Servicios Koinonía    Koinonia    Vd esta aquí: Koinonía> Biblico > 29 de junio de 2008
 

Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 29 de junio al 5 de Julio de 2008
Domingo 13º Ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 13º de Tiempo ordinario, ciclo A el 2 de Julio de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 29 de junio de 2008
 Pedro y Pablo, apóstoles

 INICIO

Hch 12,1-11: La Iglesia oraba insistentemente por Pedro
Salmo responsorial 33: El Señor me libró de todas mis ansias.
2Tm 4,6-8.17-18: Ahora me aguarda la corona merecida
Mt 16,13-19: ¿Quién dice la gente que es este Hombre?

Hoy la Iglesia celebra en su liturgia la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, columnas y apóstoles de la Iglesia. En la primera lectura nos encontramos con el relato de la liberación de Pedro de la cárcel por obra de un ángel enviado por Dios. Eran tiempos de una persecución devastadora contra aquéllos que habían decidido seguir a Jesús, el Hijo de Dios; tanto así que este tiempo será recordado como la era de oro de la Iglesia, pues incontables mártires, niños y niñas, jóvenes y adultos, dieron testimonio con su sangre de la verdad de Cristo, al no aceptar la religión del imperio romano ni apostatar de su fe en el Señor Jesús.

En la segunda lectura nos encontramos con un pasaje de la despedida del apóstol Pablo a su discípulo amado Timoteo, en el cual le exhorta a dar un buen combate en la fe tal como lo ha dado él, sin importarle las consecuencias que traiga consigo semejante actitud. Reconoce el apóstol que su fe está puesta en Cristo, quien lo fortalece en los momentos en que se encuentra prisionero en Roma, a la expectativa de lo que vayan a hacer con su vida. Espera la corona merecida y seguirá confiando hasta el final en el Señor, pues él lo seguirá librando de todo mal.

La fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo ofrece la ocasión para reflexionar, a partir del texto evangélico propuesto, sobre la confesión de fe como forma de construcción de la Iglesia.

El relato consta de una doble pregunta de Jesús a sus discípulos con su correspondiente respuesta (vv. 13-16) y de la bienaventuranza de Simón (vv. 17-19).

Las preguntas y respuestas sirven para la separación de dos categorías de personas, según la evaluación que hagan sobre Jesús. De una parte tenemos a la «gente», de la otra a «los discípulos». La gente o «los seres humanos» no captan el sentido auténtico de la actividad de Jesús. Su opinión lo coloca en continuidad con personajes del pasado: Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Como Herodes en Mt 14,2 esta valoración puede estar entremezclada de elementos desfavorables.

Por el contrario los discípulos, de quienes Pedro es portavoz, han captado el verdadero significado de la actuación de Jesús. No solamente confiesan que es el Mesías esperado sino también que su mesianismo se origina en su filiación divina, condición que le posibilita transmitir la Vida de Dios, a diferencia de los ídolos muertos. El «Hijo de Dios vivo» se ha hecho presente en la vida de la humanidad, en una comunidad que lo reconoce el «Dios con nosotros» (cf Mt 1,23; 28,20).

Este reconocimiento recibe, a su vez, la proclamación de felicidad y dicha que hace Jesús respecto a sus seguidores de los que Pedro, gracias a su fe, se ha convertido en prototipo e imagen. Frente a la opinión de la gente, Pedro ha aceptado la revelación del Padre a los sencillos y humildes.

La originalidad de su confesión hace de Pedro y de sus compañeros, mensajeros de la fe en medio de un mundo hostil. Más allá de la historicidad sobre el nombre de su padre (aquí, hijo de Jonás, en Juan 21,15 hijo de Juan), en él se pueden detectar los rasgos de Jonás, el profeta que debió llevar la Palabra de Dios a la ciudad hostil y que, en ese intento, corrió el riesgo de ser sumergido en el mar(cf 14,30) y fue liberado de ese peligro mortal (cf 14,31).

En la Asamblea del desierto, Moisés recibió de Dios el don de la Ley (Dt 9,10; 10,4 etc.). Aquí el discípulo recibe el don de la fe en Jesús que lo convierte en elemento apto para la edificación de una nueva Asamblea, el Israel mesiánico constituida en torno a Jesús como la Asamblea del desierto se constituía en torno a Moisés.

