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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 5 al 11 de Abril de 2009  – Ciclo B
Domingo de Ramos

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del Domingo de Ramos, ciclo B el  8 de Abril de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 5 de abril de 2009
 Domingo de Ramos
 Vicente Ferrer

 INICIO

Is 50,4-7:“No me tapé el rostro ante los ultrajes”
Sal 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Flp 2,6-11: Himno cristológico primitivo incorporado por Pablo a su carta
Mc 14,1-15,47: Pasión de N.S. Jesucristo según san Marcos.

Pedimos disculpas a quienes buscarán un comentario «normal» -que esperamos podrán encontrar fácilmente en la red-. Este año también, nosotros vamos a tratar de hacer un comentario diferente, pensando en aquellas personas que se sienten mal en medio de ese conjunto de conceptos bíblico-litúrgicos propios de la Semana Santa, que se repiten y enlazan indefinidamente, sin salir de ese ambiente en el que muchos de nosotros -que pensamos como personas normales, de la calle- sentimos que casi nos asfixiamos.

En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias bíblicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica particular diferente, y que están de antemano inmunizadas contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, todo debe ser recibido sin discusión, sin espíritu crítico, y «con fe». Los que tenemos una fe crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de celebrar y acoger la semana santa»? ¿Otra semana santa es posible?

Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?

Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando, en semana santa, por la especial significación de tales días, o por acompañar a la familia -y con el recuerdo de una infancia y juventud tal vez religiosa-, entran en una iglesia, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se sienten de pronto sumergidos de nuevo en aquel mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas... que elaboran un mensaje sobre la base de una creencia central que fuera del templo uno nunca se la encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «redención». Estamos en semana santa, y lo que celebramos -así perciben en el templo- es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la redención... El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la redención, para redimir al ser humano que está en desgracia de Dios desde aquel «pecado original», por la infinita ofensa que le infligió a Dios.

Esa redención consistió en la «venida de Dios al mundo», encarnándose en Jesús, para asumir así nuestra representación y «pagar» por nosotros a Dios una reparación por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «repararla», redimiendo y rescatando de esa forma a la Humanidad, consiguiéndole el perdón de Dios. Ésa es la interpretación, la «teología» sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones que se hacen durante la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten francamente mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a otro mundo, y como a otro tiempo, tal vez a la Edad Media, o una edad mitológica, que nada tiene que ver ni con el mundo real de hoy día. ¿Hay alguna otra forma de entender la Semana Santa, que no sea viéndose obligados a transitar por el mundo manido de esa teología en la que muchos ya no creemos?

¿«No creemos», hemos dicho? Ante todo hay que decir -para alivio de muchos- que efectivamente, se puede no creer en tal teología. Porque tal teología no es ningún «dogma de fe» (aunque se tratara, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una elaboración interpretativa del misterio de Cristo, debida a la genialidad medieval de san Anselmo de Canterbury, que desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo, en aquel contexto cultural, el sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo bastante bien: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos y e iba a perdurar hasta el siglo XX. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda: fue un pensador que marcó el pensamiento religioso occidental cristiano para varios siglos.

El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone el abandono o al menos la superación de la interpretación de la significación de Jesús más allá de la redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar ya no se apoyan en la «redención». El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar -no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación- deja de pasar por la redención, por la «sustitución penal satisfactoria» del pecado original, con los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús... Desaparecen estas referencias, y cuando alguna vez se escuchan, suenan extrañas, incomprensibles, o suscitan incluso un contenido rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que vehiculaba inconscientemente, imagen que, evidentemente, hoy no sólo no es creíble sino que invita vehementemente al rechazo. Ese Dios, y esa teología hoy son ya impresentables.

¿Y cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no comulga con esas creencias? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador por la misma Utopía... pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de semana santa, de ciertas cofradías, de las meditaciones las siete palabras y las horas santas que retoman las mismas categorías teológicas de la «redención» del san Anselmo del siglo XI... estando como estamos en un siglo XXI...

Debajo de la semana santa que celebramos no dejan de estar, allá, lejos, bien al fondo de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya celebraban sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy creativamente al ser heredada de un pueblo a otro, de una a otra cultura, y de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los nómadas israelitas como la fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como la fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como re-actualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita... (Cfr MAERTENS, Fiesta en honor de Yavé). Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó absolutamente dominada bajo la interpretación jurídica de la redención, por obra del genial san Anselmo de Canterbury..

¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos», y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»...

No vamos a desarrollar aquí, ahora, una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos por hoy cumplir esta pretensión doble: aliviar a los que tal vez se sentían culpables por no sintonizar con un lenguaje religioso periclitado, por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa.

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Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de estos episodios pueden recogerse libremente de http://www.untaljesus.net

Como bibliografía para recuperar lo mejor de la visión clásica de la teología respecto a la pasión y muerte de Jesús, recomendamos el excelente libro de BOFF Pasión de Cristo, Pasión del mundo (Sal Terrae en España, Indoamerican Press en Colombia, Vozes en Brasil...). Del mismo autor, el artículo 217 en la RELaT (http://servicioskoinonia.org/relat): Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro señor Jesucristo. Para el estudio de la sucesión de interpretaciones de las fiestas a lo largo de la historia de Israel, se puede recurrir al ya citado Fiesta en honor de Yavé, de Thierry MAERTENS (disponible en la biblioteca de Koinonía: servicioskoinonia.org/biblioteca). También: Problemas en torno a la idea de expiación/satisfacción, de Robert J. DALY, en «Selecciones de Teología» 47/188(2008)310-324 (disponible en el portal de la revista).

