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Homilía de Mons. Romero del 5º Domingo de Pascua, ciclo A el 23 de abril de 1978
Dibujo original de Cerezo Barredo para este domingo
La semana en formato RTF, y en PDF listos para editar y/o imprimir.

 
 
 
 
 
 
 

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Un aspecto fundamental de la Pascua es la progresiva y dinámica acción del Espíritu del Resucitado que trasforma el corazón de las personas y va construyendo la comunidad cristiana. Al mismo tiempo, va suscitando diversidad de ministerios al interior de la naciente Iglesia de acuerdo a las urgencias y necesidades de sus miembros. Así se va configurando la iglesia misionera, ministerial y sacerdotal.

Ésta es la experiencia que nos comunica hoy la comunidad lucana descrita en los Hechos de los apóstoles. Los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta... es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»... pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»... Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, sus caminos, que no son nuestros caminos, y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de nuevos caminos de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial).

El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL. En la página http://www.untaljesus.net puede recogerse algún otro que el animador de la comunidad juzgue oportuno.

 

Para la revisión de vida

- Caminos de Dios hay muchos, no uno solo. No es bueno considerarse poseedor del único camino y despreciar los otros caminos. Lo que Dios quiere es que amemos nuestro camino, el que Él ha puesto a nuestra disposición, y que lo sigamos convencidamente. ¿Es mi caso? ¿Amo mi camino? ¿Minusvaloro los demás caminos?
 

Para la reunión de grupo

- La iglesia naciente sabe hacer frente a las dificultades con que se encuentra con auténtica creatividad; ¿colaboramos para que la iglesia encuentre soluciones nuevas a los nuevos problemas con los que se encuentra en el mundo con actual?; ¿aceptamos que la iglesia es capaz de innovar o pensamos que siempre ha de estar mirando al pasado para encontrar en él las soluciones a sus problemas actuales?
- Juan elabora su evangelio cargado de teología y de proclamación de fe. Hasta hace unos 70 años el cristianismo católico consideró las palabras puestas por Juan en boca de Jesús como literalmente históricas, y pronunciadas además por una persona que tenía plena y absoluta conciencia de sí misma como hijo de Dios. Hoy día, ningún biblista piensa así. ¿Dialogar en el grupo –con ayuda de algún experto- sobre «la conciencia de Jesús».
- Cuando Jesús dice que es el Camino… no está queriendo decir que no haya en absoluto ningún otro camino… Él mismo valorizó la fe de otras personas creyentes que no formaban parte del Pueblo escogido de Israel. ¿«Todos los caminos llevan a Dios»… aun sin pasar por Roma?


Para la oración de los fieles

- Para que toda la Iglesia siga siendo en medio del mundo el Camino, la Verdad y la Vida que fue y es Jesús para todos nosotros. Oremos.
- Para que sepamos orientar a las personas, especialmente a los jóvenes, que buscan su camino en la vida. Oremos.
- Para que seamos, con nuestro ejemplo de solidaridad con los pobres y necesitados, luz orientadora de los que buscan la verdad. Oremos.
- Para que seamos fomentadores y transmisores de vida entre quienes andan en sombras de muerte. Oremos.
- Para que con creatividad y solidaridad, construyamos el templo de piedras vivas que es la comunidad. Oremos.
- Para que corroboremos siempre nuestras palabras con el testimonio vivo de nuestra propia vida. Oremos.

 

Oración comunitaria

Oh Dios, misterio incomprensible, presencia inasible, amor inefable. Ayúdanos a comprender que la Verdad está más allá de nuestras formulaciones, que la Vida eres Tú mismo, y que los Caminos que conducen a Ti son infinitos. Nosotros concretamente te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.



 

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A un cristiano común y corriente le es fácil afirmar que cree en Jesús y lo ama ; lo difícil es aplicar en la vida diaria la fe que asegura profesar. El amor a Jesús tiene que notarse en todo lo que decimos y hacemos. Para lograrlo, el evangelio da dos pistas importantes: adhesión a Jesús y cumplimiento de los mandamientos. La respuesta a la inquietud de Judas Tadeo porque el Señor no se estaría manifestando al mundo, no significa repudiar al mundo como tal, sino al falso mundo dominado por las autoridades judías y romanas; un mundo que desprecia el reino de Dios. La manifestación del Jesús Mesías se dará, pero no será con ejércitos ni palacios imperiales, sino con signos que toquen la conciencia de cada persona. Si logramos que en nuestra conciencia se cultive el amor de Jesús, crecerá nuestra motivación por mejorar nuestro entorno familiar y social; y sentiremos que Jesús viene en cada obra buena que hagamos. La ausencia física del Maestro preocupa a los discípulos. Pero no hay de qué preocuparse: el Espíritu Santo está con nosotros; él nos enseña, nos recuerda y nos actualiza la Palabra de Dios. Recordemos que Dios continúa hablando hoy de muchas maneras, en diversos tiempos y lugares, y a múltiples pueblos y culturas.


