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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 6 al 12 de Julio de 2008
Domingo 14º de Tiempo ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 14ºde Tiempo ordinario, ciclo A el 9 de julio de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 6 de julio de 2008
 14º Ordinario
 María Goretti

 INICIO

Za 9,9-10: Tu rey viene a ti montado en un burro
Salmo responsorial 144: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Rm 8,9.11-13: Mediante el Espíritu, ustedes vivirán
Mt 11,25-30: Carguen con mi yugo y aprendan de mí

La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas, administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Juda. El pueblo quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos desconocidos de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume esta propuesta y la relanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.

Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la justicia y pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad y no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin embargo, Israel se estrello con la ambición de algunos grupos minoritarios y poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora. Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencia posibles y se le negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista, solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, ‘los pobres de Yahvé no tuvieron la posibilidad de darle vida a su proyecto por falta de posibilidades económicas, de apertura política y de libertad religiosa.

El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, dispuesta a hacer realidad la utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay el más mínimo asomo del militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las pretensiones del imperio romano, ni con el sacerdote excelso que con sus extraordinarias dotes santificadoras transformaría el santuario de Jerusalén, ni con el gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos: la violencia incontenible.

Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, los valores como el pacifismo y la humildad eran tan urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.

Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él, era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir la alternativa, a demostrarle al mundo que eran posibles otras maneras de organización, que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas. Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga abominable y el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedirle a cualquiera que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que la ‘ley del revolver’ es un destino inexorable’. No podemos pedirle mansedumbre a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para ‘progresar’ en la vida.

Jesús quiere una comunidad donde los lazos de solidaridad, afecto y respeto hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del reino. Una comunidad donde los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones interhumanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir la vida a plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 90 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El milagro de Jonás». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400090 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap90b.mp3

 

Para la revisión de vida
Dice Jesús: "vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré". ¿Cuáles son mis cansancios? ¿Qué los causa: el trabajo por el Reino o mis intereses personales, mis egoísmos? ¿Dónde y cómo busco alivio a mi cansancio?
Cuál es mi valoración de la sabiduría de los pequeños, los sencillos... los obreros, los campesinos, los indígenas...? ¿Creo que el pueblo, la clase popular, tiene su sabiduría y su capacidad, o que siempre necesitará de la clase «superior» para gobernar la sociedad, la política, la cultura...?

 

Para la reunión de grupo
- Te alabo, Padre, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla…” La frase podría entenderse como la afirmación de que Dios ha hecho “revelaciones especiales” a los pobres y sencillos… Pero, ¿cuáles son “estas cosas” a las que se refiere Jesús?
- Orientación de la respuesta: El contenido de esa “revelación” no son afirmaciones doctrinales, “verdades reveladas”… sino “las cosas del Reino”. El Padre ha revelado “las cosas del Reino” a la gente sencilla, a los pobres… Jesús no está hablando quizá de ningún “milagro”, de ninguna “revelación positiva”, sino de un hecho fácilmente comprobable: dada la naturaleza del Reino de Dios, sólo lo ven con claridad (sólo entienden ‘estas cosas’) los sencillos, los que tienen corazón de pobre, los que no dejan que el egoísmo les sofoque la transparencia de su mirada…
- “Porque has revelado estas cosas…”. La palabra de Jesús puede ser ocasión para revisar el concepto de «revelación». El concepto de revelación dominante en muchos sectores del pueblo cristiano, todavía es, normalmente, un concepto de revelación cuasi-mágica: una revelación que viene de fuera, de lo alto, extrínseca, como una especie de milagro sobre natural, cuyo contenido viene como un paquete ya hecho y preparado, ajeno a toda participación o implicación de los sujetos que “reciben” esa revelación. Este concepto está superado y hay qua abandonarlo. ¿Cuál sería el concepto renovado de revelación? Sugerimos un libro de lectura: Andrés TORRES QUEIRUGA, La revelación de Dios en la realización del hombre, Ediciones Cristiandad, Madrid 1987, y Repensar la Revelación, Trotta Madrid 2008.

 

Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que sume su esfuerzo al de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que luchan por conseguir la esperanza, la alegría, la paz y el gozo de quienes se saben en manos de Dios padre. Oremos.
- Por todos los que viven su fe como una obligación que cumplir, para que se encuentren con el Jesús vivo que libera de toda atadura y agobio, incluso de los de la ley. Oremos.
- Por todo son los que no tienen paz en sus vidas, en sus relaciones con los demás, en su relación con Dios; para que encuentren la paz que Jesús trae para todos. Oremos.
- Por todos los gobernantes, para que sus palabras y promesas de servicio a la comunidad y al bien común se traduzcan en hechos reales. Oremos.
- Por los pobres, los sencillos, los pequeños… para que tengan parte esencial en la construcción del nuevo mundo, justo y fraterno, que todos anhelamos. Oremos.
- Por todos nosotros, para que encontremos en Jesús la paz y la alegría que él nos trae de parte del Padre, y que nos libera de nuestras fatigas. Oremos.

