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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 8 al 14 de Junio de 2008
Domingo 10º Ordinario

 
 
 

Recursos pastorales

Homilía de Mons. Romero del  domingo 10º de Tiempo ordinario, ciclo A el 11 de junio de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

 Domingo 8 de junio de 2008
 Domingo 10º Ordinario
 Armando – Medardo

 INICIO

Os 63-6: Quiero misericordia, no sacrificios
Salmo responsorial 49: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Rm 4,18-25: Fue confortado en la fe
Mt 9,9-13: Elección de Mateo. No vine a llamar a justos, sino a pecadores.

Jesús no hace acepción de personas. En el evangelio de hoy nos sorprende eligiendo a Mateo, recaudador de impuestos y, por tanto, colaboracionista con el poder romano ocupante, considerado por la gente de bien de la época «pecador o descreído», y excluido de la comunidad de Israel.

Si llama la atención la elección de Mateo por parte de Jesús, sorprende no menos la reacción de Mateo que, al oír a Jesús que lo invitaba a seguirlo, «se levantó y lo siguió». De sentado, esto es, de instalado en su oficio de recaudador, Mateo se coloca de pie y se dispone a seguir a Jesús, comenzando una vida nueva que le depararía, por cierto, grandes sorpresas. La primera es la que tiene lugar, a continuación, cuando Jesús se reclina a comer con gente de «mala» vida. Escandaloso comportamiento para «las personas de bien» de entonces. Los «piadosos» fariseos, al ver a Jesús, se dirigen a los discípulos para echarle en cara que su maestro come con gente de mala fama. Pero no son los discípulos, sino Jesús mismo quien les planta cara, respondiéndoles con una sentencia llena de ironía: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos». El problema está en saber quiénes son los sanos y quiénes, los enfermos. Jesús parece considerar más sanos a los pecadores que han decidido reclinarse a la mesa con él, entre los que se encuentra Mateo, compartiendo comida y programa de vida, que a los fariseos que no han aprendido todavía el antiguo dicho de Dios, por medio de Oseas, «misericordia quiero y no sacrificios». El Dios del Antiguo Testamento, pero también el Dios de Jesús, está más del lado de la misericordia que de los sacrificios ofrecidos a Dios, que no estén acompañados de esta actitud humanitaria. Está claro que los que se llaman y creen justos –los fariseos- quedan excluidos del reino de Dios por considerarse sanos, mientras que los pecadores –dispuestos como Mateo a cambiar de vida- se encuentran ya reclinados a la mesa (postura propia de los hombres libres).

Sorprendente maestro que hace ver a los entendidos en Sagradas Escrituras, los fariseos, quién es quién, no por su ortodoxia o forma recta de pensar, sino por su ortopraxis o buen modo de actuar.

Gente cuya lealtad, según el profeta Oseas, es «nube mañanera» que pronto se diluye y no fecunda la tierra, o «rocío» que se evapora al alba. La verdadera lealtad a Dios pasa por poner en práctica la justicia y la misericordia, y no por refugiarse en el templo para ofrecerle holocaustos de animales, olvidándose del prójimo. Estos fariseos, en realidad, son teólogos que no saben gran cosa de Dios y, tal vez, demasiado de culto.

Poco conocían a ese Jesús que, según Pablo en la carta a los Romanos, dice que Dios no es sólo de los judíos, sino también de los paganos y que ha venido a rehabilitar tanto a circuncisos como incircuncisos, a condición de que se adhieran por la fe a su programa de vida, esto es, a condición de que crean en él. Como Abrahán, que llegó a ser padre de todos los pueblos, por fiarse de Dios que le prometió descendencia y por creer en la promesa divina contra toda esperanza, «a pesar de tener su cuerpo materialmente muerto (tenía casi cien años) y el seno de Sara ya sin vida». Y si Dios rehabilitó a Abrahán, también está en condiciones, como dice Pablo, de rehabilitar a todo el que dé su adhesión a «Jesús Señor nuestro, entregado por nuestros delitos y resucitado para nuestra rehabilitación».

Pero la fe o adhesión que Jesús solicita no consiste tanto en afirmar una serie de verdades teóricas, cuanto en adoptar el estilo de vida propuesto por Jesús en las bienaventuranzas. Es una pena que la fe se haya reducido a acatar con la mente una serie de verdades –por lo general, oscuras- y no se haya entendido como la adopción del estilo de vida de Jesús. Por eso me pregunto cuántos cristianos hay en realidad, a pesar de haber tantísimos bautizados.

