Sábado 11 de abril de 2009
Sábado Santo
Santoral: Estanislao – Gema Galgani
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Vigilia Pascual
Primera lectura Génesis 1,1-2,2:
Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno
O bien más breve
Génesis 1, 1. 26-31a: fraseAl principio creó Dios el cielo y la
tierra.
Salmo responsorial: 103: Envía tu
espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. O bien:
Salmo responsorial: 32: La
misericordia del Señor llena la tierra
Segunda lectura Génesis 22, 1-18:
l sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe O bien
más breve Génesis 22, 1-2. 9a. 10-13.
15-18: l sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
Salmo responsorial: 15: Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti.
Tercera lectura Éxodo 14, 15-15, 1:
Los israelitas en medio del mar a pie enjuto
Interleccional:: Ex 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18:
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Cuarta lectura Isaías 54, 5-14:
Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor
Salmo responsorial: 29: Te
ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Quinta lectura Isaías 55, 1-11:
Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua
Interleccional: Isaías 12, 2-3. 4. 5-6:
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación
Sexta lectura Baruc 3, 9-15. 32-4, 4:Caminad
a la claridad del resplandor del Señor
Salmo responsorial: 18, 8. 9. 10, 11:
Señor, tú tienes palabras de vida eterna
Séptima lectura Ezequiel 36, 16-28:
Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo
Salmo responsorial: 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4:
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
O bien Salmo
responsorial: 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Epístola Romanos 6, 3-11: Cristo,
una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más
Salmo responsorial: 117: Aleluya,
aleluya, aleluya
Evangelio: Marcos 16,1-7: Jesús
Nazareno, el crucificado, ha resucitado
La vigilia pascual se inicia con la experiencia del fuego nuevo, y la luz que
con este fuego va iluminando poco a poco el recinto sagrado. Nuestra historia ha
sido una historia de tinieblas y de muerte, una historia que parece no poder ver
un camino de salida. Pero de la tumba vacía surge la luz, de la muerte surge el
fuego-luz que anuncia que podemos creer en la vida, que podemos encontrar el
camino en medio de la oscuridad, que la muerte no es la última palabra para el
hombre. Por el fuego nuevo, por la luz del Cirio Pascual, por la luna llena que
ilumina el firmamento en esta noche pascual, empezamos a experimentar en nuestra
vida las consecuencias de la Resurrección de Jesús.
Las lecturas nos conducen desde la experiencia de la creación hasta la tumba
vacía, porque Resurrección es agradecer los hermosos dones gratuitos de Dios que
rodean nuestra existencia. Es vivir como el pueblo de Israel, la experiencia de
la salida de la esclavitud a la libertad, una experiencia que pasa por el
contacto con el agua del Mar Rojo y para nosotros por la de las aguas
bautismales; un camino guiado por la columna de fuego y por la nube que conduce
a Israel de la experiencia de muerte a la de la vida.
La Bendición del fuego nuevo
En medio de las tinieblas del pecado y de la muerte, la bendición del fuego
nuevo tiene como finalidad proporcionar la llama para encender el cirio pascual,
que representa a Cristo Resucitado. A medida que el cirio avanza se va
iluminando el templo, y de la llama del cirio se van encendiendo las velas de
los presentes en el templo; se disipan las tinieblas cuando se propaga la
salvación a partir del Resucitado. El Cirio Pascual permanecerá todo el año en
el templo, como símbolo memorial de la celebración pascual.
La proclamación de la Resurrección
El canto del Pregón pascual (Exsultet), es el punto culminante de la
liturgia de la luz. En él se proclama la propagación de la luz en el mundo que
disipa las tinieblas del pecado, guía a los hebreos en la salida de Egipto,
vuelve a los hombres a la gracia, devuelve la inocencia a los caídos y a los
tristes la alegría, destierra los odios, prepara la concordia y doblega el
orgullo.
La Liturgia de la Palabra
Las diferentes lecturas del Antiguo Testamento permiten contemplar a través
de la historia de Israel cómo se ha propagado la luz salvífica desde la
creación. Estas lecturas nos recuerdan también que la historia de la salvación
es nuestra propia historia y exhortan al compromiso de todos y cada uno con esta
historia.
Primera lectura, de Génesis 1,1-2,2a: La Creación
El primer relato de la creación
Toda la creación es la obra del amor de Dios Padre que quiso preparar para el
hombre un lugar hermoso y adaptado a su dignidad de imagen de Dios. Al ser
humano le corresponde el compromiso de continuar y conservar esta creación.
Segunda lectura, de Génesis 22,1-18: El Sacrificio de Isaac
La lectura de la salvación de Isaac nos coloca frente a las exigencias de la
experiencia de fe de Abraham: aceptar que sólo Dios sabe cómo dirige la historia
de salvación. De la misma manera que para el pueblo de Israel, para nosotros
nuestra historia se funda única y exclusivamente en la voluntad de aquél que
libremente dispone de la historia, y en virtud de esa libertad dejó vivir a
Isaac.
