Domingo 8 de marzo de 2009
Domingo segundo de cuaresma, ciclo B
Juan de Dios
INICIO
Gn 22,1-2.9-13.15-18: El
sacrificio de Abrahán, padre en la fe
Sal 115: “Caminaré en presencia
del Señor”
Rm 8,31b-34: “Dios no perdonó a su
propio Hijo”
Mc 9,2-10: La transfiguración de
Jesús
Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento Marcos
introduce el relato de la transfiguración (Mc 9, 2-8). Una Pascua “anticipada”
junto a una crucifixión igualmente “anticipada”. Después viene la discusión
sobre la resurrección y el retorno de Elías (Mc 9,9-13) y la historia de la
sanación del niño mudo (Mc 9,14-29). Según Xavier Pikaza, los tres relatos tejen
un tríptico eclesial que vincula la experiencia de oración, la fe sanadora y el
anuncio de la pasión y la resurrección. Así la experiencia pascual
(transfiguración) está unida a la acción liberadora.
Veamos en primer lugar la fuerza simbólica del relato y después “ataremos
cabos” para resaltar el mensaje para nuestro HOY:
“Seis días” que evocan los “seis días” de la creación o los “seis años” de
trabajo antes del “año sabático”. Es pues, tiempo productivo, de siembra, de
actividad, de preparación. En este ambiente sucede la transfiguración.
Pudiéramos decir que la transfiguración pertenece a “otro tiempo” que irrumpe en
el “tiempo ordinario” con el fin de producir un contraste, un desequilibrio, un
llamado de atención, una corrección.
“Tres discípulos”, Pedro, Santiago y Juan en representación de la comunidad
discipular conducida por Jesús. La humanidad masculina en camino al encuentro
transformador con la divinidad. Quizá por ello más necesitada de la corrección
que va a desarrollarse en lo alto del monte.
“Vestidos resplandecientes” para resaltar la transformación, en donde el
resplandor y la blancura expresan la profundidad y la integridad del cambio
operado. Las primeras comunidades cristianas usaron vestidos blancos recién
lavados para simbolizar la nueva vida que se proponían vivir. Los vestidos
exteriores son expresión de los profundos cambios en el interior de las
personas.
“Tres seres resplandecientes”: Jesús, Moisés y Elías en representación de la
“comunidad celestial” en comunión. También masculina. Quizá por ello, el
encuentro de las dos comunidades solo suman “seis”. La plenitud del “siete”
tendrá lugar mediante la inclusión de la comunidad femenina.
“Tres tiendas”, simbolismo del éxodo y del Dios del éxodo, experiencia tribal
originaria y fundacional de Israel. El tiempo de las tiendas es también tiempo
de alianza tribal, de solidaridad, de igualdad. En la fiesta de las tiendas
sukkot, cada familia hacía una choza y habitaba en ella recordando la salida
de Egipto.
Tenemos un énfasis en el simbolismo trinitario: 3 seres celestiales (Jesús,
Moisés, Elías), 3 discípulos (Pedro, Juan, Santiago), 3 chozas (éxodo); tres
veces tres junto con la gloria de Dios. Tres significa comunidad, perfección,
plenitud. Es la propuesta comunitaria de Dios para la humanidad a partir del
mismo ser trinitario de Dios. Es el proyecto a construir una vez que se regrese
a la llanura.
“Nube” para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría,
bendición. Por todo esto, siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible
de la presencia y la compañía gratificante de Dios. Así lo fue durante la
travesía del pueblo por el desierto, Dios caminaba delante de él señalando el
camino. La voz y la nube van junto al pueblo, cuando este decide construir el
proyecto de Dios.
“Subir el monte alto” evocando Horeb-Sión, lugar donde Moisés y Elías se
vieron “cara-a-cara” con Dios. Epifanía que revela el proyecto de Dios y que da
fuerza y sabiduría para llevarlo a cabo. Ascenso humanizador, en cuanto
capacidad y decisión para realizar lo revelado por Dios.
“Descender del monte” a la llanura para el encuentro y la transformación
humana y social. En el descenso, quienes experimentaron la resurrección,
discuten sobre la “resurrección de los muertos”. El monte está relacionado con
la resurrección y la llanura con la muerte. Evocación de los orígenes de Israel
en las montañas tribales en contraste con las llanuras tributarias e
idolátricas. Producir tal contraste es la tarea permanente de quienes
“descienden del monte”. De ahí el imperativo a descender.
