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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 11 al 17 de Enero de 2009 
Bautismo del Señor

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del Bautismo del Señor, ciclo B el 14 de enero de 1979
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 11 de enero 2009
 Bautismo del Señor
 Alejandro

 

 INICIO

Is 42,1-4.6-7: “Miren mi siervo, a quien prefiero”
Sal 28: “El Señor bendice a su pueblo con la paz”
Hch 10, 34-38: “Ungido con la fuerza del Espíritu Santo”
Mc 1,7-11: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”

(En este ciclo pueden utilizarse también otras lecturas; véase:
http://servicioskoinonia.org/biblico/calendario/texto.php?codigo=20090111&cicloactivo=2009&cepif=0&cascen=0&ccorpus=0
 

En la visión bíblica, Dios presenta a su siervo como el escogido para anunciar e implantar la justicia en la tierra. Esa justicia será la luz para todas las naciones, y establecerá la alianza de Dios con todos los pueblos.

Obviamente, no podemos atribuirle a Isaías que estuviera pensando en Jesús precisamente como ese siervo escogido, pero la visión utópica de Isaías casa muy bien lo que el mismo Jesús vivió y anunció. La efusión del Espíritu con que sueña Isaías, de alguna manera se cumplirá en Jesús, y deberá llevar la paz y la justicia a las naciones, de forma discreta, humilde, como una ofrenda de Dios mismo a toda la humanidad, y con fuerza efectiva.

El evangelio de Marcos presenta a Jesús como el Mesías esperado. Este Mesías va a responder a la iniciativa providente de Dios mediante una vida de obediencia perfecta. Su fidelidad realizará definitivamente la salvación; da comienzo al tiempo del Espíritu. En la visión de Marcos, al aceptar el bautismo, Jesús recibe oficialmente la investidura mesiánica; el Espíritu desciende sobre él porque en él encuentra un terreno adecuado y fecundo, una persona totalmente entregada a la Causa de la Utopía («el Reino» dirá él). Para la reflexión teológica de los primeros cristianos, que están elaborando el evangelio, Jesús ya “era” antes que Juan Bautista.

El bautismo de Jesús inaugura su vida pública y contiene en potencia todo el itinerario que deberá recorrer. Parece un dato histórico cierto: Jesús, como tantos otros jóvenes de su tiempo, se siente conmovido por la predicación de Juan, y acude a recibir su «bautismo», con un rito de «inmersión» en las aguas del Jordán, un rito casi universal que significa una decisión radical de entrega a una Causa, por la que uno se declara ya decidido a dar la vida, a morir incluso. Jesús, con la coherencia de su vida, hará homenaje a su decisión de hacerse bautizar por Juan. Todo seguidor de Jesús está llamado a hacer suya esa coherencia de vida y esa radicalidad de decisión, que se expresa y anticipa en el rito del bautismo, y se debe hacer realidad todos los días.

Muchos son los que en la Iglesia Católica y fuera de ella reconocen que la práctica bautismal típica de los tiempos de cristiandad, el bautismo masivo de niños, como praxis generalizada y oficial -téngase en cuenta que la ley oficial prohíbe a las diócesis establecer el bautismo de adultos como forma preferencial- necesita una revisión. Para la significación de la admisión de los niños/as en la comunidad puede hacerse cualquier otro tipo de celebración «bautismal», pero si creemos realmente la seriedad y radicalidad de lo que decimos que el bautismo significa, parece incoherente que la legislación insista tercamente en cerrar la puerta incluso a los que quieren intentar una praxis más coherente, más racional, y también más evangélica, al estilo de Jesús y de la primitiva comunidad cristiana.

No deberíamos dejar de señalar un hecho grave, absolutamente novedoso: el pequeño pero a la vez creciente y signficativo movimiento de solicitudes de anulación de bautismo que se dan en el ámbito de las Iglesias europeas. Es cierto que muchas de tales solicitudes, más que de «anulación de bautismo» son «solicitud de baja administrativa en la Iglesia». Lo común es que las personas no tienen en realidad quejas contra el bautismo como decisión religiosa humana radical (¿quién negaría su valor y su dignidad a semejante decisión?) sino contra el hecho de que es registrado y contabilizado estadísiticamente como incorporación a la Iglesia. Es importante señalar que, aunque mínimamente, este fenómeno ha comenzado a darse también en algunos países latinoamericanos: es un problema «estrictamente europeo».

