve sufrir, o que sólo le da su gracia o su benevolencia al ser humano a cambio de sufrimiento. Muchas promesas, «mandas», de la religiosidad popular se hacen sobre ese esquema: yo me sacrifico, le ofrezco a Dios un daño que me hago a mí mismo, como «un pago dado a él a cambio del favor solicitado»… Este Dios ante el que lo que vale y lo que le agrada es el sufrimiento no es un Dios cristiano; la exaltación de una cruz que incluyera una imagen de Dios así no sería una exaltación cristiana.

Es un gravísimo problema esa teología que aún está ahí, según la cual Dios envió a su Hijo al mundo a sufrir, a sufrir horrorosamente (véase el texto de SESBOÜÉ que se propone más abajo), porque Él sería el único capaz de ofrecer una reparación infinita a la dignidad de Dios ofendida por el ser humano en un «pecado original» (que históricamente no tuvo lugar)... Sin fundamento real en el evangelio, esta teología apareció con el paso de los primeros siglos, y fue san Anselmo de Canterbury (siglo XI) quien le dio la configuración con que ha llegado hasta nosotros mismos en los catecismos infantiles. Es la visión clásica de la «redención», la muerte de Jesús en la cruz redentora, que «paga» con su sufrimiento al Padre para que éste acceda a restablecer el buen orden de sus relaciones con la Humanidad. Estrechamente unido a esta teología está el «sacrificio» de Cristo en la Cruz. Una teología que, por una parte, hoy día evidencia una imagen de Dios que resulta inaceptable. Por otra se trata de una teología que aún figura –inexplicablemente- en los documentos oficiales... Celebrar la Exaltación de la Santa Cruz sin abordar estos problemas puede ser más cómodo, pero no más sincero ni más provechoso o pedagógico.

La cruz de Cristo no debiera ser utilizada como símbolo de todo aquello que en nuestra vida humana hay de limitación estructural, de finitud natural. Esta es una dimensión natural de nuestra vida humana («las cruces de la vida»), y la cruz de Cristo no tiene nada de «natural», sino que todo lo tiene de «histórico». En la cruz de Cristo –si no queremos caer en mixtificaciones- no entran sus dificultades y limitaciones humanas, ni las nuestras: enfermedades, limitaciones, accidentes ni la mala suerte. Eso no es la cruz de Cristo, sino avatares y peculiaridades de la vida humana, que hay que saber llevar y sobrellevar con gracia y con buen talante.

La cruz de Cristo no fue un «designio de Dios», sino un designio muy humano. Jesús, por su parte, tampoco buscó la cruz: «Pase de mí este cáliz», y nunca deberá ser buscada la cruz, por sí misma, por parte de sus discípulos. Aquel «Ave Crux, Spes única!» («¡Salve, Cruz, esperanza única!») del adagio clásico, hay que tomarlo con muchas «cautelas» en la forma de entenderlo. Ni Dios, ni Cristo «aman la Cruz», ni nosotros debemos «amarla», sino, al contrario, debemos «combatirla». La tarea del cristiano, como la de Jesús, es combatir la cruz, liberar del sufrimiento al ser humano, «hacer todo el bien que se pueda», como decíamos comentando el evangelio del domingo pasado. Claro que, al luchar contra la cruz ocurre que se levanta la animosidad de los que están interesados egoísticamente en los mecanismos de opresión, personas y estructuras que impondrán una cruz sobre quienes luchan por liberar al ser humano de toda cruz. Otro adagio más moderno y más correcto dice: «Busca la Verdad, la Cruz ya te la pondrán». No hay que buscar la cruz, aunque no hay que retroceder un milímetro en la Verdad y en la lucha por la Justicia, por el miedo a la cruz que nos impondrán…

En definitiva, lo que necesitamos exaltar no es la cruz, sino el coraje de Jesús, que optó por el Reino y por el amor sin temor a la cruz que estaba seguro y previó que le iban a imponer. La exaltación de la fidelidad de Jesús a la Causa del Reino es el verdadero contenido de esta fiesta.

Algunas personas se asustan cuando se hacen estas relecturas críticas. Les parece una actitud negativista.... Prefieren que se hable sólo de lo positivo, y que lo demás quede sobreseído, como superado por el olvido… No compartimos esa opinión. Estamos en un momento de transición teológica, una transición que se hace lenta por causa precisamente de esa falta de sentido crítico en la teología y en la homilética. Si los predicadores (y los grupos de formación cristianos) asumieran como tarea habitual la de hacer la digestión crítica de todo el pensamiento que aún lastra al cristianismo, sin duda que estaríamos en condiciones de dialogar mejor con el mundo actual. Por otra parte, toda renovación del pensamiento y de la vida necesita de un momento de «deconstrucción», sin el cual, frecuentemente, no es posible una verdadera renovación.

