Domingo 1 de junio de 2008
Domingo 9º Ordinario
Justino
INICIO
Dt 11,18.26-28.32: Pongo delante
maldición y bendición
Salmo responsorial 30: Sé la roca
de mi refugio, Señor
Rm 3,21-25a.28: Somos justificados
por la fe
Mt 7,21-27: No basta decir «Señor,
Señor»
En la primera lectura se nos presenta una parte de es gran discurso de
despedida de Moisés que viene a ser el libro del Deuteronomio. En él se dirige
al pueblo con una exhortación que habla de la maldición o la bendición que
proceden de seguir o no a Dios en fidelidad. Nosotros somos libres de elegir
nuestro estilo y sistema de vida; pero debemos ser conscientes del costo de
nuestra libertad de opción. Toda elección es a la vez una renuncia. Elegimos una
opción gracias a que desechamos las demás que nos eran posibles. No es posible
elegir sin renunciar. Es un riesgo inevitable. El riesgo de vivir, porque vivir
es elegir, y renunciar. Es decir: nuestra vida no está hecha. La tenemos que
hacer día a día. Al ritmo de cada elección.
Por lo que se refiere a Dios, él ya hizo sus opciones fundamentales, que
deben ser nuestra guía existencial: por la Vida, por el Amor, por la Justicia,
por el Mundo, por la Comunión universal...
Pablo es consciente de lo que Dios hizo en Jesucristo, y cómo por
medio de su sacrificio ha justificado a la humanidad, la cual, por muchas leyes
y cumplimiento de preceptos que hiciera por sí misma, no era capaz de
justificarse, de salvarse.
El apóstol reitera esta dinámica de Dios para con el género humano, con el
afán de que los creyentes se den cuenta de que gracias a la gratuidad del amor
del Padre somos herederos de la salvación.
Un elemento importante será la fe, la cual es capaz de interpretar y leer la
acción cotidiana de Dios a nuestro favor en la historia, en la cual, afirma,
definitivamente justifica sin distinción a todos los que creen.
El evangelio de hoy, de Mateo, nos presenta la sección final del largo
sermón de la montaña. Todo el fragmento que hoy leemos está centrado en el tema
de «la primacía del hacer sobre el decir». Es un evangelio con el que sintoniza
inmediatamente la cultura moderna, que en los últimos siglos ha sido,
fundamentalmente, «filosofía de la praxis»: aunque todo es importante, lo más
importante no es decir, interpretar o reinterpretar, sino hacer, construir, amar
efectivamente; no decir que amamos.
En esto, Jesús recoge y potencia el mensaje que ya elaboraron y anunciaron
los profetas, varios siglos antes de él. Fue en el llamado «tiempo axial»,
cuando, en varias zonas dispersas de la Humanidad, más o menos
«simultáneamente», se dio un crecimiento de la conciencia religiosa. Esta
percepción de la primacía del hacer sobre el decir, de la praxis sobre la
teoría, del amor-justicia sobre el culto... es tal vez una de las aportaciones
más claras que el judaísmo hizo a ese concierto universal de la maduración de la
humanidad en el llamado «tiempo axial». De esa madurez hemos estado viviendo en
los casi tres milenios transcurridos, aunque hoy todo parece estar indicando que
estamos entrando en un nuevo tiempo axial, que exige a la humanidad nuevos
«saltos cualitativos» de maduración.
Estos nuevos saltos cualitativos que esperamos que no invalidarán aquellos ya
dados, sino que, simplemente, los prolongarán y profundizarán. Mientras, la
lección de la sabiduría adquirida por la humanidad sigue vigente, y el evangelio
de hoy se encarga de recordárnoslo.
Los profetas clásicos de Israel pusieron el amor-justicia, o sea, la
construcción de una sociedad humana, justa y feliz, por encima de una
religiosidad cultualista (que privilegia el culto) o espiritualista (que se
preocupa de lo espiritual en vez de lo material) o intimista (que prefiere la
vivencia interior por encima de las implicaciones sociales). «Misericordia
quiero (o sea, práctica del amor-justicia), no sacrificios (cultuales)», decía
paradigmáticamente Oseas (6,6). Jesús, en otra parte del evangelio, pero sobre
todo en su vida y en el conjunto de su predicación, recoge vivamente este
mensaje profético, del que el judaísmo tardío se había ido apartando, a favor
–de nuevo- del cultualismo y del legalismo.