Tercera lectura, de Éxodo 14,15-15,1: El Paso del Mar Rojo
Los israelitas eran esclavos en Egipto, eran un pueblo sometido a otro
pueblo. Pero Dios vio la miseria y las penalidades del pueblo, escuchó sus
clamores y le abre un camino de salvación al pueblo esclavo y salva a Israel del
poder del faraón.
Cuarta lectura, de Isaías 54,5-14: Las aguas del diluvio no volverán a
cubrir la tierra
El Profeta Isaías nos describe con bellas figuras una vida nueva, esa nueva
creación que Dios Padre llevó a su plenitud en su Hijo Jesús Resucitado.
El canto del Gloria
La alegría de la comunidad por la resurrección del Señor se expresa con el
himno del Gloria, himno de acción de gracias que el pueblo entona al mismo
tiempo que resuenan las campanas del templo y vuelve a escucharse la música. Con
el canto de los ángeles estamos confesando que Jesús, el Mesías que fue
crucificado, sigue viviendo porque fue resucitado por Dios quien lo ha
glorificado por siempre.
Lectura de Romanos 6,3-11: Cristo, una vez resucitado de entre los
muertos, ya no muere más
En la carta a los Romanos el apóstol Pablo nos enseña que por el bautismo
también el cristiano pasa de la muerte a la vida. Ese misterio pascual de Jesús,
misterio de muerte y resurrección es nuestro propio misterio, porque el
cristiano, mediante el bautismo, está muerto al pecado y vivo para Dios. En
Cristo Jesús el cristiano vive el misterio de Cristo muerto y resucitado cada
día en los momentos de tristeza y gozo, de enfermedad y salud, cuando pecamos y
sentimos que Dios Padre nos acoge con misericordia. Lo vivimos especialmente en
los sacramentos. Cada sacramento que recibimos es una reactualización del
misterio Pascual, y esto lo vemos muy clara en el texto de Romanos que acabamos
de escuchar.
Salmo 117,1-2.16-17.22-23
Sólo sentimientos de gratitud a Dios se experimentan al considerar su obra en
Jesucristo. La piedra angular del templo de Jerusalén reconstruido, fue piedra
de escándalo. Ahora un universo nuevo construido sobre la piedra angular,
Cristo, se ha establecido el día en que Jesús resucitó.
Evangelio, Lucas 24,1-12: No está aquí, ha resucitado.
La narración de la tumba vacía del Evangelio de Lucas pone en la boca de los
ángeles vestidos de blanco, el significado de la Resurrección de Jesús para las
mujeres que fueron al sepulcro al amanecer del primer día de la semana, y para
todos nosotros: no podemos buscar a Jesús entre los muertos, porque está vivo,
en medio de nosotros. Sólo nos corresponde descubrir el rostro de Jesús en las
miles de personas que pasan por la calle, en los niños tristes y desnutridos, en
las mujeres que necesitan un trozo de pan para ellas y sus hijos; en el hombre
maloliente que está a nuestro lado en el templo, en todos los hombres y mujeres
que por diferentes caminos buscan a Jesús.
La tumba vacía no es una prueba de la resurrección de Jesús, sino la pregunta
que sólo tendrá respuesta cuando se logre vivir la experiencia de Jesús
resucitado.
Los apóstoles no creyeron en lo que las mujeres les narraron. Entre los
judíos las mujeres no eran personas creíbles: mucha mujer, mucha mentira, se
afirmaba entre los judíos. Mientras habían vivido la experiencia de Jesús vivo,
Pedro comprueba que la tumba está vacía, se asombra, pero no ha logrado vivir la
experiencia pascual.
La liturgia bautismal
¿Qué mejor ocasión para ser incorporados a Cristo y para hacer memoria de
nuestra incorporación a él, que la vigilia pascual? La Vigilia Pascual es
también celebración bautismal: celebramos los bautismos, renovamos las promesas
bautismales.
En este momento tenemos que tener en la mente la mejor explicación del
bautismo, que se pueda dar, la. que nos ofrece el apóstol Pablo en la epístola a
los romanos que se ha leído en la liturgia de la Palabra en la vigilia. San
Pablo nos enseña que ser bautizados significa pasar con Cristo de la muerte a la
vida y señala las consecuencias éticas de esta conformación con el destino
histórico de Cristo: si hemos muerto con Cristo, ya no debemos pecar más, porque
hemos entrado en una nueva vida.
La liturgia eucarística
Con los sentimientos de alegría que nos embargan, compartimos la Eucaristía,
por medio de la cual realizamos el mandamiento que recibimos del Señor de hacer
memoria de él: Haced esto para recordarme.
