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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 30 de Noviembre al 6 de Diciembre de 2008 – Ciclo B
Domingo 1º de Adviento

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 1º de Adviento, ciclo B el  3 de diciembre de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 30 de noviembre de 2008
 1º de Adviento (Comienza el ciclo B)
 Andrés, apóstol

 INICIO

Is 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!
Salmo responsorial 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
1Co 1,3-9: Esperamos a nuestro Señor Jesucristo
Mc 13,33-37: ¡Estén atentos y despiertos!

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio... Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos. Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día... Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos... Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos, en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos...

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina... sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» -que eso significa la palabra-, el «noch nicht Sein» que diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»... Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza... Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»...

Después de los años 90 pasados, estamos en un tiempo en el que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura antiutópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta esta vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad... ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad... Ni siquiera es «el cielo»... ¡Es el Reino! No es otro mundo... Es este mismo mundo... ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda...!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura antiutópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios... Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé», Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 105 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un cielo nuevo y una tierra nueva». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500105 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap105b.mp3

[Una sugerencia pastoral:

Durante la segunda parte del adviento y también en la navidad, los evangelios de la infancia van a ser una lectura constante. Recomendamos estas dos obras como texto-base para las reuniones de estudio de los grupos de formación en la comunidad cristiana:

• el texto de Leonardo Boff sobre los evangelios de la infancia, disponible en http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/BoffEvangeliosDeLaInfancia.htm

• el libro de John Shelby SPONG, Jesús, hijo de mujer, disponible en la biblioteca de Koinonía (www.servicioskoinonia.org/biblioteca); en el menú “selección por autor”, seleccionar “todos los autores” y pulsar “ir”, y aparece la lista de obras, por orden alfabético de autores.

• También podrán ser muy útiles los capítulos dedicados a este tema en la conocida serie «Un tal Jesús», cuyos textos, audios (mp3) y comentarios bíblico-teológicos pueden ser recogidos libremente en www.untajesus.net ].

Para la revisión de vida
Adviento = Advenimiento = Esperanza:
¿Se puede decir que mi vida espera algún Advenimiento (con mayúscula)?
¿Es mi vida una vida de esperanza, de tensión, de búsqueda, de utopía, de proyecto histórico? ¿Camino hacia algún sitio, con algún norte? ¿Cuál? Auscultar realmente mi esperanza y hacer el ejercicio tal vez de expresarla por escrito para mí mismo/a.

Para la reunión de grupo
- Hagamos en el grupo un «análisis de coyuntura de la esperanza»: ¿Cómo está la esperanza en nuestra sociedad? ¿Es una sociedad de esperanza? ¿Qué esperanzas («largas o cortas») mueven a las personas hoy? ¿Hay lugar para las actitudes utópicas? ¿Por qué?
- Hagamos un juicio sobre esa situación de la esperanza hoy en nuestra sociedad. ¿Qué actitud debemos adoptar los cristianos ante esta situación? ¿Podemos «inculturarnos» en esta forma de ser y de vivir?
- Numerosos pasajes del Evangelio contienen una llamada para que estemos vigilantes; clásicamente nos las interpretaron como llamados a estar «preparados para la hora de la muerte»... ¿Será que el Evangelio no tiene otro interés que el de prepararnos a “bien morir”, a que la muerte no pudiera «sorprendernos»? ¿No es más cierto que el Evangelio pretende, sobre todo, enseñarnos a vivir, y a tener una esperanza que no le tema a la muerte?

Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que dé testimonio de la Utopía del Evangelio y anime con su esperanza a todas las personas. Oremos.
- Por todas las situaciones de injusticia, explotación y violencia en que viven muchas personas, para que confrontemos con ellas nuestra esperanza. Oremos.
- Por todas las personas de buena voluntad, por los sencillos, por los hijos del pueblo, para que nunca caigan en la trampa de renunciar a la utopía y a la esperanza. Oremos.
- Por todos los que nos preparamos a celebrar la Navidad, para que la preparemos sobre todo en la transformación de nuestro corazón y nuestra vida. Oremos.
- Por los obreros y campesinos, por los emigrantes, por los pueblos del tercer mundo, para que dejen de ser las víctimas del progreso y el bienestar de los países ricos y poderosos. Oremos.
- Por todos nosotros, para que respondamos a la llamada a estar vigilantes, no para bien morir sino para bien vivir. Oremos

Oración comunitaria
Oh Misterio inefable que sustentas el Ser y la Vida, al cosmos y al ser humano dentro de él: acoge nuestro deseo de caminar por la vida confiados en la bondad primordial de tu iniciativa, que nos antecede y supera, y en la que queremos tener el coraje de cifrar nuestra esperanza a pesar de todos los signos de desesperanza que nos rodean. Te presentamos la expresión de nuestros sentimientos más profundos. Acógela. Amén.