Se realiza entonces para la comunidad lo que se realizaba en el individuo sensato que ha colocado su cimiento sobre la roca de las palabras de Jesús (Mt 7,24-25). Los discípulos que adhieren a Jesús construyen una ciudad inconmovible, a la que no pueden derrotar las fuerzas de la Muerte o del Abismo.

Se crea de esta forma un espacio inexpugnable frente a las potencias del mal, en el que los discípulos no son sólo cimiento sino también administradores: A ellos se les han consignado las llaves y a ellos se les consigna la función judicial de tomar la decisión de aceptar o no la entrada a aquella ciudad: «Atar o desatar». Esta fórmula quiere significar una participación de la comunidad en la autoridad de Jesús.

La proclamación de la fe en Jesús por parte de Pedro, prototipo de los creyentes, es el cimiento inconmovible capaz de superar los embates de las fuerzas del Mal actuantes en la historia humana. Los que la proclaman pueden ofrecer asilo acogedor a quienes están amenazadas por aquellas fuerzas. Pueden también negar ese asilo a los que rechazan el designio salvífico.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 67 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El bastón del Mesías». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1300067 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap67b.mp3

Para la revisión de vida
- «¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?». La pregunta se dirige a la comunidad cristiana y a cada uno de sus miembros. También a mí. La respuesta que yo dé, sentida desde dentro, como fruto de una búsqueda personal, ésa es mi verdadera respuesta personal. Las formulaciones ajenas, doctrinales, oficiales, institucionales... son menos importantes.
 

Para la reunión de grupo
- Buscar, encontrar, reunir «credos» o manifestaciones de fe. Lograr una buena colección. Desde las más antiguas... a las más modernas, pasando por las las oficiales... Comparar su lenguaje, las categorías que utilizan, su contenido... Extraer conclusiones.
- «¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?». En un primer tiempo de la reunión en grupo, quizá con música religiosa de fondo, cada uno/a formula, en una página, el contenido principal de su fe en Jesús: ¿quién es realmente Jesús para mí? En un segundo momento, cada uno/a lo lee al grupo y lo comenta brevemente; los oyentes anotan sus reacciones. En un tercer momento, cada uno/a presenta al plenario sus reacciones, o preguntas más importantes que anotó.
- Escuchar el episodio 67 de la serie «Un tal Jesús», leer también el comentario bíblico teológico que acompaña al guión, y hacer una reunión de estudio sobre el tema.
 

Para la oración de los fieles
- Por la Humanidad, para que se una en defensa de la vida de todos los seres humanos, especialmente de los más pequeños y humildes, de los marginados y explotados, roguemos al Señor.
- Por todos los hombres y mujeres que habitamos esta casa común que es el planeta: para que como "hermanos mayores" de todas las criaturas asumamos el cuidado de la creación con amor, con ternura incluso, con responsabilidad, roguemos al Señor.
- Por todas las religiones de la humanidad, para que comprendan que todas ellas son destellos únicos del Dios único, y que el "Dios de todos los nombres" quiere la paz y la armonía entre todas las religiones de la tierra, roguemos al Señor.
- Para que las religiones de la humanidad comprendan que el Dios de la Vida las quiere a todas en una alianza macroecuménica, rindiéndole el culto del cuidado de la vida de la naturaleza y del ser humano, roguemos al Señor.
- Por nuestra Iglesia católica, para que haga su aportación específica a este concierto universal según la voluntad de Dios, roguemos al Señor.
- Por esta comunidad nuestra, para que reviva su vida comunitaria con el compromiso por la defensa y la promoción de la Vida, roguemos al Señor.
 

Oración comunitaria
Dios nuestro, Padre y Madre de la Humanidad y de la Materia Santa que constituye este Cosmos maravilloso en expansión... Admiramos y comulgamos profundamente el misterio que revela y transpira este Cosmos universal. En Jesús nosotros los cristianos hemos experimentado una densidad mayor de tu presencia, que cada día sentimos ampliarse sin límites, por el despliegue que el Universo realiza ante nosotros, incesantemente. Queremos mantenernos en un silencio contemplativo, de acogida y adhesión, y renovamos nuestra comunión universal, contigo, con nuestros hermanos y con toda la realidad. Como, a su forma, hizo también Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Por los siglos de los siglos. Amén.



