Domingo 6 de abril de 2008
Domingo 3º de Pascua
Marcelino – Edith
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Hch 2,14.22-33: No podía la muerte
retenerlo bajo su dominio
Salmo responsorial: Señor, me
enseñarás el sendero de la vida
1P 1,17-21: Los rescataron a
precio de la sangre de Cristo
Lc 24,13-35: Los discípulos de
Emaús
En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a
Pedro pronunciando su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los
judíos presentes como a todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo
kerigmático, con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que
componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico,
acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las
autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para salvación
de toda la humanidad. Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de
todo esto, «nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era
reconocerlo como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su
segunda venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y
miedo que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo,
Pentecostés cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del
mundo, el Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que
acaba de nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este
mundo con la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los
miedos del fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer
que cada mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.
La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la
importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento
del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una praxis,
una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo presente,
cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar
intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.
En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a mantener la
fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento, marginación o
exclusión, porque Dios, en un nuevo Exodo, nos libera de una sociedad sometida a
leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga con oro o plata. Esta
liberación fue asumida por Jesús con el sello de su propia sangre, como una
opción de amor, consciente y voluntaria, por los hombres y mujeres del mundo
entero. El precio que debemos pagar a Jesús por tanta generosidad, no es con oro
ni plata, sino, dando vida a los hermanos que siguen muriendo, víctimas de la
injusticia y la deshumanización. Eso será realmente «devolver con la misma
moneda».
En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los once
(v.33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una mujer,
casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo natal
frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras conversaban,
Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo es el Emmanuel.
Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por qué? Porque en
el fondo todavía tenían la idea de un mesías profeta-nacionalista, que
conquistaría el mundo entero para ser dominado por las autoridades de Israel, un
mesías necesariamente triunfador... Por eso, estaban viendo en la cruz y en la
muerte del maestro, el fracaso de un proyecto en el cual habían puesto sus
esperanzas.
Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del
corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el
triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se
conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar
conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad,
actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio que
mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma vida, es
el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.
El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima, evidentemente
teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua directa de un
hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica, que quiere dar
un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual de explicación,
permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples interpretaciones. Y
desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la historia, los
creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas lecciones...
En una página adjunta (http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/emaus.htm)
presentamos una glosa a este texto de Lucas, leído desde la situación
psicológica de los «militantes latinoamericanos en los 90». La situación,
actualmente, por fortuna, ha cambiado, pero las situaciones de depresión, de
derrota y de desánimo, lamentablemente forman parte esencial de nuestra vida,
por lo que puede ser interesante leer la interpretación que allí se ofrece del
tema de Emaús desde América Latina.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 127 de la serie «Un tal
Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Por el camino de Emaús». El guión
y su comentario pueden ser tomados de aquí:
http://untaljesus.net/texesp.php?id=1600127
Puede ser escuchado aquí:
http://untaljesus.net/audios/cap127b.mp3
Para la revisión de vida
- Pedro proclama lo esencial de su fe, y lo que debe ser también el núcleo
de nuestra fe: que Jesús fue rechazado y muerto por su compromiso con el amor y
la justicia, pero que Dios se puso de su parte resucitándolo, y que él y los
demás apóstoles son testigos de esta «parcialidad» de Dios. ¿Me siento yo
también testigo de que la razón la lleva el amor y la justicia? ¿Acaso en otra
cosa consiste el ser cristiano?
Para la reunión de grupo
- El contexto histórico del testimonio de los apóstoles sobre la resurrección de
Jesús es siempre un ambiente de persecución: las autoridades "políticas y
religiosas" de Israel persiguen a quien crea y sobre todo a quien proclame esa
resurrección. ¿Por qué? Este porqué puede orientarnos mucho para saber el
significado que proclamar la resurrección tenía en aquel contexto. Hoy nadie
persigue a quien proclame la resurrección de Jesús o simplemente a Jesús y su
mensaje. ¿Por qué? Este porqué puede iluminarnos sobre la vigencia o la pureza
actual del mensaje que predicamos como «resurrección de Jesús».
- Los relatos de las apariciones de Jesús, y su resurrección misma ha sido
entendidos muy literalmente, como narraciones directas de hechos físicos
acontecidos exactamente así... Ello ha llevado en el pueblo cristiano (en
nosotros) la creación de un imaginario sobre la resurrección y el más allá de la
muerte también muy "cuasi-físico", como si fuera enteramente conocido o
cognoscible, describible, desprovisto de todo misterio... ¿Cabe hoy mantener el
sentido profundo de la fe en la resurrección de una forma más crítica, sin
hablar a la ligera de la misma, reconociendo que no "sabemos" casi nada de ella,
y sospechando que mucho de lo que clásicamente hemos dicho al respecto sea sólo
imaginación, símbolos inadecuados y no -desde luego- descripciones cuasi-físicas
que haya que considerar como "materia de fe"?
- Léase el artículo de Jon Sobrino «El resucitado es el resucitado» (http://servicioskoinonia.org/relat/219.htm)
y coméntese ese enfoque de interpretación del significado de la resurrección de
Jesús.
- En todo caso: ¿cómo entender pues hoy el contenido profundo de la fe en la
resurrección? ¿Y qué significaría hoy «dar testimonio de la resurrección»?
Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia dé testimonio de su fe y su esperanza, anunciando de
palabra y obra al Dios de vivos que ha resucitado a Jesús. Oremos...
- Para que toda la humanidad avance en el camino de la paz, la justicia y el
respeto a los derechos humanos. Oremos...
- Para que las desigualdades y las injusticias sociales nos hagan ver la
necesidad de transformar nuestra sociedad, haciéndola conforme al Reino de Dios.
Oremos...
- Para que cesen el hambre, la pobreza, la discriminación, la explotación, la
guerra, la violencia. Oremos...
- Para nos esforcemos en tener un conocimiento cada día más profundo de las
Escrituras que nos lleve a sentir más cercano a Dios y a ser más solidarios con
los hermanos. Oremos...
- Para que nuestra comunidad viva la Eucaristía de manera que nos lleve a
mayores exigencias y compromisos. Oremos...
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Oración comunitaria
Dios Padre nuestro: te rogamos que tus hijos e hijas nos llenemos de gozo y
esperanza al celebrar el triunfo pascual de Jesús. Que este gozo nos fortalezca
para permanecer fieles al amor y a la Justicia, seguros de que también
triunfarán. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
Te invocamos, Fuerza y Misterio del Universo, a quien reconocemos como energía
original, Padre y Madre, Dios Universal. Nosotros creemos que en Jesús de
Nazaret, y en los maestros espirituales de todas las religiones del mundo, Tú
has salido al encuentro de la humanidad, para hacernos entrever el misterio
inescrutable en que vivimos, nos movemos y hacia el que caminamos. Respetuosos
con tu silencio, expresamos nuestro deseo de contribuir a que todo ser humano
descubra que Tú eres Vida y nos llamas a la Vida. Te lo expresamos caminando
tras los pasos de Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
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