Domingo 22 de junio de 2008
Domingo 12º Ordinario
Paulino de Nola – Tomás Moro – Juan Fisher
INICIO
Jr 20,10-13: Libró la vida del
pobre
Salmo responsorial 68: Que me
escuche tu gran bondad, Señor.
Rm 5,12-15: La gracia desbordó
sobre la multitud
Mt 10,26-33: No teman a los que
matan el cuerpo
El evangelio nos ha conservado algunos dichos o refranes con los que
Jesús exhortaba a la comunidad de discípulos a no dejarse intimidar por las
adversidades. Los discípulos, con frecuencia, veían la amenaza evidente que
representaban los grupos armados, pero eran incapaces de descubrir el peligro
encubierto en muchas personas e instituciones que alienaban y sometían
ideológicamente a las personas.
Las comunidades cristianas primitivas tuvieron que afrontar la amenaza que
provenía de los ‘actores armados’ en conflicto. De una parte, las autoridades
romanas con un despliegue enorme de fuerza militar y policial. De la otra parte,
los fanáticos rebeldes dispuestos a eliminar al que no estuviera de acuerdo con
ellos. En medio de ‘fuego cruzado’ estaba la comunidad cristiana con una
propuesta alternativa de paz y justicia que no coincidía con ninguno de los dos
bandos. Para los romanos, la justicia era, en gran medida, la aplicación
universal de los principios que sostenían la legislación romana. El sometimiento
a las duras condiciones de la ‘paz romana’ obligaba a las poblaciones de las
colonias a pagar fuertes tributos, a incorporar en la propia religión el culto a
los dioses imperiales y a destinar grandes masas de la población a la esclavitud
y al servicio militar obligatorio. La comunidad cristiana luchaba por lugar un
espacio para su propuesta en la sociedad: ellos querían una comunidad humana en
la que fuera posible la solidaridad, el respeto por el otro, la distribución
equitativa de los recursos. Sin embargo, en esta lucha estaban prácticamente
solos. Los grupos rebeldes que se presentaban como la gran alternativa contra el
imperio estaban regidos por la lógica de la violencia incontrolable, el
sometimiento de los disidentes y por la imposición de la ideología del grupo.
Estos grupos fanáticos veían a los cristianos como una amenaza para la identidad
del grupo, por eso, con frecuencia los convertían en blanco de persecuciones y
en ‘chivo expiatorio’ sobre el cual descargar toda su frustración, prepotencia e
intolerancia.
Pero, Jesús ponía en guardia a toda la comunidad contra la creencia de que la
única amenaza estaba representada por las armas de metal, piedra y madera. La
amenaza mas grave provenía, con frecuencia, de las ideologías que estos grupos
representaban. Tanto la ideología de legitimación del imperio romano como los
ideales de venganza de los fanáticos rebeldes escondían todo su veneno. Cada
grupo se presentaba como un defensor de la justicia, la paz y la libertad, pero
evidentemente los hechos contradecían sus grandilocuentes discursos. Cada grupo
perseguía sus intereses particulares ignorando los más mínimos principios
éticos. El dilema para los cristianos era el de alinearse en uno u otro bando,
creyendo que así se alcanzarían los ideales de justicia, paz y libertad que
Jesús de Nazaret había propuesto con su ideal del reinado de Dios.
Este mismo problema lo afronta Pablo desde el punto de vista de la
justificación por la ley. Las comunidades cristianas estaban deslumbradas por la
creencia de que el cumplimiento estricto de los preceptos religiosos conducía
inevitablemente a la salvación del individuo. Pero, Pablo denuncia esta falsa
creencia al denunciar que el mero cumplimiento de la letra de la ley no conduce
a la justicia. La ejecución de los deberes del culto, como las ofrendas, los
baños rituales, los sacrificios, las peregrinaciones... no garantizan una
auténtica experiencia de Dios. La reunión de grandes masas en los templos o en
las sinagogas no son sin más expresión de un auténtico encuentro con el hermano.
Los favores intercambiados entre parientes, colegas, coterráneos o
correligionarios no constituyen genuina solidaridad. Pablo denuncia precisamente
la incapacidad de los mecanismos habituales de la religión para brindar a la
comunidad humana una auténtica experiencia de fraternidad, esperanza y comunión.
Pablo invita a la comunidad a no dejarse engañar por las artimañas de el
legalismo, el ritualismo y la religión de masas. La justicia que nos une al Dios
de la vida es un don para toda la comunidad. La auténtica religión es aquella
que nos conduce del hermano hacia Dios, mediante la compasión, la misericordia y
la solidaridad.
