Domingo 15 de junio de 2008
Domingo 11º Ordinario
Micaela del Smo. Sacramento – Guido – Leonidas
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Ex 19,2-6ª: Serán una nación santa
Salmo responsorial 99: Nosotros
somos su pueblo y ovejas de su rebaño
Rm 5,6-11: Seremos salvos por su
vida
Mt 9,36—10,8: Llamó y envió a los
discípulos
Jesús elige a doce discípulos a los que el evangelista llama «apóstoles»,
esto es, enviados. Este grupo encarna al nuevo Israel. El grupo de los doce es
bastante heterogéneo. De entre ellos hay siete -Andrés, Felipe, Bartolomé,
Tomás, Santiago Alfeo, Tadeo, y Simón el fanático- de los que apenas sabemos
nada. Lo que sabemos del resto deja mucho que desear, aunque el evangelista
Mateo ha quitado asperezas a la imagen del grupo que da el evangelista Marcos.
El primero del grupo es Simón, que aparece citado por un nombre que
significa en hebreo «el que escucha [a Dios]», y un sobrenombre, Pedro
(=piedra), aludiendo con éste a su obstinación por mantener un ideal mesiánico
contrario al de Jesús a lo largo del evangelio, hasta el punto de llegar a
negarlo. En tercer y cuarto lugar aparecen Santiago Zebedeo y su hermano
Juan, denominados en el evangelio de Marcos «Boanerges» (hijos del
trueno, o truenos). En el Antiguo Testamento «el trueno» representa con
frecuencia la voz de Dios que habla con ira y espanta a los no israelitas; este
sobrenombre alude al autoritarismo de estos dos hermanos y a su celo extremado.
En el evangelio de Lucas, éstos desean que caiga un rayo y aniquile a los
habitantes de una aldea de Samaría, que no quisieron recibir a Jesús por ir de
paso para Jerusalén (Lc 9,51-55). Los tres juntos, Pedro, Santiago y Juan
tuvieron el privilegio de ser testigos de tres grandes momentos de la vida de
Jesús relacionados con la muerte y la resurrección: la reanimación del cadáver
de la hija de Jairo, la transfiguración y la oración en el huerto. En ninguno de
estos tres momentos, estuvieron estos discípulos a la altura de las
circunstancias, hasta el punto de que en la primera ocasión, al resucitar Jesús
a la hija de Jairo, aquél les prohíbe comentar lo sucedido, temiendo que no
supieran interpretarlo; en la transfiguración, Pedro hubiese preferido quedarse
en el monte, haciendo tres tiendas, a seguir hacia Jerusalén, donde esperaba a
Jesús la pasión, y en el huerto, finalmente, se duermen por tres veces,
mostrando su escaso interés por dar la vida como y con Jesús. Al final, uno de
ellos, Pedro llega hasta el colmo de negar a su maestro, también por tres veces;
el resto lo abandona...
Del noveno de la lista, Leví, sabemos que era recaudador de impuestos
y, por tanto, colaboracionista con el poder romano; social y religiosamente
considerado al mismo nivel que los ladrones, los pecadores y las prostitutas.
El último de la lista, Judas, fue tristemente célebre, porque
traicionó a Jesús.
Mucho tendría que trabajar Jesús hasta hacerles comprender y poner en
práctica su mensaje de amor, de renuncia a los privilegios y al poder, su
doctrina de servicio hasta la muerte. Nosotros, tal vez, hubiéramos elegido
otros colaboradores mejor preparados, ya mentalizados para llevar adelante la
tarea de expulsar espíritus inmundos, esto es, de liberar a la gente de las
ideologías opresoras y de curar todos los males del cuerpo y del alma.
