Domingo 16 agosto de 2009
20ª semana de tiempo ordinario. Ciclo B.
Esteban de Hungría - Roque
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Prov 9,1-6: “Coman de mi
pan”
Sal 33, 2-3.10-15: “A tus hijos
Señor, les preparas un banquete de fiesta”
Ef 5,15-20: “Dense cuenta de lo
que el Señor quiere”
Jn 6,51-58: “Yo lo resucitaré el
último día”
Esta primera lectura de hoy es como un anuncio de lo que Jesús,
sabiduría del Padre, va a decir en el evangelio que leemos en este domingo.
Jesús, Sabiduría encarnada, ha preparado para nosotros su banquete, ha mezclado
el vino, y ha puesto la mesa eucarística, y despacha a sus evangelizadores a
todos los sitios a invitar a las gentes a su Eucaristía. Y nos sigue diciendo a
todos nosotros: «vengan a comer mi pan». El pan y el vino que la sabiduría
ofrece, son el pan y el vino que nos ofrece Jesucristo, Sabiduría eterna, son su
Cuerpo y su Sangre. En estos pocos renglones es fácil descubrir la figura de
Cristo. La Sabiduría es figura y representación del Hijo de Dios. En el
evangelio de San Mateo (22,4) se leen unas palabras de Jesús muy parecidas a
estas: «»vengan, que mi banquete está preparado». Este banquete es para todos,
para sabios e ignorantes, para prudentes e imprudentes. Es lo que dirá San
Bernardo: «si eres imprudente, acércate al que es Fuente de toda Sabiduría, y El
te dará la prudencia que necesitas». Para algunos parece que la vida no nos
hubiera enseñado nada. Como que no somos capaces de sacar lecciones de nuestras
amargas experiencias. No saber sacar lecciones provechosas de las experiencias
de la vida es la «inexperiencia». La lectura de hoy nos invita a dejar la
inexperiencia y a adquirir la «prudencia», que es la virtud por medio de la cual
cuando tenemos que escoger entre dos cosas, escogemos la que mejor nos aproveche
para nuestra vida. Los entendidos dicen que por inexperiencia se entiende aquí
el no saber gobernar y dirigir la propia vida.
En la segunda lectura de hoy encontraremos una frase muy parecida a
esta que acabamos de comentar en el libro de los Proverbios, cuando la carta a
los Efesios nos invita a no ser insensatos, sino sensatos. Este texto distingue
tres exhortaciones. La primera se concreta en una doble llamada a aguzar la
inteligencia para orientar la propia vida como corresponde al momento especial
que se está viviendo y que, por el hecho mismo de poder vivirlo es de suyo el
mejor. Lo que debe preocupar al cristiano es en realidad saber en cada momento,
y en medio de la maldad dominante, qué es lo que Dios quiere realmente de él. La
segunda exhortación es concreta: no emborracharse. Refleja las llamadas de los
sabios a tener cuidado con el vino, pero también puede ser que se piense en los
cultos paganos a Dionisios, donde el vino era el medio para unirse más
estrechamente a la divinidad. Por último, la exhortación es a la alabanza, que
el creyente debe dirigir siempre a Dios Padre en nombre del Hijo y a impulsos
del Espíritu, y con sentimientos de gratitud por todos sus dones.
Juan desarrolla el tema de la «incomprensión» para adentrarnos de
forma didáctica en el conflicto entre los practicantes de la religión judía y
los cristianos. La eucaristía desató sospechas entre israelitas, romanos y
griegos. No podían entender como una comunidad de creyentes podían celebrar con
gozo y entusiasmo la muerte de su Señor y Maestro. Sin embargo, lo que en
realidad no entendían era el misterio pascual. Jesús había resucitado, superando
el cerco de una muerte violenta e injusta, y ahora vivía en medio de sus
seguidores. Él se había convertido en principio de vida para aquellos que yacían
inermes bajo la opresión de una religión agobiada por un sinnúmero de preceptos
o por una religión que adoraba al déspota de turno. La presencia de Jesús
liberaba a sus seguidores del caos informe de religiones mistéricas que
abundaban en el mundo antiguo y de las rígidas disposiciones de una religión
étnica.
Jesús era el pan vivo, bajado del cielo, para alimentar a una muchedumbre que
añoraba una vida de paz y plenitud. Para ellos la verdad no residía en un
sistema abstracto de proposiciones o en la adecuación lógica de la ideología a
la realidad. Para ellos la verdad era una praxis de vida que transformaba al ser
humano y lo habilitaba para vivir en comunión con sus congéneres y con el
universo.
El evangelio de este domingo no está dramatizado en ninguno de los 144
episodios de la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil. Pero puede
echarse mano de cualquiera de los que se refieren a la eucaristía, por ejemplo
los referidos a la última cena (109, 110 y 111), que pueden ser tomados de
http://www.untaljesus.net
Para la revisión de vida
- ¿Vivo la Eucaristía como un momento privilegiado de oración (por eclesial,
por comunitaria, por sacramental...)?
¿Digo yo, también, como Jesús, cada vez que «celebro» la Eucaristía: «tomen y
coman, que éste es mi cuerpo»? Para la reunión de grupo
- - Tomando como ayuda el Cuaderno Bíblico nº 37 sobre la eucaristía (La
eucaristía en la Biblia, 2ª edición, Editorial Verbo Divino, Estella, Navarra,
1983) revisa los relatos eucarísticos.
- Analiza detenidamente las liturgias de Jerusalén y de Antioquía.
- Completa tu reflexión investigando la Eucaristía en San Pablo (1Cor 10). Para la oración de los fieles
- Por la Santa Iglesia de Dios: porque encuentre en Cristo el modelo de su
presencia y de su acción en el mundo.
- Por los fieles difuntos: para que al haberse alimentado de la Eucaristía, sean
resucitados en el último día, cuando Jesús regrese en su gloria.
- Por los aquí presentes: para que nuestra participación en el eucaristía nos
ayude a comprometer nuestra vida al servicio de los hermanos. Oración comunitaria
Padre todopoderoso, que en Jesús nos has dado una luz maravillosa para ayudarnos
a realizar tu voluntad, nuestra plena humanización; ayúdanos a integrarla, como
es necesario, en el compromiso diario por la justicia, la verdad y la paz.
O bien:
Oh Dios, Padre nuestro, Madre nuestra: Tú quieres que nuestra Comunidad sea
ejemplo de fraternidad, de común-unión, de compartir, de vivir la eucaristía
como fuente y culmen de nuestra vida cristiana. Tú, que partes para nosotros y
repartes el pan y la palabra para alimentarnos y renovarnos, haznos cada día más
coherentes con nuestra propia Humanidad. Por Jesucristo N.S.
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