El recuerdo que ahora hacemos de Jesús, el Señor, no consiste en la pura
evocación de una historia perdida en el pasado. Recordar ahora significa para
nosotros hacer la experiencia de la vida nueva: Jesús, el que ha muerto, vive
para siempre. Jesús, el resucitado, está vivo desde Dios, el Padre, en medio de
nosotros. Cada vez que compartimos este pan y esta copa, como hermanos, comienza
de nuevo para nosotros la vida que El vive y que quiere regalarnos para siempre
a todos.
En el hemisferio norte, al que pertenece el escenario de la vida histórica de
Jesús, la primavera llega ahora a su plenitud: estamos en lo que se llama el
equinoccio de la primavera. La celebración de la resurrección de Jesús tiene por
eso sabor a primavera; a agua fresca; a retoños que revientan por todas partes
en las plantas; y olor a flores de todos los colores. La naturaleza nos quiere
regalar también ella la impresión de un mundo en el que comienza a germinar la
vida nueva. La celebración de la resurrección de Jesús tiene lugar también en el
día de la luna llena: es la fiesta de la luz.
Con los cristianos de todos los tiempos queremos ver amanecer en esta fecha
un mundo nuevo, que podrá hacerse realidad, si nosotros asumimos el proyecto de
Jesús de Nazaret, que es el evangelio. Dios es capaz de hacer surgir la vida
nueva aún desde la muerte. Tenemos muchas ilusiones. Por eso hablamos de una
nueva evangelización, en un tiempo de esperanza.
Proclamemos, pues, llenos de alegría, con el corazón repleto de esperanza,
que Jesús, el vencedor de la muerte, nos invita también a nosotros a pasar de la
esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida,
como cantaban siempre los israelitas, al celebrar la Pascua.
Reflexión para hoy
Durante toda la semana nos hemos venido preparando de una manera especial
para la celebración de la Pascua del Señor en esta noche pascual.
La ceremonia en que hemos participado por medio de los símbolos del fuego, la
luz y el agua, nos introduce en el significado que para el cristiano tiene en su
vida la Resurrección de Jesús. El fuego nuevo invade la tierra para que se
purifique y renazca la nueva creación, de la misma manera que en el agua
bautismal todos renacemos para el Señor, la luz que ilumina nuestras tinieblas y
nos permite ver mejor los caminos que él ha trazado para nosotros.
Las lecturas que hemos escuchado nos han introducido dentro de la historia de
salvación para que la asumamos como nuestra propia historia. Las acciones
salvíficas del Dios del Antiguo Testamento llegan a su plenitud con la presencia
de Jesús de Nazaret entre los hombres, pero los hombres no lo recibieron y debió
padecer la muerte de cruz. Y lo que a los ojos humanos pudo parecer un completo
fracaso, se convierte en la victoria definitiva porque la muerte de Jesús por
amor a Dios y a los seres humanos, es el principio de la vida nueva. Con su
muerte nos liberó del pecado y de la muerte, y nos trajo la salvación.
Pero el Padre no abandonó a su Hijo en la muerte sino que lo resucitó a la
nueva vida y lo recibió en su gloria. El anuncio que reciben las mujeres al ver
la tumba vacía de que el Crucificado ha sido resucitado por Dios es el mismo que
recibimos los cristianos de todos los tiempos. Jesús oculto a los ojos de los
hombres, vive gloriosamente con Dios su Padre, y está cerca de quienes creemos
en él.
El proyecto que tenían las mujeres de embalsamar a Jesús, ha sido desbordado
por el acontecimiento. Han pensado en todo, menos en lo que ha ocurrido. Se han
quedado paradas en la hora de la muerte de Jesús; pero él ha resucitado. Ya no
tienen que hacer allí y como aún no tienen fe no comprenden la acción de Dios y
se han asustado. Pero el mensaje de los hombres vestidos de blanco les orienta
en otra dirección: no es posible buscar a Jesús entre los muertos porque está
vivo. La presencia de las mujeres en el Calvario y durante la sepultura pone de
relieve la ausencia de los discípulos. Estos han huido ante el peligro, mientras
que las mujeres estaban allí.
Pero ante todo, el misterio Pascual de Cristo nos invita a hacer realidad la
vida nueva que Jesús de Nazaret nos propuso con su propia vida, para que todos
los hombres pasemos de la esclavitud a la libertad, del temor a la seguridad, de
las tinieblas a la luz, con la seguridad de que quien venció definitivamente la
muerte, nos acompaña en el trabajo por hacer cada día un mundo más humano, un
mundo mejor.
En la serie «Un tal Jesús» (http://www.untaljesus.net)
los capítulos 123 al 124 se refieren al Sábado Santo.
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