El bautismo no sólo se sitúa en el camino de la propia aventura espiritual, sino que implica una responsabilidad para con los demás, una misión universal: la construcción de un mundo nuevo, la edificación, aquí y ahora, de la Utopía («el Reino», como la llamaría Jesús). El bautizado cristiano, como «seguidor», como inspirado por el Jesús que se hizo bautizar por Juan muy conscientemente, muy adulto, está llamado a ser, con él, salvador de la humanidad y de la creación, del planeta, puesto en riesgo grave por las políticas antiutópicas de la civilización capitalista industrial ecológicamente irresponsable.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 7 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:
 http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100007
 Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap07b.mp3
La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 34, titulado «¿Bautismo de niños?», cuyo texto y audio pueden ser recogidos en: http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=130034
 

Para la revisión de vida
- Hoy es el primer domingo del “tiempo ordinario”; se acabaron los “tiempos fuertes” de la liturgia, el adviento y la navidad; vuelve la vida ordinaria… Un adagio clásico de ascética decía: “in ordinariis, non ordinarius”, para expresar la meta de quien quiere ser santo (‘extraordinario’) en las cosas ordinarias, en la vida diaria… Al comenzar el “tiempo ordinario” debemos renovar nuestro deseo de vivir “extraordinariamente”.
 

Para la reunión de grupo
-  La misión del mesías puede leerse como “implantar el Derecho”. Reflexionemos: ¿Qué relación tiene el Derecho con la misión de todo un Mesías? ¿Qué relación puede tener el Derecho con la misión de todo un cristiano?
- ¿Cómo está nuestro mundo desde la óptica del Derecho? ¿Es el Derecho (Internacional, mundial) el que rige el “orden” del mundo? ¿Estamos avanzando hacia un ordenamiento jurídico mejor, o hemos retrocedido hacia la ley de la selva, la ley del más fuerte, la justicia (o venganza) por la mano propia…? ¿Puede ser la promoción del derecho y la exigencia de un nuevo Derecho Mundial uno de los grandes deberes de los cristianos, para hacer efectiva en nosotros la misión del Mesías en el mundo actual?
- ¿Y en lo que respecta al derecho económico? ¿Quién es el responsable del sistema económico planetario? ¿Quién lo diseñó en Bretton Woods? ¿Por qué todavía estamos viviendo sometidos a unas reglas capitalistas dictadas por los vencedores de una guerra que ya acabó hace sesenta años? ¿Por qué para la reorganización del sistema financiero, sumido en grave crisis sistémica, se vuelven a reunir los países «industrializados» y no se convoca una asamblea mundial? ¿Todavía nos parece una locura, una desmedida exigencia de democracia mundial? ¿Dónde están los nuevos “mesías” llamados a “implantar el derecho a las naciones”?
- ¿Guarda el bautismo de Jesús alguna relación con nuestro bautismo?
-
- Jesús “se bautizó como adulto”. El bautismo de Juan era bautismo de adultos. Jesús se hizo bautizar por Juan como fruto de una decisión personal adulta. ¿Qué pensar del bautismo administrado sistemáticamente a los niños? ¿Debería reformarse la pastoral bautismal? ¿Por qué? ¿Hacen mal unos padres que prefieren dejar que sea su hijo/a quien elija el día de mañana, cuando sea consciente, si quiere ser bautizado?
 

Para la oración de los fieles
-- Para que todos los hombres y mujeres, sean de la religión que sean, acepten y fomenten el Amor, la Justicia y el Derecho, roguemos al Señor…
- Por todos los seguidores de Jesús, para que se distingan siempre –como el Mesías en el que creen- por su amor a la paz, a la concordia, a la justicia y al derecho…
- Para que aprendamos de todos los hombres y mujeres, de cualquier religión, que han descubierto el imperativo absoluto de los derechos humanos, que vienen a ser “derechos divinos”…
- Para que todos renovemos nuestro bautismo: nuestra decisión de seguir a Jesús y comprometernos con su proyecto mesiánico de “implantar el Derecho en el mundo”…
- Para que la Iglesia resuelva de la mejor manera posible la problemática inherente a la pastoral del bautismo de niños…

Oración comunitaria
Dios Padre nuestro, que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu “Hijo muy amado, el predilecto”; te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos concedas conformarnos cada día más cercanamente a su imagen, haciendo nuestra su Causa y prosiguiendo su misión de ser “luz de las naciones” y de “implantar el Derecho en la tierra”. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor…

Dios Padre-Madre, nuestro y de todos los seres, de la entera creación. Inspirados por la memoria de Jesús, que optó radicalmente por entregar su vida a la Causa de la Utopía, que él llamaba emocionadamente «Reino de Dios», ayúdanos a entregar también nuestra vida, radical y apasionadamente, a la Causa de la misma Utopía, para que también a nosotros, como a él en el momento de su bautismo por parte de Juan, nos envíes a la misión de hacer que el Derecho sea implantado entre las Naciones. Nosotros te lo pedimos inspirados por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
 