 

Para la revisión de vida
Comienza la «semana mayor» de todo el año. La semana santa se ha convertido en muchos lugares en una mini-vacación. Sugerencia: plantearme bien la semana santa. Si tengo posibilidad, dedicar esta «vacación» a atender lo que en la agitada vida diaria me veo imposibilitado de cuidar suficientemente: mi profundidad, mi oración, mi paz interior, el respaldo de coherencia interna que quiero dar a mi compromiso externo…
¿Por qué no probar y experimentar que «Otra semana santa es posible»? ¿Puedo organizarme un «programa de semana santa» para mí mismo, a base de una dosis de descanso y pacificación interior, otra dosis de estudio crítico y renovación de mi actitud religiosa, otro componente de oración -principalmente en nuevas formas no experimentadas hasta ahora-, y tal vez alguna celebración comunitaria con un grupo que sea afín a esta línea de pensamiento? (Para un programa de semana santa comunitario, véase el apartado siguiente).

Para la reunión de grupo
- La semana santa es un buen momento para dar un repaso de estudio a las hipótesis teológicas más conocidas sobre la muerte de Jesús y su valor salvífico. Un buen material para preparar una exposición inicial en la reunión de grupo, o un libro para tenerlo todos y estudiarlo y comentarlo es “Pasión de Cristo, Pasión del Mundo”, de Leonardo BOFF, con ediciones en varias editoriales y países ya citados…
- Otro buen material (o material complementario) para ese propósito pueden ser algunos de los capítulos de la serie «Un tal Jesús», principalmente del 106 al 126. Como ya es sabido, los audios y los guiones pueden ser recogidos de www.untaljesus.net
- La semana santa es la «semana mayor» y el triduo sacro es el la concentración de la celebración pascual, y la vigilia pascual es el momento culminante. Será bueno preguntar a algunas personas mayores que recuerden cómo eran las celebraciones de la Semana Santa antes de la reforma de Pío XII en 1950, con sus notorias diferencias respecto al modo todavía vigentes. Y cabe preguntar: ¿por qué la vigilia pascual no ha entrado todavía en la conciencia del pueblo cristiano como lo que es: el centro de todo el año litúrgico?
- Aunque no estamos acostumbrados a hacerlo, también puede ser una buena actividad de grupo escuchar la Pasión según san Mateo, de Johan Sebastian Bach, presentada y comentada previamente por un buen conocedor de la misma, incluyendo ahí sus aspectos teológicos peculiares, de Bach como músico, y del texto o libreto de su obra.
- Finalmente, sería excelente tomar en comunidad la iniciativa de celebrar esa «otra semana santa que es posible»: quizá en un lugar apartado del de la vid diaria, o en el mismo lugar; con una dosificada combinación de tiempo personal, oración comunitaria, formación en un tema importante, celebraciones creativas, convivencia comunitaria, contacto con la naturaleza...

Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, lleve su obediencia al Padre y su servicio a las personas hasta las últimas consecuencias. Roguemos al Señor...
- Para que los gobernantes sirvan a los intereses de los pueblos y no a sus propias aspiraciones. Roguemos...
- Para que los pobres y los oprimidos sean los primeros en obtener el respeto a sus derechos y la justicia para sus vidas. Roguemos...
- Para que mostremos nuestra devoción a Cristo crucificado siendo solidarios con los crucificados de nuestro tiempo. Roguemos...
- Para que sepamos descubrir y transmitir la fuerza del amor de Dios en medio de las dificultades, los sufrimientos, y la muerte. Roguemos...
- Para que todos los difuntos compartan la resurrección de Cristo, igual que han compartido ya con él la muerte. Roguemos...

Oración comunitaria
Oh Dios, Padre y Madre Universal, de todos los pueblos y de todos los hombres y mujeres, en quienes has depositado, por medio de sus culturas y religiones, la sed de encontrarse consigo mismos y contigo, Fuente Originaria. Te pedimos que en la renovación anual de estas fiestas que se avecinan, tan tradicionales y ancestrales, nos sintamos en comunión con todos los hombres y mujeres que te buscan a Ti y buscan también el sentido de su vida, entre mitos, ritos, símbolos y grandes relatos. Nosotros lo buscamos y lo celebramos desde la memoria de Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro, cordialmente unidos a todos los pueblos y religiones que también te buscan y contemplan. Gracias. Amén. Axé. Aleluya.
O bien:
Dios, Padre nuestro, otórganos el don de saber encontrar en el hoy de nuestra historia el sentido profundo de nuestra misión en la vida, para que nos comprometamos en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir y construyamos tu Reino. Por Jesús, tu hijo, hermano nuestro.
O bien:
Dios Padre y Madre, que en la vida, la lucha y la muerte de Jesús has realizado un punto alto de tu revelación en la historia, según nos asegura nuestra fe; te rogamos nos otorgues el don de saber redescubrir con ojos humildes todo lo que tú has continuado revelando en estos 2000 años de historia, dentro y fuera del cristianismo, para que la Palabra que pronunciaste en Jesús pueda ser compartida con las que has pronunciado en todos los pueblos y religiones. Nosotros te lo pedimos evocando la memoria de Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro.
 



