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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 3 al 9 de Agosto de 2008
Domingo 18º de Tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 18º de Tiempo ordinario, ciclo A el 6 de agosto de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 3 de agosto de 2008
 18º Ordinario
 Lidia

 INICIO

Is 55,1-3: Dense prisa y coman
Salmo responsorial 144: Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.
Rm 8,35.37-39: Nada nos apartará del amor de Dios
Mt 14,13-2: Multiplicación de los panes

La segunda parte del libro de Isaías, a la que pertenece la primera lectura de la liturgia de este domingo nos invita a hacer una valoración experiencial y sapiencial de la Palabra de Dios. Esta pequeña exhortación “cierra” los capítulos anteriores, desde el 40 hasta el 55, y ofrece una poderosa clave de lectura para comprender toda la segunda parte del libro. Además termina con el ya famoso texto que compara la Palabra de Dios con la lluvia vivificadora (Is 55: 10-11).

El hambre y la sed son mecanismos fundamentales de los seres vivos. Todo ser viviente necesita nutrición e hidratación, pero en los seres humanos, estas necesidades biológicas tienen carácter social. En muchas culturas humanas –no todas-, compartir la bebida y el alimento son mecanismos de socialización y de integración. El autor toma, entonces, esta necesidad vital y la traslada al campo de la fe para mostrarnos que para el creyente la Palabra de Dios es algo más que una comunicación divina. La Palabra de Dios se convierte así en una necesidad inaplazable que alimenta nuestro ser y nos vivifica. Jesús mismo, retomando las reflexiones del Deuteronomio (Dt 8, 3; 6, 13), combate la tentación contraponiendo la voluntad divina al inmediatismo humano (Lc 4, 3-4). El problema de la humanidad no es únicamente la satisfacción de las necesidades básicas, sino, también, hacer surgir y formar una consciencia que exija la justa distribución de los recursos, que lleve a que la humanidad cultive lo mejor de sí y lo entregue como solidaridad y justicia en un proyecto social alternativo al proyecto egoísta.

Pero el autor, como buen poeta y profeta, no se contenta con hacer una arenga o una instrucción legal; busca, por medio de la imagen asociada a los mejores frutos (trigo, vino, leche), que el lector encuentre no sólo consuelo sino deleite. La Palabra de Dios se convierte así en un manjar sabroso que puede ser degustado por la pura gratuidad divina. El olor del amasijo fresco, del vino bien conservado y de la leche fresca nos recuerdan los dones que Dios le ha dado a su pueblo; dones que ayudan al ser humano a construir un cuerpo vigoroso pero que deben ser acompañados por una degustación asidua de su Palabra.

Isaías nos hace una invitación a degustar con sabiduría todos los dones que Dios nos ofrece, sabiendo que lo mejor que podemos ofrecer nosotros mismos es la gratitud activa, que revierte sobre todos los menos favorecidos aquellos dones que unos pocos acaparan. Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios, debe ser entregada con sabiduría y generosidad de modo que el pueblo de Dios no desfallezca. La Palabra de Dios nos invita y convoca a hacer de este ‘valle de lágrimas’ un jardín frondoso donde florezca la justicia y la sabiduría (Sal 72, 1-9).

La multiplicación y los peces nos evoca la gran tentación de considerar que únicamente la satisfacción de las necesidades básicas nos conduce al Reino. Jesús se preocupó de que sus discípulos fueran mediadores efectivos frente a las necesidades del pueblo, pero no recurriendo a la mentalidad mercantilista que reduce todo a la presencia o ausencia de dinero (Mt 14, 15). Es muy fácil, a falta de un benefactor, despedir a la multitud hambrienta para que cada cual consiga lo necesario. Pero Jesús no quiere eso; él pide a sus seguidores que sean ellos mismos quienes se ofrezcan a ser agentes de la solidaridad entre el pueblo, ofreciendo lo que son y todo (lo poco) que tienen. Entonces la ración de tres personas, cinco panes y dos peces, se convierte en el incentivo para que todos aporten desde su pobreza y pueda ser alimentado todo el pueblo de Dios, que es lo que simbolizan las doce canastas. En la intención del evangelista, Jesús demuestra de este modo que el problema no es la carencia de recursos sino la falta de solidaridad.

