Domingo 8 de junio de 2008
Domingo 10º Ordinario
Armando – Medardo
INICIO
Os 63-6: Quiero misericordia, no
sacrificios
Salmo responsorial 49: Al que
sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Rm 4,18-25: Fue confortado en la
fe
Mt 9,9-13: Elección de Mateo. No
vine a llamar a justos, sino a pecadores.
Jesús no hace acepción de personas. En el evangelio de hoy nos sorprende
eligiendo a Mateo, recaudador de impuestos y, por tanto, colaboracionista con el
poder romano ocupante, considerado por la gente de bien de la época «pecador o
descreído», y excluido de la comunidad de Israel.
Si llama la atención la elección de Mateo por parte de Jesús, sorprende no
menos la reacción de Mateo que, al oír a Jesús que lo invitaba a seguirlo, «se
levantó y lo siguió». De sentado, esto es, de instalado en su oficio de
recaudador, Mateo se coloca de pie y se dispone a seguir a Jesús, comenzando una
vida nueva que le depararía, por cierto, grandes sorpresas. La primera es la que
tiene lugar, a continuación, cuando Jesús se reclina a comer con gente de «mala»
vida. Escandaloso comportamiento para «las personas de bien» de entonces. Los
«piadosos» fariseos, al ver a Jesús, se dirigen a los discípulos para echarle en
cara que su maestro come con gente de mala fama. Pero no son los discípulos,
sino Jesús mismo quien les planta cara, respondiéndoles con una sentencia llena
de ironía: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos». El problema está
en saber quiénes son los sanos y quiénes, los enfermos. Jesús parece considerar
más sanos a los pecadores que han decidido reclinarse a la mesa con él, entre
los que se encuentra Mateo, compartiendo comida y programa de vida, que a los
fariseos que no han aprendido todavía el antiguo dicho de Dios, por medio de
Oseas, «misericordia quiero y no sacrificios». El Dios del Antiguo Testamento,
pero también el Dios de Jesús, está más del lado de la misericordia que de los
sacrificios ofrecidos a Dios, que no estén acompañados de esta actitud
humanitaria. Está claro que los que se llaman y creen justos –los fariseos-
quedan excluidos del reino de Dios por considerarse sanos, mientras que los
pecadores –dispuestos como Mateo a cambiar de vida- se encuentran ya reclinados
a la mesa (postura propia de los hombres libres).
Sorprendente maestro que hace ver a los entendidos en Sagradas Escrituras,
los fariseos, quién es quién, no por su ortodoxia o forma recta de
pensar, sino por su ortopraxis o buen modo de actuar.
Gente cuya lealtad, según el profeta Oseas, es «nube mañanera» que pronto se
diluye y no fecunda la tierra, o «rocío» que se evapora al alba. La verdadera
lealtad a Dios pasa por poner en práctica la justicia y la misericordia, y no
por refugiarse en el templo para ofrecerle holocaustos de animales, olvidándose
del prójimo. Estos fariseos, en realidad, son teólogos que no saben gran cosa de
Dios y, tal vez, demasiado de culto.
Poco conocían a ese Jesús que, según Pablo en la carta a los Romanos, dice
que Dios no es sólo de los judíos, sino también de los paganos y que ha venido a
rehabilitar tanto a circuncisos como incircuncisos, a condición de que se
adhieran por la fe a su programa de vida, esto es, a condición de que crean en
él. Como Abrahán, que llegó a ser padre de todos los pueblos, por fiarse de Dios
que le prometió descendencia y por creer en la promesa divina contra toda
esperanza, «a pesar de tener su cuerpo materialmente muerto (tenía casi cien
años) y el seno de Sara ya sin vida». Y si Dios rehabilitó a Abrahán, también
está en condiciones, como dice Pablo, de rehabilitar a todo el que dé su
adhesión a «Jesús Señor nuestro, entregado por nuestros delitos y resucitado
para nuestra rehabilitación».
Pero la fe o adhesión que Jesús solicita no consiste tanto en afirmar una
serie de verdades teóricas, cuanto en adoptar el estilo de vida propuesto por
Jesús en las bienaventuranzas. Es una pena que la fe se haya reducido a acatar
con la mente una serie de verdades –por lo general, oscuras- y no se haya
entendido como la adopción del estilo de vida de Jesús. Por eso me pregunto
cuántos cristianos hay en realidad, a pesar de haber tantísimos bautizados.
