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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 21 al 27 de Septiembre de 2008
Domingo 25º de Tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 25 ºde Tiempo ordinario, ciclo A el 24 de septiembre de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 21 de septiembre de 2008
 25º Ordinario
 Mateo, apóstol y evangelista

 INICIO

Is 55,6-9: Mis planes no son los suyos
Salmo responsorial 144: Cerca está el Señor de los que lo invocan.
Flp 1,20c-24.27a: Para mí la vida es Cristo
Mt 20,1-16: Los últimos serán los primeros

La gracia y la misericordia de Dios se contrapone a la mentalidad religiosa judía de los tiempos de Jesús. Frente a la teología del mérito del sistema religioso se opone la teología de la gracia predicada por Jesús. Desde esta perspectiva, la salvación no se alcanza solamente por méritos propios sino por la misericordia de Dios que nos la concede a pesar de que no la merezcamos.

El texto del segundo Isaías centra su actividad profética en el tema de la consolación del pueblo desterrado. Pero el destierro fue por la desobediencia del pueblo y de sus dirigentes que se apartaron de Dios y quebrantaron la alianza. Sin embargo, Dios no abandona a su pueblo. Si el pueblo es infiel a la alianza, Dios permanece siempre fiel. Los caminos del Señor son muy distintos de los caminos humanos. El profeta insiste en la invitación a buscar al Señor. Hace un llamado a la conversión y al arrepentimiento porque Dios es Clemente y misericordioso y siempre está dispuesto al perdón. Los planes de Dios no son tan limitados y mezquinos como los de nosotros.

Pablo, en la carta a los Filipenses, plantea una seria disyuntiva: o morir para estar con Cristo o quedarse en medio de ellos para ayudarles en sus dificultades. Pablo, prisionero por Cristo, presiente que sus días ya están llegando a su fin. Perseguido, calumniado, encarcelado, azotado y despreciado de muchos ha vivido en su propia persona la pasión de su Señor. Consecuente con su predicación, si se ha esforzado por vivir el evangelio de Jesús, entonces es normal que corra la misma suerte que su maestro. Pero también tiene la plena convicción de participar de la gloria de la resurrección. Tanto su vida como su muerte está en función de Cristo. Si está vivo es para seguir anunciando el evangelio, si muere es para entrar en la plena comunión de los justificados por El. Así las cosas, Pablo siente que su misión ha llegado a su fin. Como Jesús, puede decir todo está cumplido. Pero a Pablo le queda la gran preocupación de la fragilidad de las comunidades, cuya fe está fuertemente amenazada por el ambiente cultural y religioso de las colonias del Imperio.

En la parábola de los trabajadores descontentos con la paga se refleja el modo de actuar de Dios contrario a nuestra mentalidad utilitarista. El contexto de la parábola debió se la controversia de Jesús con las autoridades judías por su continua relación con personas de dudosa reputación como publicados, pecadores, enfermos, niños, paganos y mujeres. Precisamente aquellos que estaba considerados impuros y, por tanto, excluidos del círculo de santidad. Pero en el contexto de la comunidad mateana se percibe el conflicto producido entre los judeocristianos y paganos cristianos que confluyen en la misma comunidad. Era inaceptable que los recién conversos tuvieran el mismo trato de los que han pertenecido desde tiempos antiguos al pueblo elegido. Es claro que el encuentro entre judaísmo y cristianismo en el seno de una misma comunidad resultó bastante complicado. Así lo manifiestan otros escritos del nuevo testamento como la carta a los gálatas.