Lo que nos acerca a Jesús no son los muchos rezos, genuflexiones o ceremonias, sino el amor incondicional a él y a su Causa, el Reino. Algo que hizo diferente a Jesús de todos los predicadores de su época fue la capacidad para despertar los mejores sentimientos de la gente: amor, generosidad y respeto. Nosotros no deberíamos amar a Jesús con un amor diferente al amor con el que él nos ama. Si el nos amó con un amor solidario, generoso, compasivo… nosotros no podemos responderle con melifluas plegarias ni con lloriqueos o explosiones de emotividad, porque esto no sería amor recíproco. Por eso, si entendemos con qué amor Jesús nos amó, estaremos seguros de lo que proclama Pablo: nada nos puede separar del amor de Cristo.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 57 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Cinco panes y dos peces». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1300057 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap57b.mp3


 

Para la revisión de vida
- ¿Cómo y de qué manera me convierto yo en pan para los demás? ¿El pan que yo ofrezco a los demás alimenta las ganas de construir el Reino o es más bien un pan que engorda y deja sentado?
¿Quiénes son para mí "pan" que alimenta mis ganas de servir a los demás?
¿Cuál es el pan que busco?

 

Para la reunión de grupo
- Cuando los discípulos acuden a Jesús, poco menos que para que resuelva milagrosamente la situación, o sea, cuando le pasan la responsabilidad sobre la situación de hambre que está viviendo la comunidad, Jesús reacciona reclamando la responsabilización de los discípulos: “Denles ustedes mismos de comer”. Relacionemos esto con los siguientes refranes: “Ayúdate y Dios te ayudará”, “A Dios rogando y con el mazo dando”, “A quien madruga Dios le ayuda”… Y con aquel principio liberador y antiasistencialista: “Mejor que dar un pescado al que tiene hambre es enseñarle a pescar”.
- “Sólo tenemos cinco panes y dos pescados”. Los discípulos habían pensado que la solución sería “ir a comprar”; el dinero solucionaría los problemas. Al negarse Jesús, los discípulos tienen que volver la mirada no al dinero, sino a “lo que tenemos”, para ponerlo en común. ¿Este momento del evangelio se debe seguir llamando “multiplicación de los panes” o se debería llamar, mejor, “división (reparto, distribución, compartimiento) de los panes”?
- “Cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños”. Hoy resuena como un latigazo este versículo 21. Hasta en el mismísimo evangelio se ha colado esta forma machista de contar, de ver el mundo. Comentar en el grupo: ¿Cómo interpretar esa forma de contar? ¿Es “palabra de Dios”?

 

Para la oración de los fieles
- Te pedimos, Señor, que cada uno de los que formamos esta comunidad eclesial seamos "pan" para el hermano, para los hambrientos de este mundo.
- Por todos aquellos que tienen hambre de trabajo, techo y pan; por los que tienen hambre de justicia e igualdad... para que no pierdan nunca la esperanza de formar un nuevo pueblo viviendo en la solidaridad.
- Por todos los que mueren de hambre en nuestra comunidad mundial, por los millones de hombres y mujeres que no pueden llevar a su boca un pedazo de pan...
- Por todas las personas e instituciones que, por pereza o insensibilidad, se niegan a revisar la discriminación de género que tiene el lenguaje habitual y siguen hablando “sin contar mujeres y niños”; para que todos hagamos un esfuerzo por hablar de una manera que no invisibilice a la mujer.
- Por todos los que ponen su confianza siempre en el dinero, en los préstamos internacionales hechos al país, en el endeudamiento económico creciente… para que los pueblos exijan una economía más soberana, que no supedite a los países a los préstamos y deudas internacionales, sino a la autonomía financiera y la solidaridad del pueblo.


Oración comunitaria
Danos, Señor, junto al hambre de ti, un hambre también insaciable de amor, de justicia, de libertad, para nosotros y para todos los humanos, especialmente aquellos a quienes el mundo actual estructuralmente se lo niega. Que, así, nuestra hambre de ti dará realmente contigo y no con un ídolo religioso que te suplante, a ti que eres el Dios del amor, de la justicia, de la libertad y de la implacable pasión por los pobres. Nosotros te lo pedimos recordando a Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.