 Lunes 12 de enero 2009
 Julián -Tatiana

 INICIO
Hb 1,1-6: “Dios nos ha hablado por el Hijo”
Sal 96: “Adoren a Dios, todos sus ángeles”
Mc 1,14-20: “Conviértanse y crean en el Evangelio”

Hay que subrayar en primer término el contexto humano de la vocación de los discípulos: son hermanos, conciudadanos, relacionados entre sí por la vocación de ser pescadores y originarios de la misma región que Jesús: Galilea. La vocación no es tan sólo sobrenatural; el llamamiento de Dios se puede leer también en el ámbito terrestre. Pero no por eso la vocación deja de ser fundamentalmente iniciativa del Maestro: los pescadores serán los mensajeros del juicio de Dios. Jesús los hará pescadores de hombres, y para que le colaboraren en la ardua misión que tiene por el bien de la humanidad. Este seguimiento no será fácil, porque implica dejar todo (redes y barcas), incluso la propia vida, para optar por el proyecto del reino de Dios.

En realidad, los discípulos estuvieron mucho tiempo titubeando y no abandonaron definitivamente su profesión hasta después de la Resurrección. La forma en que Jesús llama es característica del “nuevo estilo” que el joven rabí (maestro) quiere imponer a los suyos. Jesús se presenta como un caminante en marcha incesante para ir al más pobre y al más alejado, y exige a sus discípulos no tanto oídos deseosos y miradas entusiastas, sino más bien aliento para andar y fuerza para encontrarse con el otro. Es desde ese encuentro con el “otro” donde se llega al totalmente “Otro”, al que llamamos Dios. Que el Señor nos ayude en la misión que tenemos como seguidores de Cristo, y que aumente nuestra fe para poder seguirle en libertad y con pasión.


 Martes 13 de enero 2009
 Hilario

 INICIO
Hb 2,5-12: “Por la gracia de Dios, padeció la muerte por todos”
Sal 8: “Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos”.
Mc 1,21-28: “Enseñaba con autoridad”

El milagro que se relata en este pasaje de Marcos está presentado en el contexto de un género literario empleado en gran número de otros: descripción del estado del enfermo, autoridad soberana y poderosa de Jesús, eficacia inminente de su Palabra o de su gesto y, finalmente, la reacción de la multitud. Una forma literaria de ese tipo tiene como finalidad revelar el poder de Cristo. En la descripción de los milagros de Jesús, Marcos se contenta frecuentemente con ese tipo de poder. Lo describirá sobre todo en oposición al influjo ejercido hasta entonces por los demonios. Para la mentalidad de su tiempo la humanidad está sometida a los “espíritus impuros”, que son la causa de las enfermedades y de la muerte. Pero Dios debe poner algún día término a ese imperio tiránico por medio de su Enviado, el “Santo de Dios”. Para Marcos, el milagro no es más que el arma por excelencia del enviado de Dios contra el poder de los “espíritus impuros”, a los que ataca precisamente allí donde dejan de manifiesto su presencia: la enfermedad y la muerte.

Interesa revalorizar el poder con que Jesús se manifiesta cual enviado de Dios. Parece que, al menos en Marcos, ese poder es ya el de la Resurrección. El milagro no se comprende sino con referencia al misterio pascual, es decir, el de la Resurrección, que no es más que el sometimiento de la muerte a la vida: una vida plena para todos.




 Miércoles 14 de enero 2009
 Félix de Nola

 INICIO
Hb 2,14-18: “Tenía que parecerse en todo a sus hermanos”
Sal 104: El Señor se acuerda de su alianza eternamente”
Mc 1,29-39: “Sanó a muchos enfermos de diversos males”

El sumario sobre los milagros de Jesús pertenece a un género literario muy especial donde hay, incluso, lugar para las intervenciones personales, y Marcos no deja de introducir un tema predilecto: el silencio que Jesús impone a los demonios o a los sujetos del milagro, al comienzo de su ministerio. Esta reacción proviene de una especie de pudor que el hombre experimenta hacia todo lo que en él viene de más arriba que él. Jesús oculta su poder taumaturgo (sanador) porque lo considera como una fuerza superior a sus medios humanos y porque no quiere que su mesianismo y su poder sean entendidos en forma distorsionada. Marcos ha visto en ese silencio una defensa contra la incomprensión de que se ve envuelto. La palabra que está sembrando corre el peligro de ser recibida con un entusiasmo demasiado “nacionalista” y de provocar desagradables juicios desestimativos respecto a su misión. Jesús rechaza el éxito ambiguo; el ideal misionero es el fermento de su vida. Y ese ideal se traduce en llenarse del amor de Dios a tal punto de poder transformar la sociedad para bien, en favor del ser humano y de la creación toda. Es su estilo de vida misionera. Un estilo de vida que lo invita a ir más allá de las fronteras de su tierra. Y que nos invita a nosotros, por cierto