La parábola, narrada por Jesús, parte de un hecho real. El propietario representa a los terratenientes que a base de aranceles habían quitado las tierras a los campesinos. Así mismo, los desocupados eran los que lo habían perdido todo y se alquilaban por cualquier cosa para poder vivir. Por supuesto que había quienes siempre eran clientes fijos del propietario, es decir, aquellos a quienes siempre se les contrataba, y estaban los que iban apareciendo a última hora. La clave de la parábola no está en la actitud equitativa del patrón, pues el podría pagar como quisiera. Lo que llamó la atención a los oyentes es que haya preferido a los que no eran sus trabajadores (los de la última hora) sobre los que si lo eran (los de la primera hora). Situación incomprensible desde todo punto de vista.

El sistema religioso del tiempo de Jesús y de las primeras comunidades centraba la práctica religiosa en el mérito y la paga. La salvación se había convertido en un mercado de compra y venta. Jesús cuestiona a fondo esta mentalidad que tanto mal le ha hecho al pueblo. La salvación es don gratuito de Dios. Y la gracia tiene que ver con el amor misericordioso. Dios no maneja nuestros esquemas contables interesados y lucrativos. Para Dios, tanto los primeros como los últimos son objeto de su inmenso amor y misericordia.

Hoy tenemos que superar todo espíritu de competencia y codicia. Tenemos que superar sobre todo el «exclusivismo» que todavía late en el subconsciente cristiano: ya no lo decimos ni lo sostenemos, pero muchos lo siguen pensando; nosotros, nuestra religión, sería la única verdadera, y por tanto la superior, la definitiva, la insuperable, aquella a la que las demás religiones (¡y culturas!) deberán confluir... Si ya muchos han abandonado aquella visión veterotestamentaria de que «las naciones y los pueblos vendrán a adorar a Dios en Sión» -porque sociológicamente ya no parece previsible ni viable que el mundo vaya un día a ser todo él cristiano-, no dejamos de tener esa conciencia de «exclusivismo» cuando nuestras autoridades y jerarquías condenan autoritariamente y sin diálogo alguno opiniones sociales, criterios éticos, que se dan en distintas sociedades, apoyados en el convencimiento de que nuestra verdad es incuestionablemente superior a la de los demás, previamente, sin necesidad de diálogo...

La apertura a todos, el reconocimiento sincero de que no tenemos un «gratuito e inmerecido derecho de primogenitura», que no somos «los (únicos) elegidos», que los que hemos considerado tradicionalmente «últimos» (o en todo caso, posteriores a nosotros) no lo son, que Dios es «gratuito» y sin favoritismos... son asignaturas pendientes todavía para las Iglesias cristianas...

No cabe duda de que aceptar en profundidad el mensaje evangélico de hoy de que «los primeros serán los últimos», nos exige un cambio de mentalidad a fondo. También el pluralismo religioso y el diálogo intercultural hay que elencarlos entre esos grandes desafíos generados por el descubrimiento más profundo de la «gratuidad de Dios» que la parábola del evangelio de hoy vuelve a poner ante nuestros ojos.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 61 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un denario para cada uno». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1300061 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap61b.mp3

Para la revisión de vida
¿Pienso que “tengo méritos” ante Dios? ¿Pienso que formo parte de «el pueblo elegido»? ¿O pienso en el fondo de mi corazón que tengo la ventaja de estar en una religión mejor (y que tengo a Dios «más de mi parte») que esos otros pueblos y civilizaciones no cristianos?
¿Me alegro de la santidad de los demás? ¿Puedo rezar aquella oración del cardenal Mercier, que venía a decir: “Señor, haz a los demás más santos que yo, con tal de que yo sea todo lo santo que Tú quieres que sea”?
¿Soy de las personas que tienen una vida sometida a la mercantilización? ¿Qué proporción de mi vida es actividad gratuita?

