Domingo 14 de junio de 2009
Solemnidad del Cuerpo de Cristo
11ª Semana de Tiempo ordinario
Eliseo
INICIO
Éx 24,3-8: “Esta es la sangre de
la alianza que hace el Señor con ustedes”
Sal 115, 12-13.15-18: Alzaré la
copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
Hb 9,11-15: “La sangre de Cristo
podrá purificar la conciencia”
Mc 14,12-16.22-26: “Esto es mi
cuerpo, ésta es mi sangre”
Situada entre dos mares, con sus dos puertos, Corinto era el centro más
importante del archipiélago griego, encrucijada de culturas y razas, a mitad de
camino entre Oriente y Occidente.
Su población estaba compuesta por doscientos mil hombres libres y
cuatrocientos mil esclavos. Dicen que Corinto tenía ocho kms. de recinto
amurallado, veintitrés templos, cinco supermercados, una plaza central y dos
teatros, uno de ellos capaz para veintidós mil espectadores. En Corinto se daban
cita los vicios típicos de los grandes puertos. La ociosidad de los marineros y
la afluencia de turistas, llegados de todas partes, la habían convertido en una
especie de capital de «Las Vegas» del Mundo Mediterráneo. "Vivir como un
corintio" era sinónimo de depravación; "corintia", el término universalmente
empleado para designar a las prostitutas, y ya puede uno imaginarse lo que
significaba "corintizar".
En Corinto, cuya población era muy heterogénea (griegos, romanos, judíos y
orientales) se veneraban todos los dioses del Panteón griego. Sobre todos,
Afrodita, cuyo templo estaba asistido por mil prostitutas.
Hacia el año 50 de nuestra era llegó a esta ciudad Pablo de Tarso. Tras
predicar el Evangelio fundó una comunidad cristiana. Durante dieciocho meses
permaneció como animador de la misma. Sus feligreses pertenecían a las clases
populares (pobres y esclavos), pero también los había de entre la gente notable,
por su cultura y por su dinero. Nació así una de las comunidades cristianas
primitivas más conflictivas.
Cuando Pablo, por exigencias de su trabajo misionero, se marchó de Corinto,
se declaró en su seno una verdadera lucha de clases que se manifestaba
vergonzosamente en la celebración de la Eucaristía. Los nuevos cristianos, ricos
y pobres, libres y esclavos, convivían, pero no compartían; eran insolidarios. A
la hora de celebrar la Eucaristía (por aquel entonces se trataba simplemente de
comer juntos recordando a Jesús) se reunían todos, pero cada uno formaba un
grupo con los de su clase social, de modo que "mientras unos pasaban hambre, los
otros se emborrachaban" (1 Cor 11,l7ss). (¡Qué actual es todo esto!).
Desde Efeso, Pablo les dirigió una dura carta para recordarles qué era
aquello de la Eucaristía, lo que Jesús hizo la noche antes de ser entregado a la
muerte cuando, «mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo
partió y se lo dio a ellos, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo. 23Y, tomando una
copa, pronunció la acción de gracias, se la pasó y todos bebieron. 24Y les dijo:
Esto es la sangre de la alianza mía que se derrama por todos»
Poco hemos entendido estas palabras los católicos. La teología concluyó que
lo que Jesús mandó fue ir a misa y comulgar, un rito que en nada complica la
vida. Rito que no sirve para nada si, antes de misa, no se toma el pan -símbolo
de nuestra persona, nuestros bienes, nuestra vida entera- y se parte, como
Jesús, para repartirlo y compartirlo con los que son nuestros prójimos
cotidianos.
[Impresiona visitar las iglesias y comprobar la diversidad de clases sociales
que alojan. Todas tienen cabida en ellas, sin que se les exija nada a cambio. El
rico entra rico, y el pobre, si entra, sale igual. En circunstancias similares a
las que concurren en muchas misas dominicales, Pablo dijo a los feligreses de
Corinto: "Es imposible comer así la cena del Señor". Dicho de otro modo, "así no
vale la eucaristía", pues la cena del Señor iguala a todos los comensales en la
vida, y comulgar exige, para que el rito no sea una farsa, partir, repartir y
compartir.
La lucha de clases, como en Corinto, se ha instalado en nuestras eucaristías.
Y donde ésta existe no puede ni debe celebrarse la cena del Señor. Los
israelitas en el desierto comprendieron bien que la alianza entre Dios y el
pueblo los comprometía a cumplir lo que dice el Señor, sus mandamientos. Jesús,
antes de partir, celebra la nueva alianza con su pueblo y le deja un único
mandamiento, el del amor sin fronteras. Éste es el requisito para celebrar la
eucaristía: acabar con todo signo de división y desigualdad entre los que la
celebran].
