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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 20 al 26 de Julio de 2008
Domingo 16º de Tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 16ºde Tiempo ordinario, ciclo A el 23 de julio de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 20 de julio de 2008
 16º Ordinario
 Marina – Gregorio López

 INICIO

Sb 12,13.16-19: Das lugar al arrepentimiento
Salmo responsorial 85: Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Rom 8,26-27: El Espíritu intercede por nosotros
Mt 13,24-43: Dejen crecer la cizaña con el trigo

Hoy, como en tiempos de Jesús y durante toda la historia de la humanidad, solemos dividir y “organizar” aparentemente la sociedad con criterios que consideramos muchas veces correctos: buenos y malos deben estar separados y puestos en extremos opuestos.

Esta práctica de dividir entre buenos y malos, era frecuentemente aceptada por muchos grupos en el tiempo de Jesús por diversos criterios religiosos (fariseos y esenios) igualmente que por los grupos económicos y políticos (herodianos, saduceos y celotes), pues todos ellos veían como opositores a quienes no pensaban, creían u opinaban según sus mismos criterios.

Jesús sabía que Dios está en todas partes y a todos acoge, y lo expresa simbólicamente, sembrando respeto por los demás y creando paciencia y esperanza frente a aquellos seres humanos que se han demorado en alcanzar niveles de humanidad suficientes en igualdad y justicia, por el egoísmo que empobrece y empequeñece nuestra humanidad. Jesús llama a la apertura de la mente y el corazón para acoger con esperanza (no pasivamente y con indiferencia) a quienes aparecen ante nuestra forma de vida como diferentes (que solemos catalogar como “malos”). Necesitamos tener apertura para acoger con pluralismo la diferencia, que siempre va a estar presente en nuestra humanidad.

No hay que ignorar en la parábola de la cizaña la presencia del mal en la historia, como lo reconoce Jesús en la presencia del enemigo que siembra la cizaña en el campo. Quiere llamarnos la atención de que no hay que buscar con afán, y posiblemente confundir la semilla buena con la semilla mala. Muchas veces dividir la humanidad entre buenos muy buenos, y malos muy malos, ofreciendo el premio de la salvación para los primeros y la condenación para los segundos, puede ocasionarnos equivocaciones irreparables. Sólo a Dios le corresponde juzgar, con inmensa justicia y misericordia, a cada ser humano, como sólo Dios lo sabe hacer.

Por creernos muchas veces con el poder y la autoridad, nos atribuimos en nuestra conciencia actitudes que excluyen y separan a unos de otros; nuestra autosuficiencia egoísta separa en la práctica cotidiana a personas que por su situación socio-económica o ideológica, son marginados y excluidos por una sociedad dividida en el poder, olvidando que todos y todas somos hermanos y hermanas que compartimos una misma humanidad.

El Reino debe implicar para el seguidor de Jesús una acción transformadora en la vida cotidiana, que llegue hasta lo más profundo del actuar de cada ser humano, y el llamado permanente a la búsqueda y construcción de un mundo más humano, no sólo para unos pocos, sino para todos. Las estructuras basadas en la injusticia no crean el bien necesario para que el mundo avance, sino que generan más muerte y división en la humanidad, atacando con su fuerza destructora cualquier propuesta alternativa de construcción de una nueva humanidad.

No podemos olvidar que la buena noticia que Jesús vino a anunciar (el Reino) es una Buena Nueva para los pobres, en la que de ahora en adelante Jesús y sus discípulos lucharán por una sociedad igualitaria. Comprender el valor de lo pequeño, de lo pobre, como opción fundamental de Jesús y de quienes proseguimos su causa, debe ser una denuncia permanente contra tantas formas de opresión y marginación de estructuras injustas que deshumanizan a tantas personas y comunidades, en donde vive ocultamente el valor de la grandeza del Reino cuando se construye organización y se promueven los valores del Reino.

Dicho esto, abordemos un segundo nivel más crítico en este comentario.