Dios, Padre nuestro, al comenzar un nuevo Adviento te pedimos que avives nuestra fe, fortalezcas nuestra esperanza y consolides nuestro amor, de modo que podamos celebrar con verdadero gozo el nacimiento de tu Hijo Jesucristo. Que vive y reina.
 



 Lunes 1 de diciembre de 2008 
 Florencia – Eloy

 INICIO
Is 2,1–5: Todas las naciones vendrán a él
Salmo responsorial 121: Vamos alegres a la casa del Señor.
Mt 8,5-11: La fe del centurión

“Vendrán de Oriente y Occidente para sentarse a la mesa”: qué palabras más llenas de esperanzas nos dice Jesús hoy. En definitiva nos reafirma una vez más que el reino es para todos sin ninguna distinción: de raza, posición social o creencia alguna… Pero, ¿cuál es la clave para conseguir esto? Tres cosas, de acuerdo a este evangelio: reconocer a Jesús como el “salvador”, hacerse humilde ante la gratuidad del amor de Jesús y confiar que el Señor todo lo puede.

Nótese que el centurión estaba pidiendo la sanación para su criado. El, a pesar de pertenecer al aparataje opresor, muestra ante Jesús una fe y humildad impresionantes, esa fe que Jesús proponía a sus discípulos desde el comienzo; fe de confianza y abandono que lo hace merecedor de admiración y pronta respuesta: “Yo iré a sanarlo”.

Esta situación nos tiene que alegrar hoy a cada uno de nosotros. Hemos de pedir con fe, esperanza y abandono, reconociendo que “no somos dignos de que entres en mi casa”, pero con la seguridad de que el Señor hará todo aquello que nos conviene. Las palabras finales de esta “historia” son decidoras: “anda, que te suceda como has creído”, y en aquella hora se curó el criado.


 Martes 2 de diciembre de 2008
 Bibiana - Viviana

 INICIO
Is 11,1-10: El Señor no juzgará por las apariencias
Salmo responsorial 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente
Lc 10,21-24: Dichosos los ojos que ven lo que ustedes

Al ver el éxito de los 72 discípulos enviados a predicar, Jesús se llena de alegría y agradece al Padre por la manera como obra el plan de Dios entre la gente sencilla. Son los sencillos quienes han dado el salto de calidad humana y se han valorado a sí mismos y a los demás como seres humanos, reconociendo a Jesús en toda su dimensión.

Es precisamente la gente sencilla la que descubre ayer y hoy que es capaz de transformar las cosas y construir el reino aquí y ahora, y es justamente por eso que Jesús trata de “felices” a los sencillos, porque han podido dimensionar desde su sencillez la grandeza del plan de Dios.

También Jesús proclama una vez más la común-unión entre él y el Padre, pues nadie conoce al Padre si no es a través de su Hijo y a quien El lo quiera revelar.

El Señor nos invita hoy a esforzarnos por tener un corazón sencillo, para poder aprender a valorar la sabiduría de los más “pequeños”, reconocer en todas las personas a nuestros verdaderos hermanos y hermanas, y en ellos ver la cara amorosa del Padre.

Nos caben dos preguntas: ¿Cómo podemos hacer realidad esto en nuestra sociedad? ¿Tenemos que descartar a los sabios e inteligentes, a reyes y profetas?


 Miércoles 3 de diciembre de 2008 
 Francisco Javier

 INICIO
Is 25,6–10ª: El Señor preparará un banquete
Salmo responsorial 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Mt 15,29-37: Segunda multiplicación del pan

En el evangelio de hoy Cristo nos presenta dos facetas distintas pero muy unidas entre sí: en primer lugar nos demuestra su predilección por los pobres, enfermos, desvalidos, oprimidos, y para cada uno de ellos tiene una respuesta de sanación. Nosotros también estamos incluidos en esas personas. Porque nos hemos hecho cojos por el apego a las cosas materiales, ciegos por el orgullo, mudos por la soberbia y tantas otras enfermedades espirituales. Pero hoy tenemos claro dónde está nuestra verdadera solución: sólo él tiene nuestra sanación. Por otra parte, Jesús se compadece de la multitud que le sigue dejándolo todo sin preocuparse por el mínimo sustento; por ellos y para ellos realiza el milagro de la multiplicación de los panes, para satisfacer sus necesidades más urgentes. A lo largo de la historia Jesús ha multiplicado y sigue multiplicando el pan y todos los alimentos. Basta ver cómo en los hogares más humildes de nuestros pueblos se comparte la mesa con el más necesitado, y “nunca falta”. Ese es un milagro que a diario Jesús hace con todas aquellas personas que lo arriesgan todo y/o se entregan confiados a él.

