Domingo 7 de junio de 2009
Santísima Trinidad
10ª Semana de Tiempo ordinario
Claudio
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Dt 4,32-34.39-40: “El Señor es el
único Dios; no hay otro”
Sal 32, 4-6.9.18-20.22: Dichoso el
pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Rom 8,14-17: “El Espíritu nos hace
gritar: "¡Abba! (¡Padre!)”
Mt 28,16-20: “Hagan discípulos
entre todos los pueblos”
Esto de la Trinidad, tal y como lo han predicado, suena a «música celestial».
Es un misterio, se ha dicho; no hay quien lo entienda. Al fin y al cabo, por
mucho que nos esforcemos, nunca vamos a poder desvelarlo. «Un sólo Dios y tres
personas distintas. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es
Dios. Tres personas distintas y un solo Dios verdadero».
Cuando para la mayoría de los cristianos el misterio de la Trinidad está
entre paréntesis, hablar ahora de ella y de sus implicaciones en la vida
ciudadana puede parecer el colmo de la paradoja. Pero, a pesar de ello, vamos a
intentarlo porque, si creemos que estamos hechos a imagen de Dios, nos debe
preocupar conocer su verdadero rostro para entender el nuestro.
Las ideas que tenemos de Dios, por regla general, no son demasiado
cristianas, digámoslo abiertamente. Se han infiltrado en el cristianismo cuando
éste se sumergió en la cultura griega. En el mejor de los casos son herencia del
judaísmo.
Para unos Dios es "ese algo que mueve todo esto por ahí arriba", «el
principio y fin de todo», el "motor inmóvil" de Aristóteles, o aquello de la
"inteligencia creadora" que apunta Platón. Para otros, Dios es un ser personal,
alguien, pero implacable, irascible, celoso, vengativo, justiciero, aguafiestas,
tapahuecos, inmóvil, impasible... Imágenes de un Dios cancelado por Jesús hace
veintiún siglos. Dios no es así.
Dios no es algo, sino alguien. Nos lo dijo Jesús: "Cuando oréis decid:
Padre..." (en arameo, la lengua de Jesús: «abbá»). Que a Dios se le llamaba
«padre» estaba dicho y descubierto muchos siglos antes de Jesús. En oraciones
sumerias como el Himno de Ur a Sin, dios lunar, el orante lo invoca como "Padre
magnánimo y misericordioso en cuya mano está la vida de la nación entera". Pero
parece que se había olvidado.
Hoy que está en crisis la imagen del padre, que hay crisis de autoridad,
¿debemos seguir hablando de Dios como Padre? ¿No será contraproducente? ¿Qué
clase de padre es Dios?
Dios, el Dios de Jesús, es padre, pero no paternalista ni autoritario. En
esto radica la crisis de autoridad que atravesamos. Juan dice en su Evangelio:
"El padre y yo somos una misma cosa" y Jesús dice a su Padre: "Yo sé que siempre
me escuchas". La primacía del Padre en la Trinidad no se ejerce en menosprecio o
anulación del Hijo, sino con una autoridad que resulta paradójica: "El Padre ama
al Hijo y lo ha puesto todo en sus manos". Confianza y entrega plena es el clima
de las relaciones entre Padre e Hijo.
Dios es también Hijo (palabra que proviene del latin "filius" y ésta de "filum",
hilo). Dicho de otro modo, Dios es dependiente. En toda familia, el hijo depende
al nacer de los padres, pero, para subsistir como persona, tiene que cortar el
cordón umbilical. Dependencia originaria y autonomía consecuente. En nuestra
sociedad se da actualmente un rechazo del padre por parte de los hijos, de la
autoridad por parte de los gobernados; se puede hablar ya de un mundo que
abandona su ser patriarcal. ¿Y no será porque el padre corta la aspiración del
hijo y porque el hijo, al subrayar su libertad, no reconoce su dependencia del
padre? En la Trinidad divina no sucede así. El Hijo no rechaza al Padre. Es
camino e imagen del mismo. "Quien me ve a mí ve al Padre". No hay dominación
sufrida por el hijo, ni anarquía reivindicada en Jesús. Hay amor que lo iguala
todo, gracias al Espíritu. Pablo, lo dice claramente en la carta a los Romanos:
el hecho de llamar a Dios «Padre» lejos de esclavizarnos, nos libera de toda
esclavitud, pues si Dios es nuestro Padre, ningún ser humano podrá sentirse
señor y dueño nuestro; todos nos consideraremos hermanos y herederos de la
promesa divina.