Esta parábola puede resultar alienante si se toma como una invitación a la inactividad, o a la suspensión de nuestra responsabilidad, para dejarla en las manos de Dios: él sería quien al final de la historia, más allá de la historia, debiera poner las cosas y las personas en su lugar... Esta idea de un Dios «premiador de buenos y castigador de malos», que contabiliza nuestras acciones y por cada uina de ellas nos dará un premio o un castigo, ha sido una idea central de la cosmovisión cristiana clásica. El miedo a la condenación eterna, pieza central de la bóveda de la cosmovisión cristiana clásica medieva y barroca, está en la misma línea. ¿Qué decir de todo ello hoy?

Es obvio que conforme pasa el tiempo estas convicciones fundamentales del pensamiento cristiano van pasando a segundo plano, dejan de estar presentes, no se mentan, incluso se evitan positivamente... Diríamos que ésa es una manifestación más del famoso «eclipse de lo sagrado» que se da en nuestra sociedad moderna. Si nuestros abuelos y sus generaciones anteriores vivieron en una sociedad que transparentaba la eternidad, la vida del más allá, con sus evidentes y lógicos premios y castigos, hoy vivimos, por el contrario, en una sociedad –y con una epistemología- en la que nos es difícil imaginar y pensar la vida del más allá de la muerte, los premios y los castigos de Dios, la separación post mortem del trigo y de la cizaña.

No vamos a pretender aquí resolver el asunto, ni abordar el tema en profundidad. Sólo queremos llamar críticamente la atención sobre él haciendo algunas afirmaciones.

Sea la primera la de reconocer que ya no se puede seguir hablando del más allá con la ingenuidad y la rotundidad con la que durante siglos se ha hablado: el tema merece una revisión profunda, y en todo caso no permite las afirmaciones clásicas con su escandalosa simplicidad.

Buena parte de las descripciones de los premios y castigos eternos hoy aparecen como antropomorfismos insostenibles, respecto a los que no sólo merece la pena no dar más pábulo, sino que es importante también reconocerlos explícitamente como tales, liberando de ese modo la fe de la obligación de compartir esas creencias mitológicas.

Es necesario tomar conciencia de la urgencia de una revisión a fondo de la posición de la fe cristiana respecto al más allá. Habitualmente hemos dado por bueno y por supuesto el dato de la vida más allá de la muerte, como si fuera un artículo de fe obvio, indiscutible. Y en efecto, normalmente ha quedado enteramente fuera de las crisis renovadoras de la fe en las décadas pasadas. El Concilio Vaticano II y su renovación simplemente envió a la trastera el conjunto de imágenes medievales y barrocas que aún estaban en circulación, y propició una relectura de la escatología en la línea del personalismo y del existencialismo, que realmente supusieron una brisa de aire fresco. La teología de la liberación, por su parte, simplemente añadió a esta visión personalista y existencialista una lectura histórico-escatológica de la realidad (caminamos hacia el Reino) y la perspectiva de la opción por los pobres (redescubiertos como los «jueces escatológicos universales», Mt 25, 31ss), pero dejó intactas las afirmaciones centrales, sin llegar siquiera a plantearse su cuestionamiento (el libro exponente máximo de la escatología de la teología de la liberación es «Hablemos de la otra vida», de Leonardo BOFF, Sal Terrae, Santander, 1978).

Hoy, el nuevo paradigma de «revisión del sentido y la identidad misma de la religión», exigen dejar de vivir de rentas, dejar de repetir incuestionadamente lo de siempre, y plantearse de nuevo las preguntas más radicales: ¿existe realmente la vida más allá de la muerte? ¿Nos ha sido realmente revelada? ¿Cuándo, dónde, cómo? ¿Forma parte del contenido mismo de la fe cristiana? ¿Se puede ser cristiano aceptando la inseguridad y la oscuridad que la ciencia actual confiesa respecto a este tema?

Ciertamente, no son preguntas para el hombre y la mujer de la calle que prefieran seguir viviendo en una edición renovada de la «fe del carbonero». No son tampoco preguntas a difundir imprudentemente, ni trofeos para exhibirse como abanderado de la crítica y el esnobismo. Pero son preguntas que los responsables han de plantearse alguna vez en la intimidad de su fe, para que sondeando la dificultad del misterio, tomen la determinación de ser muy respetuosos en su lenguaje y no seguir viviendo de las rentas de afirmaciones que hoy son de hecho tan increíbles como incuestionadas, tan insostenibles como irresponsables.