El evangelio de hoy es dramatizado en los capítulos 25, 26 y 27 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL. Aquí ofrecemos los enlaces para el primero de ellos, titulado «El cobrador de impuestos». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1200025 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap25b.mp3 Los enlaces para los otros dos capítulos pueden ser encontrados fácilmente a partir de la página principal de la serie: untaljesus.net

Para la revisión de vida
- El evangelio de hoy es una llamada a examinar nuestra religiosidad, y mi religiosidad. ¿«Misericordia o sacrificios»? La dimensión religiosa de mi vida, ¿en qué se centra más, en los «sacrificios» (culto, ritos, oficios religiosos, todo lo que actos con una dimensión religiosa explícita) o «misericordia» (com-pasión para con los otros, amor, justicia, construcción del Reino en este mundo…). Para los profetas y para Jesús, está claro: «Misericordia quiero, no sacrificios». ¿Y yo?
 

Para la reunión de grupo
- La sentencia lapidaria de Oseas «Misericordia quiero y no sacrificios» (con una cita numérica muy fácil de aprender y recordar para siempre: 6,6) es retomada por Jesús, que la cita literalmente y de memoria a Oseas en público. Estamos ante un texto capital del evangelio, que incorpora a la predicación de Jesús un elemento central y característico de los profetas.
- a) encontrar otros pasajes bíblicos, proféticos principalmente, que expresan el mismo mensaje;
- b) encontrar en el evangelio hechos y palabras de Jesús con el mismo mensaje;
- c) cotejar diversas traducciones de la frase; ¿todas traducen esa contraposición entre los dos elementos de misericordia y sacrificios? ¿Con qué conjunción lo hacen? («si no», «más bien», «y no»…). ¿Será que lo mejor sería una postura «adicional» y no «dialéctica», como «quiero misericordia y sacrificios»? ¿Qué decir de lo que se suele llamar la «postura anti-culto» de los profetas? ¿Y la de Jesús?

Para la oración de los fieles
-- Para que la Iglesia haga de sus sacramentos signos que siempre nos lleven al compromiso con la misericordia y con la vida, con la coherencia y la sinceridad, roguemos al Señor…
- Para que los cristianos tengamos siempre clara la jerarquía de valores, que ponga por encima siempre la «misericordia», es decir, el amor, la compasión, la benevolencia, la opción por la justicia y por los pobres, sobre cualquier práctica religiosa cultual o ritual, roguemos al Señor.
- Por todos los que practican la justicia y la misericordia y no encuentran sentido al culto, a la fe, a la religiosidad… para que un día escuchen la palabra de Jesús que les dice: «no estás lejos del Reino de Dios», roguemos al Señor.
- Para que en este mundo moderno en el que el cristianismo es percibido como la religión de los responsables del estado actual del mundo, como la religión que justifica la actual opresión de los pobres y la marginación de las culturas y religiones no occidentales, para que nos desmarquemos de esa posición y mostremos que el Evangelio no es la justificación de Occidente, roguemos al Señor.
- Porque sean muchos los cristianos y cristianas que como Mateo sientan el llamado de Jesús y cambien de vida, roguemos al Señor.


Oración comunitaria
Oh Dios que en todas las religiones has manifestado a los humanos lo que a nosotros nos has revelado más específicamente en Jesús: que el amor y la misericordia son el culto que esperas de nosotros. Te pedimos que todas las religiones de la tierra, todos los pueblos que has ido guiando hacia a ti, demos el paso al diálogo religioso y a comulgar en esa primacía del amor y de la misericordia, por encima de todas las diferencias de doctrinas, dogmas, teologías y leyes de las instituciones religiosas. Te lo pedimos por el amor que has manifestado a todos los pueblos a lo largo de la historia, por los siglos de los siglos. Amén.



 Lunes 9 de junio de 2008
 Efrén

 INICIO
1Re 17, 1-6: Vive el Señor Dios de Israel
Salmo responsorial 120: Nuestro auxilio es el nombre del Señor, / que hizo el cielo y la tierra
Mt 5,1-12: Dichosos los pobres de espíritu

Nos encontramos con el discurso más famoso de Jesús, el de las bienaventuranzas. Tiene una gran carga de salvación para el género humano, pues Jesús llama bienaventurados a todos aquéllos que se encuentran sufriendo el desprecio y el sufrimiento que el mismo ser humano se ha encargado de llevar a cabo sobre aquél que Dios nos revelara como hermano, hermana y madre.