 Lunes 6 de abril de 2009
 Marcelino - Edith

 INICIO
Is 42, 1-7: “Miren mi siervo a quien sostengo”
Sal 26: El señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado
Jn 12, 1-11: “Habían decidido dar muerte también a Lázaro”

Jesús comparte una cena en Betania con una familia a la que lo unía un gran afecto. Lázaro, al que Jesús había resucitado, corre peligro, porque por su causa ahora la gente cree más en Jesús. Este llegará a su muerte acompañado silenciosamente por la gente humilde que había sido testigo de su amor. Por eso los evangelios no dejan de ir recogiendo los testimonios de este amor simple del pueblo, que cuando quiere de verdad va más allá de todo prejuicio. Jesús, aun en vida, se siente ungido para la muerte, porque el amor desborda el tiempo y el espacio. Frente a la inexorable muerte que le reservan los enemigos de su proyecto, le quedaba la alegría de recoger los testimonios de amor simple y sencillo con los que el pueblo, representado esta vez por una mujer, se adhería silenciosamente a su proyecto. En los días santos que estamos celebrando es preciso poner en las manos y el corazón de Dios a tantas familias y personas necesitadas en nuestros pueblos y ciudades. Ellas, ayer y hoy, siguen siendo los elegidos de Dios para la construcción de su reino. Es tarea nuestra como cristianos establecer lazos de acogida, de solidaridad y de misericordia con quienes más lo necesitan.


 Martes 7 de abril de 2009
 Juan Bautista de la Salle

 INICIO
Is 49, 1-6: “El Señor me llamó”
Sal 70: Mi boca contará tu auxilio
Jn 13, 21-33. 36-38: “Uno de ustedes me entregará”

Este es uno de los momentos más difíciles en la vida de Jesús: la cena con sus amigos más cercanos. Pronto el grupo quedaría golpeado por la ausencia definitiva del Maestro, y a ello se agregaría la posibilidad permanente de traición de los propios discípulos. La traición no es sólo patrimonio de Judas; lo es también de los llamados discípulos fieles. Más aun, puede anidar en el alma de los llamados a ser dirigentes. Es difícil comprender la profundidad de los sentimientos de Jesús en vísperas de su muerte. Y es muy difícil llegar a saber qué sentiría su corazón cuando a su muerte inexorable se agregó la humillación por la traición de sus propios compañeros. Hoy son muchas las causas traicionadas, incluso por quienes las han liderado en su momento. Y es que la fidelidad, la honestidad y la transparencia no son fáciles, en cualquier proyecto humano. Hoy como ayer nuestros pueblos han sido engañados por líderes corruptos que los entregan a los poderes de los nuevos imperios; pero la resistencia y la fe se abren camino en medio de tanta traición y engaño. Pidámosle al Dios de la vida que nos dé la capacidad de ser fieles al proyecto de vida que hemos elegido, y nos mantenga firmes en la fe y la esperanza..


 Miércoles 8 de abril de 2009
 Dionisio - Constanza

 INICIO
Is 50, 4-9: “El Señor me ayuda”
Sal 68 : Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor
Mt 26, 14-25: “Uno de ustedes me va a entregar”

¿Qué pretendía Judas al traicionar a su maestro? ¿Formaba parte de una estrategia para forzar el mesianismo de Jesús? ¿Había entendido Judas el proyecto del Maestro? Serían muchas las preguntas en torno al tema; lo cierto es que en la comunidad de los Doce no todos estaban convencidos del proyecto de Jesús, y esa diversidad Jesús la respeta en aras de la libertad individual.

Toda traición va ligada a un proyecto. En la medida que alguien deje de estar de acuerdo con el proyecto en el que se creía comprometido, muchas veces llega a traicionarlo. Por eso, entrar en un proyecto a ciegas o sin entender sus principios y finalidad, es preparar traiciones en cadena. Aunque el proyecto de Jesús tiene un contenido divino, por reflejar la propuesta de Dios y recibir de él su fuerza, está sometido a las leyes del comportamiento humano. Dios jamás violenta la libertad para evitar que su proyecto sea traicionado

En estos días santos que estamos celebrando, oremos por nuestras comunidades eclesiales y nuestras familias, pequeñas comunidades, para que Dios nos mantenga siempre fieles y leales, unidos con vínculos de amor, de acogida y de verdad.


 Jueves 9 de abril de 2009
 Jueves Santo
 Demetrio

 INICIO
Éx 12,1-8.11-14: Prescripciones sobre la cena pascual
Sal 115: El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
1Cor 11,23-26: “Cada vez que comen y beben, proclaman la muerte del Señor”
Jn 13,1-15: Lavatorio de los pies

Todo el ministerio de Jesús fue una permanente entrega al pueblo pobre. Los enfermos, endemoniados y marginados recibieron de Jesús una mano amiga. Compartieron su mesa y fueron proclamados dichosos. Hasta el final de su existencia, Jesús entrega todo lo que es, todo lo que sabe, todo lo que tiene. Ahora, se prepara para entregar definitivamente su existencia. Jesús entrega todo, hasta el límite.

Jesús era visto como el símbolo de la humildad: un rey vestido de pobreza. Como conocía perfectamente la situación de su pueblo insistió constantemente en la urgencia de apoyar a quienes carecían de lo mínimo para vivir: "Pues tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; estuve sin ropa y ustedes me vistieron; enfermo y me visitaron" (Mt 25, 35-36). En cada ser humano empobrecido, sin techo, sin ropa y enfermo Jesús nos dejó su indeleble imagen. Porque Dios continúa crucificado en la cruz de la miseria. "Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron" (Mt 25, 40).