 

Para la reunión de grupo
- Hubo clásicamente una espiritualidad –que subsistió hasta no hace mucho tiempo- muy centrada en los “méritos”: hacer méritos para conseguir la salvación, “aplicar los infinitos méritos de la misa”, rezar las oraciones con más “días de indulgencia”… ¿Qué pensamos hoy de los “méritos? ¿Existen los méritos? ¿Podrían ser cuantificables? ¿”Merecemos” ante Dios? ¿Sería “amor puro” aquél que trata de conseguir “méritos” y lleva cuenta contable de los mismos?
- El viejo catecismo distinguía entre dos formas de arrepentimiento o dolor de los pecados: la de “contrición” (motivada por el amor a Dios) y la de “atrición” (motivada por el temor al castigo merecido). ¿Se podría decir que, paralelamente, hay dos formas de amor, uno que ama a Dios por “puro amor” y otra que ama a Dios con la vista puesta en los “méritos para la salvación”? (Ejemplo del primer tipo de amor sería el del soneto atribuido a Santa Teresa, “No me mueve, mi Dios, para quererte…”). Comentar
- El influjo neoliberal, la actual exigencia de “competitividad”, hace que todo se calcule y se tase, que a todo se le ponga precio y costo. Ya no hay lugar para la colaboración gratuita, desinteresada, “por amor al arte”… ¿En qué observamos esto?
- “Para mí, la vida es Cristo”. ¿Es correcta cualquier lectura, cualquier interpretación de esta frase de san Pablo? ¿Puede haber formas de poner a Jesús en el centro que sean inadecuadas? ¿Qué es lo que Jon Sobrino llama la “absolutización personalista del cristianismo”, como una forma de reducir el cristianismo a la relación del fiel con la persona de Jesús, eliminando de esa relación la referencia al Reino predicado por Jesús? (Cfr por ejemplo, J. SOBRINO, Jesucristo liberador, UCA, San Salvador, cap. 1, apartado 2.3).

 

Para la oración de los fieles
-- Por la Iglesia, para que trabaje siempre con toda su ilusión, con alegría y con todas sus fuerzas en la viña del Señor. Roguemos al Señor.
- Por los que nos proclamamos cristianos, para que tengamos presente que lo que nos debe caracterizar es el llegar a superar incluso la justicia, con el amor. Roguemos...
- Por todas las personas, para que el amor abra los corazones de los que viven ciegos por el egoísmo. Roguemos…
- Por los que sufren a causa de la constante violación de los derechos humanos, para que sean respetados, recuperen su dignidad y sus vidas se vean llenas de justicia y de amor. Roguemos…
- Por todos nuestros seres queridos difuntos, para que gocen ya de la plenitud de la vida junto a Dios nuestro Padre. Roguemos…
- Por todos nosotros, para manifestemos el misterio del amor de Dios en nuestro amor al prójimo. Roguemos...
 

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, Madre nuestra, que has puesto la plenitud de la Ley en el Amor a Ti y al prójimo; concédenos conocer, amar y cumplir tu voluntad para que tu Reino esté cada día más presente y palpable en medio de nuestro mundo. Por Jesucristo.



 Lunes 22 de septiembre de 2008
 Mauricio y comps. mrs.

 INICIO
Pr 3,27-34: El Señor aborrece al malvado
Salmo responsorial 14: El justo habitará en tu monte santo, Señor
Lc 8,16-18: La luz ha de iluminar a todos

Jesús utiliza la imagen de la lámpara para explicar la función del cristiano frente a la comunidad y a la humanidad. Para personas que viven en ambientes rurales donde aún no existe la luz eléctrica es aun más evidente la importancia de una lámpara en la noche. Es obvio que si enciende una luz, a nadie se le ocurre meterla debajo de una mesa o encerrarla dentro de un cajón. Sería una acción absurda. La luz sirve para disipar la oscuridad, lo que sólo se logra si se la coloca en un candelero y en una parte despejada y alta del recinto o habitación que se pretende iluminar. Así debe ser la vida del cristiano: una luz colocada en un lugar alto para irradiar a todos su brillo. Entre otras consecuencias, es lo que tradicionalmente hemos denominado testimonio. Dar testimonio es dejar brillar la luz del reino desde dentro de nuestra propia vida. Vivimos en una cultura opacada por tantos “brillos” engañosos, tales como la publicidad, el consumismo y las apariencias, que generan mentalidades superficiales. Preguntémonos si nuestra vida cristiana, tanto personal como comunitaria, es una luz o tiniebla para quienes nos rodean. En esto nos jugamos la autenticidad de nuestra fe.