Habrá que recuperar, por tanto, el significado profundo del rito que Jesús
realiza. «La sangre que se derrama por ustedes» significa la muerte violenta que
Jesús habría de padecer como expresión de su amor al ser humano; «beber de la
copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él
a dar la vida, si fuese necesario, por los otros. Y esto es lo que se expresa en
la eucaristía; ésta es la nueva alianza, un compromiso de amor a los demás hasta
la muerte. Quien no entiende así la eucaristía, se ha quedado en un puro rito
que para nada sirve.
Una mala interpretación de las palabras de Jesús han identificado el pan con
su cuerpo y el vino con su sangre, llegándose a hablar del milagro de la
«transustanciación o conversión del pan en el cuerpo y del vino en la sangre de
Cristo». Los teólogos, por lo demás, se las ven y se las desean para explicar
este misterio. Como si esto fuera lo importante de aquel rito inicial. El
significado de aquellas palabras es bien diferente: «En la cena, Jesús ofrece el
pan («tomad) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en
gr. soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y
actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a
asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida;
él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el
pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. El evangelista
no indica que los discípulos coman el pan, pues todavía no se han asimilado a
Jesús, no han digerido su forma de ser y de vivir, haciéndola vida de sus vidas.
Al contrario que el pan, Jesús da la copa sin decir nada y, en cambio, se afirma
explícitamente que «todos bebieron de ella». Después de darla a beber, Jesús
dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». La sangre
que se derrama significa la muerte violenta o, mejor, la persona en cuanto sufre
tal género de muerte. «Beber de la copa» significa, por tanto, aceptar la muerte
de Jesús y comprometerse, como él, a no desistir de la actividad salvadora
(representada por el pan) por temor ni siquiera a la muerte. «Comer el pan» y
«beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la
vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien
sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado
de la eucaristía. Tal vez nosotros la hayamos reducido al misterio, por lo demás
bastante difícil de entender y explicar, de la conversión del pan y del vino en
el cuerpo y la sangre de Cristo.
"Mi Cuerpo es Comida"
Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,
El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.
Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.
(Pedro Casaldáliga)
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 110 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de
aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500110
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap110b.mp3
La serie «Otro Dios es posible» de los mismos hermanos López Vigil, incluye
un capítulo (una «entrevista») titulado «¿El Cuerpo y la Sangre de Cristo?». El
audio puede ser encontrado en esta página:
http://www.emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=160 El guión aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=160064 Un comentario
pedagógico aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/guia.php?id=161064
Para la revisión de vida
- ¿Digo yo también, por dentro, al participar en la eucaristía, desde mi más
honda opción: "tomad y comed, éste es mi cuerpo...", poniéndome en disposición
de dejarme comer por el servicio a mis hermanos?
¿Es mi vida realmente un "compartir"?
¿Estoy sentado, participo en alguno de los "grupos de cincuenta" para
reflexionar qué hacer frente al hambre del pueblo? Para la reunión de grupo
- ¿Digo yo también, por dentro, al participar en la eucaristía, desde mi más
honda opción: "tomad y comed, éste es mi cuerpo...", poniéndome en disposición
de dejarme comer por el servicio a mis hermanos?
¿Es mi vida realmente un "compartir"?
¿Estoy sentado, participo en alguno de los "grupos de cincuenta" para
reflexionar qué hacer frente al hambre del pueblo? Para la oración de los fieles
- Por los 200 millones de niños menores de cinco años que están desnutridos; por
los 11 millones de niños que mueren al año por desnutrición...
- Por nuestras "eu-caristías", para que sean realmente una acción de gracias,
una fiesta, una auténtica celebración...
- Para que la liturgia de nuestra Iglesia se despoje de todo hermetismo
hierático, acoja los símbolos de los pueblos, se inculture, asuma nuestras
vidas, con sus problemas, sus esperanzas y todas sus riquezas culturales y
espirituales...
- Por todos los niños y niñas que en este día, en muchas iglesias locales,
celebran su "primera comunión", su primera participación formal en la
eucaristía: para que esa "primera" comunión no sea la última, ni sea demasiado
distanciada su participación en la comunidad... Oración comunitaria
Señor Jesús, que partiste y repartiste tu pan, tu vino, tu cuerpo y tu sangre,
durante toda tu vida, y en la víspera de tu muerte lo hiciste también
simbólicamente; te pedimos que cada vez que nosotros lo hagamos también "en
memoria tuya" renovemos nuestra decisión de seguir partiendo y repartiendo, como
tú, en la vida diaria, nuestro pan y nuestro vino, nuestro cuerpo y nuestra
sangre, todo lo que somos y poseemos. Te lo pedimos a ti, que nos diste ejemplo
para que nosotros hagamos lo mismo, Jesucristo, Nuestro Señor.
|