 Lunes 4 de agosto de 2008
 Juan Mª Vianney

 INICIO
Jr 28,1-17: Yugo de hierro pondré sobre estas naciones
Salmo responsorial 118: Instrúyeme, Señor, en tus leyes
Mt 14,13-21: Denles ustedes de comer

Asistimos a un enfrentamiento entre profetas: Jeremías contra Ananías. El primero anuncia de parte de Dios destrucción y castigo, mientras que el segundo habla de prosperidad al mismo pueblo que los escucha. El profeta Jeremías cuestiona en nombre de Dios a Ananías por profetizar situaciones que animan a crear una falsa esperanza en el pueblo, el cual, sin reconocer aún su infidelidad y su pecado, cree en esas expectativas de un futuro feliz.

En el evangelio de san Mateo nos encontramos nuevamente con el conocido pasaje de la multiplicación de los panes, que nos lleva a cuestionar nuestro papel protagónico como discípulos de Jesús, en lo que se refiere a enfrentar las realidades que cotidianamente salen a nuestro paso, y no simplemente a “capotearlas” como hacen los toreros en sus faenas. Alimentar al otro no es simplemente una acción que confirme la bondad de nuestra parte como fruto de la acción de Dios a nuestro favor, sino que ha de ser la actitud que nos permita discernir qué estamos haciendo por el que está más cerca de nosotros; inclusive, qué estamos haciendo por nosotros mismos. Jesús es quien sale a nuestro encuentro buscando liberarnos de aquellos cepos que hoy nos impiden llevar a otros las primicias del amor de Dios.


 Martes 5 de agosto de 2008
 Dedicación de la Basílica de Sta. María
 María de las Nieves - Osvaldo

 INICIO
Jr 30,1-2.12-15.18-22: Ustedes serán mi pueblo
Salmo responsorial 10: El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria
Mt 14,22-36: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

En el rico texto de Jeremías se aprecia no sólo cómo el Señor recrimina fuertemente a su pueblo y no ahorra esfuerzos para hacerle ver su estado de desnudez, de sumisión, de enfermedad y postración, sino que abre la posibilidad de un futuro mucho mejor en que el mismo pueblo estará de nuevo ante su presencia y de él saldrá un príncipe que le llevará a comprender definitivamente la promesa hecha desde antiguo: “Ustedes serán mi pueblo, y yo seré su Dios”. Cuántas veces hemos experimentado las dudas y los miedos de Pedro ante la presencia de Jesús en nuestra vida, que se deben básicamente a nuestra poca fe. Ser discípulos de Cristo implica un crecimiento en la fe que no es cuestión fácil, pues implica llevar la confesión de los labios a una vivencia profunda de lo que confesamos. Es dar pasos realmente importantes: del hacer oración cotidiana, a ser oración en medio de nuestra comunidad; de practicar obras de caridad, a llegar a ser caridad con los conocidos y los extraños; de dejar de hablar tanto del reino de Dios, para ser testigos del mismo.




 Miércoles 6 de agosto de 2008
 Transfiguración del Señor

 INICIO
Dn 7,9-10.13-14: Su vestido era blanco como nieve
Salmo responsorial 96: El Señor reina, altísimo sobre la tierra
2Pe 1,16-19: Esta voz del cielo la oímos nosotros
Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol

El episodio de la Transfiguración es un momento en el que Jesús se revela como el Enviado de Dios, el Hijo Amado, el Predilecto ya profetizado en el Antiguo Testamento. Un momento crucial para que los discípulos comprendieran quién era aquél que se escondía bajo la simple apariencia del Maestro que enseñaba y sanaba; él no era un simple profeta como otros lo atestiguaran. Es un momento clave donde se revela la gloria que le es propia al Hijo, y a la cual dará paso definitivo con la entrega que hará de su propia vida por la humanidad. En la cruz obtendrá Jesús la máxima victoria jamás alcanzada por alguien; pese a que muchos escépticos dijeron que el Crucificado era el fracaso de Dios, él venció a la muerte para darnos nueva vida. “¡Levántense, no tengan miedo!” es la invitación que lanza a cada uno de nosotros hoy, cuando permanecemos a la expectativa de lo que el género humano pueda realizar de bien o mal respecto de sí mismo; esa consigna nos incita a seguir adelante a pesar de que pareciera que dar testimonio de nuestra fe como cristianos desde una vivencia de los valores que entraña el reino de Dios fuera algo obsoleto y pasado de moda.