En el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había
mostrado el “éxito” del reino de Dios. La comunidad discipular identificó allí
la realización de los tiempos mesiánicos relacionados con los milagros de Jesús
y con las multitudes necesitadas. La expectativa judía de un Mesías liberador de
la opresión romana estaba siendo respondida. La comunidad discipular aún no
salía de estos moldes mesiánicos. Cuando Jesús anuncia su pasión y crucifixión,
hay alarma y desconcierto. No se entiende un mesianismo que pase por la cruz.
Para “corregir” esta situación vivida por la comunidad post-pascual de Marcos,
el relato introduce la transfiguración.
La comunidad no puede “reducir” la fe al “entusiasmo” post-pascual. Es la
tentación que se expresa en la montaña iluminada cuando el discipulado quiere
construir las chozas muy lejos de la llanura. La brillantez de los vestidos
quiere resaltar la fascinación que ejerce sobre los seres humanos ese tipo de
experiencia religiosa “desligada” del sufrimiento y del dolor humano que
acontece diariamente en la llanura. Estos “tres privilegiados” no quieren saber
nada de los sufrientes del valle de la historia. Religión de adoración sin pasar
por la transformación, por la lucha, por la adversidad. Religión que quiere
controlar la gloria pascual sin abrirla al trabajo creativo humanizador. La
“iglesia de los Zebedeos” representan una experiencia de resurrección “cerrada”
a los desafíos del mundo y deficiente, pues ensalza el aspecto glorioso y
triunfante de Jesús resucitado sin asumir su muerte en la cruz.
El proyecto comunitario resaltado en la montaña es afirmado con las palabras
de de Dios que salen de la nube: “Este es mi hijo amado, escuchadle”. Alrededor
del Hijo Amado se constituye la comunidad discipular. Es su principio
fundacional. El Hijo Amado es el crucificado-resucitado. Su palabra es el camino
que la comunidad discipular debe seguir. En el descenso, como intermedio entre
el monte pascual y el valle del mundo, la comunidad discipular asume el camino
del Hijo Amado: la resurrección entre los muertos.
Ascenso y descenso se necesitan mutuamente. Ascenso para celebrar y gozar los
avances de la fe. Descenso para afirmar la fe en medio de la conflictividad y la
contradicción. El monte para resaltar la utopía comunitaria. El valle para
construirla en la cotidianidad y la adversidad. Los “seis días” de trabajo y
fatiga necesitan del “séptimo” de descanso y adoración si queremos plenitud y
dignidad humana.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 68 de la serie «Un tal
Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de
aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300068
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap68b.mp3
Para la revisión de vida
¿Hasta qué punto me fío yo de la Palabra de Dios, como Abraham?, ¿cómo
reacciono cuando esa Palabra me trae complicaciones y comporta dificultades a mi
vida?
Abraham no se reservó para sí ni a su propio hijo, y eso que era el medio
necesario para el cumplimiento de la promesa que Dios le había hecho de tener
una numerosa descendencia... ¿También yo soy capaz de ofrecerle y entregarle
todo? ¿O hay zonas o realidades de mi vida que yo no estaría dispuesto a
entregar a Dios si me lo pidiera?
¿Necesito yo un alto en el camino -como el que proporcionó Jesús a sus tres
discípulos en el monte Tabor- para verle transfigurado y transfigurar así
también mi vida?
Vamos por la vida caminando con gozo hacia el encuentro glorioso con Cristo
resucitado; ¿estoy dispuesto a asumir que a ese triunfo final sólo se llega
pasando por la cruz, por el servicio, por la vida entregada por y a los
hermanos?, ¿o prefiero quedarme en el Tabor (hacer tres tiendas) sin continuar
hasta el Calvario? Para la reunión de grupo
- La fe de Abraham fue "una fe contra toda evidencia"… ¿una especie de
"obediencia ciega"? Se trata fundamentalmente de un símbolo que no hay que
extrapolar tomándolo a la letra. Teniendo eso en cuenta: ¿la fe, puede estar
contra la evidencia de la razón? ¿Fe y razón pueden oponerse
contradictoriamente? ¿Puede estar la fe en contra del «sentido común»?