El tema sólo está iniciado. Invitamos al lector a tirar del hijo y seguir profundizando, tanto desde el estudio de la teología como en su oración y su fe.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 43 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El trigo y la mala hierba». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200043 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap43b.mp3

Para la revisión de vida
El Reino de Dios se nos presenta en el evangelio como una comunidad de trigo y de cizaña, de justos y pecadores; o mejor aún: como una comunidad de personas a la vez justas y pecadoras. ¿Admito que yo pertenezco a la humanidad, y a la Iglesia, con mis obras buenas y malas, con mis pecados y virtudes? ¿Sé tener paciencia conmigo mismo y con los demás, como el amo del campo de la parábola?
 

Para la reunión de grupo
- Caer en la cuenta de que la fe en la resurrección y en la vida eterna no es un dato supuesto y evidente en la sociedad actual. Buscar en internet (y otros medios) datos sobre esta fe, estadísticas de encuestas. ¿Qué cree la gente «normal»? Traer al grupo esta información y comentar entre todos. [Cf los datos que se aportan en uno de los ítems «para la reunión de grupo» del domingo próximo, aquí en este mismo Servicio Bíblico Latinoamericano»].
- ¿Qué dice la ciencia actual respecto al más allá de la muerte? ¿Existe alguna compatibilidad, intercomunicación, entre la creencia clásica cristiana en el más allá y la ciencia actual?
- ¿Qué dicen las ciencias de las religiones sobre la creencia en la inmortalidad o la fe en la vida eterna? ¿Cómo se formó esa creencia? ¿Qué peso de validez objetiva tiene? ¿Es una proyección de nuestros deseos o es un dato de la realidad con el que debemos contar?
- La fe en el cielo y en el infierno –dejemos por un momento a un lado el purgatorio, y no mentemos siquiera el limbo-, ¿forman parte de la fe cristiana esencial? ¿Se puede ser cristiano sin creer en ellos?

Para la oración de los fieles
- Por todo el Pueblo de Dios, para que sea testigo vivo y eficaz de la presencia de Dios en medio del mundo. Roguemos al Señor.
- Por todas las personas de buena voluntad que, desde cualquier credo o ideología, trabajan por el progreso del mundo, para que el Padre aliente y sostenga sus esfuerzos. Roguemos...
- Por los evangelizadores, que quieren ser levadura en medio del mundo, para que aumenten en cantidad y en calidad. Roguemos...
- Por todos los que tienen poder y autoridad de cualquier tipo, para que los utilicen en bien de sus subordinados y no en provecho propio. Roguemos...
- Por las Iglesias perseguidas por su fidelidad al Evangelio, para que encuentren pronto situaciones de libertad y respeto. Roguemos...
- Por todos y cada uno de nosotros, para que seamos se embajadores de buena semilla y tolerantes con todos. Roguemos...

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que vienes hasta nosotros en Jesús de Nazaret, en su palabra y en sus obras; queremos darte las gracias por esa presencia tuya en medio de nosotros; que ella nos ayude a profundizar en nuestra vida cristiana para que tengamos una fe cabal que nos haga vivir conforme a lo que creemos. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén
o bien:
Oh Dios, misterio insondable en el que los humanos, desde sus orígenes biológicos ancestrales, han proyectado la necesidad que siempre han sentido de que la justicia/injusticia terrena sea completada y confirmada más allá de su muerte. Ayúdanos a comprender qué es lo que esta «exigencia absoluta de justicia» significa, y qué de la Realidad (tuya y nuestra y del cosmos) respalda la veracidad de nuestros sentimientos y pretensiones. En todo caso, aceptamos vivir y ser en y ante el misterio que eres y que somos. Nosotros te lo expresamos recorriendo el camino que nos ayuda a abrir Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro, en comunión con todos los hombres y mujeres buscadores de tu rostro milenios adentro en la Historia. Amén..
 