Nuestra vida ¿está dispuesta para que Jesús siga realizando el milagro?

 


 Jueves 4 de diciembre de 2008
 Juan Damasceno – Bárbara

 INICIO
Is 26,1–6: Abran las puertas; que entre gente buena
Soalm responsorial 117: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Mt 7,21.24-27: La casa edificada sobre roca, resiste

El verdadero discípulo es aquél que cumple la voluntad de su maestro. Cristo nos guía para hacer la voluntad del Padre, y nos deja muy en claro que no nos podemos engañar: no basta decir “¡Señor, Señor …!”; lo que verdaderamente hay que hacer es ponerse de pie y actuar de acuerdo a lo que le hemos escuchado o leído en cada evangelio, ¡porque ésa es la voluntad del Padre! ¿Qué tenemos “que hacer”? Pensemos cuán maravilloso es su mensaje, cuánto más hermoso cumplirlo, y cuán grande será la recompensa: el reino.

La invitación de hoy es a ponerse de pie y edificar sobre la roca del Señor, pues el que no edifica no tiene donde cobijarse. Si es necio construir en la arena, peor será no construir. Ese Dios-Fortaleza es el fundamento sobre el que nos toca construir; la vida de oración y la vida de acción son absolutamente necesarias para todos y cada uno de nosotros. Sin Dios, sin Cristo, nada podemos hacer. Cristo nos viene a enseñar a construir el edificio de nuestra vida de santidad; escuchémoslo en cada lectura bíblica, en cada uno de nuestros hermanos y hermanas.

Sería bueno que nos preguntáramos: ¿sobre qué bases estamos construyendo nuestras sociedades? Que no nos baste con decir “¡Señor, Señor…!”



 Viernes 5 de diciembre de 2008
 Ada – Anastasio – Sabas

 INICIO
Is 29,17–24: Los humildes se alegrarán en el Señor
Salmo responsorial 26: El Señor es mi luz y mi salvación.
Mt 9,27-31: ¡Hijo de David, ten piedad de nosotros!

Los dos ciegos dan prueba de una auténtica fe: confían en el poder que tiene Jesús para sanarlos. Pero el Señor evita curarlos públicamente porque no quiere que se confunda la finalidad de su venida. Como lo reitera en la despedida, una vez en casa Jesús repite igual que otras veces: “que suceda como ustedes han creído”, o “vete, tu fe te ha salvado”, poniendo en primer lugar nuestra fe y confianza en el poder salvífico del Señor. La respuesta clara y segura de los ciegos es la misma que nos pide a nosotros hoy; y tenemos que entregarla con la misma fuerza y seguridad: “¡Sí, Señor, creo. Creo que eres mi Dios y salvador, que me amas y perdonas!” Y después de esta manifestación de fe, salir como los ciegos a proclamar que el Señor es bueno.

Reconozcamos, pues, nuestra ceguera y entreguémonos confiados en las manos del Señor, porque él es la Luz que nos ilumina; gracias a su luz todo nos parece claro y trasparente. Reconozcamos también nuestra capacidad de ver, para así poder ayudar a los que aún caminan por diversos caminos de oscuridad. Digamos, pues, como los dos ciegos: “¡ten compasión de nosotros, Hijo de David!”



 Sábado 6 de diciembre de 2008
 Nicolás de Bari

 INICIO
Is 30,19–21.23–26: El Señor promete misericordia
Salmo responsorial 146: Dichosos los que esperan en el Señor.
Mt 9,35-10,1.6-8: El reino de los cielos está cerca

Aquí se ve claramente que la misión de Jesús se prolonga por medio de los discípulos; es más, es un mandato expreso. Es el tiempo del servicio con los hermanos, hombres y mujeres de todos los tiempos, lugares y razas. Es deber del cristiano ser misionero, proclamar a tiempo y a destiempo la Buena Noticia de que el reino ha llegado. Nosotros somos los constructores de este reino.

Debemos difundir el mensaje de salvación con nuestra oración, con nuestras palabras y, por sobre todo, con nuestro testimonio. Jesús nos entrega el poder para sanar y nos envía al servicio de los demás, pero un servicio gratuito, sin esperar nada a cambio; sólo por amor; pues reconocemos en cada hermano y hermana al mismo Jesús. El Padre ha enviado a Su Hijo a la tierra, y éste, a su vez, envía a sus discípulos; pero también envía a su Espíritu para iluminar al misionero y permitirle llegar al corazón y al espíritu de quien lo escucha.

Por esto debemos invocar siempre al Espíritu al iniciar una tarea, cualquiera que ella sea, para que nos ilumine y seamos lo más fielmente posible traductores del mensaje del Señor