Para la revisión de vida
- -¿Busco la verdad a toda costa, sin acobardarme ante la posibilidad de que me pongan la cruz?
-¿Acepto las cruces (históricas, no naturales) que ya cargo? (Enumerarlas, revisarlas pormenorizadamene ante mí mismo).
-Cristo, en su solidaridad con la humanidad, se "despoja" de su rango divino y toma la condición de esclavo. ¿Qué dice este gesto de Jesús a mi nivel de vida? ¿Hasta dónde llega mi solidaridad con los pobres? ¿De qué debo despojarme para ser solidario con la humanidad doliente?

Para la reunión de grupo
- Para este tema de la cruz, recomendamos especialmente:
- "¿Cómo predicar hoy la cruz de nuestro Señor Jesucristo?", de Leonardo Boff, en "Pasión de Cristo, pasión del mundo" (ediciones en Sal Terrae de España, Indoamerican Press de Bogotá 1978, traducción portuguesa en Vozes de Petrópolis 1977). Es un texto corto que se presta muy bien para una reunión de estudio o reflexión del grupo bíblico o de toda la comunidad. Disponible en http://www.servicioskoinonia.org/relat/217.htm
- Para tomar conciencia de las exageraciones que se han dicho en torno a este tema de la cruz en la historia del cristianismo, ver el estudio de SESBOÜÉ «Un florilegio sombrío», en http://www.servicioskoinonia.org/relat/333.htm

Para la oración de los fieles
- Por todos los hombres y mujeres que prolongan hoy la cruz de Jesús sufriendo la persecución por su compromiso con la verdad y por la Justicia, para que lleven esa misma cruz de Jesús, con esperanza firme en el triunfo de Su Causa, roguemos al Señor...
- Por nuestra comunidad, para que esté solícita en la preparación de un verdadero hogar, en el que Jesús pueda prolongar históricamente su lucha por la Verdad y el Amor en el mundo, roguemos al Señor...
- Por la mujer, que en la historia ha desempeñado su papel de verdadera discípula, sin realmente valorada ni reconocida, para que continuemos todos en la tarea de su promoción y liberación, roguemos al Señor...
- Para que el cristianismo siga avanzando y renovándose, a pesar de todas las dificultades, consciente de que Dios quiere ser visto y captado bajo nuevos esquemas, nuevas imágenes, nuevos modelos, roguemos al Señor…

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, otórganos el don de saber encontrar en el hoy de nuestra historia, el sentido profundo de nuestra misión cristiana, para que nos comprometamos con todo lo que implica ser fieles a tu proyecto en la sociedad en la que nos ha tocado vivir y construir tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.
Dios Padre y Madre, que en la vida, pasión y muerte de Jesús has realizado tu revelación máxima para el mundo, según nos asegura nuestra fe; te rogamos nos otorgues el don de saber redescubrir con ojos humildes todo lo que tú has continuado revelando en estos 2000 años de historia, dentro y fuera del cristianismo, para que la Palabra que pronunciaste en Jesús pueda ser compartida por todos los pueblos y religiones. Por Jesucristo nuestro Señor.
 

 

 Martes 15 de septiembre de 2009
 María de los Dolores

 INICIO
Heb 5, 7-9: “Se ha convertido en autor de salvación eterna”
Sal 30: Sálvame, Señor, por tu misericordia
Jn 19,25-27: “Ahí tienes a tu madre”

DDespués del largo y penoso viacrucis, el evangelista destaca la presencia de las mujeres junto a la cruz. ¿Dónde estaban los apóstoles o todos los hombres que lo seguían? ¿El miedo, la decepción, las dudas, los tenían lejos de la cruz? El evangelio de hoy es un reconocimiento a la mujer, compañera fiel y valiente en todos los caminos, sean de viacrucis o de resurrección. Sólo estaba presente el discípulo amado, quien junto a María, otro par de mujeres y Jesús, protagoniza este breve pero trascendental relato. La Madre de Jesús es mencionada seis veces, lo que demuestra su importancia y su rol protagónico. Jesús se refiere a ella con los títulos de mujer y de madre. Como Madre simboliza su maternidad espiritual en la Iglesia, y como mujer se convierte en discípula; y así simboliza a la Iglesia en su actitud discipular. El discípulo amado, como su nombre lo indica, representa a todos los creyentes que asumen el proyecto de Jesús desde el amor y el discipulado, y por tanto, a quienes aceptan en su casa y en su vida la misión de una Iglesia que anuncia el reino de Dios con su doble sentido mariano: maternal (tierno, fiel y valiente) y discipular.