Vivir las bienaventuranzas hoy en día en nuestra vida como cristianos tiene el sentido de encontrarnos en un primer momento con el amor de Dios, que busca establecer su reino de justicia y misericordia en la realidad humana y redimirla de la pesada carga en que se ha convertido su sufrimiento. Además, las bienaventuranzas se constituyen en el proyecto de vida que debe ser llevado a cabo por cada uno de aquéllos que digan ser discípulos del Señor, en medio de sus familias, trabajos y demás escenarios donde se experimente el dolor y la angustia. Las bienaventuranzas se convierten en luz para el camino que nos lleva a encontrarnos unos con otros como herederos de ese reino de Dios; como hijos y hermanos que interactúan en la gran familia del único Dios y Padre, salvador en Cristo y el Espíritu Santo.


 Martes 10 de junio de 2008
 Paulina – Margarita

 INICIO
1Re 17, 7-16: La onza de harina no se vació
Salmo responsoria l 4: Haz brillar sobre nosotros, Señor, / la luz de tu rostro.
Mt 5,13-16: Ustedes son la luz del mundo

El cristiano no puede vivir en la oscuridad de la ignorancia, de la desesperanza, del dolor, del sinsentido de la vida, como muchos hombres y mujeres se encuentran viviendo hoy. El cristiano tiene la gran misión de ser luz y sabor en aquellas realidades, para que otros tengan la oportunidad de conocer que por encima de sus dificultades siempre está Dios. Aun más, es Dios mismo quien se presenta por medio de aquellos hombres y mujeres que van en nombre de su Hijo, a animarles a que sean capaces de romper con realidades de muerte que pretenden mantenerlos tirados por tierra, sin permitirles que salgan adelante.

Pero, ¡ojo!: aquéllos que pretendan ir como luz y sal en nombre del Señor a aquellas realidades donde pareciera que realmente Dios está ausente, deben haber vivido primero lo que van a predicar; de lo contrario no tendrán ningún tipo de eficacia, y como la sal sosa que se nos menciona en el evangelio, su acción será echada afuera para que la gente la pise. Por lo tanto, cuando el cristiano vaya por el mundo ha de llevar como testimonio la luz y sal de sus buenas obras, para que por medio de ellas la gente se encamine a dar gloria al Padre, y el mundo conozca la misericordia de Dios.




 Miércoles 11 de junio de 2008
 Bernabé, apóstol

 INICIO
Hch 11, 21b-26;13,1-16: Era hombre lleno de Espíritu Santo
Salmo responsorial 97: El Señor revela a las naciones su justicia
Mt 10,7-13: Proclamen que el reino está cerca

Instruyó Jesús a sus discípulos: De camino proclamen que el reino de los cielos está cerca. 8Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratuitamente han recibido, gratuitamente deben dar.

9No lleven en el cinturón oro ni plata ni cobre, 10ni provisiones para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bastón. Que el trabajador tiene derecho a su sustento. 11Cuando entren en una ciudad o pueblo, pregunten por alguna persona respetable y quédense en su casa hasta que se vayan. 12Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz; 13si la casa lo merece, entrará en ella la paz; si no la merece, esa paz retornará a ustedes.

Si escuchamos con atención el evangelio de hoy, nos encontraremos con que los discípulos han sido enviados a anunciar el reino de Dios y a confirmarlo con las obras que allí aparecen descritas. Han de ir sin mayores posesiones, para que les sea fácil avanzar por el camino, depositando de paso su confianza en el mismo Dios, que provee por medio de las gentes a las cuales han sido enviados. Han de ser mensajeros de la paz que viene de Dios, como también testigos del rechazo que sobreviene a su predicación en algunos lugares.

Tal tarea no es fácil de ser llevada a cabo, pero tampoco es imposible de realizar. No es necesario ir tan lejos para predicar que el reino de Dios está cerca y confirmarlo con acciones que brotan de la misericordia de Dios para la humanidad. Lo más seguro es que nos encontremos en el camino con muchos que acepten de buena gana la predicación que hagamos del Señor por medio de nuestro testimonio, pero también es cierto que encontraremos rechazos que nos llevarán a concluir que no tiene sentido seguir luchando. Es ahí cuando debemos levantarnos y seguir, como lo hiciera Jesús en el momento de la cruz.