Jesús se impone a la dureza de lo inevitable. El conocía perfectamente la suerte de los profetas que le precedieron. Juan Bautista fue asesinado por veleidades de la reina en la corte de Herodes. Otros muchos murieron por reivindicaciones menores. La muerte que los gobernantes infligían a los profetas buscaba el escarnio del pueblo. Intentaban silenciar la voz de Dios. En medio de esa situación, Jesús encuentra el momento propicio para demostrar que la entrega por la causa del reino comienza y termina en los pequeños y cotidianos gestos de entrega, perdón y generosidad.

Jesús realiza con gusto y convicción una actividad reservada para los sirvientes: toma los pies encallecidos de sus discípulos y los lava y limpia uno a uno. Los callos de la incertidumbre que se formaron camino a Jerusalén son objeto de su caricia. La mano que sirve, la mano que acaricia, es la misma mano que esta dispuesta a dejarse traspasar por la injusticia para reclamar justicia. Jesús no comienza su testimonio extendiendo sus brazos en la cruz. Sus brazos y sus manos ya han anticipado la autenticidad de su testimonio. Su mano ya se ha extendido hacia el enfermo para rescatarlo de la postración; su mano ha auxiliado al indigente y lo ha ayudado a reencontrar su dignidad; su mano ha rescatado de la muerte y ha otorgado nuevamente la vida.

Pero el servicio, la ayuda desinteresada y la generosidad no son una respuesta fácil y evidente. Requieren un camino largo y decidido, forjado a partir de los gestos cotidianos.

A veces pensamos que es fácil dejarse ayudar por los otros, pero la realidad es diferente. La mayoría de nosotros no aceptamos que los demás nos sirvan, especialmente si pensamos que las personas que consideramos más importantes para nosotros se ponen a nuestro servicio. Esto parece contradictorio, pero así es la realidad humana. Lo mismo sucede con el perdón y la reconciliación. Estamos dispuestos, no sin esfuerzo, a perdonar a los que nos han ofendido. Este gesto nos parece lo máximo; sin embargo, no estamos dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos nuestros errores y mucho menos somos capaces de aceptar el perdón de Dios.

Esta es la historia de Pedro, uno de los apóstoles que queriendo hacer más, hizo menos. Estaba dispuesto a entregar su vida por Jesús y por el evangelio, sin embargo, no comprendía las intenciones de Jesús y no aceptaba su mensaje.

Para Pedro, el Maestro era el jefe y el discípulo un simple subalterno. Jesús, como siempre, los sorprende con una terrible novedad: el Maestro es el servidor de todos y el discípulo es digno de las mayores atenciones. La única manera de reinar es el servicio. De otro modo, el cristianismo lo único que hace es multiplicar al infinito la eterna desigualdad de cualquier institución. Lavarle los pies al compañero de jornada significa compartir sus dificultades, comprender sus limitaciones, aceptar su oferta. Lavar los pies a los amigos implica un contacto inmediato con una parte del cuerpo que está sumergida en el barro de la existencia cotidiana, en las sandalias que los acompañan al trabajo, en los callos y asperezas de la vida ordinaria. Este gesto tan singular y sorprendente no es fácil de entender ni es fácil de aceptar.

Lavar los pies significa inclinarse delante del otro, aceptar que el servicio es la única entrega. Los discípulos se habían preparado para predicar, para enseñar, para expulsar demonios; labores arduas y complicadas que exigían mucha preparación y dedicación. Sin embargo, no estaban preparados para asumir una tarea humilde, la misma que realizan los empleados de las casas más pudientes, porque esta tarea implicaba postrarse, entrar en contacto con la tierra, el barro y la suciedad. Sobre todo, los discípulos no estaban dispuestos a dejarse servir y ayudar de los otros, especialmente en los oficios humildes. Los discípulos deberán pasar por muchas dificultades y peripecias antes de comprender lo que significa prestar un servicio generoso y desinteresado sin hacer alarde de humildad, y de dejarse servir por los demás sin menospreciar el servicio ajeno.

Bueno sería hacer un reajuste crítico de algunos clichés que han sido creados por la tradición piadosa, pero que no honran la veracidad histórica de lo que hoy sí estamos en condiciones de asegurar:

-es seguro históricamente que el marco y el contexto de la celebración de la pascua de Jesús, en el Jueves Santo, dista mucho de lo que sugiere la estampa clásica, fundamentalmente acuñada en el cuadro de la “última cena” de Leonardo Da Vinci: ni una magnífica sala de bella arquitectura, ni lujosas vestiduras, ni una amplia mesa, ni suculentos manjares...

-es muy verosímil históricamente que la cena de Jesús fue la reunión clandestina de un grupo perseguido que ya está viviendo en el clímax de una tensión conflictiva con las fuerzas políticas y religiosas, como evidenciará el desenlace del día siguiente;

-se puede afirmar hoy casi con total seguridad que no es cierto el dato también puesto por la tradición de que sólo varones participaron en aquella cena; si era la cena pascual, fue la cena de Jesús y sus discípulos, sin discriminación. Lo más verosímil es que María, la madre de Jesús, y otras mujeres formaban parte de esa comunidad de discípulos participaran en la cena. (De aquí no se deben dar saltos gratuitos hacia conclusiones del sacerdocio de la mujer -cuyos argumentos podrían ser más serios-).