 Miércoles 16 de septiembre de 2009
 Cornelio y Cipriano

 INICIO
1Tim 3,14-16: “Grande es el misterio que veneramos”
Sal 110: Grandes son las obras del Señor.
Lc 7,31-35: “La Sabiduría ha sido reconocida por sus discípulos”

El evangelio refleja la realidad humana, que se mueve entre la insensatez y la Sabiduría. Al igual como ocurre en la parábola de los niños que tocan y cantan en la plaza, la insensatez de esa generación rechazó a Juan, quien, a pesar de comportarse como un asceta, fue tildado de endemoniado. Y también rechazó a Jesús, porque vivía como uno más del pueblo y rompía los esquemas religiosos, políticos y sociales de su época: compartía con los pobres, curaba a los enfermos, comía con pecadores y publicanos, conversaba con mujeres y las aceptaba como discípulas, privilegiaba la vida por encima de la Ley o del sábado, cuestionaba la teología y la liturgia impuestas por fariseos y maestros de la Ley, etc. Por esto lo tildaron de comilón y borracho. Pero siempre hay un “resto” del pueblo que permanece en la Sabiduría de Dios y entiende con claridad la misión precursora de Juan y la misión liberadora-salvífica de Jesús. La Sabiduría se manifiesta en la capacidad de leer los signos de Dios en cada tiempo y lugar. Pidamos el don de la Sabiduría, para poder escuchar la Palabra de Dios, leer los signos de los tiempos y aplicarlos en nuestro diario vivir.


 Jueves 17 de septiembre de 2009
 Roberto Belarmino

 INICIO
1Tim 4,12-16: “Cuídate tú y cuida la enseñanza recibida”
Sal 110: Grandes son las obras del Señor.
Lc 7,36-50: “Se le han perdonado numerosos pecados”

El fariseo Simón admira a Jesús, pero sus esquemas rígidos de la Ley le impiden entender una de las dimensiones fundamentales de su propuesta: la misericordia. Y así no sólo descalifica a su invitado, sino también a la mujer. La juzga excluyéndola de toda posibilidad de cambiar y reorientar su vida. Es a todas luces contradictorio pretender estar con Jesús cuando al mismo tiempo se excluye al ser humano por razones morales, económicas, políticas o religiosas. La unción que efectúa la mujer sobre Jesús nos revela la triple dimensión de toda acción misericordiosa: perdón, conversión y agradecimiento por el perdón recibido. La parábola del acreedor y los dos deudores ratifica la íntima relación que debe existir entre el perdón de los pecados y la acción de gracias. Al que más se le perdona es porque tiene más pecados, pero también porque tiene un corazón abierto a la conversión y al agradecimiento.


 Viernes 18 de septiembre de 2009
 José de Cupertino - Juan Macías

 INICIO
1Tim 6,2c-12: “Tú,  hombre de Dios, practica la justicia”
Sal 48: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Lc 8,1-3: “Algunas mujeres acompañaban a Jesús”

Lucas es el evangelista que más destaca el papel de la mujer en la Iglesia primitiva. También será el que más claramente registre la presencia de mujeres en el grupo de Jesús, en su doble papel de seguidoras (discípulas) y colaboradoras (con sus bienes). Un discipulado mixto era algo insólito en el judaísmo. La mujer ocupaba en el campo social y religioso del judaísmo un lugar marginal y excluyente. Se dudaba incluso de su capacidad de aprender la Toráh (Biblia hebrea donde está escrita la ley mosaica). Pero esto no es sólo del judaísmo; en general todas las religiones y todas las sociedades tienen formatos discriminatorios de la mujer. Frente a esta discriminación en la sociedad y en la Iglesia se levanta el evangelio de Lucas para dejar en claro la posición incluyente y respetuosa de Jesús. La mujer no debe ocupar en la Iglesia un papel secundario; ellas han sido desde los comienzos de la Iglesia protagonistas de primer orden, como madres (Lc 1,26-38), discípulas (Hch 9,36), colaboradoras a nivel económico (Lc 8,3), animadoras de comunidades (Rom 16,3-5), profetisas (Lc 2,36), diaconisas (Rom 16,1-2), apóstoles (Rom 16,7), compañeras de viacrucis (Lc 23,27-28), testigos de la Resurrección (Lc 24,1-11) y, en Pentecostés, confirmadas por el Espíritu para la misión universal (Hch 1,14—2,4).



 Sábado 19 de septiembre de 2009
Jenaro

 INICIO
1Tim 6,13-16: “A él el honor y el poder por siempre. Amén”
Sal 99: Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Lc 8,4-15: “La semilla es la Palabra de Dios”

El contexto de la parábola del sembrador es de una evaluación del impacto que ha causado en la gente la Palabra de Jesús. Los resultados parecen confirmar que, como hoy, eran muchos los oyentes pero pocos los que “conservaban la Palabra en su corazón” y la ponían en práctica. Jesús, y los evangelizadores de todos los tiempos, soñamos con una Palabra que transforme la vida de todo el que la escuche. Pero la realidad muestra que no todos la reciben de igual forma. En esto la parábola es realista, pero al mismo tiempo esperanzadora, pues, aunque señala las dificultades del presente, deja abiertas las puertas para un futuro promisorio hasta llegar a producir el ciento por uno. Al interpretar la parábola no nos detengamos sólo en la clase de tierra apta para recibir la Palabra de Dios; también es importante profundizar sobre el sembrador; por ejemplo, qué clase de sembrador requiere el mundo de hoy. Pidamos a Dios que nos ayude a ser buenos sembradores, y al mismo tiempo tener un terreno bien abonado para acoger la Palabra, porque todo evangelizador debe estar abierto a ser evangelizado.