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Ha sido una auténtica avalancha de
mensajes de solidaridad, preocupados y hasta indignados algunos, y ya
finalmente, muchos, exultantes. Hoy, como nunca, debería yo responder
personalmente, mensaje por mensaje, corazón a corazón. Han
llegado también, en este tiempo de vigilia expectante, muchas preguntas,
muchos desahogos; sobre este nuestro Mundo neoliberal, sobre nuestra santa
y problemática Iglesia. Envío las preguntas y las ansiedades
al Espíritu de Aquel que es “nuestra Paz”. Y creyentes
y agnósticos, serenos y rebeldes, ellas y ellos, dense todos por
respondidos con un cariño inmenso. ¡Así de fácilmente
despachamos la carga los obispos retirados…!
Hemos recibido mucha solidaridad con respecto a la reivindicación
del pueblo Xavante, que continúa estancada en manos de una justicia
lentísima. El otro motivo de solidaridad con nuestra pequeña
Iglesia de São Félix do Araguaia ha sido, lógicamente,
la sucesión episcopal. No voy a entrar en detalles porque ya se
ha escrito bastante sobre ese incidente eclesial. Nosotros queremos insistir
en que el problema no era simplemente un obispo, una Iglesia. El problema
es de toda la Iglesia y para el nombramiento de todos los obispos y es
una reivindicación mayor de corresponsabilidad y de colegialidad.
Para ser fieles al Evangelio y para dar testimonio al Mundo. Felizmente
el nuevo obispo de São Félix do Araguaia, fray Leonardo
Ulrich Steiner, es un franciscano verdadero, fraterno, dialogante, popular.
Y la “caminhada” continúa. Y yo continuaré también
aquí, a orillas del Araguaia, acompañando a distancia las
luchas de nuestros pueblos y saboreando, en esperanza pascual, la tarde
de la vida.
El imperio quiere “un mundo sin tiranía”. Nosotros
también; sobre todo sin la tiranía del imperio. Y quiere
el imperio “la propagación de la libertad’. Nosotros
contestamos indignados que esa libertad sea sólo para el mercado
y para algunos señores países.
Tiranías hay, demasiadas, en todos los niveles de la vida social,
económica, política, cultural. Según el informe anual
de la ONU, hay todavía 1.100 millones de personas que sobreviven
con menos de 1$ al día. Siguen muriendo cada día, de hambre,
30.000 niños pobres. En los últimos 40 años el PIB
mundial se duplicó mientras se triplicaba la desigualdad económica.
900 millones de personas –la séptima parte de la población
mundial- sufren discriminación étnica, social o religiosa.
170 millones de personas viven fluctuando en la migración. El 44%
de la población latinoamericana mora en barrios miserables. África
sigue desangrándose, entre ignorada y expoliada. Y hay países
en nuestro mundo como “marcados para morir”, quizás
por una posible guerra preventiva…
Pero hay “mucho bien venciendo al mal”, en nuestro Mundo herido.
Realizamos nuevamente el Foro Social Mundial; Vía Campesina crece
y actúa; hemos desenmascarado, y frenado en parte, el ALCA; Israel
y el Pueblo Palestino dialogan sobre pasos concretos; la izquierda levanta
cabeza en varios países de América Latina y de Europa y
crece “el malestar (y la protesta) frente a la democracia neoliberal”.
Si van siendo desmoralizados los partidos y los sindicatos, se fortalece
en cambio el movimiento popular con sus manifestaciones a escala nacional,
continental y mundial. Ha comenzado su andadura el Protocolo de Kyoto.
Y somos cada vez más los que gritamos, con Ignacio Ramonet, “sí
a la solidaridad entre los 6.000 millones de habitantes de nuestro planeta;
no al G-8 y al Consenso de Washington; no al dominio del ‘póquer
del mal’ (BM, FMI, OCDE, OMC); no a la hegemonía militar
de una única superpotencia; no a las guerras de invasión
y no al terrorismo…” Y resume Ramonet, y nosotros/nosotras
con él, que “resistir es decir que no y es también
decir que sí y soñar que otro mundo es posible, y contribuir
a construirlo”.
Otra Iglesia es posible también y desde todas partes y de muchos
modos la vamos haciendo. Siendo comunidad de oración, de fraternidad,
de compromiso. Brasil realizando el XI Encuentro Intereclesial de las
CEB y reanimándose las CEB de Brasil, del Continente, del Mundo.
Celebrando, junto con el Foro Social Mundial, el Foro Mundial de Teología
y Liberación. Celebrando el jubileo martirial de nuestro San Romero
y la memoria comprometedora de todos nuestros mártires. Retomando
la opción por los pobres y sus causas. Denunciando proféticamente
los “genocidios sociales” y la iniquidad del imperio y de
sus oligarquías. Siendo ecumenismo real y diario. Siendo diálogo
interreligioso. Alentando el proceso conciliar, como una reivindicación
evangélica creciente y como la mejor conmemoración de los
40 años del Vaticano II. Viviendo, en fin, nuestra fe de un modo
adulto y corresponsable, “para la vida del Mundo”.
Y vaya una confidencia eclesial, de obispo viejo que continúa soñando.
Otra vez, con ocasión del nuevo problema de salud de Juan Pablo
II, se ha hablado y escrito mucho sobre el perfil del próximo papa.
Yo pienso que se debería hablar mucho más –hablar
y hacer- del perfil de un nuevo papado, de una reestructuración
radical de lo que llamamos la Sede Apostólica, de un nuevo modo
del ministerio de Pedro: sensible, como el corazón de Jesús,
al clamor de la pobreza, del sufrimiento y de la deriva; sin estado pontificio
y con una curia leve y servicial; proféticamente despojado de poder
y de fausto; apasionado por el ecumenismo y por el diálogo interreligioso;
desabsolutizado y colegial; descentralizador y verdaderamente “católico”
en el pluralismo cultural y ministerial; como una mediación religiosa
–en colaboración con otras mediaciones, religiosas o no-
al servicio de la paz, de la justicia, de la vida.
Van Gogh, a pesar de haber visto caer en su vida tantos molinos, reales
o simbólicos, escribía a su hermano Theo: “Pero el
viento continúa”. Después de ver, también nosotros,
cómo van cayendo tantos molinos, en la Sociedad y en la Iglesia,
seguimos proclamando –en la Esperanza y en el Compromiso- que “el
Viento continúa”…
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