Domingo 23 de noviembre de 2008
34º Ordinario
Jesucristo, Rey del Universo - Clemente I, Papa y mártir. - Columbano
INICIO
Ez 34,11-12.15-17: A ustedes los
voy a juzgar
Salmo responsorial 22: El Señor es
mi pastor, nada me falta.
1Co 15,20-26.28: Devolverá el
reino de Dios
Mt 25,31-46: Se sentará en el
trono
Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey
Vamos a comenzar removiendo obstáculos. Hay alguna problemática en torno a
los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:
a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue
establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con
un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba
claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la
religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se
quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y
participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo
reconocida redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el
Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no
podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él
por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho
tiempo, el título de "Cristo Rey", el "reinado social del Corazón de Jesús"...
incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la
práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.
b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más
frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son
repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son -en
su mayor parte- en su forma clásica, sino en adaptaciones a la mentalidad actual
(por ejemplo las monarquías "parlamentarias") que, al superarla, niegan en el
fondo la esencia misma de lo que es un "reino".
Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje
teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica,
apofática... cada vez más se viene insistiendo en que la palabra "reino" no
sería la más adecuada en esta altura de la historia en la que ya no expresa una
forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se
evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como "rey", y de su
proyecto escatológico como un "reino". ¿Estamos seguros de que un reino, una
monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? ¿O en muchos
aspectos la realización del reino de Dios exigiría la superación de mucho de lo
que en la sociedad se parezca a una monarquía, a un “reino”? Una comunidad,
¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?
Pablo Suess viene proponiendo la expresión "democracia participativa del RD"
para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se
puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es evidente que es
bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para
hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el reino
mismo, el significado), de las limitaciones del significante (la palabra no
completamente adecuada).
Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de
Dios... que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica,
pluralista e inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación vida del Dios de los mil
rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos...».
c) Connotación de género en la palabra "Reino".
Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se
rechaza también la expresión (God's Kingdom) a causa de su machismo larvado. En
castellano no existe el problema, pero el saber que existe en otras lenguas
invita a prevenirlo en su uso consciente.
Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana
Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la
homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a
los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los
apuntamos:
a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se
proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio
total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su
vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a esta identidad
verdadera de Jesús.
Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se
olvidaron del Reino y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey...
El mensaje fue sustituido por el mensajero. Es preciso volver a Jesús...
Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio
de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea
fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que
dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia... es Paz...
es Gracia... es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y
debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para
la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.
b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta
interpretación de esta fiesta -muy común por lo demás en el cristianismo en
general- propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a
la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que dijo, no a lo que
después dijimos que dijo. Importa pues pastoralmente discernir la correcta
jerarquía de valores, que hoy más y más da en llamarse "reinocentrismo".
c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio
en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es
tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús
como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo
esperaron.
d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible
caminar en la historia, el "juicio final"... El final del año litúrgico nos hace
tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también
de nuestras vidas personales.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 100 de la serie «Un tal
Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El juicio de las naciones». El
guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500100
Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap100b.mp3
Para la revisión de vida
- El Reino de Dios fue el “leit motiv”, el estribillo de la vida de Jesús,
el centro de su predicación, el motivo de sus milagros, la razón de ser de su
fidelidad hasta la muerte, la corona de su resurrección. ¿Qué es para mí el
Reino de Dios? ¿Está también en el centro de mi vida? ¿Es mi «Causa», como fue
la de Jesús?
Para la reunión de grupo
- Basándose en este texto del evangelio, se dice en la teología latinoamericana
que, al fin y al cabo, los pobres (el amor efectivo hacia ellos, la opción por
su causa) son el «único sacramento universal e imprescindible para la
salvación». Todos los demás sacramentos, no son ni tan universales, ni tampoco
imprescindibles. Comentar la frase y el tema.