El evangelio de hoy es dramatizado en los capítulos 25, 26 y 27 de la serie
«Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL. Aquí ofrecemos los enlaces para el
primero de ellos, titulado «El cobrador de impuestos». El guión y su comentario
pueden ser tomados de aquí:
http://untaljesus.net/texesp.php?id=1200025 Puede ser escuchado aquí:
http://untaljesus.net/audios/cap25b.mp3 Los enlaces para los otros dos
capítulos pueden ser encontrados fácilmente a partir de la página principal de
la serie: untaljesus.net
Para la revisión de vida
- El evangelio de hoy es una llamada a examinar nuestra religiosidad, y mi
religiosidad. ¿«Misericordia o sacrificios»? La dimensión religiosa de mi vida,
¿en qué se centra más, en los «sacrificios» (culto, ritos, oficios religiosos,
todo lo que actos con una dimensión religiosa explícita) o «misericordia» (com-pasión
para con los otros, amor, justicia, construcción del Reino en este mundo…). Para
los profetas y para Jesús, está claro: «Misericordia quiero, no sacrificios». ¿Y
yo?
Para la reunión de grupo
- La sentencia lapidaria de Oseas «Misericordia quiero y no sacrificios» (con
una cita numérica muy fácil de aprender y recordar para siempre: 6,6) es
retomada por Jesús, que la cita literalmente y de memoria a Oseas en público.
Estamos ante un texto capital del evangelio, que incorpora a la predicación de
Jesús un elemento central y característico de los profetas.
- a) encontrar otros pasajes bíblicos, proféticos principalmente, que expresan
el mismo mensaje;
- b) encontrar en el evangelio hechos y palabras de Jesús con el mismo mensaje;
- c) cotejar diversas traducciones de la frase; ¿todas traducen esa
contraposición entre los dos elementos de misericordia y sacrificios? ¿Con qué
conjunción lo hacen? («si no», «más bien», «y no»…). ¿Será que lo mejor sería
una postura «adicional» y no «dialéctica», como «quiero misericordia y
sacrificios»? ¿Qué decir de lo que se suele llamar la «postura anti-culto» de
los profetas? ¿Y la de Jesús?
Para la oración de los fieles
-- Para que la Iglesia haga de sus sacramentos signos que siempre nos lleven al
compromiso con la misericordia y con la vida, con la coherencia y la sinceridad,
roguemos al Señor…
- Para que los cristianos tengamos siempre clara la jerarquía de valores, que
ponga por encima siempre la «misericordia», es decir, el amor, la compasión, la
benevolencia, la opción por la justicia y por los pobres, sobre cualquier
práctica religiosa cultual o ritual, roguemos al Señor.
- Por todos los que practican la justicia y la misericordia y no encuentran
sentido al culto, a la fe, a la religiosidad… para que un día escuchen la
palabra de Jesús que les dice: «no estás lejos del Reino de Dios», roguemos al
Señor.
- Para que en este mundo moderno en el que el cristianismo es percibido como la
religión de los responsables del estado actual del mundo, como la religión que
justifica la actual opresión de los pobres y la marginación de las culturas y
religiones no occidentales, para que nos desmarquemos de esa posición y
mostremos que el Evangelio no es la justificación de Occidente, roguemos al
Señor.
- Porque sean muchos los cristianos y cristianas que como Mateo sientan el
llamado de Jesús y cambien de vida, roguemos al Señor.
Oración comunitaria
Oh Dios que en todas las religiones has manifestado a los humanos lo que a
nosotros nos has revelado más específicamente en Jesús: que el amor y la
misericordia son el culto que esperas de nosotros. Te pedimos que todas las
religiones de la tierra, todos los pueblos que has ido guiando hacia a ti, demos
el paso al diálogo religioso y a comulgar en esa primacía del amor y de la
misericordia, por encima de todas las diferencias de doctrinas, dogmas,
teologías y leyes de las instituciones religiosas. Te lo pedimos por el amor que
has manifestado a todos los pueblos a lo largo de la historia, por los siglos de
los siglos. Amén.
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