Domingo 6 de julio de 2008
14º Ordinario
María Goretti
INICIO
Za 9,9-10: Tu rey viene a ti
montado en un burro
Salmo responsorial 144: Bendeciré
tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Rm 8,9.11-13: Mediante el
Espíritu, ustedes vivirán
Mt 11,25-30: Carguen con mi yugo y
aprendan de mí
La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que
en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos
ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las
comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la
identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y
comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero
triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo
quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas,
administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Juda. El pueblo
quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos
desconocidos de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume
esta propuesta y la relanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.
Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la
justicia y pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la
verdad y no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una
organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus
necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para
solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización
humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin
embargo, Israel se estrello con la ambición de algunos grupos minoritarios y
poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora.
Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencia posibles y se le
negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista,
solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que
controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, ‘los pobres de Yahvé no
tuvieron la posibilidad de darle vida a su proyecto por falta de posibilidades
económicas, de apertura política y de libertad religiosa.
El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas
de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, dispuesta a hacer
realidad la utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los
ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay el más mínimo asomo del
militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las
pretensiones del imperio romano, ni con el sacerdote excelso que con sus
extraordinarias dotes santificadoras transformaría el santuario de Jerusalén, ni
con el gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso
por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes
aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un
peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos: la
violencia incontenible.
Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas
que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo
alternativo de sociedad. Por esta razón, los valores como el pacifismo y la
humildad eran tan urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes
dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la
imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en
cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de
la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente
como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.
Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o
líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él,
era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir
la alternativa, a demostrarle al mundo que eran posibles otras maneras de
organización, que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía
ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave
yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas.
Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y
crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha
crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde
los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga abominable y
el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedirle a cualquiera
que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que
la ‘ley del revolver’ es un destino inexorable’. No podemos pedirle mansedumbre
a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las
ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para
‘progresar’ en la vida.
Jesús quiere una comunidad donde los lazos de solidaridad, afecto y respeto
hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del reino.
Una comunidad donde los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia
y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones
interhumanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el
ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir
la vida a plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 90 de la serie «Un tal
Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El milagro de Jonás». El guión y
su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400090 Puede ser escuchado aquí:
http://www.untaljesus.net/audios/cap90b.mp3
Para la revisión de vida
Dice Jesús: "vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les
aliviaré". ¿Cuáles son mis cansancios? ¿Qué los causa: el trabajo por el Reino o
mis intereses personales, mis egoísmos? ¿Dónde y cómo busco alivio a mi
cansancio?
Cuál es mi valoración de la sabiduría de los pequeños, los sencillos... los
obreros, los campesinos, los indígenas...? ¿Creo que el pueblo, la clase
popular, tiene su sabiduría y su capacidad, o que siempre necesitará de la clase
«superior» para gobernar la sociedad, la política, la cultura...?
Para la reunión de grupo
- Te alabo, Padre, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla…” La
frase podría entenderse como la afirmación de que Dios ha hecho “revelaciones
especiales” a los pobres y sencillos… Pero, ¿cuáles son “estas cosas” a las que
se refiere Jesús?
- Orientación de la respuesta: El contenido de esa “revelación” no son
afirmaciones doctrinales, “verdades reveladas”… sino “las cosas del Reino”. El
Padre ha revelado “las cosas del Reino” a la gente sencilla, a los pobres… Jesús
no está hablando quizá de ningún “milagro”, de ninguna “revelación positiva”,
sino de un hecho fácilmente comprobable: dada la naturaleza del Reino de Dios,
sólo lo ven con claridad (sólo entienden ‘estas cosas’) los sencillos, los que
tienen corazón de pobre, los que no dejan que el egoísmo les sofoque la
transparencia de su mirada…
- “Porque has revelado estas cosas…”. La palabra de Jesús puede ser ocasión para
revisar el concepto de «revelación». El concepto de revelación dominante en
muchos sectores del pueblo cristiano, todavía es, normalmente, un concepto de
revelación cuasi-mágica: una revelación que viene de fuera, de lo alto,
extrínseca, como una especie de milagro sobre natural, cuyo contenido viene como
un paquete ya hecho y preparado, ajeno a toda participación o implicación de los
sujetos que “reciben” esa revelación. Este concepto está superado y hay qua
abandonarlo. ¿Cuál sería el concepto renovado de revelación? Sugerimos un libro
de lectura: Andrés TORRES QUEIRUGA, La revelación de Dios en la realización del
hombre, Ediciones Cristiandad, Madrid 1987, y Repensar la Revelación, Trotta
Madrid 2008.
Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que sume su esfuerzo al de tantos hombres y mujeres de
buena voluntad que luchan por conseguir la esperanza, la alegría, la paz y el
gozo de quienes se saben en manos de Dios padre. Oremos.
- Por todos los que viven su fe como una obligación que cumplir, para que se
encuentren con el Jesús vivo que libera de toda atadura y agobio, incluso de los
de la ley. Oremos.
- Por todo son los que no tienen paz en sus vidas, en sus relaciones con los
demás, en su relación con Dios; para que encuentren la paz que Jesús trae para
todos. Oremos.
- Por todos los gobernantes, para que sus palabras y promesas de servicio a la
comunidad y al bien común se traduzcan en hechos reales. Oremos.
- Por los pobres, los sencillos, los pequeños… para que tengan parte esencial en
la construcción del nuevo mundo, justo y fraterno, que todos anhelamos. Oremos.
- Por todos nosotros, para que encontremos en Jesús la paz y la alegría que él
nos trae de parte del Padre, y que nos libera de nuestras fatigas. Oremos.
Oración comunitaria
Te bendecimos, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido grandes
cosas a los ‘sabios y prudentes’, y se las has revelado a los sencillos. Te
pedimos que también a nosotros nos des un corazón de pobre, un amor a la Causa
de los pobres, y el desprendimiento necesario para no dejarnos atar por los
intereses egoístas, de forma que siempre sepamos captar el sentido de “estas
cosas” que revelas a los sencillos..
|