Domingo 21 de junio de 2009
12º domingo de tiempo ordinario
Luis Gonzaga
INICIO
Job 38,1.8-11: “Aquí se romperá la
arrogancia de tus olas”
Sal 106: “Dad gracias al Señor,
porque es eterna su misericordia”
2Cor 5,14-17: “Lo antiguo ha
pasado, lo nuevo ha comenzado”
Mc 4,35-40: Hasta el viento y el
lago le obedecen
En la primera lectura vemos cómo el Señor le contesta a Job desde un
torbellino, una forma muy común en el Antiguo Testamento para las apariciones de
Dios. Le muestra lo que el Señor es capaz de hacer por el ser humano, hasta
frenar el mar para que no irrumpa contra él. Las comunidades cristianas crecen
en medio de dificultades y conflictos. Se encuentran asediadas por muchas
amenazas internas y externas. Son como una pequeña barca navegando en altamar,
en aguas turbulentas. Cunde la desesperación y el desencanto. Job es el símbolo
de la paciencia y la resistencia. Se siente asediado por todas partes. Dios lo
interpela haciéndole caer en cuenta de que él es el Señor de la historia. Las
dificultades de la vida no podrán derrotar a quien pone toda su confianza en
Dios.
En La carta a los Corintios se nos expone la nueva humanidad que a través de
la muerte de Cristo recobra la vida plena. Cristo murió por todos para que todos
tengamos vida por medio de él. El amor de Cristo ha sido tan grande que nos ha
rescatado de la muerte y de la esclavitud del pecado, y nos ha hecho partícipes
de la vida nueva. Lo antiguo ha sido superado por la muerte y resurrección del
Señor.
En el evangelio, el llamado relato de la tempestad presenta las dificultades
por las que atravesaba la Iglesia primitiva en el contexto del imperio romano.
El mar es símbolo de peligro; es una amenaza para quienes viven cerca de él,
porque saben que por ahí vienen los perseguidores. La comunidad es esa pequeña
nave que navega a la deriva. La fe de muchos naufraga ante las amenazas y las
presiones del medio. Entonces es cuando hay que recordar que Jesús no ha
abandonado la barca. El navega con ellos. Es capaz de derrotar la tempestad. La
certeza de la presencia de Jesús fortalece la frágil fe de la comunidad.
Nos sentimos amenazados de muchas formas. La injusticia, la violencia y la
corrupción por una parte; el consumismo, el relativismo y el sensualismo por
otra. Sentimos la tentación de ceder. Fácilmente caemos en el pesimismo y la
resignación. Desistimos de todo esfuerzo y dejamos que la historia empuje la
barca a su propio viento. El ambiente nos ahoga y nos sentimos perdidos,
desorientados o perplejos. Las palabras de Pablo resultan alentadoras: Cristo
murió y resucitó; con él hemos muerto nosotros, y tenemos la firme esperanza de
participar en su resurrección. Sólo la certeza de que Jesús camina con nosotros
nos puede ayudar a vencer los miedos y las incertidumbres y a “remar mar
adentro, hacia aguas profundas”.
Temas clásicos relacionados con este tipo de milagros de Jesús, centrados en
la acción sobre la naturaleza, que tal vez ya perdieron su aliciente, son los de
la posibilidad misma del milagro, las relaciones entre Dios y la naturaleza, y
el tema de la oración de petición, cuando la petición se centra en una acción
sobre la naturaleza. Formulamos estos temas en el apartado «para la reunión de
grupo»
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 39 de la serie «Un tal
Jesús», titulado «Una tormenta en el lago», de los hnos. López Vigil. El guión y
su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200039
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap39b.mp3
En la serie «Otro Dios es posible», también de los hermanos López Vigil, el
capítulo («entrevista») 31 se titula «¿Dios hace milagros?». El audio puede ser
escuchado o recogido aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=130 El guión aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130031 y una guía o texto
complementario, aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/guia.php?id=131031
Para la revisión de vida
- Con frecuencia entendemos el amor que nuestra fe nos pide como una
cuestión de sentimientos; pero, de ser así, ¿cómo entender el amor al enemigo,
que nos pide Jesús? El amor cristiano no es tanto un sentimiento del corazón
como una actitud de vida ante el prójimo, sea amigo o enemigo. ¿Cómo muestro yo
mi amor a Dios y al prójimo, con sentimentalismos o, como Él nos dice,
cumpliendo su voluntad?; ¿vivo mi fe como un «asunto del corazón» o como un
asunto de mi vida entera?; ¿recuerdo y vivo aquello de «obras son amores y no
buenas razones»? Para la reunión de grupo
- Tres preguntas graduales:
- Un primer tema digno de afrontar y estudiar es el de la historicidad de los
«textos» neotestamentarios que nos narran milagros como éste del Evangelio de
hoy. ¿Son textos históricos? ¿Son simbólicos? ¿Las dos cosas?
- Otra cuestión es la posibilidad misma de los «milagros en la naturaleza» (no
ya los narrados por los evangelios, sino todos): ¿es posible el milagro como
interrupción divina de las leyes naturales? No se pregunta si Dios «tiene más
fuerza que los elementos naturales»... sino «si es concebible que Dios
intervenga»... ¿Cómo lo vemos?
- Una tercera cuestión es la de la «oración de petición»: ¿Podemos pedirle a
Dios un milagro? ¿Tiene sentido? ¿Puede ser que alguien crea que no tiene
sentido, y que no sea porque le falte fe, sino porque cree en otro tipo de
relación entre Dios y la realidad? Expliquémonos. Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que siempre sea consciente de que su vida no está en sus
normas e instituciones sino en dejarse llegar por el Espíritu, y no se anuncie a
sí misma sino el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
- Por todos los creyentes, para que sintamos siempre el gozo y la alegría de
haber recibido la Buena Noticia y sintamos también el impulso de anunciarla a
los demás. Roguemos al Señor.
- Por todos los que ya no esperan nada ni de Dios ni de los seres humanos, para
que nuestro testimonio les abra una puerta a la esperanza. Roguemos al Señor.
- Por los jóvenes, esperanza del mundo del mañana, para que se preparen a
construir un mundo mejor, más solidario, más justo y más fraterno. Roguemos al
Señor.
- Por todos los pobres del mundo, para que con nuestra fraternidad solidaria,
seamos causa real de su esperanza en verse libres de sus limitaciones. Roguemos
al Señor.
- Por todos nosotros, para que formemos una verdadera comunidad en la que se
alimente nuestra fe y nuestra esperanza, de modo que podamos transmitir nuestro
amor a los demás. Roguemos al Señor. Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que en Jesús de Nazaret, nuestro hermano, has hecho renacer
nuestra esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva; te pedimos que nos hagas
apasionados seguidores de su Causa, de modo que sepamos transmitir a nuestros
hermanos, con la palabra y con las obras, las razones de la esperanza que nos
sostiene. Por Jesucristo.
|