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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 16 al 22 de Agosto de 2009 
20ª semana de tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del 20º domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B el 19 de Agosto de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 16 agosto de 2009
 20ª semana de tiempo ordinario. Ciclo B.
 Esteban de Hungría - Roque

 INICIO

Prov 9,1-6:  “Coman de mi pan”
Sal 33, 2-3.10-15: “A tus hijos Señor, les preparas un banquete de fiesta”
Ef 5,15-20: “Dense cuenta de lo que el Señor quiere”
Jn 6,51-58: “Yo lo resucitaré el último día”

Esta primera lectura de hoy es como un anuncio de lo que Jesús, sabiduría del Padre, va a decir en el evangelio que leemos en este domingo. Jesús, Sabiduría encarnada, ha preparado para nosotros su banquete, ha mezclado el vino, y ha puesto la mesa eucarística, y despacha a sus evangelizadores a todos los sitios a invitar a las gentes a su Eucaristía. Y nos sigue diciendo a todos nosotros: «vengan a comer mi pan». El pan y el vino que la sabiduría ofrece, son el pan y el vino que nos ofrece Jesucristo, Sabiduría eterna, son su Cuerpo y su Sangre. En estos pocos renglones es fácil descubrir la figura de Cristo. La Sabiduría es figura y representación del Hijo de Dios. En el evangelio de San Mateo (22,4) se leen unas palabras de Jesús muy parecidas a estas: «»vengan, que mi banquete está preparado». Este banquete es para todos, para sabios e ignorantes, para prudentes e imprudentes. Es lo que dirá San Bernardo: «si eres imprudente, acércate al que es Fuente de toda Sabiduría, y El te dará la prudencia que necesitas». Para algunos parece que la vida no nos hubiera enseñado nada. Como que no somos capaces de sacar lecciones de nuestras amargas experiencias. No saber sacar lecciones provechosas de las experiencias de la vida es la «inexperiencia». La lectura de hoy nos invita a dejar la inexperiencia y a adquirir la «prudencia», que es la virtud por medio de la cual cuando tenemos que escoger entre dos cosas, escogemos la que mejor nos aproveche para nuestra vida. Los entendidos dicen que por inexperiencia se entiende aquí el no saber gobernar y dirigir la propia vida.

En la segunda lectura de hoy encontraremos una frase muy parecida a esta que acabamos de comentar en el libro de los Proverbios, cuando la carta a los Efesios nos invita a no ser insensatos, sino sensatos. Este texto distingue tres exhortaciones. La primera se concreta en una doble llamada a aguzar la inteligencia para orientar la propia vida como corresponde al momento especial que se está viviendo y que, por el hecho mismo de poder vivirlo es de suyo el mejor. Lo que debe preocupar al cristiano es en realidad saber en cada momento, y en medio de la maldad dominante, qué es lo que Dios quiere realmente de él. La segunda exhortación es concreta: no emborracharse. Refleja las llamadas de los sabios a tener cuidado con el vino, pero también puede ser que se piense en los cultos paganos a Dionisios, donde el vino era el medio para unirse más estrechamente a la divinidad. Por último, la exhortación es a la alabanza, que el creyente debe dirigir siempre a Dios Padre en nombre del Hijo y a impulsos del Espíritu, y con sentimientos de gratitud por todos sus dones.

Juan desarrolla el tema de la «incomprensión» para adentrarnos de forma didáctica en el conflicto entre los practicantes de la religión judía y los cristianos. La eucaristía desató sospechas entre israelitas, romanos y griegos. No podían entender como una comunidad de creyentes podían celebrar con gozo y entusiasmo la muerte de su Señor y Maestro. Sin embargo, lo que en realidad no entendían era el misterio pascual. Jesús había resucitado, superando el cerco de una muerte violenta e injusta, y ahora vivía en medio de sus seguidores. Él se había convertido en principio de vida para aquellos que yacían inermes bajo la opresión de una religión agobiada por un sinnúmero de preceptos o por una religión que adoraba al déspota de turno. La presencia de Jesús liberaba a sus seguidores del caos informe de religiones mistéricas que abundaban en el mundo antiguo y de las rígidas disposiciones de una religión étnica.

Jesús era el pan vivo, bajado del cielo, para alimentar a una muchedumbre que añoraba una vida de paz y plenitud. Para ellos la verdad no residía en un sistema abstracto de proposiciones o en la adecuación lógica de la ideología a la realidad. Para ellos la verdad era una praxis de vida que transformaba al ser humano y lo habilitaba para vivir en comunión con sus congéneres y con el universo.

El evangelio de este domingo no está dramatizado en ninguno de los 144 episodios de la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil. Pero puede echarse mano de cualquiera de los que se refieren a la eucaristía, por ejemplo los referidos a la última cena (109, 110 y 111), que pueden ser tomados de http://www.untaljesus.net

Para la revisión de vida
- ¿Vivo la Eucaristía como un momento privilegiado de oración (por eclesial, por comunitaria, por sacramental...)?
¿Digo yo, también, como Jesús, cada vez que «celebro» la Eucaristía: «tomen y coman, que éste es mi cuerpo»?

