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AUTOR: Roque Bartb, Renato
 
AGENDA LATINOAMERICANA AÑO: 1994

¿Medicina natural o fármacos?

Renato Roque Bartb


Todos los que trabajamos con la medicina natural nos damos cuenta de que hay serias y profundas diferencias entre el tratamiento de enfermedades con métodos naturales y la aplicación de inyecciones y pastillas.

En el espacio de un año nuestro equipo de servicio de medicina natural atendió más de 700 casos, con todo tipo de enfermedades. Un día nos traen a Jaer Antonio Calero, de 11 meses de edad, en estado deplorable: moyera baja por la deshidratación, barriga llena de gases porque el intestino ya no funciona después de tomar tantos antibióticos, las costillas se hacían visibles por la desnutrición. Ese día sus papás venían con él de un tratamiento de 3 días con un médico. Ya antes había pasado 15 días en un hospital. Al niño le habían comprado ya el ataúd...

Con paños mojados en agua fría le quité la calentura; le di hojas de eneldo y llanten, no sin antes sacarlo un poco de la deshidratación con agua de coco. De inmediato le cambió el aspecto de la piel, y comenzó a jugar. Una semana después le corté el llaten, y seguí con zanahoria, eneldo, jugo de naranja y otras frutas. Pasado un mes estaba totalmente recuperado.

Así como Jaer, tratamos muchos otros casos de niños y adultos que venían de médicos y hospitales, y se curaron fácilmente con las medicinas naturales.

No hablemos de los costos económicos: en los fármacos, ¿cuánto se gasta la gente? Pero las medicinas naturales... ahí están, en el patio.

Al hablar de Medicina Natural tenemos presentes no sólo los tés y cocimientos de plantas medicinales, sino también la tierra, agua, aire, sol... Qué mejor que recuperar el cuerpo con baños de agua fría o con baños de pie en agua tibia... Es suficiente dejar por 20 minutos ambos pies en agua bien tibia para "lavar" toda la sangre del cuerpo... Y qué mejor que el barro para rebajar las inflamaciones externas e internas: basta aplicar sobre el órgano inflamado una cataplasma de barro, como de un dedo de grueso. También detiene fácilmente la hemorragia uterina, Siempre acompañado de un té de cáscara de limón, como también el jugo tomado aparte o con el té.

Cuando escucho la palabra "antibióticos", se me suben los pelos. Hay toda una manía de echar mano de inyecciones y pastillas, hasta para combatir un resfriado, lo cual es un verdadero absurdo. Los antibióticos realmente matan los microbios pero muchas veces matan también al enfermo. Matan las bacterias buenas que tenemos en el intestino y que nos son necesarias para hacer una buena digestión y evitar estreñimiento. Además provocan muchas alergias, heridas e intoxicaciones.

Hay una diferencia fundamental entre fármacos y medicina natural en el campo de los antibióticos. Mientras éstos atacan los microbios, la medicina natural simplemente limpia el terreno. Donde se quita la basura, o se van los microbios o se mueren. En una cocina donde no se deja comida por la noche nunca aparecen cucarachas.

Así, pues, la base de la infestación de microbios es la basura que traemos en la sangre, producto de mala digestión, mala alimentación, mal funcionamiento de los riñones o de las glándulas (hígado, bazo y páncreas), o del pulmón que anda sucio.

Para curarse uno de las enfermedades "malas", como cáncer, asma, diabetes, lepra, epilepsia, sífilis, sida, etc., tiene que comenzar limpiando la sangre con la "cura del limón" y baños que hacen sudar antes de almuerzo. La cura del limón consiste en tomar el jugo de 100 limones en 19 días, comenzando a tomar el primer día uno, el segundo 2, y así hasta 10 el día décimo. Después se va volviendo: 9, 8, 7... hasta uno por día. A partir del sexto día se puede dividir en dos partes: tomar la mitad 10 minutos antes del desayuno y la otra mitad 10 minutos antes de cena. Con eso se purifica tanto la sangre como los vasos sanguíneos. Además de limpiarse la sangre el enfermo ya va haciendo otros tratamientos como adoptar comida vegetariana, evitando las carnes y todos su derivados, azúcar blanco y todos sus derivados (chocolates, caramelos, gaseosas, frescos químicos, etc), y todos los productos enlatados y químicos. Sobre todo se va alimentar de vegetales crudos y algunas frutas. Igualmente tomará tés de plantas apropiadas para la enfermedad (y mejor si se las chequea con el “Ring Test”)

La pulmonía se cura fácilmente haciendo una mezcla de jugo de limón, un ajo machacado y una cucharadita de miel; se le añade tanta agua como el jugo de limón puesto. De esa mezcla se administra 20 gotas para un tierno, media cucharadita para un niño de 5 años, y al adulto una cucharadita, siempre de hora en hora. También se puede dar al enfermo de hora en hora un té de llanten, o confrei, o pepino montero u otro «antibiótico natural». A las 5 ó 6 horas de tratamiento se domina la enfermedad.

La epilepsia la comparamos con una olla a presión. Los médicos tratan de apretar más y más la tapa con las pastillas para contener la presión, y así los ataques se suceden. La medicina natural trata de quitar el fuego de debajo de la olla, poniéndole al epiléptico barro sobre el vientre, primero todas las noches, disminuyendo luego las aplicaciones. Haciendo al mismo tiempo las recomendaciones dadas arriba, los ataques disminuyen y hasta desaparecen totalmente. Poco a poco se le van quitando las pastillas.

Para curar al asmático es importante mejorar el funcionamiento de la piel haciendo baños alternados calientes y fríos, de un minuto cada uno, repetidos 10 veces. Eso se repite a cada dos o tres días por 3 semanas.

 

 


 



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