Esta dimensión del amor-justicia vivido con eficacia histórica y privilegiado
por encima del cultualismo, intimismo o doctrinarismo, es tal vez el principal
legado de la corriente judeo-cristiano-islámica al concierto universal de las
religiones, y se originó en ese primer «tiempo axial» del milenio anterior a
Jesús, el tiempo clásico de los grandes profetas de Israel. Jesús, por supuesto,
lo retomó y lo relanzó. A lo largo de los veinte siglos siguientes, sobre todo a
partir de que el cristianismo fuera cooptado por el Imperio romano y fuera
transformado en su religión de Estado, esta dimensión esencial pasó a la
penumbra, a favor sobre todo del doctrinarismo (dimensión teórica y ortodoxia) y
del sobrenaturalismo (segundo piso, metafísica, la «gracia sobrenatural»). La
teología de la liberación no fue sino un intento de recuperación de la dimensión
perdida; por eso concitó tales animadversiones. Su servicio ha sido
irreversible: aun sus máximos opositores no pueden negar su influencia y su
desafío.
La palabra de Jesús del evangelio de hoy sigue ahí, trayendo el mismo
desafío, en plena sintonía con la sensibilidad actual
El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús», de los
hermanos LÓPEZ VIGIL. En la página
http://untaljesus.net puede buscarse algún capítulo alternativo.
Para la revisión de vida
- ¿Soy de los que dicen y no hacen? ¿De los que rezan pero no se comprometen
a construir un mundo mejor? ¿De los que se preocupan por la fe pero no por la
justicia? ¿Por la ortodoxia pero no por la ortopraxis?
Para la reunión de grupo
- Ortodoxia-ortopraxis. Debatir en el grupo: ¿las dos son igual de importantes?
¿Las dos tienen igual fundamentación bíblica y evangélica? Dialogar.
- «Conocer a Yavé es practicar la justicia». Es la famosa expresión de los
profetas. ¿En qué sentido está ahí dicho «conocer»? ¿Es el sentido
griego-occidental?
- ¿Podríase pensar que Jesús estaría próximo a una especie de espiritualidad
laica interreligiosa? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? ¿En qué bases bíblicas y evangélicas
nos podríamos apoyar?
Para la oración de los fieles
- Por todos los hombres y mujeres que invocan a Dios bajo alguno de sus nombres,
en cualquiera de las religiones, para que se esfuercen ante todo por realizar lo
que intuimos que es la voluntad de Dios para la Humanidad... roguemos al
Señor...
- Por todos los que tienen la vocación de animar la vida de las comunidades en
cada una de las religiones, para que promuevan una fe religiosa que siempre
integre la observancia y la promoción de la justicia...
- Para que la Iglesia sea un modelo de comunidad, en la que reina la
fraternidad, la participación, la comunión... más que el poder, la
jerarquización, la exclusión, los privilegios, la falta de participación y de
democracia...
- Por nuestras comunidades cristianas: para que cada una de ellas sea un ejemplo
de fe comprometida con la construcción de un mundo nuevo...
- Por esta comunidad nuestra, para que reviva su vida comunitaria con el
compromiso por la defensa y la promoción de la Vida..
Oración comunitaria
Oh Dios, Padre-Madre del género humano, que habitas e inhabitas el interior de
esta materia espiritual el Universo. Ayúdanos a captar tu inefable mensaje de
convergencia universal en el amor, de armonización solidaria en la justicia, y
de perenne creatividad evolutiva en la esperanza. Nosotros te lo pedimos
inspirados por nuestro hermano Jesús, tu hijo, y por todos los demás mediadores
que a través de los tiempos has suscitado en esta Humanidad que no cesa de
buscarte. Por los siglos de los siglos. Amén.
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