 Lunes 21 de julio de 2008
 Daniel – Lorenzo de Brindis

 INICIO
Miq 6,1-4.6-8: Pueblo mío, ¿qué te hice?
Salmo responsorial 49: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Mt 12,38-42: Aquí hay uno más que Salomón

Hoy el profeta Miqueas nos presenta el juicio que Dios lleva contra su pueblo Israel, y le recrimina su testarudez e incredulidad ante el hecho magnífico de su liberación de Egipto y posterior constitución como pueblo, gracias a su intervención divina. Ante estas recriminaciones el ser humano creyente y fiel responde, a sabiendas de que los sacrificios rituales no tendrán ninguna eficacia. El profeta da una respuesta contundente al pueblo: “Respetar el derecho, amar la misericordia y caminar en humildad con Dios”, se constituirá en la forma en que el pueblo se corrija y le alabe.

Jesús, en el evangelio, recrimina la dureza de los fariseos y escribas, conocedores de las tradiciones y de los relatos bíblicos. Precisamente usa estos mismos elementos para revelarse como el esperado por las naciones, que es más que Jonás, quien no sólo fue liberado milagrosamente del vientre del cetáceo, sino que predicó a paganos la misericordia de Dios, invitándoles a la conversión; además, se presenta como más que Salomón, ya que él es la sabiduría de Dios encarnada. No hemos de exigir pruebas a Dios sobre su eficacia, sino comprender la ya dada por él en el madero de la cruz en su Hijo amado.


 Martes 22 de julio de 2008
 María Magdalena

 INICIO
Ct 3,1-4ª: Encontré al amor
Salmo responsorial 62: Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Jn 20,1.11-18: Mujer, ¿por qué lloras?

El bello pasaje del libro del Cantar de los Cantares nos lleva a reflexionar en el amor que debe movernos a buscar a Dios. No el amor interesado de nuestros días, sino el amor que es libre y sólo se siente pleno cuando se encuentra con aquél que es la plenitud de esta realidad.

En el evangelio según san Juan aparece un personaje de una riquísima experiencia pascual con Jesucristo, María Magdalena. El encuentro de ella con Jesús es contundente: él la lleva a pasar de la oscuridad de la madrugada de su fe en tinieblas, a la luz de la mañana que le permite apreciar con toda claridad la resurrección su Maestro, quien la envía a sus discípulos a anunciar la buena noticia que ahora ha experimentado. En ella tenemos cómo la esperanza de la Resurrección es revelada a los más sencillos y humildes de la tierra, esperanza que nos permite apreciar cómo, a pesar de la muerte, finalmente nace y reina la vida.

En ocasiones nos puede pasar que profesemos a Jesús vivo y resucitado desde las tinieblas de nuestra fe, no con la propia existencia, sino como herencia de una tradición. Por tanto, dejémonos encontrar por él.




 Miércoles 23 de julio de 2008
 Brígida

 INICIO
Jer 1,1.4-10: Te nombré profeta de las naciones
Salmo responsorial 70: Mi boca contará tu salvación, Señor
Mt 13,1-9: Las semillas de tierra fértil dieron fruto

Estamos destinados por Dios a ser salvos y a llevar a otros las primicias de esta salvación; y eso lo evidenciamos en el relato de la vocación del profeta Jeremías que la liturgia de la Palabra nos ofrece en el día de hoy.

En el relato evangélico de san Mateo, Jesús, en el ejercicio de su ministerio, se nos presenta como el maestro que se sienta a enseñar, mientras que la muchedumbre, de pie, escucha. A partir de la parábola del sembrador nos damos cuenta de que la propuesta del reino de Dios se nos da en realidades sencillas, cotidianas; pero, necesitamos ir creciendo en una experiencia de fe mucho más rica y profunda con aquél que es capaz de develarnos esa realidad en la vida humana; y para ello se nos exige dar un salto de fe, que conlleva necesariamente confiarnos completamente en él. Dios, aunque parezca increíble, habla sencillo, pero con una impresionante carga de compromiso para aquél que le escucha; tanto así que no le va ser fácil olvidarse de sus palabras, como pasó con los discípulos, que no olvidaron las parábolas de Jesús, las que fueron dichas una sola vez a su auditorio. Que su Palabra nos enriquezca. Amén.