 Lunes 30 de junio de 2008
 13ª semana de tiempo ordinario
 Adolfo

 INICIO
Am 2,6-10.13-16: Venden al justo por dinero
Salmo responsorial 49: Atención, los que olvidáis a Dios.
Mt 8,18-22: Deja que los muertos entierren a sus muertos

Seguir a Jesús implica renunciar a todas aquellas cosas que representan seguridad para nuestra existencia, con el fin de permitirle a él ocupar su lugar. Es vaciarnos de aquellas cargas que no nos dejan caminar con plena libertad y emprender el camino de su seguimiento. También implica que nuestras prioridades, lo más importante para alcanzar nuestros proyectos, pasen por la persona de Jesús. Ello exige que dejemos a un lado nuestra voluntad exclusiva para compartirla con la voluntad del plan de Dios, que no excluye, sino que incluye a la humanidad en su proyecto.

Si somos capaces de aceptar la Palabra que nos dirige Jesús llevándola a la práctica, cada día como auténticos discípulos veremos resultados increíbles en nuestras vidas, porque reinará en ellas el Señor y nos consolará y acompañará en nuestras luchas. Así también, el otro ya no será un extraño, lo veremos como a nuestro hermano; el mundo dejará de ser un lugar ajeno, para convertirse en nuestro hogar; la comunidad será un núcleo de hermanos y hermanas, con el amor como el idioma en el que todos se entiendan y construyan un mañana mejor, donde el reino de Dios será todo en todos.


 Martes 1 de julio de 2008
 Ester

 INICIO
Am 3,1-8; 4,11-12: Habla el Señor, ¿quién no profetiza?
Salmo responsorial 5: Señor, guíame con tu justicia
Mt 8,23-27: Increpó a los vientos, y vino una gran calma

En la denuncia profética de Amós nos encontramos con que Dios no se olvida de su pueblo, no sufre de esa “mala memoria” de la que muchas veces nosotros sufrimos; que no se hace el de “la vista gorda” ante las injusticias que se cometen contra los más pequeños y débiles, y que no teme ir en su ayuda, como puede llegar a pasar con nosotros. A Dios le gusta encarar a la persona humana, salir a su encuentro; y este mensaje de parte de él a la humanidad queda aun más claro en la lectura del evangelio. Jesús adviene en las diversas circunstancias en las cuales estamos inmersos, como la Buena Noticia de Dios capaz de devolvernos la paz perdida por las tribulaciones. Asimismo es él quien nos cuestiona, con el ánimo de que no sigamos abrazando las tinieblas de nuestra indiferencia y soberbia, de nuestro egoísmo, aislamiento y demás actitudes que nos apartan del otro, que es nuestro hermano, hermana y madre, y que nos dejan solos e indefensos, vulnerables y sin fuerzas, prestos a sucumbir y perder la esperanza de transformar las actuales realidades de muerte en vida desde la persona de Jesucristo.




 Miércoles 2 de julio de 2008
 Martiniano - Gloria

 INICIO
Am 5,14-15.21-24: Fluya la justicia como arroyo perenne
Salmo responsorial 49: Al que sigue buen camino / le haré ver la salvación de Dios.
Mt 8,28-34: ¿Vino a atormentar a los demonios antes de tiempo?

El camino que conduce a la salvación de Dios revelada a la humanidad es la práctica de su justicia, y el profeta Amós así nos lo expresa en su denuncia. Jesús es la justicia de Dios hecha carne y dada al ser humano para su salvación. Esta justicia no puede quedarse en meras afirmaciones y proclamas desde los púlpitos ni las plazas públicas, sino que ha de concretizarse en la vida cotidiana, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en fin, en todos aquellos escenarios donde el creyente se encuentre inmerso. No podemos quedarnos con los brazos cruzados luego de experimentar la salvación de Dios para la humanidad en el sacrificio cruento de su Hijo en la cruz. Hemos de salir al encuentro de aquellos hermanos y hermanas que se encuentran marginados y excluidos de nuestra sociedad, y desde las palabras que se hacen obras, fruto de una vivencia íntima con el Resucitado y su Buena Noticia para la humanidad, ser fermento y luz de ese reino de Dios que es justicia y que implica para nosotros coherencia entre nuestras actuaciones y nuestros juicios. Que Dios sea en nosotros justicia que se traduce en dinámica de amor.




