Domingo 30 de noviembre de 2008
1º de Adviento (Comienza el ciclo B)
Andrés, apóstol
INICIO
Is 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá
rasgases el cielo y bajases!
Salmo responsorial 79: Oh Dios,
restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
1Co 1,3-9: Esperamos a nuestro
Señor Jesucristo
Mc 13,33-37: ¡Estén atentos y
despiertos!
La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío:
reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una
tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y
en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado
desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían
gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado
continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la
mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.
Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las
instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con
mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si
ya no haía remedio... Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la
nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del
presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los
valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.
Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden:
mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él
tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más
superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la
misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en
guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo.
El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde
se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio
una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud
vigilante.
La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia
el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte
apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría
acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar
preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en
cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados».
Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una
imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano
feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación
eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la
«huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida
por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros
defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos.
Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios»
pudiera tener hoy día... Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de
la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el
firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos... Pero son
tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy
leemos, en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son
todavía premodernos...
El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o
la rutina... sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer
modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún
es más vigente.
¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un
tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar
pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la
Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por
una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento
mismo, el «Advenimiento» -que eso significa la palabra-, el «noch nicht Sein»
que diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía
pero tratando de llegar a ser»... Ateo como era, Bloch construyó toda su
poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y
presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del
mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza... Ebeling, en la
misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus
posibilidades»...
Después de los años 90 pasados, estamos en un tiempo en el que se ha dado un
«desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de
las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la
cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y
utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en
«grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura antiutópica, antimesiánica,
a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los
productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo
seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de
toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el
«disfruta esta vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer
contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún
«advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico»,
o a un tiempo pre-navidad... ¿Cómo pues?
El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad... Ni siquiera
es «el cielo»... ¡Es el Reino! No es otro mundo... Es este mismo mundo... ¡pero
«totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin
preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la
nostalgia de Aquel que decía «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo
que arda...!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura
antiutópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la
Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios... Podríamos no
celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y
mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de
cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento
del Nuevo Mundo.
Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y
solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales
explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé», Reino de Dios,
pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el
Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace
estar en «alerta».
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 105 de la serie «Un tal
Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un cielo nuevo y una tierra
nueva». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500105 Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap105b.mp3
[Una sugerencia pastoral:
Durante la segunda parte del adviento y también en la navidad, los evangelios
de la infancia van a ser una lectura constante. Recomendamos estas dos obras
como texto-base para las reuniones de estudio de los grupos de formación en la
comunidad cristiana:
• el texto de Leonardo Boff sobre los evangelios de la infancia, disponible
en
http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/BoffEvangeliosDeLaInfancia.htm
• el libro de John Shelby SPONG, Jesús, hijo de mujer, disponible en
la biblioteca de Koinonía (www.servicioskoinonia.org/biblioteca);
en el menú “selección por autor”, seleccionar “todos los autores” y pulsar “ir”,
y aparece la lista de obras, por orden alfabético de autores.
• También podrán ser muy útiles los capítulos dedicados a este tema en la
conocida serie «Un tal Jesús», cuyos textos, audios (mp3) y comentarios
bíblico-teológicos pueden ser recogidos libremente en
www.untajesus.net ].
Para la revisión de vida
Adviento = Advenimiento = Esperanza:
¿Se puede decir que mi vida espera algún Advenimiento (con mayúscula)?
¿Es mi vida una vida de esperanza, de tensión, de búsqueda, de utopía, de
proyecto histórico? ¿Camino hacia algún sitio, con algún norte? ¿Cuál? Auscultar
realmente mi esperanza y hacer el ejercicio tal vez de expresarla por escrito
para mí mismo/a.
Para la reunión de grupo
- Hagamos en el grupo un «análisis de coyuntura de la esperanza»: ¿Cómo está la
esperanza en nuestra sociedad? ¿Es una sociedad de esperanza? ¿Qué esperanzas
(«largas o cortas») mueven a las personas hoy? ¿Hay lugar para las actitudes
utópicas? ¿Por qué?
- Hagamos un juicio sobre esa situación de la esperanza hoy en nuestra sociedad.
¿Qué actitud debemos adoptar los cristianos ante esta situación? ¿Podemos «inculturarnos»
en esta forma de ser y de vivir?
- Numerosos pasajes del Evangelio contienen una llamada para que estemos
vigilantes; clásicamente nos las interpretaron como llamados a estar «preparados
para la hora de la muerte»... ¿Será que el Evangelio no tiene otro interés que
el de prepararnos a “bien morir”, a que la muerte no pudiera «sorprendernos»?
¿No es más cierto que el Evangelio pretende, sobre todo, enseñarnos a vivir, y a
tener una esperanza que no le tema a la muerte?
Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que dé testimonio de la Utopía del Evangelio y anime con
su esperanza a todas las personas. Oremos.
- Por todas las situaciones de injusticia, explotación y violencia en que viven
muchas personas, para que confrontemos con ellas nuestra esperanza. Oremos.
- Por todas las personas de buena voluntad, por los sencillos, por los hijos del
pueblo, para que nunca caigan en la trampa de renunciar a la utopía y a la
esperanza. Oremos.
- Por todos los que nos preparamos a celebrar la Navidad, para que la preparemos
sobre todo en la transformación de nuestro corazón y nuestra vida. Oremos.
- Por los obreros y campesinos, por los emigrantes, por los pueblos del tercer
mundo, para que dejen de ser las víctimas del progreso y el bienestar de los
países ricos y poderosos. Oremos.
- Por todos nosotros, para que respondamos a la llamada a estar vigilantes, no
para bien morir sino para bien vivir. Oremos
Oración comunitaria
Oh Misterio inefable que sustentas el Ser y la Vida, al cosmos y al ser humano
dentro de él: acoge nuestro deseo de caminar por la vida confiados en la bondad
primordial de tu iniciativa, que nos antecede y supera, y en la que queremos
tener el coraje de cifrar nuestra esperanza a pesar de todos los signos de
desesperanza que nos rodean. Te presentamos la expresión de nuestros
sentimientos más profundos. Acógela. Amén.
Dios, Padre nuestro, al comenzar un nuevo Adviento te pedimos que avives nuestra
fe, fortalezcas nuestra esperanza y consolides nuestro amor, de modo que podamos
celebrar con verdadero gozo el nacimiento de tu Hijo Jesucristo. Que vive y
reina.
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