 

Oración comunitaria
Te bendecimos, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido grandes cosas a los ‘sabios y prudentes’, y se las has revelado a los sencillos. Te pedimos que también a nosotros nos des un corazón de pobre, un amor a la Causa de los pobres, y el desprendimiento necesario para no dejarnos atar por los intereses egoístas, de forma que siempre sepamos captar el sentido de “estas cosas” que revelas a los sencillos..



 Lunes 7 de julio de 2008
 Fermín

 INICIO
Os 2,16.17b-18.21-22: Me casaré contigo en matrimonio perpetuo
Salmo responsorial 144: El Señor es clemente y misericordioso
Mt 9,18-26: Mi hija ha muerto. Pero ven, y vivirá

Aparece el profeta Oseas y con él tenemos la presentación de Dios como esposo, fiel al compromiso a pesar de la infidelidad de su esposa, que es el pueblo mismo. El amor de Dios por la humanidad es tan magnífico, que le restituye la dignidad perdida por el pecado y le permite acceder a su misericordia y compasión. En el pasaje evangélico, Jesús es portador de esta realidad de parte de Dios, yendo más allá de la impureza establecida por la Ley en el caso de la mujer que sufría de flujos de sangre, y que por su enfermedad era marginada de la escena social. El la cura y la restituye de nuevo a la comunidad. Tenemos como elemento de vital importancia la fe en Jesús, que permite acceder a la realidad de la salvación por encima de aquellas voces de rechazo y burla que suelen estar presentes a nuestro alrededor, las que buscan que no experimentemos la liberación que nos viene por el hecho de reconocerle a él como salvador. Lo más lejos que puede estar cada uno de nosotros del amor y misericordia de Dios como de su salvación, es el tiempo que demoremos en darle un sí a él para permitirle entrar.


 Martes 8 de julio de 2008
 Eugenio

 INICIO
Os 8,4-7.11.13: Siembran vientos y cosechan tempestades
Salmo responsorial 113B: Israel confía en el Señor.
Mt 9,32-38: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos

El profeta Oseas denuncia cómo Israel dejó de lado la fidelidad a Dios y decidió confiar en sus propias fuerzas y en los ídolos que surgen de sus propias manos y caprichos. Prefiere hacerse un dios a su medida que reconocer al verdadero Dios, creador y liberador de la historia humana. Asistimos en el evangelio a la liberación de un hombre que se encontraba poseído por un demonio que lo mantenía mudo, acción que Jesús realiza como signo de la presencia del reino de Dios en medio de la humanidad. Sin embargo, para los ojos de aquéllos que prefieren no reconocer la acción de Dios en el acontecer humano como fruto de su fidelidad y amor, se trata simplemente de la acción misma del “jefe de los demonios”. Pueden llegar a resultar absurdas tales actitudes, pero muchos cristianos viven inmersos en una sociedad donde se han fabricado un dios a su imagen y semejanza, capaz de marginar y excluir dependiendo de sus caprichos e intereses. Hoy, más que nunca, en medio de la sed de espiritualidad que vive la sociedad, debemos dejar a Dios ser Dios en nosotros, y comprometernos, desde las responsabilidades que tengamos en la sociedad, a ser apasionados constructores de su reino de justicia y paz..




 Miércoles 9 de julio de 2008
 María de Chiquinquirá – Verónica Giuliani

 INICIO
Os 10,1–3.7–8.12: Es tiempo de consultar al Señor
Salmo responsorial 104: Buscad continuamente el rostro del Señor.
Mt 10,1-7: Vayan a las ovejas descarriadas

Nos es más fácil sacar a un lado a Dios en nuestros momentos de éxito y prosperidad que en aquéllos de dolor y tribulación. Inclusive nos es más fácil olvidarnos de su amor y misericordia que recurrir a ellos. El profeta Oseas nos revela cómo, a pesar del éxito, de la autosuficiencia del pueblo de Israel, de su obstinación en sus ídolos y propósitos, Dios no se aparta de él. La fidelidad de Dios es puesta constantemente a prueba, pero es definitivamente inquebrantable. En él no hay contradicción; por ello, cuando el pueblo experimenta la aflicción, el dolor de la persecución y el abandono de sus “amigos”, descubre en su experiencia cómo Dios en ningún momento se apartó de él.