Para la reunión de grupo
- - Tomando como ayuda el Cuaderno Bíblico nº 37 sobre la eucaristía (La eucaristía en la Biblia, 2ª edición, Editorial Verbo Divino, Estella, Navarra, 1983) revisa los relatos eucarísticos.
- Analiza detenidamente las liturgias de Jerusalén y de Antioquía.
- Completa tu reflexión investigando la Eucaristía en San Pablo (1Cor 10).

Para la oración de los fieles
- Por la Santa Iglesia de Dios: porque encuentre en Cristo el modelo de su presencia y de su acción en el mundo.
- Por los fieles difuntos: para que al haberse alimentado de la Eucaristía, sean resucitados en el último día, cuando Jesús regrese en su gloria.
- Por los aquí presentes: para que nuestra participación en el eucaristía nos ayude a comprometer nuestra vida al servicio de los hermanos.

Oración comunitaria
Padre todopoderoso, que en Jesús nos has dado una luz maravillosa para ayudarnos a realizar tu voluntad, nuestra plena humanización; ayúdanos a integrarla, como es necesario, en el compromiso diario por la justicia, la verdad y la paz.
O bien:
Oh Dios, Padre nuestro, Madre nuestra: Tú quieres que nuestra Comunidad sea ejemplo de fraternidad, de común-unión, de compartir, de vivir la eucaristía como fuente y culmen de nuestra vida cristiana. Tú, que partes para nosotros y repartes el pan y la palabra para alimentarnos y renovarnos, haznos cada día más coherentes con nuestra propia Humanidad. Por Jesucristo N.S.
 



 Lunes 17 agosto de 2009
Jacinto

 INICIO
Jue 2,11-19: “El Señor hacía surgir jueces”
Sal 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
Mt 19,16-22: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos

Jesús desenmascara la falsa seguridad que proporcionan los bienes materiales. Queda en claro que el don del seguimiento de Jesús no es compatible con el apego a los bienes de este mundo.

Para nuestro caso, es ya bien conocido y comprobado que capital y cristianismo no son compatibles; total y absolutamente. Sin embargo, en nuestro contexto mundial ambos conviven “admirablemente”. ¡Cuánto tiene de capitalista nuestra Iglesia! Y ¿cómo lo hace compatible? Si Jesús viniera hoy, ¿qué diría de esa unión? ¿No experimentamos también cierta tristeza al volver sobre esta sentencia de Jesús? De verdad nuestras iglesias, con la mano en el corazón, deberíamos apropiarnos de esta sugerencia de Jesús, vender todo, ponerlo al servicio de los empobrecidos y, ahora sí, despojadas de todo, comenzar de verdad el camino del seguimiento.

Este pasaje ha tenido a lo largo de la historia del cristianismo muchísimas formas de abordaje, y ha inspirado modos radicales de vida. Recordemos, entre otros, a los antiguos anacoretas, a los legendarios padres del desierto. Recordemos a san Francisco de Asís y sus compañeros, y, en fin, a tantas figuras que, abandonándolo todo, decidieron asumir un estilo de vida en el más absoluto despojo. Aquí se inspira, además, el consejo evangélico de la pobreza, que ciertamente no es para todos.


 Martes 18 agosto de 2009
 Alberto Hurtado (chileno) - Elena

 INICIO
Jue 6,11-24a: Gedeón, salva a Israel. Yo te envío
Sal 84: El Señor anuncia la paz a su pueblo.
Mt 19,23-30: “Para Dios todo es posible”

Los discípulos reclaman cuál será la paga de su desprendimiento, puesto que ellos lo han abandonado todo por seguir al Maestro. Para ellos Jesús ofrece la garantía de obtener mucho más de lo que dejaron; para el que de verdad lo principal sea la instauración del reino y su justicia, habrá abundancia sin límite.

¿Podremos confiar hoy en esta enseñanza de Jesús? Claro que sí. En una sociedad como la nuestra, el mensaje de Jesús tiene que resonar con mayor intensidad; quienes por profesión somos servidores del Evangelio, pero también nuestras estructuras de Iglesia, tenemos que dejar el miedo para anunciar con mayor fuerza el evangelio del reino. Es que muchas veces nos contentamos con anunciar a los empobrecidos que la situación que viven no es la que Dios quiere para ellos, que Dios los ama y ha hecho opción radical por ellos… Pero no nos atrevemos a denunciar ante los acaparadores y codiciosos ese mismo plan de Dios; no nos atrevemos a explicitar con valentía cuál es la posición de Jesús ante los que han hecho de los bienes materiales su dios. Y eso ha traído consecuencias muy negativas tanto para los ricos como para los empobrecidos.



 Miércoles 19 agosto de 2009
 Juan Eudes - Mariano

 INICIO
Jue 9,6-15:  “El Señor es su rey”
Sal 20: Señor, el rey se alegra por tu fuerza.
Mt 20,1-16: “Vayan también ustedes a mi viña”

Con la parábola del viñador generoso, Jesús está echando por tierra aquella falsa imagen de Dios que el legalismo judío había ido imponiendo a los creyentes. Para Jesús, la auténtica relación con Dios está basada en el amor generoso, sin límites. Desde la óptica farisea o legalista, el comportamiento del dueño de la viña es injusto, porque no pagó más a los que trabajaron más. Desde la óptica de Jesús, la cuestión no se define por el valor de las obras, sino por la gracia del Padre, que da y se dona sin mirar los “méritos” personales.