 Martes 23 de septiembre de 2008
 Pío de Pietrelcina – Lino

 INICIO
Pr 21,1-6.10-13: Abre tus oídos al necesitado
Salmo responsorial 118: Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Lc 8,19-21: Escuchar y practicar la Palabra de Dios

En el contexto de la misión de Jesús, este pasaje tiene la finalidad de presentar el nuevo tipo de parentesco entre Jesús y su familia, incluida su Madre. Indudablemente que María es en el contexto lucano “tierra fértil que ha hecho producir la semilla”• Ella es el prototipo de discípulo de Jesús. Pues el discípulo/a del Maestro es quien escucha su Palabra, la asimila en el corazón y la lleva a la práctica. ¿Quién mejor que ella lo realizó? No obstante, la participación en el reino de Dios genera un nuevo tipo de relaciones entre las personas que supera los lazos consanguíneos, tribales, raciales, étnicos, nacionales, etc. La escucha, asimilación y puesta en práctica de la Palabra de Dios constituye una nueva comunidad fundamentada en lazos fraternales: hijos e hijas de un mismo Padre y, por lo tanto, hermanos y hermanas entre sí. Relaciones fraternales que se manifestaran en solidaridad, servicio, apertura, reconciliación y comunión. Esta es la base fundamental de la Iglesia. Porque más que una estructura jurídica, la Iglesia es una comunidad de creyentes unidos por el amor filial y fraternal, alimentados por los sacramentos de vida y la celebración continua de la fe. Comunidades comprometidas a ser semilleros del reino en medio del antirreino.



 Miércoles 24 de septiembre de 2008
 María de la Merced

 INICIO
Pr 30,5-9: La Palabra de Dios es escudo
Salmo responsorial118: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor.
Lc 9,1-6: Los envió a proclamar el reino de Dios

Dos verbos tienen especial significado en este pasaje de Lucas: convocar y enviar: Jesús convoca a los Doce. Sabemos que este número representa a las doce tribus de la antigua alianza, indicando así al nuevo pueblo que surge de la nueva alianza. De tal manera que podríamos decir que el convocado es aquí el nuevo pueblo de Dios. Por lo tanto, el envío es para todos los seguidores de Jesús. En segundo lugar, Jesús les da autoridad sobre los demonios, es decir, sobre el mal que oprime al ser humano. Pero no se trata solamente de eliminar el mal, sino también de devolver la salud a los enfermos. No sólo a los enfermos del cuerpo, sino también a aquéllos que están disminuidos en su calidad de vida por múltiples causas. Para la realización de la misión Jesús coloca unas condiciones precisas: llevar poco equipaje, pocos recursos, pocas seguridades; pues la fuerza del mensaje está en el testimonio y no en la cantidad de cosas que se lleven o se usen. En el mismo orden de ideas, todos los convocados somos enviados a derrotar las fuerzas de la maldad y la injusticia, y a “sanar” a los seres humanos de todas las enfermedades, especialmente del egoísmo y la codicia.


 

 Jueves 25 de septiembre de 2008
 Aurelia

 INICIO
Ecle 1,2-11: Nada hay nuevo bajo el sol
Salmo responsorial 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Lc 9,7-9: ¿Quién será éste?