- Abraham no es «nuestro» padre en la fe, sino el padre de tres religiones
monoteístas, las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e
islamismo. ¿No parece que tenemos bastante infravalorada esta «consanguinidad» o
especial relación que deberíamos tener, que debería unirnos a las tres
religiones? Sin ir más lejos: ¿qué relación tenemos desde mi comunidad cristiana
con comunidades de religión judía o islámica de nuestra propia ciudad o región?
- (La citada obra "Un tal Jesús" incluye un episodio sobre la Transfiguración,
elaborado con bastante libertad literaria, el capítulo 68, que se presta a ser
escuchada (leída o representada) y dialogada en grupo. El comentario bíblico
teológico que acompaña al episodio –en el libro- es excelente; puede leerse en
http://www.untaljesus.net).
- También se puede tomar algún folleto bíblico sobre Abraham (en los Servicios
Koinonía hay varios) y preparar una reunión de grupo con un estudio sobre su
figura y significado).
- El pasaje de la transfiguración puede causar un malentendido, si nos lleva a
imaginar que Jesús "por dentro", o sea, en su conciencia psicológica, sabía y
veía y sentía todo como Dios, sólo que lo estaría disimulando o reprimiendo
continuamente... Tema difícil, pero importante, éste de la "conciencia
psicológica" de Jesús. Tal vez puede ser oportuno tener una charla, un
intercambio con una persona entendida en cristología...
- La frase “Dios no perdonó a su propio Hijo”, de la segunda lectura de hoy (Rm
8,31b-34), es equívoca, y si no se tiene en consideración la forma alegórica y
literaria de expresarse de san Pablo, puede hace un gran daño a la catequesis.
Por expresar hiperbólicamente el infinito amor de Dios a la humanidad, cae en la
representación de una imagen de Dios netamente vinculada a la violencia. La
comprensión clásica de la «redención», la «re-compra» de los esclavos humanos
para liberarlos, «pagando» con la sangre de su Hijo... es una imagen falsa de
Dios -por muy común que ha sido y es todavía-, y que merece que estemos atentos
a desmontarla siempre que se presente. Aun así, costará mucho tiempo, pues está
tan arraigada, que muchos la consideran esencial, todavía hoy. Recomendamos al
respecto el artículo Imágenes de Dios e imitación de Dios: problemas en torno a
la idea de expiación/satisfacción, en «Selecciones de Teología» 47/188
(diciembre 2008) 310-324. Se puede recoger aquí:
http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol47/188/188_daly.pdf Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que en medio de las oscuridades y angustias de nuestro
mundo sea siempre signo de la esperanza capaz de transfigurar la existencia
humana. Oremos.
- Por todas las personas, para que encontremos el sentido de la vida en el
trabajo por conseguir un mundo nuevo y mejor, transfigurado. Oremos.
- Por todos los que padecen injusticia, opresión, soledad, rechazo; para que
encuentren hermanos que transfiguren su mirada con la ayuda solidaria. Oremos
- Por todos los indecisos, para que descubran lo urgente que es amar. Oremos.
- Por todos los pueblos a los que no llegó la luz del Evangelio: para que sean
fieles a la luz que el Dios único ha puesto a su disposición en la religión del
pueblo en el que han venido al mundo. Oremos.
- Por esta comunidad nuestra, para que permanezcamos fieles a Jesús, a quien el
Padre resucitó de entre los muertos, y nos mantengamos firmes en la esperanza de
encontrarnos un día cara a cara con el Cristo glorioso. Oremos. Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que nos invitas a "escuchar a tu Hijo muy amado",
Jesucristo; abre nuestros corazones para que sepamos acoger su Palabra con
cariño y confianza, la pongamos por obra, y así lleguemos a participar un día de
la plenitud de su felicidad gloriosa. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo,
nuestro hermano e hijo tuyo muy amado...
o bien:
Dios, Padre y Madre de todos tus hijos e hijas, «que quieres que todos se salven
y lleguen al conocimiento de la Verdad», y que invitas a «escuchar a tu Hijo muy
amado», Jesús, nuestro hermano adelantado; haz que cada pueblo comparta con los
demás tu Palabra, la que has dado a cada uno de ellos en su propia religión,
para que reflejando cada uno un destello de tu luz pluriforme, mutuamente nos
iluminemos, y reconozcamos comunitariamente la Verdad plena de tu rostro siempre
inabarcable. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, nuestro hermano, hijo
tuyo muy amado.
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