El Jueves santo, primer día del triduo sacro, marca una celebración capital dentro de todo el año litúrgico, celebración solemne y grandiosa, enmarcada en el contexto dramático de la proximidad de la pasión y muerte del Señor. Es el día cumbre de la despedida y del amor extremo hecho servicio humilde y generoso.

Muchas son las dimensiones que se suman en un día como éste. Veamos las principales.

-Día del amor fraterno. Hoy resuena en la comunidad el mandamiento nuevo, mandamiento del amor, del amor "como yo los he amado". "Los amó hasta el extremo", hasta lo inimaginable, hasta hacerse siervo y esclavo en un tipo de servicio considerado humillante y propio de esclavos (lavar los pies). "Les he dado ejemplo". "Ustedes también deben lavarse los pies unos a otros". Se trata de una proclamación del mandamiento del amor hecha no con palabras sino con el signo práctico -que entra por los ojos- del servicio. Amar es servir. Ama quien sirve. Obras son amores.

-Institución de la Eucaristía. El lavatorio de los pies hace en el evangelio de Juan el papel que la "institución de la Eucaristía" cumple en los otros tres evangelios. Para Juan, en algún sentido, "es lo mismo". La Eucaristía expresa y constituye el sacramento del amor, también de una manera "visible" (como corresponde a todo sacramento, que es un "signo sensible"). Jesús "parte y reparte" el pan y el vino, y dice: "hagan esto en memoria mía", o sea; para recordarme (para guardar mi memoria) hagan esto; o también: partir y repartir su propia existencia será la forma de seguirme que mejor dé testimonio y haga memoria de mí. "Celebrar" la Eucaristía, la fracción del pan, será siempre mucho más que "oír misa": "cada vez que comemos de este pan... anunciamos la muerte del Señor hasta que venga".

-Institución del sacerdocio. Tradicionalmente se ubica en este día. Es claro que Jesús no instituyó "sacerdotes". De hecho el Nuevo Testamento no utiliza esa palabra más que aplicada a Jesús y al Pueblo de Dios como conjunto, nunca la aplica a cristianos individuales; sólo a partir del siglo IV se introduciría esa palabra en el vocabulario cristiano. Lo que Jesús dejó fueron discípulos y apóstoles. El "clero", en cuanto tal, es decir, en cuanto casta o sector aparte diferenciado por un estatus superior privilegiado... es claramente ajeno (y hasta contrario) al Evangelio. Lo que se apoya en Jesús es un ministerio ordenado de servicio a la comunidad cristiana, que reproduce y da continuidad a su presencia en medio de la comunidad. (En todo caso, para un replanteamiento crítico del tema recomendamos vivamente el librito "¿Qué Iglesia quería Jesús?", de Herbert HAAG, Herder, Barcelona 1998, para no seguir abonando tópicos cuya base bíblica y neotestamentaria no está clara. Así mismo, del mismo autor, «Sobre la crisis actual del sacerdocio en la Iglesia católica», en la Revista Electrónica Latinoamericana de Teología, RELaT nº 2001, disponible en http://www.servicioskoinonia.org/relat/201.htm).

En la serie «Un tal Jesús» (http://www.untaljesus.net) los capítulos 110 y 111 se refieren al Jueves Santo.




 Viernes 10 de abril de 2009
 Viernes Santo
 Ezequiel

 INICIO
Is 52,13-53,12: “Él fue traspasado por nuestras rebeliones”
Sal 30: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
Hb 4,14-16;5,7-9: “Aprendió a obedecer”
Jn 18,1-19,42: Pasión de NS Jesucristo según san Juan

Cada comunidad cristiana conservó un recuerdo particular de Jesús. La comunidad del apóstol Juan mantuvo por más de medio siglo unas palabras de Jesús en la cruz que no aparecen en ningún otro evangelio. Jesús encomienda su madre al discípulo amado. Todas las demás realidades que lo acompañaron durante su actividad misionera habían desaparecido: el grupo de amigos, la comunidad de discípulos, al multitud que lo aclamó a la entrada de Jerusalén... Incluso sus vestidos quedaron en manos de los soldados. Pero, a pesar de haber sido despojado, Jesús todavía tiene algo que dar: entrega a su propia madre para que sea acogida en la casa del discípulo amado y, a la vez, entrega al discípulo amado como un hijo.

El discípulo amado es el símbolo de la comunidad cristiana que continuó fiel a Jesús, a pesar del paso del tiempo y no obstante las inclementes persecuciones de que fue objeto. La comunidad cristiana acoge a María como una Madre como parte de la iniciativa de Jesús que quiso dejar una herencia imperecedera y, a la vez, encomienda a los cuidados de la Madre a la frágil y fiel comunidad. Esta mutua entrega es el punto culminante de una actividad misionera que comenzó en Caná de Galilea cuando María le indicó a su Hijo que el vino de la fiesta se había terminado (Jn 2,1-12); luego Jesús mismo se convirtió en el vino nuevo y en el pan de vida (Jn 6,35). De este modo, confluyen en la cruz diversas realidades que permiten comprender la profundidad con la que algunos discípulos entendieron y proclamaron la vida de Jesús.