 Jueves 7 de agosto de 2008
 Cayetano – Sixto - Nadia

 INICIO
Jr 31,31-34: No recordaré sus pecados
Salmo responsorial 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Mt 16,13-23: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy”

La nueva alianza que Dios se propone llevar a cabo con la humanidad según Jeremías, no tendrá más mediaciones entre ambos, pues se escribirá directamente en los corazones; estará tan arraigada en la experiencia humana, que por sí misma la llevará a confesar y vivir el mandato que por generaciones reveló Dios a su Creación: el amor. Esta nueva alianza parte de la iniciativa de Dios y será reconocida por la humanidad; se acabarán los crímenes y reinarán definitivamente la misericordia y el perdón. El pasaje evangélico de san Mateo nos lleva a cuestionarnos sobre nuestra misión en la Iglesia. Algunos creen que ésta se reduce a la misión que ejercen los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, marginando al resto del pueblo de vivir la experiencia apasionante de ser sacramento de la salvación de Dios en Jesucristo a la humanidad. Dichosos seremos, pues, si llegamos a concretar y dinamizar nuestra particular misión dentro de este gran cuerpo que es la Iglesia, cuya cabeza sigue siendo Cristo vivo y resucitado. No esperemos a ser Iglesia cuando ya sea demasiado tarde.




 Viernes 8 de agosto de 2008
 Domingo de Guzmán

 INICIO
Na 1,15;2,1.3;3,1-3.6-7: ¡Ay de la ciudad sangrienta!
Interleccional: Dt 32,35cd-36ab.39.41: Yo doy la muerte y la vida
Mt 16,24-28: Niéguese a sí mismo, y sígame

En clave de discipulado se nos dirige Jesús hoy en el evangelio de san Mateo. Seguirle implica renunciar a todo aquello que puede constituir nuestros más grandes sueños y esperanzas de realización, pero va a contravía con la propuesta del reino de Dios, que es universal y tiene definitivamente en cuenta al otro; al prójimo, cercano y compañero de camino. Luego hay que cargar con la propia cruz de nuestra voluntad, y dejarla inclinada a favor de la propuesta salvífica que Dios nos hace sobre la edificación de su reino en nuestra sociedad. En el cristianismo, aunque suene paradojal para el mundo, se gana la vida mientras más se la pierde; mientras más se la coloque al servicio de los otros. Dios nos garantiza que ofreciendo nuestra propia existencia en favor de nuestra salvación, lograremos el cumplimiento de nuestras más altas y profundas esperanzas. Creer exige altas cuotas de entrega, sin flaquear pensando que este camino sea imposible de recorrer; porque Dios conoce hasta dónde somos capaces de darnos. Por ello hemos de dar lo mejor de nosotros por él y por los demás, en lo cotidiano de cada una de nuestras vidas.



 Sábado 9 de agosto de 2008
 Justo y Pastor

 INICIO
Ha 1,12—2,4: El justo vivirá por su fe
Salmo responsorial 9: No abandonas, Señor, a los que te buscan.
Mt 17,14-20: Si tuvieran fe, nada les sería imposible

Dios no muere; por eso la esperanza del creyente no ha de verse defraudada. Cuando éste falla en su esperanza es porque ella no estaba asentada en Dios sino en sus propias fuerzas. Dios es quien capacita al ser humano para salir de sí mismo. Y es seguro que la promesa que Dios nos lanza por medio de su profeta Habacuc llegará a su cumplimiento: “el justo vivirá”. En estos días cuando el “no creer en Dios” suele ser consecuencia del sufrimiento, Habacuc nos permite descubrir en Dios al único ser capaz de liberarnos; no borrando de nuestra existencia el dolor, sino permitiéndonos enfrentarlo y superarlo. Jesús es la buena noticia del Padre que viene a la humanidad para permitirle que se encuentre con el designio salvador del amor de Dios por ella; asi la saca de la prisión del sinsentido por la vida en la que muchas veces se ve sumergida por el dolor y el sufrimiento. Jesús cuestiona a la gente y a los discípulos por su poca fe o por la ausencia total de ella, que no les permite apreciar cómo Dios busca por sobre todo salvar al ser humano; sin importarle en qué condición se encuentre, y por encima de los sacrificios y los preceptos legales o religiosos.