La persona de Jesús no pasa inadvertida para el rey Herodes. Su predicación, los signos que le acompañan, la autoridad sobre los espíritus del mal, la curación de los enfermos, la capacidad de convocación y convicción, pero sobre todo la coherencia de vida, suscitan curiosidad, inquietud e incomodidad. Herodes no tiene su conciencia tranquila, tanto por sus actos de corrupción como por el crimen cometido contra Juan el Bautista. Parece que la fama de Jesús le inquieta y hasta le molesta. Ahí radica su intención de conocerlo. Posiblemente no para aplaudirle o seguirlo, sino para neutralizarlo y controlarlo. Cuando alguien se toma en serio el mensaje de Jesús siempre despertará inquietudes, sospechas, interrogantes. Así ha sucedido con muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia de la Iglesia: confesores, mártires, maestros, misioneros, santos que han hecho del Evangelio su proyecto de vida y se han tornado molestos para el orden establecido, tanto civil como religioso. Teniendo como punto de referencia este pasaje que nos ofrece Lucas, preguntémonos si como creyentes provocamos cuestionamiento en quienes nos ven y escuchan, o si, por el contrario, nuestra vivencia del Evangelio es demasiado desteñida e incoherente.


 Viernes 26 de septiembre de 2008
 Cosme y Damián

 INICIO
Ecle 3,1-11: Todo tiene su momento
Salmo responsorial 143: Bendito el Señor, mi Roca.
Lc 9,18-22: Tú eres el Mesías de Dios

El día de ayer comentamos el texto que relata la curiosidad de Herodes en torno a la persona de Jesús. En este contexto podemos ubicar el pasaje de hoy: ahora es Jesús quien pregunta a sus discípulos sobre la opinión que la gente tiene de él. Quienes lo han visto u oído coinciden con Herodes en que Jesús puede ser Elías, o uno de los profetas, o incluso el Bautista resucitado. Pero a Jesús le interesa saber qué piensan sus discípulos, sus más cercanos seguidores. Pedro responde en nombre del grupo: lo reconocen como el Mesías, es decir, el Ungido de Dios, esperado por todos como el gran liberador del pueblo. Jesús ordena silencio a sus discípulos acerca de su identidad, pues no quiere fama y aún no ha llegado el momento de la revelación de su identidad. Será en la cruz; es el sentido del primer anuncio de la pasión que cierra este pasaje. El mesianismo de Jesús no se revelará en el poder y el prestigio humano, sino en la cruz, signo de salvación para toda la humanidad. También la pregunta es para nosotros: ¿quién decimos que es Jesús? ¿Y qué implicaciones trae la respuesta que demos para nuestro compromiso como creyentes?



 Sábado 27 de septiembre de 2008
 Vicente de Paul

 INICIO
Ecle 11,9-12,8: ¡Todo es vanidad!
Salmo responsorial 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Lc 9,43b-45: El Hijo del Hombre será entregado

Siguiendo la lectura continuada de Lucas que la liturgia nos propone para estos días, encontramos dos hilos conductores en aparente contradicción. Por una parte, las palabras y las obras de Jesús, es decir, su praxis, despiertan gran admiración en algunos y profunda inquietud en otros, sobre todo en sus adversarios. En segundo lugar, Jesús responde a esta admiración de la gente con el anuncio de su pasión. Dos posiciones encontradas, pues si todo el mundo lo admira, entonces ¿cómo es posible que vaya a padecer y a morir en cruz? Indudablemente, a cualquiera confunden estas situaciones opuestas. Los discípulos no logran compaginar la fama que está adquiriendo Jesús con el anuncio de su destino sufriente. Es que seguir a un maestro así resulta cómodo y atractivo. Pero seguir al maestro que carga la cruz hasta morir en ella como signo del auténtico mesianismo, resulta poco atrayente y, por el contrario, provoca confusión y rechazo. Esto no les sucede sólo a los discípulos, sino a cualquiera de nosotros, pues es muy cómodo decir que se sigue a Jesús sin asumir su cruz, pero cuando se entiende lo que significa el seguimiento, entonces la cosa se piensa dos veces. ¿Estamos dispuesto a seguir a Jesús hasta la cruz?