 Jueves 24 de julio de 2008
 Cristina

 INICIO
Jer 2,1-3.7-8.12-13: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva
Salmo responsorial 35: En ti, Señor, está la fuente viva.
Mt 13,10-17 : Dichosos sus ojos, porque ven esto

En el evangelio de san Mateo los discípulos de Jesús le preguntan por qué habla en parábolas al pueblo, a lo cual Jesús responde: “porque miran y no ven, escuchan y no comprenden”. Para entender estas palabras de Jesús fijémonos en la realidad que vive la humanidad hoy en día: la mayor parte de ella vive embotada sobre sí misma, cerrada a la acción de Dios, buscando sus propias razones y verdades, que le impiden ver y escuchar a aquél que es la verdad y libertad del ser humano. Son aquéllos que no creen, que se escandalizan por lo que Dios quiere para el ser humano, y son ellos a quienes, sin tener, se les quitará hasta lo que creen tener.

La misión de los discípulos de Jesús es llevar la Buena Noticia del reino de Dios con la vida misma, desde la palabra que se hace acción; y no es fácil, ya que uno de los grandes retos es el de encontrarnos con aquéllos que en nuestras comunidades eclesiales viendo no ven, y oyendo no escuchan. Por ello, es importante que cada día nos demos a vivir la experiencia de la conversión, para ver y escuchar a Dios y al otro.




 Viernes 25 de julio de 2008
 Santiago, apóstol

 INICIO
Hch. 4,33;5,12.27-33;12,2: Martirio de Santiago
Salmo responsorial 66: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
2Cor 4,7-15: Llevamos a cristo crucificado
Mt 20,20-28: Mi copa sí la beberán

En la primera lectura se nos narra el testimonio de los apóstoles referido a la muerte y resurrección de Jesús, así como a las persecuciones que sufrieron al comienzo por su predicación, la cual está avalada por Dios y el Espíritu, quien los hizo sus testigos. Al final nos encontraremos con el testimonio del martirio del apóstol Santiago, hermano de Juan.

San Pablo nos habla acerca del precioso tesoro del ministerio de Dios, el cual es confiado a la humanidad, la que es frágil y enfrenta dificultades y contratiempos, pero será Dios quien sostenga y confirme a cada uno de los suyos. En el evangelio de san Mateo, a partir de la intervención de la madre de los Zebedeos, Jesús expone a sus discípulos las implicaciones que traerá sobre sus vidas el anunciar el reino de Dios, que se traducen en servicio y constante desgaste por proclamarlo presente en las diferentes realidades que configuran al ser humano, hasta llegar a dar la propia vida por él. El reino de Dios se contrapone a los reinos de los seres humanos, que pretenden tiranizar a unos y beneficiar a otros, ya que él busca acoger a todos dando a cada cual lo suyo.



 Sábado 26 de julio de 2008
 Joaquín y Ana

 INICIO
Jer 7,1-11: Enmienden su conducta y sus acciones
Salmo responsorial 83: ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mt 13,24-30: Déjenlos crecer juntos hasta la siega

El profeta Jeremías no se cansa de afirmar que es verdad que Dios desea salvarnos, pero no por ello hemos de actuar contra ese designio y contentarnos con decir “él nos salva”. Salva, es cierto, en la medida en que yo también sea para los otros primicia de esa salvación, siendo consciente y coherente de lo que profeso con los labios y realizo en mis acciones. Por ello el profeta Jeremías afirmará: “El culto que desea el Señor es: juzgar rectamente, no explotar al forastero, al huérfano, a la viuda, no derramar sangre inocente, no seguir dioses extranjeros”.

En el evangelio nos encontramos que al lado de la propuesta salvífica de Dios y de su reino se halla la contrapropuesta denominada como mal, capaz de ahogar y no permitir que tal realidad sea efectiva. Las opciones en las que se encuentra sumergido el ser humano son infinitas, y van creciendo y afianzándose día a día. Es menester, en definitiva, que aquél haga una opción radical, ya sea por Dios o por sí mismo.

Que no seamos cristianos reducidos a cuestiones meramente cultuales, sino comprometidos con encarnar y comunicar con la propia vida el mandamiento del amor.