 Jueves 3 de julio de 2008
 Tomás, apóstol

 INICIO
Ef 2,19-22: Somos morada de Dios
Salmo responsorial 116: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Jn 20,24-29: ¡Señor mío y Dios mío!

Este día en que la Iglesia celebra la memoria de santo Tomás apóstol, Jesús nos hace en el evangelio un serio llamado a revisar seriamente nuestra vida como discípulos, para aclararnos en qué o en quién tenemos puesta nuestra confianza y existencia. Es común escuchar en nuestro diario vivir la expresión “ver para creer”, que revela en nosotros una actitud que puede llegar a ser tan negativa como la misma rutina: nuestro escepticismo ante nosotros mismos, los otros y el mismo Dios. No podemos cerrarnos a la posibilidad de que las realidades de muerte y sinsentido que abruman a la humanidad lleguen a cambiar, y asegurar, en cambio, que por tiempo indefinido seguirán ellas presentes en nuestra sociedad. ¡Dichosos los que no han visto y han creído!” es la bienaventuranza que nos lanza Jesús en el día de hoy, y que nos señala el camino hacia un cambio profundo tanto de cada uno de nosotros como de las estructuras en las que estamos inmersos, teniendo en cuenta que hemos de abrimos a vivir la experiencia del Evangelio como puerta de acceso al reino de Dios, en todo su vigor y con las implicaciones que trae consigo, como la cruz redentora de Cristo.




 Viernes 4 de julio de 2008
 Eliana - Liliana

 INICIO
Am 8,4-6.9-12: Hambre de escuchar la Palabra de Dios
Salmo responsorial 118: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Mt 9,9-13: Misericordia quiero, y no sacrificios

Cuando el hombre juzga, condena, mientras que cuando juzga Dios, salva. El profeta Amós nos señala que Dios no permanece mudo ante la injusticia que el ser humano es capaz de obrar contra sí mismo, la cual trae como consecuencia dolor y sufrimiento. Nos encontramos, por tanto, ante un Dios que sufre con el ser humano; que enmudece, pero no lo abandona a su propia suerte; que permanece a su lado y está esperando a que él también lo busque.

En el evangelio nos encontramos con que Jesús no llama a los más capaces, pero sí capacita a los que llama. Esta escena evangélica que tiene de fondo el llamado a Mateo el publicano, nos permite acceder a la gran bondad de la que es portador Jesús de parte de Dios Padre, y a la gran capacidad de marginación que es inherente al ser humano, la que desde su condición de pecado le nubla la posibilidad de ver al otro que es distinto como hermano, hermana y madre. La invitación para cada uno de nosotros es hoy la de ser discípulos efectivos de Jesús que encarnen en sus palabras y acciones al Dios que es misericordia y amor.



 Sábado 5 de julio de 2008
 Berta – Antonio Mª Zaccaría

 INICIO
Am 9,11-15: Haré volver a los cautivos de Israel
Salmo responsorial 84: Dios anuncia la paz a su pueblo.
Mt 9,14-17: Vino nuevo, en odres nuevos

La promesa de parte de Dios Padre para la humanidad es inquebrantable y se constituye en real posibilidad de un mejor mañana para el ser humano. El problema radica en que nosotros nos cerramos a esa posibilidad y seguimos privilegiando estructuras, personas, ideologías, que en vez de abrirnos las puertas a un mañana mejor nos las cierran, y de paso se las cierran a las generaciones venideras. Jesús, en el pasaje evangélico de hoy, nos señala una exigencia concreta a sus discípulos, y es la de tener la capacidad de ser odres nuevos para recibir el vino nuevo que implica la ley del Amor. Es decir, nos exige abandonarnos completamente en él; hacer de la persona de Jesús y de su Buena Noticia para nosotros el centro de nuestras vidas; que no le profesemos simplemente de labios; que realmente lo demos a los demás vivo y presente en la Iglesia y la sociedad por medio de nuestras actuaciones. No esperemos a que sean otros los que construyan una mejor sociedad para nosotros desde los valores del Evangelio; más bien seamos nosotros los primeros en participar de esta construcción y generar en otros la semilla del reino de Dios.