La cruz, sin embargo, no debe entenderse únicamente como el escenario de la muerte de Jesús. La crucifixión era la máxima pena que imponía el imperio. La cruz era un castigo tan denigrante que no se podía aplicar a quienes fueran ciudadanos romanos. Solamente eran crucificados los enemigos del imperio, los presos políticos y los rebeldes capturados en guerra. Jesús muere al estilo de los sediciosos y revoltosos. Tener algún parentesco, familiaridad o amistad con un condenado a la cruz era causa de rechazo social. El testimonio de Jesús les hizo comprender a los discípulos que el camino de la cruz no era de oprobio y maldición, sino una manera radical de optar por la justicia y la paz. La cruz obligó a los discípulos a cambiar de mentalidad y a ponerse de lado de todos los que así morían. Ellos proponían como salvador de la Humanidad a un hombre que murió proscrito por la ley. Al fin y al cabo, ellos anunciaban al "Dios crucificado".

La presencia de María durante toda la vida de Jesús no es accidental. María participó de la misma suerte de su hijo. El camino al Calvario exigió de ella y de todo el grupo de mujeres que seguían al Nazareno, la máxima resistencia ante el dolor y la humillación. La presencia de María en el camino al calvario no es un hecho accidental. Es consecuencia de un seguimiento valiente y decidido.

María no se contentó con ver cómo su hijo crecía y alcanzaba la madurez. Ella se hizo partícipe de la actividad misionera de su hijo. Aunque tuvo que pasar por duras dificultades debido a las acusaciones de locura, glotonería y borrachera que los enemigos lanzaron contra Jesús (Lc 3, 20-30). Además de la fuerte exigencia de Jesús que ponía el evangelio por encima de los vínculos de parentesco (Lc 3, 31-35). Estas dificultades no menguaron su ánimo. Por eso, la vemos ascender con Jesús al Calvario. Luego, formando parte de la comunidad que recibe el Espíritu Santo en Pentecostés.

De María de Nazaret no sólo debemos tener una figura idealizada; debemos recuperar la imagen que de ella nos ofrece el evangelio.

El Nuevo Testamento nos muestra a María como una mujer que crece en amor y fidelidad al reino de Dios. Su palabra no es un monólogo sobre los asuntos domésticos. Por el contrario, su voz se alza como una exigencia de justicia en medio de una situación en la que se ha perdido el sentido del respeto a la vida. Por eso, ella en el Magníficat nos recuerda que Dios está del lado de los humildes y débiles. Dios quiere que toda la humanidad sea libre y crezca en solidaridad. Hoy, María nos invita a comprometernos decididamente con la propuesta de Dios. Ella no dudó en dar una respuesta generosa a la oferta de Dios.

Las realidades cotidianas nos exigen una actitud diferente ante la realidad. No podemos dejarnos envolver únicamente por problemas ínfimos olvidando la situación de nuestra comunidad barrial. Al igual que María debemos estar atentos a la voz que Dios nos dirige en las situaciones que exigen nuestra solidaridad. Nuestra devoción mariana debe crecer en la práctica de la justicia.

En la serie «Un tal Jesús» (http://www.untaljesus.net) los capítulos 112 al 122 se refieren al Viernes Santo.



 Sábado 11 de abril de 2009
 Sábado Santo
 Santoral: Estanislao – Gema Galgani

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Vigilia Pascual

Primera lectura Génesis 1,1-2,2: Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno O bien más breve Génesis 1, 1. 26-31a: fraseAl principio creó Dios el cielo y la tierra.

Salmo responsorial: 103: Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. O bien: Salmo responsorial: 32: La misericordia del Señor llena la tierra

Segunda lectura Génesis 22, 1-18: l sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe O bien más breve Génesis 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18: l sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Salmo responsorial: 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Tercera lectura Éxodo 14, 15-15, 1: Los israelitas en medio del mar a pie enjuto

Interleccional:: Ex 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18: Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Cuarta lectura Isaías 54, 5-14: Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor

Salmo responsorial: 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Quinta lectura Isaías 55, 1-11: Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua

Interleccional: Isaías 12, 2-3. 4. 5-6: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación

Sexta lectura Baruc 3, 9-15. 32-4, 4:Caminad a la claridad del resplandor del Señor

Salmo responsorial: 18, 8. 9. 10, 11: Señor, tú tienes palabras de vida eterna

Séptima lectura Ezequiel 36, 16-28: Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo

Salmo responsorial: 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4: Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. O bien Salmo responsorial: 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Epístola Romanos 6, 3-11: Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más

Salmo responsorial: 117: Aleluya, aleluya, aleluya

Evangelio: Marcos 16,1-7: Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado

 

La vigilia pascual se inicia con la experiencia del fuego nuevo, y la luz que con este fuego va iluminando poco a poco el recinto sagrado. Nuestra historia ha sido una historia de tinieblas y de muerte, una historia que parece no poder ver un camino de salida. Pero de la tumba vacía surge la luz, de la muerte surge el fuego-luz que anuncia que podemos creer en la vida, que podemos encontrar el camino en medio de la oscuridad, que la muerte no es la última palabra para el hombre. Por el fuego nuevo, por la luz del Cirio Pascual, por la luna llena que ilumina el firmamento en esta noche pascual, empezamos a experimentar en nuestra vida las consecuencias de la Resurrección de Jesús.

Las lecturas nos conducen desde la experiencia de la creación hasta la tumba vacía, porque Resurrección es agradecer los hermosos dones gratuitos de Dios que rodean nuestra existencia. Es vivir como el pueblo de Israel, la experiencia de la salida de la esclavitud a la libertad, una experiencia que pasa por el contacto con el agua del Mar Rojo y para nosotros por la de las aguas bautismales; un camino guiado por la columna de fuego y por la nube que conduce a Israel de la experiencia de muerte a la de la vida.