Como Moisés con el pueblo en el desierto, Jesús tuvo también muchas
dificultades en su relación con los doce. El pueblo de Israel se olvidó una y
otra vez del camino al que se había comprometido delante de Dios, añorando con
frecuencia las cebollas de Egipto y protestando contra su guía por haberlos
llevado a un desierto que ellos consideraban lugar de muerte y no de paso hacia
la tierra prometida. Mientras Jesús estaba con ellos, los discípulos de Jesús se
volverían una y otra vez al deseo de poder y de privilegios, hasta el colmo de
dejar a su maestro solo en la cruz. Pero Dios recompondría aquella comunidad de
discípulos decepcionados para hacerlos testigos fervientes de su mensaje de amor
y servicio hasta los confines del mundo. Fue un largo camino no exento de
dificultades, pero valió la pena. Al final podrían decir como Pablo en la carta
a los romanos: «gracias a Jesús el Mesías, Señor nuestro, que nos ha obtenido la
reconciliación, estamos también orgullosos de Dios», de un Dios débil, paciente,
amoroso, todo servicio y entrega que se manifiesta en su hijo Jesús, dando la
vida para que todos vivan. Jesús se convierte de este modo en la demostración
más evidente del amor que Dios nos tiene.
El evangelio de hoy es dramatizado en los capítulos 48 y 60 de la serie «Un
tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL. El 48 se titula «Los trece». El guión y
su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://untaljesus.net/texesp.php?id=1200048 Puede ser escuchado aquí:
http://untaljesus.net/audios/cap48b.mp3 El capítulo 60 y sus enlaces pueden
ser encontrados a partir de la página principal de la serie: untaljesus.net
Para la revisión de vida
- Jesús envía a sus apóstoles con unas instrucciones muy claras: «Proclamen
que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos,
limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis han recibido, denlo gratis». Yo, ¿a
qué creo que me ha enviado Jesús en medio del mundo?
Para la reunión de grupo
- Se compadeció Jesús, porque «los vio que estaban cansados y decaídos, como
ovejas sin pastor»… ¿Qué sentiría Jesús si mirara hoy este planeta con esa
muchedumbre de 6.000 millones de personas? ¿«Ovejas sin pastor»?
- Jesús siente que hay pocos obreros para «cosechar»... Algún teólogo ha
señalado que la metáfora o el símbolo de la evangelización como «siembra» no
figura en el evangelio, que Jesús siempre que se refiere a la misión habla más
bien de «cosechar»... ¿Qué sugerencias nos provoca esta constatación? ¿Será que
Jesús es más optimista que nosotros?
- «No vayan a tierras extranjeras ni entren en ciudades de los samaritanos…».
Está claro que Jesús no fue «misionero ad gentes», no estuvo por ir a convertir
a nadie fuera de Israel… Y hay consenso entre los exégetas en que el final del
evangelio de Marcos, por ejemplo, es un añadido que no formaba parte del
evangelio original...). ¿Jesús quiere que los cristianos vayamos a otros pueblos
de otras religiones? ¿Por qué? ¿A hacer qué?
Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia respete y defienda siempre la dignidad de todas las
personas, como hijos e hijas de Dios que todos somos. Oremos.
- Para que nuestra sociedad favorezca las relaciones de igualdad, justicia,
tolerancia y respeto. Oremos.
- Para que todos los que nos confesamos cristianos seamos conscientes de la
misión que Dios nos encomienda y demos los frutos de derecho y justicia que
espera de nosotros. Oremos.
- Para que todos nosotros vivamos nuestra condición de elegidos no como excusa
para buscar privilegios, sino como motivo y aliciente para estar en primera
línea en la lucha por la paz, la justicia y la fraternidad. Oremos.
- Para que los gobernantes busquen siempre y en todo el bien de los pueblos
cuyos destinos tienen que regir. Oremos.
- Para que nuestra comunidad descubra día a día el amor liberador y
transformador que recibimos de Dios. Oremos.
Oración comunitaria
Señor, te pedimos que transformes nuestra vida, de manera que desaparezca de
nuestro corazón toda duda, todo temor y toda vacilación, y que así podamos ser
instrumentos de tu amor, de modo que las personas y las sociedades vivan llenas
de esperanza, de justicia y de paz. Por Jesucristo Nuestro Señor.
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