Este misterio del amor de Dios por la humanidad adquiere matices de misión en la persona de Jesús, quien envía a los Doce, a sus discípulos más cercanos, con la misión de llevar a otros esta Buena Noticia que de primera mano estaban ellos viviendo. Jesús constituye con sus discípulos y con el envío que hace de ellos a los confines del mundo un nuevo pueblo de Dios, destinado a formar y reflejar el reino que se construye en justicia, misericordia y caridad.




 Jueves 10 de julio de 2008
 Elías – Amelia

 INICIO
Os 11, 1-4.8c-9: Mi corazón se convulsiona, se conmueve
Salmo responsorial 79: Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.
Mt 10,7-15:  Lo recibido gratis, denlo gratis

El profeta Oseas nos presenta a Dios con rasgos paternos y maternos, solícito a las necesidades de su hijo con un amor que es capaz de perdonar la falta más terrible, inclusive la de haber deseado la muerte de aquél que le había dado la vida. El amor de Dios sobrepasa nuestras pobres concepciones, pues sale en búsqueda de aquél a quien ama, para salvarle.

Hoy nos encontramos en el evangelio con las implicaciones del anuncio del reino de Dios que nos envía a proclamar el mismo Jesús. Este anuncio trae explícita la misión de liberar a la humanidad que se encuentra padeciendo por muchas circunstancias de enfermedad, exclusión, marginación, muerte, y predicar la Buena Noticia de la vida, dando gratis lo que hemos recibido gratis, es decir, la salvación que nos viene de la bondad del Padre. Esta misión no es algo exclusivo de ciertos grupos de la Iglesia; es dada a todos y todas por igual. Procuremos en nuestro anuncio de la Buena Noticia de Dios a la humanidad en Jesucristo, en medio de las realidades que vive nuestro pueblo latinoamericano, ser testigos creíbles de ese don de Dios para el género humano.




 Viernes 11 de julio de 2008
 Benito/Benedicto

 INICIO
Os 14, 2-10: Rectos son los caminos del Señor
Salmo responsorial 150: Mi boca proclamará tu alabanza, Señor
Mt 10,16-23: El Espíritu hablará por ustedes

El ser humano es más grande cuando está de rodillas, cuando se reconoce necesitado de amor y perdón, cuando se ve a sí mismo limitado y se sabe humano en cuanto se relaciona con los otros y el gran Otro, Dios. Hoy se nos presenta el final de la obra del profeta Oseas, y en él nos encontramos con la promesa de Dios a la humanidad, promesa que se mantendrá inquebrantable con miras a cumplirse en el futuro. Pero se hace necesario que la humanidad dé su aporte, que consiste en que nos demos a la dinámica de la conversión, que abarca todos los momentos de nuestra vida, para permitir que en nuestras acciones cotidianas Dios reine y nos empuje a construir su reino en comunión de amor y justicia.

Para construir este reino de Dios en medio de las realidades en las que vive el ser humano, Jesús nos recuerda que es necesario que seamos inteligentes, consecuentes y prudentes, porque el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo desencadena, hoy como ayer, persecución, porque desenmascara, critica y desnuda aquellas estructuras hipócritas, personales y sociales, que pretenden coartar la esperanza del ser humano en un futuro mejor de posibilidades de realización.



 Sábado 12 de julio de 2008
 Filomena – Juan Gualberto

 INICIO
Is 6,1-8: Santo, santo, santo es el Señor
Salmo responsorial 92: El Señor reina, vestido de majestad.
Mt 10,24-33: No teman a los que matan el cuerpo

Escuchamos hoy en la liturgia de la Palabra, en la primera lectura, la vocación del profeta Isaías, en la cual se nos menciona un momento íntimo donde Dios le encomienda una misión de suma importancia a favor del pueblo. Y es él mismo quien coloca en los labios del profeta palabras y obras que revelen su plan salvífico para la humanidad. En el evangelio de Mateo se nos habla de las implicaciones que trae consigo la misión de predicar el reino de Dios, que son básicamente incomprensión y persecución. No tener miedo es la consigna categórica que nos lanza Jesús al enviarnos a dar testimonio de esa Buena Noticia de Dios a la humanidad en lo cotidiano de nuestras existencias. Dios sabe lo que somos, pues ante él no valen las máscaras que usualmente empleamos ante los demás, y es desde esa realidad íntima de nuestra existencia que nos confirma en su llamado de salvación y bienestar no sólo para el portador de esa Buena Noticia, sino también para aquéllos que son sus destinatarios. Las persecuciones y contrariedades presentes en nuestras sociedades y que sobrevienen a la proclamación del reino de Dios, son el signo más claro de su inminente cumplimiento.