La Bendición del fuego nuevo

En medio de las tinieblas del pecado y de la muerte, la bendición del fuego nuevo tiene como finalidad proporcionar la llama para encender el cirio pascual, que representa a Cristo Resucitado. A medida que el cirio avanza se va iluminando el templo, y de la llama del cirio se van encendiendo las velas de los presentes en el templo; se disipan las tinieblas cuando se propaga la salvación a partir del Resucitado. El Cirio Pascual permanecerá todo el año en el templo, como símbolo memorial de la celebración pascual.

La proclamación de la Resurrección

El canto del Pregón pascual (Exsultet), es el punto culminante de la liturgia de la luz. En él se proclama la propagación de la luz en el mundo que disipa las tinieblas del pecado, guía a los hebreos en la salida de Egipto, vuelve a los hombres a la gracia, devuelve la inocencia a los caídos y a los tristes la alegría, destierra los odios, prepara la concordia y doblega el orgullo.

La Liturgia de la Palabra

Las diferentes lecturas del Antiguo Testamento permiten contemplar a través de la historia de Israel cómo se ha propagado la luz salvífica desde la creación. Estas lecturas nos recuerdan también que la historia de la salvación es nuestra propia historia y exhortan al compromiso de todos y cada uno con esta historia.

Primera lectura, de Génesis 1,1-2,2a: La Creación

El primer relato de la creación

Toda la creación es la obra del amor de Dios Padre que quiso preparar para el hombre un lugar hermoso y adaptado a su dignidad de imagen de Dios. Al ser humano le corresponde el compromiso de continuar y conservar esta creación.

Segunda lectura, de Génesis 22,1-18: El Sacrificio de Isaac

La lectura de la salvación de Isaac nos coloca frente a las exigencias de la experiencia de fe de Abraham: aceptar que sólo Dios sabe cómo dirige la historia de salvación. De la misma manera que para el pueblo de Israel, para nosotros nuestra historia se funda única y exclusivamente en la voluntad de aquél que libremente dispone de la historia, y en virtud de esa libertad dejó vivir a Isaac.

Tercera lectura, de Éxodo 14,15-15,1: El Paso del Mar Rojo

Los israelitas eran esclavos en Egipto, eran un pueblo sometido a otro pueblo. Pero Dios vio la miseria y las penalidades del pueblo, escuchó sus clamores y le abre un camino de salvación al pueblo esclavo y salva a Israel del poder del faraón.

Cuarta lectura, de Isaías 54,5-14: Las aguas del diluvio no volverán a cubrir la tierra

El Profeta Isaías nos describe con bellas figuras una vida nueva, esa nueva creación que Dios Padre llevó a su plenitud en su Hijo Jesús Resucitado.

El canto del Gloria

La alegría de la comunidad por la resurrección del Señor se expresa con el himno del Gloria, himno de acción de gracias que el pueblo entona al mismo tiempo que resuenan las campanas del templo y vuelve a escucharse la música. Con el canto de los ángeles estamos confesando que Jesús, el Mesías que fue crucificado, sigue viviendo porque fue resucitado por Dios quien lo ha glorificado por siempre.

Lectura de Romanos 6,3-11: Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más

En la carta a los Romanos el apóstol Pablo nos enseña que por el bautismo también el cristiano pasa de la muerte a la vida. Ese misterio pascual de Jesús, misterio de muerte y resurrección es nuestro propio misterio, porque el cristiano, mediante el bautismo, está muerto al pecado y vivo para Dios. En Cristo Jesús el cristiano vive el misterio de Cristo muerto y resucitado cada día en los momentos de tristeza y gozo, de enfermedad y salud, cuando pecamos y sentimos que Dios Padre nos acoge con misericordia. Lo vivimos especialmente en los sacramentos. Cada sacramento que recibimos es una reactualización del misterio Pascual, y esto lo vemos muy clara en el texto de Romanos que acabamos de escuchar.

Salmo 117,1-2.16-17.22-23

Sólo sentimientos de gratitud a Dios se experimentan al considerar su obra en Jesucristo. La piedra angular del templo de Jerusalén reconstruido, fue piedra de escándalo. Ahora un universo nuevo construido sobre la piedra angular, Cristo, se ha establecido el día en que Jesús resucitó.

Evangelio, Lucas 24,1-12: No está aquí, ha resucitado.

La narración de la tumba vacía del Evangelio de Lucas pone en la boca de los ángeles vestidos de blanco, el significado de la Resurrección de Jesús para las mujeres que fueron al sepulcro al amanecer del primer día de la semana, y para todos nosotros: no podemos buscar a Jesús entre los muertos, porque está vivo, en medio de nosotros. Sólo nos corresponde descubrir el rostro de Jesús en las miles de personas que pasan por la calle, en los niños tristes y desnutridos, en las mujeres que necesitan un trozo de pan para ellas y sus hijos; en el hombre maloliente que está a nuestro lado en el templo, en todos los hombres y mujeres que por diferentes caminos buscan a Jesús.

La tumba vacía no es una prueba de la resurrección de Jesús, sino la pregunta que sólo tendrá respuesta cuando se logre vivir la experiencia de Jesús resucitado.

Los apóstoles no creyeron en lo que las mujeres les narraron. Entre los judíos las mujeres no eran personas creíbles: mucha mujer, mucha mentira, se afirmaba entre los judíos. Mientras habían vivido la experiencia de Jesús vivo, Pedro comprueba que la tumba está vacía, se asombra, pero no ha logrado vivir la experiencia pascual.