- Si Jesús no fue rey históricamente –y bien lejos que estuvo de serlo-, ni se
llamó rey, ni dejó que le llamaran así, ni le hubiera gustado que le llamaran
así, ¿tiene sentido que nosotros le aclamemos con ese título? ¿Por qué? ¿Podría
un cristiano o una comunidad rechazar el dar ese título a Jesús, o ese título
expresa un dogma? ¿Puede un cristiano ignorar o rechazar una advocación, una
devoción, incluso una oficial? ¿Por qué?
- La llamada “parábola del juicio final” nos cuenta claramente cuál es el
criterio con el que se nos va a examinar: “tuve hambre y me diste de comer...”
¿Me doy cuenta de que Dios no nos está pidiendo que hagamos nada «religioso»,
sino, sencilla y llanamente, que nos preocupemos del prójimo y lo ayudemos en
todo lo que podamos?
- Contemplemos una imagen tradicional de “Cristo Rey”: corona, cetro, trono,
ropaje... Hagamos un análisis simbólico de la imagen: ¿Qué evoca cada uno de
estos elementos simbólicos en la mente o en la piedad de un cristiano/a
sencillo/a? Hagamos a continuación un análisis teológico de lo expresado en la
pregunta anterior. ¿Cómo calificar esas evocaciones? ¿Cuáles son evangélicas y
cuáles antievangélicas? ¿En qué y por qué?
- Utilizar el episodio nº 100 de la serie radiofónica "Un tal Jesús" –citado más
arriba- para una reunión de trabajo en el grupo o la comunidad. Tanto el texto
como el audio –así como un sugerente comentario bíblico teológico- pueden ser
tomados de www.untaljesus.net
- ¿Qué podemos sugerir al sacerdote para la homilía de esta fiesta?
Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia de Jesús, para que siga siempre los pasos de aquél no vino a
ser servido sino a servir, roguemos al Señor...
- Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como
quería Jesús, acepten el poder como la herramienta que permite un servicio más
universal y más eficaz, roguemos al Señor...
- Por las religiones que -como en otro tiempo el catolicismo- todavía hoy
pretenden estados confesionales, santas cruzadas o repúblicas religiosas, en las
que una religión impone a la sociedad la "realeza" de un Dios intolerante y
uniformizador: para que comprendan que Dios es amor y pluralidad, y que está
contra toda manipulación de su nombre, roguemos al Señor...
- Para que Jesús, el que "pasó haciendo el bien" y "se humilló pasando por uno
de tantos" sea nuestro modelo, nuestro guía y -en ese sentido, sí- nuestro rey y
nuestra fuerza en la "militancia" por el Reino de Dios, roguemos al Señor...
- Para que los cristianos, y especialmente los teólogos, entremos cada vez más
en el nuevo paradigma del diálogo de las religiones, para que siempre
sospechemos desconfiadamente de todo planteamiento cristocéntrico que venga a
reducirse de hecho en un planteamiento eclesiocéntrico, roguemos al Señor...
Oración comunitaria
Oh Dios que quisiste fundar todas las cosas en tu amor universal a todos los
Pueblos, y en tu comunicación multiforme e inefable con todos ellos. Haz que
toda la Creación y la Humanidad, unidas por el Cuidado mutuo y el Diálogo, logre
la plenitud del Amor hacia el que siempre le has estado atrayendo. Tú que vives
y estás presente en todos los pueblos y religiones desde siempre y para siempre.
Amén.
Dios, Padre nuestro, que quieres que en nuestra vida nos veamos libres de toda
esclavitud y que luchemos para liberar a los oprimidos, haciendo así presente tu
Reino entre nosotros, te pedimos que guíes nuestros pasos para que construyamos
un mundo en el que todos vivamos como hermanos, como auténticos hijos tuyos, en
paz, en justicia y en libertad. Por Jesucristo.
Dios nuestro y de todos los Pueblos, Tú que, de un modo u otro, esperas a la
Humanidad revestido de todos los nombres, por los caminos de todas las
religiones; haznos comprender que Tú no quieres encomendarnos una evangelización
que someta a los pueblos, ni que arranque culturas y religiosidades, sino un
diálogo que promueva el Amor y la Justicia, la Verdad generosa y la Vida para
todos y todas. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y religiones
desde siempre y para siempre. Amén.
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