 Jueves 15 de enero 2009
 Mauro - Raquel

 INICIO
Hb 3,7-14: “Anímense los unos a los otros, mientras dure este "hoy"
Sal 94: "Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: "No endurezcan su corazón"
Mc 1,40-45: “La lepra se le quitó, y quedó limpio”

El leproso es marginado por su enfermedad, consecuencia de su pecado, según la tradición judía. La lepra era la mayor muralla social y, al mismo tiempo, una enfermedad que sólo Dios podía curar ante la petición humilde del “impuro”. Jesús no repara en tocar lo intocable y, en lugar de quedar contaminado, comunica su propia “pureza”. El segregado queda reintegrado. Es un gesto grandioso y revelador. El leproso es invitado a no proclamar su curación, pero en cambio se convierte en testigo de la acción de Jesús y anuncia abiertamente la acción liberadora de que ha sido objeto.

Jesús tiene el poder de integrar en su ministerio a todos y a todo; rompe todos los esquemas de marginación; su práctica pretende abolir las fronteras que dividen a los hombres.

El discipulado no se puede convertir en un grupo cerrado de “elegidos”, sino más bien tiene que saber descubrir todos ambientes de marginación que la sociedad va creando. Su misión será reintegrar a todos para que sean partícipes de la misericordia de Dios, que siempre está dispuesto a ir en busca de la oveja perdida para regresarla al redil.




 Viernes 16 de enero 2009
 Marcelo

 INICIO
Hb 4,1-5.11: “Empeñémonos en entrar en aquel descanso”
Sal 77: “No olviden las acciones de Dios”
Mc 2,1-12: “El tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”

Jesús libera al paralítico del estigma de que su enfermedad deriva de su pecado. Jesús quiere cambiar la mentalidad de quienes lo humillan de esa forma. La multitud que asiste a la liberación del enfermo toma repentinamente posición contra Jesús. La parálisis ha cambiado de campo, y Jesús ve que su propio proceso comienza con la acusación que muy pronto será la causa de su muerte: “¡blasfema!”. En la medida que el hombre moderno ha perdido el sentido de Dios, ha ahogado el sentido del pecado y, por consiguiente, la significación de un Mesías que perdona y que muere por el perdón de los pecados. El cristiano no podrá dar testimonio del perdón de Dios y de su necesidad si no purifica su propio concepto de pecado, y si no hace del perdón una tarea comunitaria del amor en la edificación de la paz, de la justicia social y en las mil facetas de la vida humana. La misión de Jesús fue levantar al pobre de su condición inhumana: “levántate, toma tu camilla y vete”. Ponerse en camino (andar) significa tomar nuevos rumbos de vida y no dejarse someter por las estructuras injustas que muchas veces invalidan la dignidad humana.



 Sábado 17 de enero 2009
 1ª semana de tiempo ordinario
 Antonio Abad

 INICIO
Hb 4,12-16: “Acerquémonos con confianza al trono de la gracia”
Sal 18: “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”
Mc 2,13-17: “No vine a llamar a justos, sino a pecadores”

El llamamiento de Leví y de los pecadores les es dirigido hoy a los cristianos, invitados a hacer la experiencia de la misericordia para con ellos. Como todos los seres humanos, son pecadores, pero descubren que el amor de Dios les busca hasta en su mismo pecado. El tomar en cuenta a un publicano para que le siguiera era motivo de escándalo para la gente, y de manera especial para los letrados. ¿Cómo es posible que éste, que se hace llamar Maestro, coma con publicanos y con pecadores? Para Jesús lo importante es la persona, y no tanto su condición de pecador; aunque, obviamente, lo invita al cambio de vida, por su propio bien y el de todos. El pecador sólo descubre la misericordia de Dios si ésta constituye para él un llamamiento a la conversión y al cambio de vida y, más aun, una misión apostólica, ser testimonio en el mundo. Los pecadores, a quienes tradicionalmente se ha contrapuesto a los justos tan sólo para condenarlos, son en este pasaje testigos de una cualidad religiosa esencial: la humildad puesta al servicio del llamamiento, contrapuesta al orgulloso rechazo de la buena conciencia de los fariseos.