La liturgia bautismal

¿Qué mejor ocasión para ser incorporados a Cristo y para hacer memoria de nuestra incorporación a él, que la vigilia pascual? La Vigilia Pascual es también celebración bautismal: celebramos los bautismos, renovamos las promesas bautismales.

En este momento tenemos que tener en la mente la mejor explicación del bautismo, que se pueda dar, la. que nos ofrece el apóstol Pablo en la epístola a los romanos que se ha leído en la liturgia de la Palabra en la vigilia. San Pablo nos enseña que ser bautizados significa pasar con Cristo de la muerte a la vida y señala las consecuencias éticas de esta conformación con el destino histórico de Cristo: si hemos muerto con Cristo, ya no debemos pecar más, porque hemos entrado en una nueva vida.

La liturgia eucarística

Con los sentimientos de alegría que nos embargan, compartimos la Eucaristía, por medio de la cual realizamos el mandamiento que recibimos del Señor de hacer memoria de él: Haced esto para recordarme.

El recuerdo que ahora hacemos de Jesús, el Señor, no consiste en la pura evocación de una historia perdida en el pasado. Recordar ahora significa para nosotros hacer la experiencia de la vida nueva: Jesús, el que ha muerto, vive para siempre. Jesús, el resucitado, está vivo desde Dios, el Padre, en medio de nosotros. Cada vez que compartimos este pan y esta copa, como hermanos, comienza de nuevo para nosotros la vida que El vive y que quiere regalarnos para siempre a todos.

En el hemisferio norte, al que pertenece el escenario de la vida histórica de Jesús, la primavera llega ahora a su plenitud: estamos en lo que se llama el equinoccio de la primavera. La celebración de la resurrección de Jesús tiene por eso sabor a primavera; a agua fresca; a retoños que revientan por todas partes en las plantas; y olor a flores de todos los colores. La naturaleza nos quiere regalar también ella la impresión de un mundo en el que comienza a germinar la vida nueva. La celebración de la resurrección de Jesús tiene lugar también en el día de la luna llena: es la fiesta de la luz.

Con los cristianos de todos los tiempos queremos ver amanecer en esta fecha un mundo nuevo, que podrá hacerse realidad, si nosotros asumimos el proyecto de Jesús de Nazaret, que es el evangelio. Dios es capaz de hacer surgir la vida nueva aún desde la muerte. Tenemos muchas ilusiones. Por eso hablamos de una nueva evangelización, en un tiempo de esperanza.

Proclamemos, pues, llenos de alegría, con el corazón repleto de esperanza, que Jesús, el vencedor de la muerte, nos invita también a nosotros a pasar de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, como cantaban siempre los israelitas, al celebrar la Pascua.

Reflexión para hoy

Durante toda la semana nos hemos venido preparando de una manera especial para la celebración de la Pascua del Señor en esta noche pascual.

La ceremonia en que hemos participado por medio de los símbolos del fuego, la luz y el agua, nos introduce en el significado que para el cristiano tiene en su vida la Resurrección de Jesús. El fuego nuevo invade la tierra para que se purifique y renazca la nueva creación, de la misma manera que en el agua bautismal todos renacemos para el Señor, la luz que ilumina nuestras tinieblas y nos permite ver mejor los caminos que él ha trazado para nosotros.

Las lecturas que hemos escuchado nos han introducido dentro de la historia de salvación para que la asumamos como nuestra propia historia. Las acciones salvíficas del Dios del Antiguo Testamento llegan a su plenitud con la presencia de Jesús de Nazaret entre los hombres, pero los hombres no lo recibieron y debió padecer la muerte de cruz. Y lo que a los ojos humanos pudo parecer un completo fracaso, se convierte en la victoria definitiva porque la muerte de Jesús por amor a Dios y a los seres humanos, es el principio de la vida nueva. Con su muerte nos liberó del pecado y de la muerte, y nos trajo la salvación.

Pero el Padre no abandonó a su Hijo en la muerte sino que lo resucitó a la nueva vida y lo recibió en su gloria. El anuncio que reciben las mujeres al ver la tumba vacía de que el Crucificado ha sido resucitado por Dios es el mismo que recibimos los cristianos de todos los tiempos. Jesús oculto a los ojos de los hombres, vive gloriosamente con Dios su Padre, y está cerca de quienes creemos en él.

El proyecto que tenían las mujeres de embalsamar a Jesús, ha sido desbordado por el acontecimiento. Han pensado en todo, menos en lo que ha ocurrido. Se han quedado paradas en la hora de la muerte de Jesús; pero él ha resucitado. Ya no tienen que hacer allí y como aún no tienen fe no comprenden la acción de Dios y se han asustado. Pero el mensaje de los hombres vestidos de blanco les orienta en otra dirección: no es posible buscar a Jesús entre los muertos porque está vivo. La presencia de las mujeres en el Calvario y durante la sepultura pone de relieve la ausencia de los discípulos. Estos han huido ante el peligro, mientras que las mujeres estaban allí.

Pero ante todo, el misterio Pascual de Cristo nos invita a hacer realidad la vida nueva que Jesús de Nazaret nos propuso con su propia vida, para que todos los hombres pasemos de la esclavitud a la libertad, del temor a la seguridad, de las tinieblas a la luz, con la seguridad de que quien venció definitivamente la muerte, nos acompaña en el trabajo por hacer cada día un mundo más humano, un mundo mejor.

En la serie «Un tal Jesús» (http://www.untaljesus.net) los capítulos 123 al 124 se refieren al Sábado Santo.