 

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En la Sagrada Escritura encontramos que el saludo con deseos de paz era muy corriente, tanto para quien llegaba como para quien tenía que partir. No acontece igual con el saludo de paz o con la despedida de Jesús, que es especial y eficaz. La paz que promete Jesús a sus discípulos con respecto al mundo, no significa la ausencia de conflictos, tentaciones o maldad en el mundo. Tampoco se refiere a una paz virtual, cargada de dibujos y buenas intenciones. La Paz que ofrece Jesús a todos sus discípulos tiene que ser entendida como un don de Dios y una tarea de todos los días; una paz que se construye, destruyendo con amor los odios, egoísmos y violencias. En el lenguaje del evangelista Juan, palabras como «Paz», «Verdad», «Luz», «Vida» y «Gozo» son términos simbólicos que reflejan diversas facetas del amor de Dios traído por Jesús a la humanidad. Los discípulos, por lo tanto, no deben estar agitados ni tener miedo ante la partida inminente de Jesús. Ir al Padre no significa ausencia; al contrario, le permite a Jesús estar siempre con nosotros. ¡Levantémonos y vámonos de aquí, que la justicia y la paz están por conquistar!

 

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La vid simboliza en el Antiguo Testamento a Israel como pueblo de Dios (Sal 80,9; Is 5,1-7; Jr 2,21; Ez 19,10-12). Jesús cambia el sentido del símbolo. La vid ahora es él mismo; y los sarmientos, el nuevo pueblo de Dios. La clave para que los sarmientos produzcan fruto es la adhesión al proyecto de Jesús, que no es otra cosa sino renunciar a lo que sea necesario para asumir un estilo de vida verdaderamente cristiano; los que no dan fruto, especialmente aquellos que se llaman cristianos pero viven como si no lo fueran, serán cortados. Para asumir y vivir la opción por Jesús no estamos solos, ni pretendamos hacerlo solos; contamos con la savia del Espíritu de Dios. Quien cree y se mantiene firme obtendrá todo lo que quiera; en cambio, quien renuncie o se aparte seducido por la ambición y el egoísmo, será tirado afuera. Las palabras finales (v.8) indican que del testimonio que demos los cristianos depende en gran medida que el mundo crea y dé gloria a Dios; pero también, que el ser discípulo de Jesús es un título que no se regala, sino que se gana. Y sólo quien da buenos frutos podrá llegar a serlo realmente.




 

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El evangelio nos ubica en el significado de la «alegría mesiánica» que experimenta Jesús, al expandir el amor del Padre a todos y cada uno de sus discípulos. La clave está en amar con el mismo amor del Padre. La realidad de este amor hacia los discípulos radica en que han sido acogidos en el amor y deben permanecer en el amor. Al ser elegidos y acogidos, Jesús les transmite el amor del Padre, el cual los invade y los impulsa a propagarlo entre aquéllos que acogerán posteriormente el legado del Evangelio. El amor se debe manifestar en el «guardar» los mandamientos. No es suficiente el amor «teórico»; es necesario «cumplir» los preceptos divinos, lo cual se convierte en una motivación que llevará a los discípulos fieles a ser «guardianes» del amor de Dios. Esta promesa de permanecer en el amor no sólo será motivo de alegría, sino que deberá impulsar a los discípulos a la práctica del amor fraterno, una experiencia que dará sentido al amor unitario entre el Padre, el Hijo y los seguidores de Jesús. Permanecer en el amor de Jesús es vivir en la alegría del tiempo pascual, en la continua presencia de Jesús en medio de su pueblo.


 

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Jesús no pretende crear comunidades cerradas; ni encerradas en sí mismas; ni dogmáticas o fundamentalistas; ni con miedo a todo lo de afuera; ni preocupadas más de prohibir que de dialogar y proponer. Jesús invita a sus misioneros a salir de sí mismos y de sus espacios para ir a donde están los otros, sin distinción ni discriminación alguna, con el fin de anunciar una Buena Noticia, alternativa a las malas noticias que cunden en la sociedad. Los que se adhieran a este proyecto de vida se salvarán y ayudarán a la salvación de otros. Las señales que los identificarán serán las siguientes: liberarán a la humanidad de los que oprimen y excluyen al pueblo (echarán demonios); tendrán capacidad de hablar con todos y de hacerse entender eficaz y creativamente (hablarán nuevas lenguas); vencerán el mal (serpiente) que nos tienta a prescindir de Dios haciéndonos creer autosuficientes y todopoderosos. La imposición de las manos es un símbolo de sanación y de vida para los enfermos y excluidos. Las últimas palabras, después de la partida de Jesús (v.20), nos convocan a ser misioneros del Evangelio, a suscitar una misión que sea universal e incluyente, y a no dudar del apoyo permanente de Jesús.


 

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El mundo simboliza aquí la injusticia institucionalizada impuesta por las autoridades religiosas y políticas, en clara oposición a los planes de Dios en Jesús. Al sentimiento de amor que mutuamente se profesan Jesús y sus discípulos, se contrapone el odio que les profesa el mundo. La suerte de los discípulos, y posteriormente de todos los que crean y sigan a Jesús, podrá ser la misma de Jesús. El mundo los perseguirá porque cree que sin ellos el proyecto de Jesús desaparecerá. Juan deja en claro que el odio del mundo a los cristianos no será un fenómeno pasajero; persistirá mientras éstos se mantengan coherentes con las enseñanzas de Jesús y se opongan a quienes imponen al mundo sus intereses egoístas. En una serie de cuatro sentencias condicionales se repite que el odio del mundo a los cristianos es básicamente un rechazo al mismo Jesús. El amor de Jesús ha hecho que el verdadero cristiano se parezca tanto a Jesús, que el mundo no tiene más remedio que tratar a los dos por igual. Debemos recordar que cuando el cuarto evangelio recibió su forma definitiva, la persecución romana y la expulsión de las sinagogas, de que fueron victimas los cristianos, ya era un hecho consumado.