 Jueves 12 de junio de 2008
 Onofre

 INICIO
1Re 18, 41-46: Y el cielo dio su lluvia
Salmo responsorial 64: Oh Dios, tú mereces un himno en Sión.
Mt 5,20-26: Ve primero a reconciliarte con tu hermano

Jesús nos lanza un importante reto a quienes deseemos seguirle como discípulos suyos en el mundo: ser mejores que los escribas y fariseos. Estos se caracterizaban por llevar una estricta observancia religiosa externa de los preceptos que derivaban tanto de la Ley mosaica como del resto de las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento. Eran grandes estudiosos y muy celosos guardianes de las doctrinas que estaban dispuestas para el bien de los creyentes. Pero tenían un problema que Jesús iría más adelante a denunciar: no eran coherentes entre lo que decían y hacían. Por tanto, el discípulo ha de esforzarse constantemente para no quedarse en las meras palabras, pues éstas se las lleva el viento. Además, tiene que luchar por ser día a día testigo de la misericordia de Dios, que le permite ser instrumento de paz y perdón en los escenarios donde se encuentre. De lo contrario, será un cristiano más de los que engruesan los templos en días de celebración solemne, distinguiéndose tal vez del resto del mundo por llevar al pecho una cruz, que se quedó simplemente en un artículo más de los tantos que existen para adornar o decorar. Ser cristiano implicará siempre coherencia y conciencia de lo que se es.




 Viernes 13 de junio de 2008
 Antonio de Padua

 INICIO
1Re 19, 9a.11-16: Aguarda al Señor en el monte
Salmo responsorial 26: Tu rostro buscaré, Señor
Mt 5,27-32: Quien repudia a su mujer la induce a adulterio

Jesús no escatima tiempo para dejar bien claro cuál ha de ser la actitud del discípulo ante el tema del adulterio, que va muy de la mano con el doble mandamiento del amor

En tiempos de Jesús, y como herencia de una larga tradición no sólo israelita sino de todo el Medio Oriente, la mujer ocupaba un lugar muy menoscabado en la sociedad; tan mensocabado, que ella pasaba a ser una posesión más, junto con el buey, el asno y el patrimonio que tuviera el hombre. Su papel familiar se definía en función del sometimiento al marido y el cuidado de los hijos, y estaba muy lejos de llegar a ocupar lugares importantes en la sociedad. Era tal su posición desmedrada, que era derecho del marido divorciarse de ella sólo por medio de un acta, y cualquier argumento era válido para hacerlo.

Con Jesús, el adulterio viene a ser ya no una cuestión meramente formal, sino vivencial; y no será la mujer la destinataria exclusiva de semejante carga, sino que también el hombre participa activamente de ella. Jesús llama a sus discípulos a vivir en coherencia con el mandamiento del amor, el cual exige fidelidad y respeto por la persona del otro.



 Sábado 14 de junio de 2008
 Eliseo

 INICIO
1Re 19, 19-21: Eliseo marchó tras Elías
Salmo responsorial 15: Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.
Mt 5,33-37: No juren en absoluto

Somos muy dados a colocar a alguien por encima de nosotros como garantía de nuestros préstamos, créditos y promesas. Seguramente eso otorga algo más de valor a la palabra que damos y a la confianza que exigimos para ser creídos. Entonces, ¿por qué colocar a Dios como garantía? Ciertamente no nos damos cuenta de las implicaciones que tiene el «jurar por Dios», porque ya se nos volvió un formalismo más como los que usamos para saludar, despedirnos o interactuar con los demás. Jesús nos exige ser plenamente responsables de la palabra que damos; ser nosotros mismos garantes de ella con un «sí» o un «no», sin buscar en Dios la justificación o veracidad de nuestras promesas. Es una exigencia a la que debemos atenernos como verdaderamente adultos en nuestro ser y quehacer como discípulos, incluso en nuestra forma de hablar.

Ser discípulos de Jesús implica que diariamente realicemos un serio y profundo examen de conciencia, para tener en cuenta aquellas situaciones que nos siguen costando trabajo en nuestro seguimiento cristiano. Como creyentes, no podemos ser de las personas que se acostumbran a vivir sin discernir qué es lo que viven, a vivir sin conciencia de sus actos y palabras. Dios nos llama a la excelencia en la fidelidad y la coherencia.