El cristiano que se ha comprometido con la causa del reino puede, entonces,
hacer suyas las palabras del profeta Jeremías y clamar: «a ti, Señor, he
encomendado mi causa». Pero no como expresión superflua de triunfalismo
religioso ni como pura exaltación individualista de los bienes recibidos, sino
como expresión de la única justicia posible: la vida plena del pobre. Porque, la
vida plena es manifestación patente de que la lógica de la muerte no ha
prevalecido. Si el pobre vive, vive por gracia de Dios y por la opción radical
de las comunidades humanas que no se dejan sumir en la lógica legalizada de la
barbarie. Por eso el profeta nos invita a alabar al Señor, porque Él ha salvado
la vida del pobre.
Tanto la violencia, el afán de venganza, el imperialismo como el ritualismo,
el legalismo y la alienación son armas ideológicas ocultas que conducen
imperceptiblemente a la pequeña comunidad hacia la muerte. Estos son los
enemigos que pueden matar no solo el cuerpo, sino también el alma y llevar a la
gente a las inaplacables llamas del fanatismo. Si una comunidad no va a fondo en
su conocimiento de la palabra de Jesús, si no descubre los peligros ocultos al
interior de ella misma, si no es radical en su opción por la vida, es muy
probable que termine creyendo que la paz es la ausencia de guerra y que la
justicia es un asunto individual, negando así la gracia y la justicia como bien
mayor.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 93 de la serie «Un tal
Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Los que matan el cuerpo». El
guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://untaljesus.net/texesp.php?id=1400093 Puede ser escuchado aquí:
http://untaljesus.net/audios/cap93b.mp3
Para la revisión de vida
- ¿Tengo miedo a la cruz? ¿Sufro en mi vida alguna forma de persecución?
¿Temo a la persecución, aunque sea en su forma mínima de «temor al qué dirán»?
¿O, como Jeremías, sigo adelante convencido y sin temor a la cruz?
Para la reunión de grupo
- La cruz, la persecución por el evangelio… forman parte de la existencia
cristiana. ¿Qué cruz, qué persecución por el evangelio? ¿Cuándo se puede decir
que estamos ante una persecución por el evangelio? ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué
cruz y qué persecución no tienen que ver con el evangelio?
- Jeremías es el caso típico de un profeta que tiene que aguantar la persecución
de sus contemporáneos, a los que resulta incómoda su predicación profética. Y
Jeremías clama a Dios preguntándose por qué se ha metido en ese conflicto que no
desea, pero acaba manteniéndose fiel a su misión a pesar de las dificultades.
¿Tiene un paralelismo con Jesús?
- Un famoso slogan decía: «Busca la Verdad; la Cruz ya te la pondrán». Comentar.
Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que avance sin temor en medio de las dificultades del
mundo y mantenga siempre viva su confianza en el amor del Padre. Oremos.
- Por todos los cristianos perseguidos a causa de su fe y de su defensa de los
pobres, para que no tengan miedo a quienes sólo pueden matar el cuerpo, pero no
el alma. Oremos.
- Por todos los que trabajan por el bien de los demás y la promoción de la paz y
la justicia, para que las dificultades e incomprensiones no les hagan perder el
ánimo y la constancia en su trabajo. Oremos.
- Por todos los que tienen miedo a declarar públicamente su fe, para que el
Señor les dé su fuerza y su valor. Oremos.
- Por todos los gobernantes, para que pongan todos su empeño en conseguir la
paz, la libertad, la justicia y el bien común. Oremos.
- Por todos nosotros, para que nuestro compromiso con el prójimo sea cada día
más auténtico y decidido. Oremos.
Oración comunitaria
Señor, te pedimos que camines siempre a nuestro lado para que nunca cedamos ante
las dificultades y reveses de la vida, sintamos siempre tu fuerza animándonos y
sigamos trabajando con ilusión y alegría, cada día, para construir tu Reino. Por
Jesucristo.
Oh Dios, misterio del Ser, que has permitido que viniéramos a la existencia tal
como somos: cruzadamente corporales y espirituales, limitados en el tiempo y en
nuestra capacidad, visitados frecuentemente por el dolor y acosados por el mal
en todas sus formas. Queremos asumir adultamente y con coraje esta nuestra forma
de ser, sin pensar que tú nos envías el bien y el mal, ni que nos vas a librar
de uno u otro a base de que multipliquemos nuestras súplicas... Tú sabes lo que
necesitamos, y nosotros sabemos que nuestras oraciones no aumentan un ápice tu
amor generoso y total hacia tus hijos e hijas... Te expresamos nuestra decisión
de asumir adultamente nuestras responsabilidades ante las limitaciones y los
propios problemas que nos rodean. Como Jesús, nuestro modelo.
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