Dios, finalmente, es Espíritu. Como viento y fuego, calor, libertad, amor.
Sin el Espíritu la relación Padre-Hijo se convertiría en tortura y martirio de
frialdad y desamor.
Y aquí es donde la Trinidad se convierte en lección de vida ciudadana.
Autoridad y paternidad en nuestra sociedad, sí; pero no autoritarismo ni
paternalismo. Dependencia de hijos a padres, pero sin atentar contra la
autonomía de cada uno. Y sobre todo amor, libertad, escucha, calor de hogar.
En el evangelio Jesús envía a sus discípulos para que hagan discípulos de
entre todas las naciones y los consagren a este Dios Padre, Hijo y Espíritu
Santo. A estos nuevos discípulos no les enseñarán una doctrina, sino «todo lo
que él les mandó». Y lo que él les mandó fue poner en práctica los «mandamientos
mínimos», esto es, la bienaventuranzas, que han tomado el puesto de los antiguos
mandamientos de Moisés. Con la práctica de las bienaventuranzas, nacerá una
sociedad alternativa, austera, solidaria, cargada de amor y apertura, libre de
autoritarismo y respetuosa con las diferencias. En esa sociedad estará por
siempre presente Jesús que ahora cumple la función de Enmanuel (Dios con
nosotros): «Miren que yo estoy con ustedes cada día hasta el fin del mundo».
Acabemos recordando aquel lema que las Comunidades Eclesiales de Base
brasileñas acuñaron hace unos 20 años: «A Trindade é a melhor Comunidade», la
Trinidad es la mejor Comunidad.
Al evangelio de hoy (no a la Santísima Trinidad) se refiere el capítulo 130
de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario
pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600130 Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap130b.mp3
La serie «Otro Dios es posible» de los mismos hermanos López Vigil, incluye
un capítulo (una «entrevista») titulado «¿Trinidad?». El audio puede ser
escuchado (o tomado de) aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=160 El guión aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=160063 Un comentario
pedagógico aquí:
http://www.emisoraslatinas.net/guia.php?id=161063
Para la revisión de vida
- ¿Me dejo inundar por la vida de Dios?
-¿Estoy atento a la "vida comunitaria" para que mi comunidad se parezca a «la
mejor Comunidad»?
Para la reunión de grupo
- Dios estableció una Alianza con el pueblo judío basada en la Ley; pero luego
renovó esa Alianza, con toda la humanidad, basándola en el amor y sellándola no
en unas tablas de piedra sino en una persona: su Hijo Jesús. ¿Mi fe se basa en
el cumplimiento de la ley, o en la relación de amistad y amor con Dios?
- Alegría, gusto por el progreso espiritual, fraternidad, un corazón común y
vivir en paz: ¿es éste el clima de nuestras asambleas litúrgicas, de nuestra
comunidad?
Para la oración de los fieles
- Por todos los que se esfuerzan por crear comunidad en el mundo, por encima de
las fronteras políticas, ideológicas, étnicas, culturales y religiosas...
roguemos al Señor...
- Por todos los que están solos, aislados, o se sienten "sin nadie en el mundo",
sin comunidad, o lejos o incomunicados de los que les aman; para que sientan la
"comunidad con Dios" más poderosa que toda lejanía o incomunicación...
- Para que la Iglesia sea un modelo de comunidad, en la que reina la
fraternidad, la participación, la comunión... más que el poder, la
jerarquización, la exclusión, los privilegios, la falta de participación y de
democracia...
- Por nuestras comunidades cristianas: para que cada una de ellas sea reflejo de
la Trinidad, que es "la mejor comunidad"...
Oración comunitaria
Oh Dios-Trinidad, "la mejor comunidad", misterio eterno, insondable, del que
apenas podemos balbucir una lejana aproximación. Aviva en nosotros tu misma
Vida, la que creaste y depositaste en cada una de tus criaturas, para que nos
sintamos convocados a acrecentar la Vida, arrollados por esa corriente original
y eterna de vida en comunión que tú mismo eres: Trinidad santa, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, Dios, que eres nuestro Padre, nuestro Hermano Jesucristo y el Espíritu
que nos consuela y nos fortalece; ayúdanos a vivir en auténtica y sincera
comunidad, y que lo que celebramos en la liturgia lo expresamos en toda nuestra
vida, que traduzcamos nuestra fe en obras de justicia y amor, que no busquemos
sólo en tener una fe correcta sino, sobre todo, una vida correcta, que sea
siempre y en todo conforme a tu voluntad de que todos seamos hermanos. Por
Jesucristo.
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