Ambientada en la comunidad de Mateo, la parábola refleja la resistencia de los primeros miembros a aceptar que los nuevos estuvieran en el mismo plano de igualdad que ellos delante de Dios.

Si nos fijamos bien, este modo de pensar aún está presente en nuestras comunidades; y quizás muchos de nosotros pensamos así. Todavía no nos “resignamos” a aceptar que el amor generoso del Padre no se detiene a medir la cantidad del tiempo, sino que otorga su gracia abundante a sus hijos e hijas por más tarde que hayan entrado a conocerlo y a trabajar en su obra.


 Jueves 20 agosto de 2009
 Bernardo

 INICIO
Jue 11,29-39a: Jefté cumplió su voto: sacrificó a su única hija
Sal 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Mt 22,1-14: “Son muchos los invitados, pero pocos los elegidos”

Jesús ofrece su banquete a todos por igual; muchos acuden gozosos a compartir la mesa de la justicia que él ofrece; sin embargo, no todos han asumido que esta invitación, aunque gratuita, comporta ciertas exigencias: no se puede entrar a la sala del banquete sin un cambio de actitudes; no se puede pertenecer a la membresía de quienes están inaugurando la instauración del reino, y mantenerse al mismo tiempo en la misma categoría de oprimido u opresor. Esa persona sin traje adecuado, que obviamente designa un colectivo o bien una actitud, desentona en la comunidad de quienes han aceptado la propuesta de Jesús, porque pone en peligro el avance de las nuevas relaciones que genera la aceptación de Jesús y su evangelio. No hay, entonces, un comportamiento contradictorio por parte del rey; la contradicción está en el invitado que asume la invitación sin esforzarse por poner de su parte renunciando al viejo modelo de una vida de opresión, para ser moldeado por el nuevo modelo que genera la realidad del reino instaurado por Jesús. La parábola nos cuestiona: ¿qué deberíamos hacer en respuesta a la invitación al reino?


 Viernes 21 agosto de 2009
 Pío X, papa - Graciela

 INICIO
Rut 1,1.3-6.14b-16.22: “Tu pueblo será el mío, tu Dios será mi Dios”
Sal 145: Alaba, alma mía, al Señor.
Mt 22,34-40: “Amarás a Dios, y al prójimo como a ti mismo”

Jesús ha dejado sin palabras a los saduceos, y los fariseos creen ahora que ellos sí podrán hacerlo callar. Por lo menos se sienten a punto de poner en entredicho el valor de sus enseñanzas; y para ello utilizan su instrumento más querido: la Ley.

Al responder a sus adversarios, Jesús rescata el verdadero sentido de la Ley; pero al mismo tiempo rescata al ser humano, a la persona, que no puede estar por debajo de ninguna ley. Ya él mismo lo había expresado: “no se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”; para decir con ello que el ser humano tiene que estar por encima de todo orden y de toda ley. De este modo, Jesús combina Deuteronomio 6,5 con Levítico 19,18 , donde Dios y el prójimo se convierten en el eje fundamental de toda experiencia histórica de humanización.

Sería bueno revisar en nuestro contexto actual ese binomio persona-ley; orden-sociedad. Con la mano en el corazón debemos reconocer que muchas veces, por hacer valer un precepto o un mandato, se nos olvida quién está en el centro de toda preocupación y de todo orden: el ser humano tal como Jesús lo concibe.


 Sábado 22 agosto de 2009
 María Reina

 INICIO
Rut 2,1-3.8-11;4,13-17: “Dios te ha dado quien responda por ti”
Sal 127: Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Mt 23,1-12: “Los letrados y fariseos dicen, pero no hacen”

Hagan lo que ellos digan, pero no imiten lo que ellos hacen”. El auténtico maestro es el que refrenda con sus actitudes y valores lo que enseña. Recordemos que nos hallamos, según la narrativa de Mateo, en el cuarto discurso de Jesús, llamado “discurso a la comunidad”. Así tiene que actuar el grupo de creyentes, la comunidad cristiana: vigilante a que la función de guía o líder no se convierta en una instancia de dominación. El guía es quien debe ir adelante, pero refrendando con su testimonio de vida las enseñanzas que imparte a sus hermanos y la marcha de la comunidad.

En ésta no debe haber unos más “altos” que otros. Al parecer, en la comunidad primitiva los dirigentes empezaron a introducir rápidamente los modelos de organización jerárquica del judaísmo, haciéndose llamar “maestros” o “padres”. Ahora bien, el problema no es que el guía sea llamado maestro o padre, sino que con esa base empiece a exigir un trato diferente por parte de los demás, lo que abre brechas discriminatorias en una comunidad que está llamada a dar testimonio de fraternidad e igualdad, y donde los liderazgos deben traducirse en servicio, conforme al auténtico reino querido por Jesús (véase Jn 13,2-17).